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Y España prefirió los orgamos de Zerolo

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Es interesante comprobar qué tipo de mensajes calan en la sociedad española a la hora de emitir el voto, porque con esa información uno puede conocer el punto exacto de cocción de nuestro rigor intelectual y moral. No es una simple pataleta porque no haya ganado el partido al que he entregado mi voto, sino que el nivel del rival hace aún más dolorosa la derrota.

Tenemos a un señor candidato del PSOE que, como presidente del Gobierno, ha manifestado no tener claro si España es una nación o no, que ha suscrito pactos de gobierno con grupos políticos que abogan expresamente por la secesión de sus territorios, que ha pactado en términos políticos con un grupo terrorista, que ha dejado a España a unas alturas de ridículo en la escena internacional desconocidas desde que Fernando VII y su padre montaron el episodio de Bayona, que sobre una educación pública absolutamente destrozada impone como receta el adoctrinamiento sectario de los alumnos, que no tiene ni la más remota noción sobre economía, que en un momento de crisis galopante no se le ocurre nada mejor que prometer más y más subsidios, principalmente a los lobbys organizados, que no tiene ningún reparo en autorizar a los millonarios del canon digital a que roben a los ciudadanos cuanto más mejor, que pretende implantar un estado laicista en contra de lo que dice la constitución, que cuando miles de españoles están perdiendo su puesto de trabajo les ofrece como respuesta luchar con más fuerza... contra el cambio climático, un presidente, en fin, que ninguna nación mínima seria se permitiría tener ni durante cinco minutos.

Pues bien, a la mayoría de los españoles les parece que la persona idónea para seguir gobernando estos cuatro años es precisamente este personaje.

En plena situación de crisis, con grandes inmobiliarias a punto de declararse en suspensión de pagos y con un sistema financiero afectado gravísimamente por la crisis del sector (atención a la posible intervención del Banco de España en algunas cajas de ahorro socialistas y nacionalistas, que si no hubiera habido elecciones se hubiera producido ya), el que las cifras del paro vuelvan a aumentar a niveles felipistas es simplemente cuestión de meses.

Y en ese momento, cuando los obreros menos cualificados pierdan su trabajo y muchos otros no puedan pagar la hipoteca, comenzarán las manifestaciones, las huelgas y la combustión espontánea de los contenedores. Sin embargo, la mayor parte de los afectados son los que hoy han votado a ZP. En ese momento, a uno no le cabrá más que asistir al espectáculo desde la barrera y, con media sonrisa, pensar para sí mismo: "¿No queríais ZP?, pues hala, a disfrutarlo.

Por cierto, Murcia es "La Nueva Covadonga", como se ha podido comprobar una vez más estas elecciones. Pero sobre el autor de la frase y las circunstancias en que se ha producido prefiero que haga un comentario mi compadre Martínez-Abarca, que lo hace mucho mejor que yo.

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comentarios
1 yakka, día

Pablo completamente de acuerdo. Esto en un país occidental normal y corriente no pasa. Pero es que mira esto es lo que hay. Conozco a dos personas que se han quedado en el paro hace un mes y han votado a ZP. Pues nada cuando se les acabe el paro y llegue el subsidio y no puedan pagar las letras que llamen a quien han votado. Por cierto Murcia es el bastión y Bermejinsky que se entere que aquí no se engaña a la gente. No hay que parar, hay que seguir defendiendo las ideas de la libertad y en contra de estos nuevos caciques. Animo al PP y animo a todos, hay que seguir luchando por lo que creemos.

2 martsal, día

Pablo, mi único consuelo hoy, es que el de "la vida en colores coooo...", hoy lo verá bastante negro. La Nueva Covadonga tiene que seguir adelante. Y, otra cosa, perdona que me alegre de que el Murcia haya perdído, pero no porque yo escriba desde Cartagena, sino porque como te dije el otro día no se que coooo.. hace este simpatizante de etarras entrenando en esta tierra. Cuando cambiéis de entrenador desearé otra vez que ganéis.

3 yesare, día

Mientras el PP siga sacando menos de 10 diputados en Cataluña y el PSOE más de 20, holgados; y en Andalucía ocurra tres cuartos de lo mismo, la victoria socialista estará asegurada. Como trasluce en la columna de Juan Carlos Rodríguez hoy, de todos modos, no nos rendiremos. Vencerán, pero no (me) convencen.

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