Democracia en América

Abril 2009


Mucho humo y pocas luces

7 de Abril de 2009 - 05:18:46 - Alberto Acereda

Si hay algo que Barack Obama y su equipo saben hacer bien es controlar la comunicación y los tiempos mediáticos. El problema es que tras una larga campaña electoral y a sólo unas semanas para alcanzar los primeros cien días de presidencia, hay ya en el ambiente un tufillo de saturación mediática en torno a Obama. Las dos semanas anteriores al viaje europeo del señor presidente, los norteamericanos tuvimos Obama hasta en la sopa: entrevista televisiva con Jay Leno (con la bromita de los “paralímpicos”…); otra entrevista presidencial en el programa “60 minutes”; otra conferencia de prensa en la Casa Blanca con inmenso teleprómpter; otro encuentro “virtual” televisado desde la Casa Blanca… y así día sí y noche también. Y luego…  lo del viajecito a Europa, con el glamour desplegado por la pareja presidencial y la cantinela servida con discursos, ruedas de prensa, declaraciones, fotos… y con Zapatero como guinda al pastel. Aquí, valga aclarar, lo del presidente español  ha pasado bastante desapercibido.

 

Lo peor ha llegado en su discursillo por Turquía donde ha hecho gala de estar muy poco interesado en el “excepcionalismo” norteamericano, algo que aquí no ha sentado nada bien. Sucede que esta saturación mediática de y sobre Obama no engaña a una parte importante de los norteamericanos pues la realidad nacional es la que es y Obama vuelve de Europa sin un apoyo real ni en lo económico ni el número de soldados de cara al tema clave de la Guerra contra el terrorismo que se libra ahora en Afganistán. Los norteamericanos bien lo saben, y las tropas también, aunque Obama disimule y aunque ya no hable de “guerra contra el terrorismo”. Y aunque tampoco quiera reconocer el cada vez más visible éxito de Bush en Irak... Cuando todo esto viene de un Presidente como Obama que -al igual que el líder Demócrata del Senado, Harry Reid- se opuso a la exitosa escalada de tropas en Irak y hasta censuró al mismo general David Petraeus, la cosa resulta poco creíble. Pese al humo mediático y al glamour de la gira europea, la realidad económica interna no engaña ya a casi nadie. Las medias tintas de Obama, tampoco.

La repetida y supuesta gran inteligencia de Obama y su inigualable capacidad para solucionar los problemas reales de la ciudadanía y llevar adelante un cambio positivo para Estados Unidos es una de las mayores falacias vistas en la historia política y presidencial norteamericana. Muchos son quienes van despertando ya de este sueño y se van dando cuenta de que Obama porta más humo que hechos concretos. Porque humo es decir -como hace Obama- que se aumentará la duda nacional en 9 trillones de dólares (en acepción norteamericana) y después asegurar que el gasto se recortará en 4 trillones. Humo es afirmar que quiere que las tropas salgan de Irak en los próximos 16 meses y seguir diciendo lo mismo cada día durante los siguientes 27 meses, como si aquí los conservadores de ayer y hoy fuéramos tontos o no supiéramos contar. Humo es decir que Corea del Norte o Irán detendrán sus programas nucleares gracias al diálogo propiciado por su Administración.  

Sólo en el tema económico, humo es seguir culpando a Bush por el déficit presupuestario, pues en menos de ochenta días, Obama ha cuadriplicado aquel déficit inicial de Bush de 1,2 trillones de dólares y ha creado ya una nación deficitaria para muchos años. Humo es decir que los medios para Defensa están garantizados y luego recortar hasta 30.000 millones de dólares, todos ellos necesarios, para hacer frente a los retos de un mundo cada vez más convulso.  Y todo esto no es más que un aperitivo al presupuesto plagado de gastos que Obama y los Demócratas pretenden aprobar. Los conservadores han ofrecido ya planes alternativos y reales que simplifican el código impositivo y que reforman programas costosísimos como el de la Seguridad Social y el de “Medicaid”; planes que reducen los impuestos a las compañías desde el 35% al 25% y a los ciudadanos en niveles inferiores de tres simples tramos del 10%, 15% y 25%. La cosa no resulta fácil y el Partido Republicano no es precisamente ahora un ejemplo de virtudes en este terreno, pero una cosa son los Republicanos y otra los conservadores. Entre estos últimos, no faltan propuestas interesantes que son permanentemente ignoradas por Obama, Reid y Pelosi.

Aun así, la impronta conservadora se está haciendo notar ya en el seno de los Republicanos. En otro lugar hemos detallado ya -al hilo de las próximas elecciones europeas- la posible y más que viable alianza conservadora transatlántica. De momento, aquí se está ya multiplicando el fenómeno ciudadano de los “Tea Parties” -tradición norteamericana desde los años previos a la Independencia de este país- por la que los ciudadanos se movilizan y discuten asuntos y problemas reales-. Y es que cada vez es más notable el mucho humo y las pocas luces que desprende Obama, el mucho glamour de la pareja feliz en su peregrinaje europeo y las escasas soluciones concretas. Entretanto, Israel se prepara ya con toda la razón para defenderse ante la amenaza de Irán y ni la ONU ni Obama saben qué hacer con los misiles de Corea del Norte.
 

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Mala suerte

6 de Abril de 2009 - 05:16:04 - John Wilkes

Taina Goldman, una enfermera de 42 años y madre soltera con una hija de 14 años, acaba de comprar una casa en Miami de tres habitaciones, dos baños y una piscina. Según el New York Times, mientras sus amigas, y gran parte del país, pasaban el "boom" acumulando deudas y comprando casas por encima de sus recursos, Goldman se mudó con sus padres, compartía un cuarto pequeño con su hija, mantenía dos trabajos y ahorraba. Cuando la burbuja estalló, como tenía que ser, ella estaba lista. Después de ver más de 200 casas, Goldman puso un señal del 20 por ciento y compró por $187.000 una casa que en julio de 2006 se vendió por $370.000.

En su intento por salvar a la gente y las empresas que gestionaron sus asuntos financieros mal durante los últimos cinco años, la Reserva Federal está creando más dinero que nunca en la historia monetaria de los Estados Unidos (más del 70 por ciento desde el 2000). Por el momento, esta expansión no va a resultar en una depreciación del dólar (y la consiguiente inflación de los precios) porque los bancos están guardando el dinero y aumentando sus reservas. Sin embargo, una vez que el crédito empiece a fluir y el nuevo dinero salga a la calle, el país sufrirá una crisis de inflación.

   

Ahora bien, varios comentaristas dicen que no pasa nada y que preocuparse de la inflación que se nos avecina en tres o cuatro años gracias a las acciones de la Reserva Federal es, al menos, irracional. Matthew Yglesias, antes un escritor de la revista Atlantic Monthly y ahora de la Fundación New America, escribió que preocuparse de la inflación en las circunstancias actuales es como "si su casa estuviera en llamas y uno se preocupara de que el agua de los bomberos fuera a destruir su televisor." Y añadió que "hay clases particulares de personas para quienes la inflación será preocupante" pero que no son muy representativas de la mayoría y por tanto no se debe hacer caso a las llamadas de precaución de algunas economistas.

Pero la inflación si afecta una clase de americanos muy importante: la clase que demuestra responsabilidad personal como la Sra. Goldman. Si usted ha pasado los últimos años ahorrando dinero, haciendo sacrificios, restringiendo el consumo para poder realizar unos planes en el futuro, pues mala suerte. Habrá una inflación masiva que robará el poder adquisitivo de los ahorros de la gente responsable para salvar precisamente a la gente que no demostró ningún sentido de responsabilidad fiscal o personal.      

En suma, los que juegan según las reglas del sentido común, gastan menos de lo que ingresan, no acumulan deudas y no compran una casa que no pueden pagar, no van a recibir ningún premio del gobierno estadounidense. Sus impuestos, y los impuestos de sus hijos, van a ir destinados a intentar proteger a las empresas e individuos más irresponsables y van a terminar subiendo los precios para todo el mundo. Más mala suerte.

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Slave to love: El extraño suicidio de América

3 de Abril de 2009 - 00:35:10 - Henry Clay

The Economist, la publicación para el hombre metrosexual y matizado, titula “El encanto irresistible de Obama”. El varón que firma el artículo no estaría tan en contacto con su lado femenino si tuviera que padecer ese encanto a todas horas desde la mañana hasta la noche, de costa a costa, por televisión y radio, en directo y en diferido. Es un encanto perfectamente resistible y un tedio imposible de resistir. Estoy seguro de que Gordon Brown, el Primer Ministro de esa islilla más pequeña que Oregon, no se rindió a la seducción del regalo que le hizo Obama de DVDs de saldo, que no puede ver por su enfermedad degenerativa de los ojos y porque el sistema de color americano es diferente al europeo. Y si la Reina Isabel se dejó impresionar por el delicado presente obamita de un iPod con los mejores discursos de Barack, no es la Reina Isabel de sus buenos tiempos. Me pregunto si la colección de grandes éxitos del teleprompter del Querido Líder incluye aquél en que presumía de que sus padres se conocieron en la Marcha por los Derechos Civiles de Selma (fecha de nacimiento de Obama: 1961; fecha de la Marcha: 1964); aquel otro en que fardaba de que su tío materno había liberado Auschwitz (Obama no tiene tíos maternos y Auschwitz fue liberado por los soviéticos); o el pronunciado el Día de los Caídos (en que, memorablemente el prócer mencionó lo orgulloso que estaba de ver a tantos de ellos en la audiencia). Me pregunto qué le habrá regalado al ruso – quizá una lata de spaghetti - o al chino – tal vez una sudadera de Shangai – o al español – a lo peor una postal de Oregon.

¡Ja, ja! Son cada vez menos los que se ríen ahora.

Barack Obama fue elegido de una manera hostil a los principios fundadores de este país y sobre la base de una plataforma ideológica en abierta contradicción con los mismos. Primero fueron los eslóganes, las pegatinas, las jaculatorias y los desmayos. Después la unción del elegido por los medios de propaganda y comunicación. Barack Obama nunca había tenido un puesto de trabajo previo a su “elevación” (digo bien) a la presidencia. Había pasado de sus labores como “organizador comunitario” (consistentes en registrar votantes demócratas en el distrito sur de Chicago), a ser absentista en la legislatura de Illinois, absentista en el Senado y ahora Presidente reacio a trabajar con papeles en el despacho oval, prefiriendo las entrevistas en la tele (con jumbotron y teleprompter, eso sí). No bien había sido elegido para algo, inmediatamente se embarcaba en una campaña para lo siguiente. Era un candidato cómicamente ayuno de formación o experiencia. Sus únicas asociaciones conocidas eran con un terrorista sin arrepentir, Bill Ayers, con un reverendo racista y pinturero, Jeremiah Wright, y con un hampón de Chicago, Tony Reztsko. Su único voto en años en el Parlamento de Illinois lo había sido en contra de la asistencia a niños viables que sobrevivían a la práctica del aborto. Su estilo retórico, con teleprompter, era propio de cualquier miss a la que le mola la paz en el mundo y, sin teleprompter, era tan lastimoso como para ruborizar a cualquier ministra de cuota.

Una vez elegido, Barack Obama ha encabezado la contrarrevolución autocrática que, fuerza es reconocerlo, le pedían sus lobotomizados votantes. El peor rebaño providencialista no es el de individuos hiper-idelogizados, sino el de aquéllos que renuncian a tener ninguna ideología independiente de la del líder, al que preguntan nada, de quien desconocen todo y en quien abdican la facultad de discernir y la responsabilidad de actuar. Ese es el movimiento que encabeza el holograma etéreo de Barack fabricado en las redacciones de los medios y en las empresas de publicidad. Dos meses después de la coronación enfervorizada, los harekrisnas que esperaban que Obama pusiera gasolina en sus coches, que pagara su educación y su sanidad y les pusiera vivienda, se han levantado de la cama debiendo colectivamente billones de dólares más e hipotecando el resto de sus vidas, las de sus hijos y las de sus nietos al servicio del crecimiento del Leviatán estatal, extraído por Obama, no de la Constitución americana, sino de la de Benito Mussolini. Aquéllos que se felicitaban de la recuperación de la libertad después de los años de plomo, ahora se encuentran con que no pueden aspirar a establecer un negocio sin temor a que el gobierno les despida y sin la certidumbre de que los impuestos les crujirán antes, durante y después del fatal dedo.

Los que pensaban en un edén de libertad tendrán que explicarse por qué la Administración americana despide empresarios, pretende cerrar emisoras de radio y señala con el dedo a periodistas. Los que auguraban el fin de las guerras y los enfrentamientos provocados por Bush nos harán el honor de enunciar el día y la hora en que al Qaeda dejó de existir, los talibanes de luchar y los iraníes de fabricar la bomba. Los que confiaban en el centrismo responsable y liberador y la seriedad y sofisticación de las grandes cabezas del obamismo analizarán hallazgos semánticos como la fórmula “operaciones exteriores de contingencia” para sustituir a la expresión “guerra contra el terrorismo” y la prohibición del empleo de expresiones como “terrorismo” (ahora “desastre causado por el hombre”) o “combatiente enemigo” y elucidarán por qué estos escarceos con Orwell son propios de sociedades democráticas.

Los europeos alborozados por el final del militarismo americano tendrán tiempo para asimilar que el final del poderío militar americano significará que las tortas les lloverán directamente y que además no tendrán a nadie a quien procesar por ello. Ser post-ideológico, post-contemporáneo y metrosexual está bien salvo que el guardaespaldas también quiera depilarse las axilas, entrar en la discoteca y bailar al son de “Slave to love”.

Y mientras, los americanos que creen que la Constitución no da derecho al gobierno a confiscar los bienes ajenos o a quitar y poner consejos de administración para que hagan los coches que le gustan a Obama y no los que demanda el mercado; los que creen que cercenar la libre empresa en nombre de la fantasía del cambio climático es tiránico; los que saben que la nacionalización de la sanidad arrebatará de las manos de los doctores las decisiones médicas y las pondrá en las de funcionarios armados de tablas de costes y precios; los que no quieren que Obama dirija las empresas, les sustraiga el fruto de su trabajo, el de sus hijos y el de los hijos de sus hijos; los que quieren oír las opiniones que les salgan de las narices en la radio; los que quieren llamar terroristas a los terroristas y no a los empresarios; los que preferirían que el estado les defendiera de sus enemigos exteriores, no que se excusara ante ellos; aquellos americanos, en fin, a los que la autocracia ñoña y hopey-changey no les cabe en los siete artículos de la Constitución, todos ésos tienen todos los motivos del mundo para lamentar que el país fundado por Washington, Franklin, Jefferson, Madison o Hamilton acabe por morir en la pleamar de Obama, Pelosi, Sean Penn y la CNN.

La América de los primeros ha dejado de existir. Una nación pusilánime traicionó en 2008 sus principios y su propia memoria, adoptando la tiranía de lo majo, vigente en Europa desde hace décadas, como el mejor y más lánguido sucedáneo de la libertad que sus padres creyeron construir para la posteridad. El resultado es la ruina económica, el ocaso de la libertad política y el desarme frente a “combatientes enemigos” y “terroristas” que no tienen empacho en serlo y que no desean “la paz en el mundo”.

La nación que prefiere el deshonor al peligro está preparada para un amo. Y lo merece

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El culto y el culo

2 de Abril de 2009 - 09:46:29 - Diego Vega



A finales de febrero mi empresa recibió un correo electrónico en el que un cliente - una gran empresa, todavía - requería que se retirasen momentáneamente sus anuncios de la versión online del New York Post. El porqué de tal decisión lo entendí horas después: una caricatura había levantado en armas a la guardia pretoriana de lo políticamente correcto - un concepto que en este país resulta muchas veces asfixiante - que había descubierto un malvado código racista que apuntaba directamente al presidente Obama. 

 

Recientemente hemos tenido otro ejemplo de hasta dónde puede llegar la influencia del culto al presidente: un blog del New York Magazine ha sido censurado por la dirección del medio por incluir un comentario en el que se aludía - ver la foto que ilustra esta entrada - a la admiración presidencial por cierta parte de la anatomía de la primera dama. Unas palabras, las del incauto blogger, que de haber sido dirigidas a George W. Bush - ese muñeco del pim, pam, pum - y señora hubiesen provocado una oleada de... risas.
 
La traducción del comentario: "Mientras él embarcaba en el 'Marine One' - el helicóptero presidencial -, Obama devolvió el saludo al marine que hacía guardia... eso pensamos. También parece como si Obama estuviera tapando el resplandor del sol mientras revisa el trasero de Michelle".
 
Pero el que el sheriff de la Casa Blanca sea Obama tiene su lado bueno: Tanto los dirigentes del mundo mundial como los chicos antisistema están locos por sus huesos y todo son sonrisas para el amigo americano. ¿Se imaginan que hubiese pasado en Londres si en vez del marido de Michelle aparece Bush Jr.?

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