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Enviado a las 04/01/2008 18:52:15
LA HISTORIA DE UN LEÓN FACISTA

 

            Hacía poco más de un año que había sido nombrado Alcalde y se presentó en la casa un señor que era fotógrafo ofreciéndome un carrocho de  león; rápidamente me hice la composición: que lo podía tener en la azotea de la casa hasta que se hiciera grande, imposible mantenerlo en esa situación y entonces se lo donaría  al  pueblo instalando en el castillo, como una atracción

más para los visitantes. La noticia que dio el diario Patria de Granada: el Alcalde de Salobreña, tiene un león en su casa, hicieron un reportaje fotográfico del cual sólo conservo esta foto en blanco y negro, la noticia corrió como reguero de pólvora y hasta el Gobernador Civil, llamó preguntándome  si era cierto.

             Mis seis hijos jugaban con él como si se tratara de un perro, igualmente lo hacía yo que en realidad era quien lo cuidaba en todas sus necesidades así como mi cuñado veterinario. Había en  la casa una señorita muy joven que ayudaba a mi mujer en las tareas de la casa, la que subía a la azotea a tender los trapos de las coladas y el león siempre se ponía de pie sobre  su espalda apoyando sus zarpas sobre los hombros y esta no le hacía el menor caso, como si no fuese con ella y así permanecía hasta que terminaba de tender sobre la cuerda los distintos trapos y sujetarlos con las pinzas.- Era automático, al terminar, el león daba un salto con cabriola y una corrida por la azotea y después la acompañaba hasta la puerta. Esta señorita era eficacísima en su trabajo y un día nos dijo que se iba a Madrid con Felipe González.

             Era el año 76 y estaba de Presidente Americano Jimmy Carter y el nombre de Jimmy me pareció muy bueno para el león y así se llamo. Se fue ganando el cariño de toda la familia e inclusive mis padres veían con naturalidad que yo saliera con el león a la calle como si fuese un perro, suelto totalmente y oía con frecuencia a mujeres que lo veían la exclamación, ¡que perro más grande! Casi sin darnos cuenta el león fue creciendo y ya no quería estar sólo en la azotea y con frecuencia empujando con la cabeza, hacia saltar el pequeño cerrojito que la mantenía cerrada y bajaba al piso, porque él necesitaba el clan familiar como si nosotros hubiésemos sido su familia. Esto lo hacía a cualquier hora y, como vivíamos aquella época irrepetible de tranquilidad y orden en España, normalmente la puerta del piso no se cerraba y a media noche me despertaba por la presión que hacia su cabeza sobre mi cuerpo, pues se sentaba al lado de la cama y la apoyaba sobre mí. Era un león muy limpio, le encantaba que el jardinero o yo lo bañáramos con la manguera de riego, daba saltos y corridas. Le abría la jaula y salía a jugar conmigo, la gente se situaba en las almenas y disfrutaba del espectáculo, un día de forma inesperada, decidió irse para la casa, a pesar de mis llamadas y luego me costó mucho trabajo volver a subirlo al castillo, pero con los juegos, conseguí llevarlo y para que entrara en la jaula me metí yo en ella y me siguió, ya en adelante en vez de sacarlo de la jaula, me metía yo en ella.

             Se construyó una jaula muy grande con dos estancias en donde el león podía inclusive dar pequeñas corridas entre las dos, una era cerrada a la vista del público para que pudiera descansar, pues todo el mundo lo podía acariciar a través de la reja, salvo cuando yo estaba que nadie lo podía tocar y regañaba si alguien lo intentaba, y entonces se entregaba a mis caricias, él había establecido un orden jerárquico en donde yo era el dominante. Cundió el hecho y no cesaban las visitas al castillo para poder verlo y gozar de su alegría cuando alguien se acercaba y yo me mantenía a cierta distancia. Salvo en contadas ocasiones que se resistía a la caricia de alguien y se metía en el cubil o regañaba; por esta razón a un señor de Molvízar, de familia conocida de este vecino pueblo, pero que yo tenía noticias de que militaba en el partido socialista se me ocurrió preguntarle así, medio en broma medio en serio, ¿es que eres socialista?, contesto que sí y le dije, pues, esa es la razón por la cual el león  no deja  que te acerques. Aquella broma fue tomando volumen y la gente decía que el león no quería a los socialistas y que era fascista; no le di importancia y, el día siguiente al del que se votó la Constitución, reuní al Pleno Municipal de urgencia y presenté la dimisión, con el acta del Pleno, me fui a Granada a ver al Gobernador y se la presenté, por Disposición Oficial del Gobierno, los alcaldes, no podían dimitir y hasta Martín Villa en aquellos momentos Ministro de la Gobernación al que el Gobernador llamó por teléfono y con el que tuve que hablar me amenazó con la cárcel si lo hacía, en fin este incidente es otro tema.

  

           Entró el Ayuntamiento socialista del PSOE y a los pocos meses, un día recibí una comunicación en la que me instaban a que dispusiera del león, pues el Pleno Municipal, lo había declarado fascista y condenado a muerte, salvo que yo dispusiera de él, para lo que me daban cuarenta y ocho horas. Llamé a todos los zoológicos de España y en todas partes me dijeron que no podían introducir un león ajeno al clan, ya que lo matarían. Por fin uno de ellos me indicó que Domecq, tenía una leona en un parque que le había construido a los nietos y que estaba buscando un león. Me puse en contacto con él y me dijo que era Pepe Pantera y que así lo conocía todo el mundo, que podía ir invitado a su casa siempre que quisiera. En fin un hombre amabilísimo que se entusiasmó y dispuso que al día siguiente, con un cajón de toro, viniera una cuadrilla para llevárselo. Pero cuando estábamos con los preparativos llegó un municipal que me transmitió que el león era del pueblo y que no podíamos llevárnoslo. Ya os podréis imaginar la fatiga tan grande que pasé con el Sr. Domecq. Así quedó la cosa hasta que un mes después volvieron a decirme que dispusiera de él. Fui al Ayuntamiento y le dije al Alcalde que a mi no me tomaba el pelo nadie, que si estaba seguro, haría la gestión pero con más tiempo, a lo que dijo que si. Vuelta otra vez a ponerme en contacto con Domecq que ya había buscado un león pero me dijo que la Policía Nacional estaba buscando uno para un pequeño parque que tenían en Baeza. Me puse en contacto con ellos y con un Capitán apellidado Valor, fue con quien convine toda la maniobra.  Llegaron al pueblo y les dije que fueran subiendo todos al castillo y cuando calculé que ya lo tenían preparado, subí y me encontré con un cuadro muy desagradable, pues, le estaban disparando dardos para anestesiarlo pero por la cercanía, los dardos rebotaban sin inyectar el tranquilizante y tenía muchos puntos sangrantes en la piel de los impactos. Había subido mucha gente a ver la maniobra y el león estaba muy nervioso, por lo que les pedí a los municipales que desalojaran el castillo y al equipo de la Policía que se estuviesen quietos, que pusieran el cajón en la puerta lateral del cubil que tenía trampilla de guillotina y que el cajón lo pusieran con las dos puertas abiertas. Estuve acariciándolo hasta que vi que estaba con ganas de juego, expliqué la forma en que se iba a hacer y me metí en la jaula, en vez de salir de ella por la puerta de la reja, me introduje en el cubil y en el cajón, el león me siguió y cerraron las compuertas cuando yo había salido quedando el león en el cajón. Se puso muy nervioso pero me situé al lado de una trampilla que tenía el cajón de forma que viera que iba yo a su lado y así hasta el camión que se lo llevó. Fue un día de llanto en la familia.

             Con motivo de la imposición de la máxima condecoración de la Guardia Civil a mi hijo, toda la familia nos desplazamos a Ubeda y como llegamos muy temprano, decidimos ir a la reserva de la Policía para ver en que situación estaba el león después de tres años. Estaba en una jaula-cerca muy grande junto a una leona, pero había una valla a unos cien metros que no se podía sobrepasar. Le pedí al Capitán que nos recibió que me dejara acercarme a la reja de la cerca, me dijo que era muy peligroso, pues la leona era muy mala y que no se podía acercar nadie, pero ante mi insistencia accedió   y desde lejos di una voz de ¡Jimmy!; el león puso las orejas tiesas y rugió, con ese rugido de llamada; conforme me acercaba daba saltos y se vino hacia la reja, metí la mano, restregó su cara sobre mi brazo y se tumbó panza arriba para que lo acariciara. La leona, desde el otro extremo, observaba con mucha atención y ante la actitud del león se fue acercando y cuando llegó, hizo lo mismo, se tumbó panza arriba y dediqué una mano para cada uno. Después de un buen rato, regresé y la familia tenía las señales en los ojos de la emoción. Sé que tuvieron descendencia de varias camadas, pero no volví a verlo.

             Me conocieron durante muchos años después como el Alcalde del león.

 

             

 

             

 

 

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