Democracia en América

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El culto y el culo

2 de Abril de 2009 - 09:46:29 - Diego Vega



A finales de febrero mi empresa recibió un correo electrónico en el que un cliente - una gran empresa, todavía - requería que se retirasen momentáneamente sus anuncios de la versión online del New York Post. El porqué de tal decisión lo entendí horas después: una caricatura había levantado en armas a la guardia pretoriana de lo políticamente correcto - un concepto que en este país resulta muchas veces asfixiante - que había descubierto un malvado código racista que apuntaba directamente al presidente Obama. 

 

Recientemente hemos tenido otro ejemplo de hasta dónde puede llegar la influencia del culto al presidente: un blog del New York Magazine ha sido censurado por la dirección del medio por incluir un comentario en el que se aludía - ver la foto que ilustra esta entrada - a la admiración presidencial por cierta parte de la anatomía de la primera dama. Unas palabras, las del incauto blogger, que de haber sido dirigidas a George W. Bush - ese muñeco del pim, pam, pum - y señora hubiesen provocado una oleada de... risas.
 
La traducción del comentario: "Mientras él embarcaba en el 'Marine One' - el helicóptero presidencial -, Obama devolvió el saludo al marine que hacía guardia... eso pensamos. También parece como si Obama estuviera tapando el resplandor del sol mientras revisa el trasero de Michelle".
 
Pero el que el sheriff de la Casa Blanca sea Obama tiene su lado bueno: Tanto los dirigentes del mundo mundial como los chicos antisistema están locos por sus huesos y todo son sonrisas para el amigo americano. ¿Se imaginan que hubiese pasado en Londres si en vez del marido de Michelle aparece Bush Jr.?

 

Comentarios (3)

2 de Abril de 2009 a las 12:201opq5
Al "Yes we can" el estado de gracia, entre los progues le durará como mucho un par de meses mas y entre la mass media, esta que mi pincha ni corta, pero que está ahí, seguramente le durará un poco mas, salvo que se decida a no hacer nada, no sea que si hace algo los progres se enfaden.

Y tal y como veo al partido demócrata desde España, el no hacer nada hasta, puede convertirse en una opción.

Por otra parte la necedad de un burócrata o el compromiso de un activista "ciego", ha convertido el pompis de la primera dama en noticia mundial. Si no hubiesen censurado el blog no habría pasado nada, salvo que unos cuantos cientos se hubieran dado cuenta, suponiendo que no lo supieran, del tamaño de su apéndice inferior lado posterior.

Ahora con dicha censura han dado a la población una información muy relevante, que les molesta que se hable de ello. Con lo cual pueden tener la seguridad de que se hablará de ello largo y tendido y no solo en los EEUU.
2 de Abril de 2009 a las 12:312TheFlash

“Now that’s something to salute…”

;-))))

Tiene razón Sr Vega, lo políticamente correcto puede ser asfixiante. Hay un interruptor, el ‘botón del pánico tontocentrista’, que todo buen ‘regre’ sabe pulsar cada vez que se tropieza con el angustiado perfil afectado por ‘neurosis de equidistancia’. En España es una epidemia muy cansina. En la derecha de misa y comunión casi una pandemia.

Estas cuestiones están muy lejos de ser menores. Encierran el principio de una política de autocensura que termina haciéndose presente en todo momento.

2 de Abril de 2009 a las 12:393Minaya
¡Vaya, vaya! Ya sabía que los progresistas aman la censura a los demás, pero tenía entendido que defendían también la exhibición del cuerpo sin complejos, la sexualidad sin inhibiciones y al ruptura de los tabúes sexuales "judeo-cristianos". Y ahora nos resultan tan puritanos como las pudorosas damas victorianas.

Porque lo cierto es que la señora Obama está de muy buen ver, y no me extraña que a su marido le siga gustando.

PS: para evitar insinuaciones malévolas y estereotipos progres sobre el racismo, aclaro que si hubiese coincidido en la universidad con la hoy señora Obama soltero y sin compromiso, le habría tirado los tejos con honestas intenciones sin importarme lo más mínimo el color de su piel (aunque no me hago demasiadas ilusiones sobre el resultado).
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