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Enviado a las 27/07/2005 18:22:30
El juego de las siete y media
Dicen en mi tierra que de modernos est el infierno lleno. Si bien nunca se me ha ocurrido una mejor manera para explicar que hay cosas que no deben cambiar con el tiempo, s es cierto que en la frase hay un implcito acto de fe que le hace perder cierta universalidad, a la par que aumenta su encanto. Un corolario laico de la lapidaria sentencia sera que de modernos estn las consultas de psiquiatras llenos. A buen seguro que si hacemos un anlisis pareto de la clientela de cualquier psiquiatra urbano encontraramos que los grupos de individuos ms comunes sern trabajadores compulsivos, gentes con desrdenes sexuales, parejas deshechas, adolescentes que han crecido en la desatencin total... y muchsimas mujeres que han perdido jugando a las siete y media con su vida.

A la mujer de hoy en da la sociedad le dice que tiene que conseguir un buen trabajo y un buen sueldo, desarrollar una brillante y meterica carrera profesional, viajar y conocer mundo, mostrarse fra y decidida ante los problemas de la vida, disfrutar de la noche como paradigma de una vida plena de soltera, tener varias parejas sexuales antes de mantener una relacin estable, que de darse, deber estar supeditada a su carrera profesional y ser con alguien que busque o tenga ese mismo xito social que ella anhela. El razonamiento que subyace es que al fin y al cabo es lo que han hecho los hombres "de xito" toda la vida (salvo que el hombre as nunca busc para ayuntarse a su equivalente femenino). El hombre como modelo. Bueno, no el hombre, un hombre que ni siquiera es modelo para muchos hombres. Porque lo que no entienden estas mujeres es que ese patrn, que es exactamente el mismo que se les exige inexcusablemente a los hombres, no funciona para ninguno de los dos, la gran diferencia es que la mujer sabe que algn da llegarn los treinta y tantos.

Hoy en da hacer todo lo que ese pretendido "xito social" exige es ciertamente complicado, pero hacerlo antes de los treinta y tantos es absolutamente meritorio, tan meritorio que casi a ninguna le da tiempo, y entonces empieza la disyuntiva:

- "quiero ser madre!, pero claro, llevo viviendo con mi novio nueve meses y no quiere ni or hablar de matrimonio, y adems, es que no paramos en casa!, bueno, si es que estamos en casa, ahora dejo a mi chico y me voy a Sevilla unos meses por trabajo, no puedo decir que no, es muy importante para mi carrera, tambin tendra que sacrificarse l!, y lo peor es que no me gusta dejarlo slo, eso de que siga saliendo por ah de vez en cuando con sus amigas... deba habrselo cortado desde el principio. Tengo que hablar seriamente con l, no podemos seguir as, quiero tener hijos, pero no a los cuarenta! La verdad es que ltimamente ya ni me dice que me quiere. Los hombres son unos inmaduros."

Y de inmaduros nada, lo que sucede es que nuestra llamada de atencin biolgica no es tan radical, tenemos ms tiempo para rectificar y abandonar esta vida de locos en que nos mete la dictadura de la modernidad. A nosotros no nos hace falta jugar a las siete y media con nuestra naturaleza, y siendo eso as, por qu "madurar" a la vez que ellas, si siempre va a haber otra modernilla que nos dejar seguir siendo inmaduros unos aos ms? Empiezan buscando ser lo que odian, para luego odiar lo que no quisieron ser, y terminar sufriendo por ser otra cosa de lo que en el fondo realmente habran querido. De psiquiatra, y por el camino, el sueo de don juanes y advenedizos varios.
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Enviado a las 22/07/2005 19:40:48
¿Es moral la energía nuclear?
Empezar con un argumento de autoridad: "Un movimiento cuya principal promesa consiste en relevar de responsabilidad no puede ser sino antimoral en sus efectos, por elevados que sean los ideales a los que deba su nacimiento." La frase sintetiza uno de los argumentos ms poderosos que contra las teoras totalitarias emplea Friedrich A. Hayek en Camino de Servidumbre. Las aplicaciones generales de este principio moral son de todos conocidas y nada mejor que recurrir a la obra del propio Hayek para profundizar en ellas. Sin embargo, como le sucede a todo principio moral, cuando se entra en la aplicacin concreta a circunstancias particulares, aparecen casusticas que muchos defensores del concepto general querran ver fuera del campo de aplicacin del mismo.

Atenindonos al principio enunciado con anterioridad, todo liberal comulgar con la idea de que, por ejemplo, el que una Administracin gaste por encima de su capacidad de ingresar fondos es una actitud que releva de la responsabilidad de generar ese ingreso a la generacin actual para traspasrselo a las venideras, y por tanto, el incremento de la deuda pblica debe ser tratado con sumo cuidado para no caer en prcticas polticas inmorales. Un caso sobre el que se podra argumentar un cierto paralelismo, y que sin embargo concita apoyos no tan unnimes, es el de la energa nuclear. De acuerdo con ciertos cantos de sirena supuestamente liberales, no habra que hacer caso a los sectores fundamentalmente ecologistas y de izquierdas en su oposicin a la energa nuclear. Para estos liberales, la energa nuclear es limpia, barata y permitira a Occidente diversificar su suministro energtico reduciendo su dependencia de los pases productores de gas y petrleo. Hay alguna cosa que sera interesante matizar.

La energa nuclear es una energa limpia en la medida en que dicho concepto lo reservamos para la contaminacin causada para los gases de combustin. Misterios de la semntica, ya que resulta que uno de los subproductos del proceso de generacin termonuclear en reactores de fisin son los famosos desechos radioactivos. Parece curioso que en una sociedad que llama "contaminacin" al ruido del bar de la esquina no llame esa misma cosa a algo que podra extinguir la vida de la prctica totalidad del planeta. Objetemos a lo anterior que ese potencial contaminante est confinado temporalmente y que por tanto no puede ser considerado como tal por ahora, y entonces podremos darnos cuenta de lo inmoral de nuestra actitud. Pues, no es acaso eso relevar de responsabilidad a la generacin actual de buscar desarrollos tecnolgicos que le permitan acceder a fuentes de energa competitivas y verdaderamente limpias a costa de dejar el problema de la gestin de los residuos nucleares a las generaciones venideras? Acaso no estamos viviendo por encima de nuestras posibilidades tecnolgicas por ahorrarnos un poco en la factura de la luz dejando para nuestros hijos la resolucin de un problema crtico, no slo para las economas de las naciones con reactores nucleares, sino tambin para la propia subsistencia de la humanidad? Tenemos derecho a dejar a las generaciones que nos siguen una herencia sobre la que pesan poderossimas incertidumbres tecnolgicas y que conlleva la necesidad de afrontar gastos ingentes y crecientes mientras tanto se resuelven esas incertidumbres? De acuerdo con Hayek parecera que no.
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Enviado a las 14/07/2005 12:58:18
La posmodernidad y el proceso de autodisolución de España
El siglo veinte se ha caracterizado por un desarrollo tecnolgico que ha acostumbrado a los ciudadanos de Occidente a considerar imprescindible la continua renovacin y mejora de su entorno material. El mal de la posmodernidad consiste en extrapolar esa bsqueda sistemtica de renovacin material a otros mbitos, un fenmeno que afecta a dimensiones de la vida tan variadas como la familia, el matrimonio, la maternidad, el desempeo de una profesin o el marco de convivencia entre ciudadanos. El problema resultante es que estos entornos vitales y sociales presentan menos margen de mejora que las aplicaciones de cualquier ingenio cientfico.

La transformacin del marco de convivencia que nos hemos dado los espaoles, por ejemplo, requerira de planteamientos prudentes que analicen con sumo cuidado el estrecho margen de desarrollo existente, y que eviten los cambios radicales por el alto riesgo de involucin que entraan. Sin embargo, determinados intereses polticos y econmicos se estn apalancando en esa extrapolacin de la irracional necesidad de cambio del hombre del siglo XXI para, mediante el fomento del desprecio a las tradiciones y de la desconfianza en el Sistema, buscar una transicin hacia otros marcos de convivencia conscientemente anhelados por algunos e inconscientemente tolerados por otros, y que en todo caso, no parece vaya a concluir con un fortalecimiento de la esencia de Espaa y el mantenimiento de su unidad de accin.

Una gran parte de los espaoles contemplan a estas alturas la disolucin de su pas como algo natural e incluso moderno. Estaramos pues ante un proceso de autodisolucin. Proceso que slo est siendo posible dada la pasividad posmoderna de algunos y el activismo poltico de otros. La voluntad de permanencia de Espaa reside en estos momentos en un limitado grupo de filsofos, historiadores o periodistas que mantienen un escaso apoyo social, y cuyo peso relativo decrece diariamente apabullado por la marea modernizante que fomentan los grupos secesionistas. La lucha contra el proceso de autodisolucin de Espaa, tal y como se ha venido haciendo hasta ahora, parece no slo una tarea intil, dado el campo de batalla planteado, sino que adems, el baluarte de la unidad de Espaa no es lo nico que se va a perder irremediablemente. En esta lucha, la parte que ms tiene que perder, y que de hecho ya lo est haciendo, es la que se opone con polticas y actitudes del siglo pasado a este proceso posmoderno de autodisolucin.

Es necesario dejar a un lado el sentimentalismo y empezar a defender los derechos y los intereses de aquellos que, como los andaluces, no querran la desaparicin de Espaa. El deseo nostlgico de perpetuacin de Espaa no debe arruinar nuestra dignidad como pueblo y nuestro potencial de desarrollo futuro. Salvemos Espaa si estamos en condiciones de hacerlo! Pero si la alternativa que se nos ofrece a los no separatistas es precipitarnos al vaco en un inexorable proceso por etapas liderados por grupos secesionistas u oportunistas, entonces, negociemos en igualdad de condiciones nuestra propia deconstruccin con aquellos que hasta ahora se han arrogado la superioridad moral de imponernos su mal llamado modelo de Estado.
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Enviado a las 14/07/2005 11:13:43
Santa Marina
Santa Marina es una iglesia cuyos orgenes se remontan al siglo VII. Apartada de los circuitos tursticos ms populares an sigue invitando a la oracin y al recogimiento. No suelen ser comunes all las hordas de turistas, equipados para alguna expedicin africana, violando el silencio respetuoso de su interior y poniendo a prueba la siempre dbil fe de los cada vez ms escasos fieles. Santa Marina es una baslica de estilo romnico, sobria, elegante, rotunda. Es uno de esos templos que atraen al viandante cuando, buscando hacer otra cosa, el azar o la optimizacin de nuestro caminar dentro de una trama urbana medieval nos hace pasar por su lado. En su interior la Virgen del Rosario.

Santa Marina es una iglesia que est en Crdoba, una iglesia andaluza, porque en contra de lo que las corrientes bienpensantes anti-occidentales puedan objetar, los cordobeses, los andaluces, la apreciamos como algo profundamente nuestro. Sin embargo Santa Marina no llamara hoy al recogimiento de nadie, ni siquiera estara en la lista de hitos de los turistas que nos visitan, si Castilla no hubiera liberado nuestra tierra de la opresin de los invasores norteafricanos. Andaluca, no llama a Castilla madre patria porque Castilla no cre Andaluca, pero s la liber, y al hacerlo, nos dej su lengua, sus leyes y sus ansias de vivir como hombres libres. Por eso, cuando Castilla agotada tras un sacrificio ingente se inmola en el proyecto nacional e imperial de Espaa, Andaluca pierde un referente claro de su propio ser.

No es Andaluca igual que aquella Castilla, ni siquiera Castilla es hoy en da lo que fue. Andaluca es quizs, y pesar de no tener una lengua propia, la tierra con una personalidad ms fuerte y diferenciada de toda Espaa. Sin embargo, esas diferencias no pueden ser la cua que sirva para, mediante un inmoral proceso de arquitectura social, destruir lo que es Andaluca para llevarla al abismo de la rbita de la cultura de la falsa tolerancia, el repudio de Occidente y la aproximacin al Islam, enfrentndola de paso a gentes con las que compartimos patrones culturales, aspiraciones individuales o sentimientos religiosos. La primaca de la bsqueda de libertad individual (qu tan bien ha sabido capitalizar y tan mal fomentar el socialismo andaluz), el espritu emprendedor (es la regin donde ms empresas se crean de Espaa), el fuerte sentimiento de pertenencia a la regin a travs del municipio, nuestra particular concepcin de la vida en sociedad, nuestro entendimiento del hecho religioso, todo ello en gran parte herencia de Castilla, son incompatibles con las propuestas inconexas de gentes que practican polticas de saln mientras destruyen y parasitan aquello que les permite vivir en su cmoda incoherencia.

Con estas lneas estreno el presente blog y marco algunos aspectos de la lnea argumental principal.
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