El alcalde de Sevilla suma y sigue. No contento con haber pagado con facturas falsas a un jefe de seguridad relacionado, por cierto, con el descuidero Juan guerra, haber recalificado terrenos a favor de dos sobrinillos de mister X y que hayan aparecido facturas falsas relacionadas con obras en distintos distritos de la ciudad que nunca se llegaron a realizar… El valeroso Monteseirín lleva seis días escondido debajo de la piedra, peleando con la araña por un hueco donde esconderse, después de que se haya descubierto que pagó dinero a un primo suyo por la realización de una página Web del ayuntamiento. Lo extraño no es solo que contratase a su primo, cosa que por decencia no debería hacer ningún mandatario político. Lo malo es que su primo se dedica a la venta y distribución de trajes de novia. ¡Lo mío es mío, y lo de los demás es de todos!- pensaría el edil.
Si intentamos ser imaginativos y evitamos entrar en prejuicios, podríamos suponer que en sus ratos libres, el polifacético primo hace sus pinitos con el ordenador en los probadores de la tienda. La cosa podría tener un pase. El problema es que la página Web no aparece por ningún lado de la red. No existe.
Mientras tanto el sevillano de a pie queda para lo de siempre. Si viene a Sevilla Carlinhos Brown a pegar porrazos en una lata, montado en un carro por toda la ciudad, la juventud entera se moviliza. Pero si las arcas del ayuntamiento tienen tantos agujeros que los escándalos se cuentan por días, seguimos a lo nuestro, esperando algún día tener algún familiar en un ayuntamiento para hacer lo propio.
La corrupción se institucionaliza y la población lo legitima todo.