Democracia en América

McCain-Palin, un ticket de éxito

29 de Agosto de 2008 - 18:12:19 - Alberto Acereda

Como aquí mismo os adelantaba Pablo Kleinman y también LD, John McCain está ahora mismo anunciando su selección de la gobernadora de Alaska, Sarah Palin como vicepresidenta para el ticket presidencial por el Partido Republicano. Palin (que no Pajín) es una valiente política que con sólo 44 años ha puesto patas arriba al aparato del “establishment” político de su estado y ha ido poniendo seriedad y principios conservadores en su labor política, primero como alcaldesa y segundo como Gobernadora. Su designación ha podido ser una sorpresa para muchos, sobre todo por haber dejado fuera a candidatos como Mitt Romney, cuyo nombre parecía despuntar. Sin embargo, con este movimiento bien pensado de McCain, los Republicanos colocan así en su ticket presidencial a una mujer como Palin que contrastará, sin duda, con la vieja generación de Demócratas a la que pertenece la opción vicepresidencial de Joe Biden presentada por Obama.

Cuando en noviembre de 2006 los Republicanos perdieron varias plazas en las elecciones intermedias, Palin se convirtió en la Gobernadora más joven de la historia de Alaska tras derrotar al candidato demócrata Tony Knowles, después de haber derrotado ya antes también Palin en las primarias republicanas al corrupto Gobernador Frank Murkowski. Con una fuerza de principios digna de encomio, Palin destituyó a varios cargos públicos acusados de corrupción y que habían sido previamente nombrados por Murkowski. Firmó un proyecto para revisar las leyes éticas del estado y otro para asegurar la transparencia en las asignaciones de construcción de un importante gasoducto para Alaska. Junto a varias iniciativas respecto a cuestiones de la energía -tema muy candente en su estado- Palin supuso una voz nueva en la política estatal y nacional con la vuelta, además, a unos principios económicos enmarcados en la austeridad fiscal y el recorte de impuestos.

En estas próximas horas y días, su figura será objeto de todo tipo de análisis y críticas. Hace ya más de un año, cuando se conocía todavía poco a Sarah Palin en la política nacional, Fred Barnes elogió en The Weekly Standard su figura y auguró para ella un estrellato que hoy se ha hecho realidad. Los Demócratas, sin duda, vaciarán archivos y hemerotecas para buscar puntos débiles en esta designada vicepresidenta. Le acusarán de inexperta, pero la realidad es que mientras ni Obama ni Biden han dirigido jamás nada, Palin ha ejercido ya en puestos de liderazgo como supone gobernar un estado.

El movimiento de McCain al designar a Palin resulta una excelente elección que, sin duda, va a movilizar de forma clara a la base republicana y también a los escépticos conservadores que seguían indecisos ante McCain. También movilizará a muchas mujeres en Estados Unidos, incluidos los círculos femeninos Demócratas decepcionados por el caso Hillary, y quienes en algún caso verán en Palin la posibilidad real de una primera mujer en la vicepresidencia en toda la historia de Estados Unidos. El llamado "efecto Obama" sufre así otro varapalo porque ya a estas horas pocos se acuerdan de su discurso de anoche en Denver.

En cualquier caso, y con el tiempo que quedará en estas semanas para analizar este ticket Republicano McCain-Palin y la futura convención que se viene encima (por cierto, gracias a Anderhl por su interesante enlace in situ), vale la pena recordar que Palin se ha opuesto siempre abiertamente al aborto y que ella misma forma parte de la organización pro-vida “Feminists for Life”. A diferencia de muchos políticos, Palin habla con hechos más que con palabras. Por eso, cuando el pasado diciembre Sarah Palin supo que su embarazo indicaba la existencia del síndrome de Down, siguió adelante con sus principios de no al aborto y de la defensa de la vida. Cuatro meses después, en mayo de este mismo año, Palin dio a luz a su quinto hijo, Trig, que hoy padece síndrome de Down y que nació un mes antes de lo previsto. Ese hijo es hoy orgullo y honra de Sarah Palin y de toda su familia. Miss Congeniality, sí. Madre, también. Y ojalá que este próximo noviembre… vicepresidenta de Estados Unidos.

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Miss Congeniality, vice de McCain

29 de Agosto de 2008 - 16:56:48 - Pablo Kleinman

Todo parece estar confirmado: Sarah Palin, de 44 años, gobernadora de Alaska, casada con un esquimal, madre de cinco, que alguna vez saliera segunda en el concurso de Miss Alaska (y se adjudicara el título de "Miss Congeniality"), será la compañera de fórmula de John McCain. El anuncio oficial todavía no fue realizado, pero se supone que Palin será revelada como candidata en poco más de una hora en un mitin en Ohio.

Más tarde, una vez confirmada la información, os contaremos más acerca de la noticia del día en la campaña. Mientras tanto, podéis echarle un vistazo a la página de Wikipedia de Sarah Palin.


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Pepsi-Cola Demócrata

28 de Agosto de 2008 - 06:56:47 - Alberto Acereda

Para no ser tildado de sectario, acusado de “conservador” o llevado a galeras en caso de retornar a la España de Zapatero, uno quisiera a veces poder escribir algo gratificante a favor de los Demócratas. Sin embargo, el ritmo de esta campaña electoral norteamericana lo hace imposible; mucho menos cuando se contempla lo que el "Pepsi Center" de Denver está viviendo estos días: pura burbuja Pepsi, arreones de emoción de una izquierda sin consistencia, y griterío de ocas operado por una vertiginosa falta de principios y agarrada como un clavo ardiendo al último oficiante de la misa pagana que es esta convención: Barack Obama.

Para preparar esa eucaristía del calentamiento global y de la sandez general en Denver que concluye el jueves, el segundo y tercer día de la Convención Demócrata -o sea, el martes y el miércoles- ha visto desfilar a los Clinton sobre la pasarela Pepsi. A los Clinton, a John F. Kerry, a Joe Biden y hasta a la gobernadora de mi estado, Arizona, que como buena Demócrata, ha arruinado las arcas de Phoenix para luego ir a Denver a acusar a George W. Bush y a John McCain de ser culpables de todos los males y de no saber nada de economía. Los Clinton han hecho, como se esperaba, lo que debían: apoyar a Obama para mantener su peso en el Partido Demócrata y salir corriendo de la burbuja Pepsi esperando que el negro mágico –en definición del LA Times- pierda en noviembre para que Hillary vuelva en 2012. Para entonces, si eso ocurre, ya saldarán cuenta con los traidores que se han ido con Obama.

La mayoría de los medios de comunicación babearán ahora ante el beso de Judas propiciado a Obama por los Clinton y relatarán esa idea de ficticia unidad en el Partido Demócrata. Todo, en fin, para preparar el mesiánico discurso de Obama dispuesto en toda gala y con escenario grecolatino para mañana en un estadio aparte que, sin duda, generará nuevos y más productivos orbasmos mediáticos. El discurso con teleprómpter será bueno, como todo lo que Obama repite como un loro. Con todo, si para este fin de semana su candidatura no obtiene una notable subida en las encuestas -en torno al menos de los 10 puntos sobre McCain, que es lo normal cada cuatro años tras la Convención Demócrata, su campaña entenderá que el camino a la Casa Blanca va a resultar mucho más difícil que lo que algunos han ido augurando en estos últimos meses.

Aquí hemos criticado a John McCain cuando ha hecho falta hacerlo, o sea cuando McCain no ha ejercido como lo que debe ser: un político de talante conservador que se debe a sus votantes conservadores, la base mayoritaria del Partido Republicano y -desde luego- la mayoría de votantes republicanos en el estado al que McCain representa como senador: Arizona. Otro día escribiremos más sobre esto porque McCain ha pasado de aquella insoportable levedad de la que ya escribimos hace unos meses a un político más hábil y sabedor de su más que posible triunfo de seguir el ideario conservador.

Frente a McCain, por hoy baste decir que tanto el discurso de Bill Clinton como el de Joe Biden han mostrado la hipocresía de la izquierda norteamericana y su falta de respeto hacia los hechos y la realidad. Los dos se han cebado a su manera contra McCain -especialmente Biden- cuando hace apenas unos días lo elogiaban. Y los dos han ocultado la realidad de que McCain fue quien más acertó al evaluar con firmeza la Guerra de Irak. Ni Clinton ha recordado sus errores en Somalia, en el USS Cole o en acabar con Bin Laden en 1998, ni Joe Biden ha querido reconocer sus no lejanos elogios a McCain, ni la idea errada de Biden de dividir Irak en dos regiones de chiítas y sunis.

Bill Clinton y Joe Biden han hablado –siguiendo la estela de Obama- del fin del sueño americano por culpa de Bush. No cabe más Pepsi-Cola Demócrata ni más falsía, sobre todo si uno piensa que hoy precisamente, tras ocho años de esa administración republicana con Bush al frente que tanto critican, los norteamericanos hemos hecho historia como nación al contemplar en vivo la realidad del sueño americano: el hecho mismo de que un negro llamado Barack Obama, sin apenas credenciales políticos de peso, se haya convertido en el primer hombre de color nominado a la presidencia de los Estados Unidos de América por un partido mayoritario. Pero de esto de las etnias y la herencia de Martin Luther King –aniversario que celebramos mañana al hilo del famoso discurso de “I have a Dream…” (y que Obama se encargará sin duda de politizar)- les hablaré en otra entrada. Por el momento, un saludo a todos los lectores de bien, en especial a todos cuantos tan amablemente van dejando en este blog sus perspicaces comentarios. David Jiménez y Pablo Kleinman volverán pronto a contarles sus opiniones, así que gracias por seguirnos.

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Un cuento de hadas

26 de Agosto de 2008 - 06:18:46 - Alberto Acereda

Durante las primarias Demócratas, el propio Bill Clinton afirmó -y por eso le llovieron muchos palos- que la campaña que estaban haciendo los medios de comunicación y los asesores de Barack Obama para la presidencia de éste era la propia de un cuento de hadas: un cuento sobre Obama que no se correspondía con la realidad. Barack Obama aparecía así como una figura casi mítica, mesiánica en muchos casos, aunque claramente inferior en estatura política a Hillary Clinton. Pero para dolor de Bill Clinton, Obama ganó y la Convención Demócrata que acaba de empezar en Denver (Colorado) es una suerte de coronación del nominado, con la rabieta de Hillary de fondo -pese a su artificial apoyo- y pese a la mitad de los votantes Demócratas intentando explicarse todavía lo ocurrido.

Howard Dean, el presidente del Partido Demócrata, inauguró el lunes la Convención de su partido que durará cuatro días. El primero ha resultado ya decepcionante en el fondo, aunque bien preparado en la forma. Poco pan y mucho circo. Miles de delegados del partido se irán reuniendo en el “Centro Pepsi” para nominar al primer candidato presidencial negro de un partido mayoritario de Estados Unidos. Esa es la primera lección que, en lo positivo, hay que extraer de esta carrera hacia la Casa Blanca: que Estados Unidos, más allá de las necesarias divergencias políticas, resulta ser una nación donde hay espacio y oportunidades para todos. Y si Obama no gana, no será porque Estados Unidos sea un país racista -como algunos en la europrogresía siguen creyendo-, sino porque los votantes no acaban de verle el queso a la tostada de Obama.

En lo más particular, cabe indicar que esta Convención Demócrata se presenta también como un encuentro que busca curar las cicatrices en el partido tras la larga lucha interna que enfrentó durante las primarias a Obama con Hillary Clinton. Pese a las palabras de apoyo de la Clinton a Obama, las cosas siguen tensas, tanto que hasta los respectivos equipos de asesores de uno y otro negaron con un comunicado conjunto ciertos informes en la prensa respecto a la discordia entre los dos políticos con motivo del sistema para realizar la nominación.

La primera jornada de esta Convención ha buscado “humanizar” a Obama y a su familia, sacarlo del charco de barro donde él mismo se había metido con una serie de declaraciones desafortunadas y con un historial cada vez más cuestionado. Se trataba de presentar el lado humano de Obama, más allá de su radicalismo ideológico y su escasa experiencia política. Para ello, nada mejor que echar mano de uno de los iconos del Partido Demócrata: la familia de los Kennedy. Por eso, la aparición del senador Edward Kennedy resultó para muchos conmovedora al sufrir éste de un tumor cerebral. El discurso más esperado de la noche, sin embargo, fue el de la esposa de Obama, Michelle, que lanzó -como era previsible- largos elogios a su esposo, habló de sus raíces familiares y añadió la ensayada aparición al final de las dos hijas saludando al padre que aparecía en una gran pantalla a modo de teleconferencia desde Kansas City.

Más allá de las tendencias o favoritismos hacia uno u otro partido, la realidad es que estas convenciones se transforman en auténticos espectáculos, a veces circenses y otras demasiado preparados. Aun así, no dejan de tener su interés. Será lo mismo en la Convención Nacional Republicana en cuanto a la teatralidad y la disposición de las piezas y los escenarios. Sin embargo, lo que no puede dejar de valorarse de lo visto el lunes es que lo que más ha destacado en este primer día de Convención Demócrata ha sido la notable falta de sustancia política en los discursos, la carencia de ideas entre los invitados, la ausencia de un verdadero programa de cambio o acción de gobierno. Hoy Denver ha vivido, por tanto, un espectáculo más basado en emociones que en ideas: son las emociones de la izquierda -también de la norteamericana-, apoyada en sensaciones de inmediatez, en efímeras posiciones alejadas de la solidez de principios o de auténticas fórmulas para gobernar. La historia de Obama, en fin, se ha vendido hoy como la más hermosa del mundo. Sin embargo, se trata más bien de un cuento de hadas, tal y como Bill Clinton ya nos había anunciado. Y no le faltaba razón.

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Obama-Biden 2008

23 de Agosto de 2008 - 17:45:12 - Alberto Acereda

No ha sido éste un verano propicio para la campaña presidencial de Barack Obama. Sólo en esta última semana el mesiánico candidato se ha puesto en evidencia con algunas declaraciones. Obama ha afirmado, por ejemplo, que las infraestructuras en China son muy superiores a las norteamericanas insinuando así que el modelo político de Pekín es mejor que el de Washington. Obama ha equiparado también la invasión unilateral de Georgia por parte de la Rusia de Putin con la Guerra de Irak de 2003, como si esta última no hubiera estado amparada en más de una docena de resoluciones de la ONU y con el apoyo legal internacional de cuarenta países aliados con EEUU. También el público norteamericano ha sabido esta semana del escondido voto de Obama en contra de la Ley de Protección de los Recién Nacidos, apoyando así el infanticidio y con toda la polémica que eso ha suscitado. A la vez, han saltado más datos sobre la relación de Obama con el terrorista Bill Ayers y con el ya condenado mafioso de Chicago, Tony Rezko. Obama ha ido perdiendo popularidad en los sondeos y cada vez resulta más claro su trasnochado radicalismo de los sesenta y la corrupta maquinaria política que lo ampara. En estos tiempos de cólera, la respuesta del otrora idolatrado Obama ha sido elegir como vicepresidente para el supuesto “cambio” a un viejo senador -otro más- llamado Joe Biden.

La selección de Joe Biden por Obama supone en sí una contradicción. Primero porque Biden apoyó la Guerra de Irak, igual que Hillary Clinton; durante las primarias Obama los descalificó a los dos por esa razón. Segundo, porque el ninguneo de Obama a Hillary resulta, además, peor de lo esperado ya que se ha hecho público también en estos días que Obama ni siquiera consideró a Hillary para la vicepresidencia, con todas las implicaciones en contra de Obama que eso tendrá en noviembre por parte de las ya irritadas votantes femeninas demócratas. En este caos y división, la selección de Joe Biden debería llenar de alegría a la campaña de John McCain. Porque lo único que Biden ha hecho en su vida es, aparte de hablar mucho, ganar facilonas elecciones en el pequeño estado de Delaware. Eso, claro, y meter la pata en lo que aquí en Estados Unidos se ha calificado como una bufonesca diarrea oral de este arrogante senador que se dice experto en asuntos internacionales.

En 1972 Biden ganó en su estado por apenas tres mil votos. En 1986, se unió a sus colegas Demócratas para evitar a toda costa la confirmación del juez Robert Bork y en 1991 actuó de forma sectaria en el comité judicial del Senado para intentar evitar que el juez Clarence Thomas fuera confirmado al Tribunal Constitucional. En 1988, Biden fue candidato a la presidencia por el Partido Demócrata, pero tuvo que salir por la puerta de atrás al haberse hallado en su campaña un plagio de uno de los discursos del político británico Neil Kinnock, además de una falsificación de ciertos datos de su pasado en Pennsylvania y Delaware, copiados del propio Kinnock. Tildado de bufón, Joe Biden es famoso por sus declaraciones salidas de tono, como cuando en 2006 afirmó que uno no podía ir a una tienda de “7-Eleven” o a un “Dunkin´Donuts” sin tener acento indio… O como cuando en 2007, Biden aseguró al New York Observer que Obama era el primer negro en política que articulaba bien las palabras, que era brillante, “limpio” y de buen ver. En 2008 Biden se volvió a presentar a la presidencia sin demasiado apoyo por parte del electorado, de ahí su salida de ésta pese a los casi cuarenta años en el Senado en Washington. Este es, en fin, el compañero de viaje que Obama ha elegido para el tan cacareado “cambio”.

Esta semana que entra viviremos la Convención del Partido Demócrata en Denver. Los discursos de Obama ante el teleprómpter, lo que pueda o quiera decir Joe Biden y el paseo de víctimas de la ciudadanía que han dispuesto los Demócratas para desprestigiar los años de Bush en la Casa Blanca no podrán esconder la realidad: que el Partido Demócrata está inmerso en una marcada division interna; que los Clinton no olvidan y Hillary menos; que el adúltero lío de faldas del otrora también candidato Demócrata a la presidencia, John Edwards, ejemplifica la hipocresía de estos progres; y, finalmente, que Obama está en horas bajas pese a la ignorante obamanía ya hoy venida a menos. John McCain tiene una semana después la Convención del Partido Republicano, una gran oportunidad de dar un golpe de timón mirando ya a noviembre. La elección de Mitt Romney como vicepresidente de McCain sería otro empujón más y un contraste serio y ejemplar al mediocre ticket Obama-Biden 2008. 

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Orbasmos por un plagiario

9 de Junio de 2008 - 04:04:37 - Alberto Acereda

Resulta ensordecedor el griterío de orbasmos u obamaorgasmos lanzados por varios plumillas de turno en torno a la nominación de Barack Obama como candidato Demócrata a la presidencia de Estados Unidos. La permanente baba deslizada por la progresía mediática en torno a Obama se apoya en una mera cuestión racial, resultado de esa culpa blanca tan típica de la corrección política. Cualquiera que haya seguido la trayectoria de este cuarentón Obama sabrá que su nominación se debe bien poco a sus méritos políticos y menos aún a sus logros legislativos. Su encumbramiento es resultado de la urgente necesidad de las izquierdas norteamericanas anidadas en el Partido Demócrata de ver en la Casa Blanca a uno de los suyos, cualquiera que no sea un Republicano, ni tampoco la Clinton.

Porque la coronación de Obama y el consiguiente derrocamiento de Hillary constituye el argumento de la novelesca serie que han dado en llamar "primarias Demócratas", con papeles estelares para la esposa cornuda, la esposa celosa Michelle, los reverendos racistas, Chelsea, Bill, Rezko, Ayers, los delegados, los superdelegados y... el gran Obama de protagonista. Se trataba, en fin, de un argumento que ha acabado con la patada a la saga de los Clinton y la fabricación de un cuento de hadas llamado Barack Obama. Su número total de votos populares ha sido inferior que el de Hillary de haberse contado –como reclaman siempre los Demócratas– todos los votos, los de Florida y Michigan también. Pero no. La Clinton fingió claudicar el sábado a cambio de que la campaña de Obama le pague los veinte millones de dólares adeudados por ella en estos meses y así... ver qué pasa hasta la convención en Denver.

Ni Hillary, ni nosotros, ni nadie que haya seguido cercanamente estas primarias, puede ser ajeno a que el mérito mayor de Obama ha sido el contar con un sagaz equipo de campaña que, además de escribirle pomposos discursos, ha jugado sin escrúpulos la baza étnica. Ante eso, entre la progresía de lo políticamente correcto el triunfo de Obama se celebra con orbasmos sólo equiparables a los elogios a la Mamá Grande del célebre relato de García Márquez. Porque en las últimas décadas, Estados Unidos ha elevado muchas veces ya a otros hombres y mujeres de color a puestos importantes en presidencias de empresas y negocios de primera categoría: desde un Dick Parson en la Time Warner, a un Stanley O´neal en la Merrill Lynch, o un Ken Chenault en American Express... y así hasta puestos en el Tribunal Constitucional (Clarence Thomas) o en carteras importantes en la Casa Blanca (Condoleezza Rice o a Colin Powell...), por citar algunos.

Lo de Obama sería para festejarlo de verdad si su nominación se debiera auténticamente a su carácter y a sus logros, no sólo por razón de su raza. Porque tenía razón Martin Luther King, Jr. cuando hace cuarenta años nos contaba con el corazón y con la verdad que tenía el sueño de que sus cuatro hijos vivieran un día "en una nación donde no se les juzgue por el color de su piel sino por el contenido de su carácter". Bien parece hoy que muchos de quienes elevan a Obama a las alturas están ignorando el carácter real de Obama y sustituyendo eso meramente por la cuestión racial. Justo lo que no pedía Martin Luther King, Jr. De ahí que todos estos orbasmos mediáticos resulten trágicamente hipócritas y artificiales. No es complicado comprobar que Obama no aporta ideas nuevas sino que está utilizando el mismo libreto fallido de la progresía Demócrata en estas últimas décadas: el de McGovern, Carter, Mondale, Gore, Kerry...

Por eso Obama plagia y lo hace de manera descarada, como prueba su último discurso de aceptación de la nominación donde los paralelismos con lo dicho por el Democrata Mario Cuomo en la Convención Nacional Demócrata de 1984 son casi exactos. Casi sonrojan por el parecido y por el descaro de Obama, tal y como hoy damos cuenta en Diario de América al hilo de un interesante vídeo comparativo donde se reproducen algunos ejemplos de esos plagios. Cuomo atacaba a Reagan, ahora Obama ataca a McCain, cambia algunos lugares y algunos detalles,pero suena a más de lo mismo.

Lo de Obama, por tanto, no es nada nuevo. Se trata de la última producción artificial de las izquierdas norteamericanas en su desesperado intento de alcanzar el poder con un libreto tan usado como errado. La novedad radica en haber incluido ahora a un candidato pseudo-mesiánico y protegido por la carta racial en un mundillo de sandez políticamente correcta. Que Obama logre o no la presidencia no se deberá tanto a sus ideas o a su carácter, sino a la actual apatía en la campaña de John McCain, cuyo liderazgo carece todavía del necesario apoyo de los conservadores, hartos ya de tanta derecha acomplejada. En noviembre tendremos la solución. Por nuestra parte, y aunque puede que haya alguna entrada esporádica en estas próximas semanas, nosotros volveremos de nuevo en este blog "Democracia en América" a finales de agosto, ya con el inicio de las convenciones y con todo lo que ocurra hasta noviembre en la elección presidencial. ¡Feliz verano a todos!

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Imágenes de América

7 de Junio de 2008 - 01:35:36 - David Jiménez

Un viaje en coche de casi tres semanas, desde Saint Louis hasta Oakland pasando por Kansas, Colorado, Utah, Nevada, Arizona y luego la costa de California me depara dos imágenes que resumen de un modo algo esperpéntico el devenir de estas primarias.

La primera imagen: la tienda Urban Outfitters de Berkeley, al final de Telegraph Street (calle emblemática de los años sesenta en California) y en el linde del campus de la famosa universidad. En el interior, jeans pre-desgastados y demás ropa hiperurbana, hiperbohemia y por supuesto hipercara. Y un rincón entero dedicado a camisetas, posters y demás parafernalia de Obama. Obama sonriendo, Obama serio, Obama con la mirada puesta en el futuro glorioso de su nueva América, slogans varios desde el “Yes We Can” hasta el “Obama is my homeboy,” Obama pintado en rojo y azul sobre un fondo blanco. Obama, en otras palabras, convertido en un icono pop, en el sucesor de la Marylin de Warhol, en la cristalización de una serie de fantasías patológico-culturales. Obama como el nuevo Che, una efigie que vende no por el significado político sino porque es lo “cool.” ¿Quién necesita ideas cuando se tiene merchandising? En el mostrador también se venden tazas que leen "McCan't" y un muñeco cascanueces de Hillary...

La segunda imagen es el contrapunto de la primera: conduciendo por las anchas llanuras pedregosas de Utah, en medio de la nada más absoluta, en la que no se alza ni un edificio en kilómetros y kilómetros a la redonda y donde si se te acaba la gasolina, o te mueres de hambre o te mata Javier Bardem, en medio de extensiones flanqueadas por peñascos rojos y negros desde los que piensas que te van a emboscar unos indios… de repente, un cartel de Ron Paul. Un cartel de unos cuatro metros de alto, con el nombre del candidato escrito a mano con rotulador negro. “Ron Paul for America 2008.” Y en un segundo queda atrás como otro aspecto encantador y absurdo del paisaje, o de las primarias. Aunque quizás son las primarias las que quedan como algo absurdo y nada encantador. Pero al menos los libertarians saben que siempre les quedará Utah… una variante del “exilio interno”, quizás.

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Los Demócratas escogieron al peor de los tres

4 de Junio de 2008 - 09:16:43 - Pablo Kleinman

Después de varios años de:

- lo que el ex jefe de la Reserva Federal, Alan Greenspan, describiera como “exuberancia irracional” en el mercado inmobiliario-hipotecario, y que finalmente terminó causando estragos en la economía,

- una guerra que, si bien ahora va bien, anduvo mal durante demasiado tiempo y se volvió muy impopular, y

- una coyuntura internacional inflacionaria que está causando mucho malestar entre los consumidores de todo el mundo pero particularmente de los Estados Unidos,

el partido Republicano, en la presidencia desde hace siete años, es blanco de la ira de millones de norteamericanos acostumbrados a que todo vaya  muy bien en su país. Este año, sin duda, vientos de ira soplan a favor de los Demócratas y las elecciones de noviembre auguraban resultados muy buenos para la oposición. Sin embargo, a partir de hoy podemos decir con claridad que lo que era de sencillo pronóstico se ha vuelto incierto e impredecible: los Demócratas acaban de elegir al peor candidato posible para la presidencia.

No es oficial pero de no mediar algo inesperado, como que un rayo le parta en dos, es seguro: Barack Hussein Obama ha obtenido la mayoría de los delegados a la Convención Nacional del partido, lo que le convierte en virtual candidato a la presidencia de los Estados Unidos. Se trata de un hecho histórico, puesto que es la primera vez que un candidato de origen negro obtiene la nominación a la presidencia. Se trata de un hecho preocupante también, porque la victoria de Obama representa el triunfo del ala más izquierdista del partido, fuera del poder desde comienzos de los años ochenta  y que, habiendo aprendido de los errores de la derrota de Howard Dean frente a John Kerry hace cuatro años, logró su objetivo esta vez al entregarle la nominación a Obama, mediante su respaldo  con fuertes sumas de dinero y una impresionante maquinaria de activistas en varios de los “caucus” estatales . Porque Obama ganó raspando y sin obtener la mayoría de los votos en las urnas (Hillary obtuvo más): lo que decidió su victoria fueron los estados, en su mayoría pequeños, en los que los delegados a la convención no son electos por votación popular sino por los activistas, terreno en el cual organizaciones de extrema izquierda como MoveOn.org cumplieron un rol fundamental.

La extrema izquierda hizo una apuesta segura: un senador joven y apuesto, con muy poca experiencia pero con una labia prodigiosa, que además es considerado el más izquierdista de los cien miembros del Senado de los Estados Unidos (un impresionante logro de por sí, teniendo en cuenta que lo obtuvo en tiempo récord y que en el Senado hay varios sujetos de bastante cuidado). A medida que vamos conociendo la galería de personajes del entorno más íntimo de Obama en Chicago –el Reverendo Wright, el exterrorista Ayers, el padre Pfleger,el mafioso sirio Tony Rezko- nos damos cuenta de que no se trata de un político para nada moderado ni centrista. ¡El perfil del candidato perfecto para la ultraizquierda!

Hillary Clinton, a pesar de la antipatía que genera entre tantos, no hubiera generado tanto temor por su falta de experiencia o por su entorno comprometido. John Edwards, gracias a su populismo, hubiera sido posiblemente el adversario más idóneo para disputar a los Republicanos el voto entre la clase trabajadora en los “estados veleta” del centro del país. Barack Obama, en cambio, es un tipo sin pasado conocido pero sin logros demostrables, cuyo discurso se limita a hablar de un cambio cuyas consecuencias son desconocidas. Los norteamericanos quieren un cambio de rumbo, ¿pero estarán dispuestos a obtenerlo dando un paso categórico hacia el abismo?

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A este Obama lo salva la campana

2 de Junio de 2008 - 03:40:36 - Alberto Acereda

A mediados del pasado marzo, Pablo Kleinman les contaba aquí mismo la posible importancia que las primarias de Puerto Rico tendrían para los Demócratas. Celebradas anoche esas elecciones en la isla, la importancia ha resultado más simbólica que práctica, pero no por ello desechable de cara a lo que pase en el lado Demócrata en estos próximos días. La Clinton ha ganado en Puerto Rico de forma contundente, al derrotar por más del doble de votos a Obama. Aun así, a falta sólo de las dos últimas primarias de este martes, en Montana y Dakota del Sur, las cartas ganadoras las tiene ahora mismo Obama, quien con sólo 50 delegados más alcanzaría ya los necesarios para ser técnicamente el candidato presidencial Demócrata.

La Clinton no parece querer irse y busca todavía convencer, con toda razón, a los superdelegados, por lo que cuanto pueda pasar en estos próximos días está todavía en el aire. Lo que resulta más sintomático, sin embargo, es el lío en el que sigue metido el Partido Demócrata: un caos mucho mayor de lo que las informaciones y despachos de agencias vienen contando. Mientras la Clinton sigue en alza y ha ganado casi todas las primarias desde marzo, Obama está de baja y ha perdido no sólo ya varias elecciones importantes, sino una amplia parte del voto blanco y también del hispano. Si se contase el voto popular, incluidos los votos de Florida y los de Michigan, la Clinton superaría a Obama en voto popular; el número total de delegados estaría así todavía más igualado. Pero al Partido Demócrata, hay que decirlo de una vez, parece convenirle más cambiar las reglas estipuladas y hacer que no todos los votos cuenten igual.

Por eso, y con la manifiesta voluntad de favorecer a Obama (quien se convirtió muy temprano en el candidato estrella de la maquinaria de Howard Dean y Cía), y con el velado deseo de acabar con el poder interno de la saga de los Clinton, el Partido Demócrata, a través de su Comité de Reglamentos, decidió este fin de semana pasado cambiar las reglas de juego en medio de su pachanga electoral. El sábado noche, dicho comité aceptó reconocer las delegaciones de Michigan y Florida en la Convención Nacional Demócrata de agosto, siempre y cuando cada uno de sus 366 delegados tenga únicamente derecho a la mitad de un voto. La decisión, a estas alturas, resulta del todo injusta para la Clinton por lo que su campaña ha protestado y se ha reservado el derecho de impugnar la decisión ante el Comité de Acreditación.

Cierto es que el acuerdo inicial era que ni Florida ni Michigan contaran, en otro de esos malabarismos de los Demócratas. Sin embargo, quienes pierden de verdad son los votantes Demócratas norteamericanos, sobre todo los de Florida y Michigan, que ven cómo sus votos no iban primero a contar, luego sí, y al final sólo la mitad. En fin, todo un circo el que han montado estos que se definen como demócratas. Paradójicamente, estos son los mismos que llevan casi ocho años pataleando sobre la votación de Florida en 2000, lo del recuento Bush-Gore, y los que también en 2004 pedían también recuentos en Ohio alegando que Bush y los Republicanos habían impedido a muchos votantes depositar su voto... En suma, que Obama podrá ganar la candidatura, pero la manera en que lo va a hacer resulta tan dudosa como cuestionable, por no decir ya ilegítima. Tan dudosa será su victoria como su última e hipócrita hazaña de largarse de su iglesia, sí, la misma en la que pasó veinte años sin decir ni mú escuchando insultos y teatrillos racistas; el último, el de Michael Pfleger.

A Puerto Rico hay que agradecer que haya puesto a Obama en su lugar, si no ya en términos que afecten su casi segura nominación, sí al menos en cuanto a la acelerada caída en credibilidad popular ante millones de votantes norteamericanos. A este Obama lo salva la campana porque estas primarias están ya en su semana final. Aunque el martes por la noche, este mágico prodigioso salga con su teleprómpter ante las cámaras para proclamarse ya candidato, la Clinton tendrá todavía argumentos serios para seguir –si lo desea– reclamando su derecho a ser la nominada. O bien, acaso la Clinton piense más en su propio futuro político y mire hacia 2012 o 2016 esperando (y deseando en su interior) que McCain gane las presidenciales de 2008 y ponga en el sitio que merece a este artificio de humo llamado Obama. 

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Obama el póster

31 de Mayo de 2008 - 21:39:28 - David Jiménez

Pablo Kleinman comenta en la entrada anterior la última mentira de Obama, la del tío que estuvo en Auschwitz. Lo que revela es una de las cuestiones más interesantes de este candidato: la forma en que se presenta al electorado, habiendo creado a estas alturas una imagen casi completamente distinta de la realidad de su pasado, su persona, y su candidatura.

Antes que nada, Obama se presenta como otro negro desfavorecido; siempre inicia sus discursos describiéndose como "the child of a single mother" (el hijo de una madre soltera), asociándose con los muchos negros que crecen en zonas pobres y que son víctimas del tan comentado fin de la familia nuclear negra. También se asocia con aquellos que, siendo hijos de madres que tienen dos o incluso tres empleos para poder mantener a sus hijos (dada la ausencia de otro adulto que provea dinero), tienen que apañárselas desde el principio en muchos aspectos. Pero Obama ni creció en una zona pobre (pasó la mayor parte de su infancia y adolescencia en Hawái) ni tuvo que apañárselas solito durante sus años de formación; primero tuvo el apoyo del segundo marido de su madre, y luego el de sus abuelos maternos, que se hicieron cargo de él desde los diez hasta los dieciocho años. Pocos negros desfavorecidos de las zonas verdaderamente pobres de las ciudades norteamericanas tienen este privilegio; menos aún consiguen licenciarse en Columbia y doctorarse en Harvard. Pero de sus años en dos de las instituciones más de élite de Estados Unidos Obama dice más bien poco.

Obama también se presenta esencialmente como un moderado. Su retórica de entender al adversario, de entablar conversaciones con cualquier nación del mundo, de ayudar a la gran mayoría desfavorecida de norteamericanos, le presenta como un hombre benévolo y comprensivo; su metodología se basa en el principio de que no hay que oponerse a algo sino tratar de comprenderlo (muy postmodernista, muy multicultural, muy al gusto de la élite universitaria). Tanto su campaña como sus seguidores han convertido en rutina presentar cualquier ataque contra Obama como producto del extremismo, ya sea nacionalista, religioso, racial, o simplemente maligno y cerrado a la tolerancia. Por eso dañó tanto a la imagen del senador (y más que la hubiera dañado si la prensa no fuera con él) el escándalo de su antiguo pastor, el reverendo Wright, y los discursos incendiarios y cargados de odio que el senador de Illinois escuchó durante veinte años en la iglesia Trinity. Por eso su respuesta fue un largo discurso en que repitió la fórmula del "no hay que oponer sino entender", intentando explicar a los norteamericanos (gratis) la historia del problema racial en Estados Unidos y por qué puede llevar a un negro a decir que el gobierno norteamericano creó el SIDA como forma de controlar a la población negra.

Pero Obama no es un moderado, incluso fuera del tema racial. Sus discursos están cargados de tanto discurso negativo como los de cualquier otro candidato; en su caso, presenta a los ricos como una clase que lleva oprimiendo a América durante generaciones y cuyo férreo control sobre la política americana sólo puede deshacerse votándole a él. El enemigo es la clase alta norteamericana ultraconservadora, hiperrica y supermaligna: contra ella vale todo, como desposeerles de sus recortes de impuestos y redistribuir su riqueza. Pero al presentar a esta clase como una minoría Obama se puede permitir seguir pareciendo un hombre esencialmente benévolo, que trabaja por el bien del 90% de los norteamericanos. Y al pintarla como una minoría esencialmente extremista, puede seguir presentándose como un moderado.

Pero antes que nada, Obama se presenta como un unificador, la figura bajo cuyo póster pueden reunirse jóvenes y adultos, negros y blancos, ricos y pobres, americanos de toda clase y condición. Si las elecciones de 2004 estuvieron saturadas de la retórica de las "dos Américas," la retórica obamita presenta una sola América de hermanos y hermanas que se ha visto dividida por los prejuicios raciales y las injusticias socioeconómicas causadas por largos años de gobierno republicano. Obama es el camino de baldosas amarillas que lleva a una América no solamente post-racial sino también post-económica y post-clasista, una América que por fin sea eso, Una América.

Por una parte es ciertamente loable que los Demócratas hayan abandonado el discurso de las "dos Américas" y que Estados Unidos se reconozca como lo que es, uno de los países con mayor sentido de cohesión nacional e identificación con unos valores comunes del mundo. Pero si hay algo que estas primarias han demostrado es que Obama resulta tan divisivo como cualquier otro político. Ha conseguido sus victorias más abrumadoras en estados con una importante población negra que ha repetido la identificación del "nosotros contra ellos" que tanto ha dañado a la comunidad negra. Ha conseguido alienar a una gran parte de la base histórica del partido Demócrata, los trabajadores de zonas industriales y rurales, que le ven (no sin razón) como un elitista que les desprecia. Y su retórica anti-ricos ha enfadado a tantos "independientes" como ha conseguido atraer.

La imagen, el póster incluso, que ha creado Obama de sí mismo está a punto de conseguirle la nominación de su partido. Resulta por tanto escalofriante que, en unas primarias que se han librado en el terreno de la imagen más que en el de las ideas, los Demócratas se hayan creído el perfil que este candidato ha creado a través de sus bulos y su (por otra parte impresionante) retórica.

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