Crónicas Murcianas

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Pasar hambre como Patrimonio Inmaterial de la Humanidad

24 de Noviembre de 2010 - 14:54:06 - José Antonio Martínez-Abarca

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La tan mixtificada "dieta mediterránea" en realidad no consiste en cocinar, sino en pasar un poco de hambre. No existe "la dieta mediterránea" excepto que aludamos como un tipo de cocina a lo que es más bien su ausencia. La dieta mediterránea es cuando, tras la guerra (cuando se decía aquello de "vamos a pasar más hambre que los alemanes" ¡precisamente iban a ser los alemanes!), se iba el hombre de la casa con el abrigo de borra, a rellenarlo disimuladamente de naranjas robadas en bancales ajenos. "Un griego, un puñado de olivas", concentraba magistralmente Azorín lo que se ha comido en nuestra civilización desde siempre. Un puñado de olivas, un puñado de átomos, un deje aromático a monte bajo, nada.

     Con razón la han nombrado "patrimonio inmaterial" de la Humanidad. Y tan inmaterial: apenas un delicioso olor a ajo en el aire, con el que abrir y a la vez engañar las tripas hasta el día siguiente. Alguna vez, cuando en el mediterráneo estábamos de buen año, al olor a ajo se le añadía alguna materia mensurable para el gusto y puede que incluso para la vista, y entonces había para echarse una siesta después. ¿hay algo tan sincrético del mediterráneo como el "aglio, olio e pepperoncino", con mucho "aglio"?. Contra Camba, contra Pla, contra tantos otros admirados, soy de la cofradía del ajo, sin miedo. Mejor oler a ajo que no aromar, con la falsa etiqueta social y aún más irreales cualidades digestivas y aéreas de la mantequilla, a ganado tibio (los interiores de toda Inglaterra, por ejemplo, guardan en las moquetas, imprescriptible, toda la historia de ese ganado desde la primera domesticación, mantequilloso olor superpuesto de ranciedad menor a mayor, como los anillos de un árbol; una vez que se cocina con grasa animal, ésta se adhiere a los inmuebles para siempre, como el espectro de un antiguo inquilino). El mediterráneo ha venido viviendo sano porque ha pillado para comer lo que ha podido, cuando ha podido. Es decir, poco e infrecuente. Eso ha sido nuestra gran contribución a la sanidad humana, aunque ahora traten de hacer pasar la "dieta mediterránea" como un festín para tragaldabas.   

     O para compañeros del metal. En el telediario, cualquier telediario ya que todos venden la misma papilla, entrevistan ahora a cocineros que festejan lo de la dieta mediterránea como Patrimonio de la Humanidad. Salen imágenes en que esos creativos emplean, para freír huevos, sopletes de aprendiz de fresador: hablan de que eso es la "puesta al día" del Patrimonio. Tanta declaración de la ONU para esto. No quiero queroseno en mi dieta, ni cronometrar mi estómago con la época de los creativos. No es la mía. Quiten sus sucias manos fabriles de mi sagrado ajo.

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     Henri Beyle, conocido como Stendhal, en su magistral "Recuerdos de egotismo", 1821, cuando ya contaba con casi cuarenta años y sin darle más importancia al tema:

     "hay en este salón grande un bonito diván azul, y sentadas en él, 15 jovencitas de entre los 12 y los 18 con sus pretendientes". Los pretendientes son amigotes de Stendhal, de su entonces ya baqueteada quinta, aunque algún anciano entre ellos también. Hay cosas, dirían las muy impresionables redacciones de periódico abajofirmantes, que no se pueden pensar, porque no se pueden escribir, porque no se pueden leer, porque no se pueden publicar, porque la Historia, eh, jóvenes periodistas, empezó cuando se inventó el iPod. ¿Repetimos? Entre los doce y los dieciocho, jovencitas, sin que haga falta aludir para nada a la ausencia de olor a ácido úrico. A Stendhal se le entiende todo. En fin, la sociedad francesa casi recién salida de esa admirada época revolucionaria en que se miran ¡diciendo imitarla! los actuales y muy reaccionarios monagos de la corrección ambiente, quienes echan del país a quienes pronuncian la palabra prohibida: "diecisiete".



 

Comentarios (11)
1 clavius, día 24 de Noviembre de 2010 a las 15:37
Hola Jose Antonio,

¡qué bueno el artículo de hoy!. Lástima que ahora no tenga tiempo, luego lo comento.

¡QUE VIVAN LAS PATATAS AL ALI-OLI!

Te dejo lo último de nuestro común amigo (no te pierdas la foto con la que encabeza su artículo de hoy):

http://elblogdekufisto.blogspot.com/2010/11/ya-vie...
2 DasBoot, día 24 de Noviembre de 2010 a las 18:24
Personalmente, considero el ajo como un anticonceptivo femenino de primera.

Si, anticonceptivo oral.

Solo con que una mujer coma ajo antes de ir a la cama, se asegura que yo NI ME ACERCARÉ a darle un beso...
3 Erbilyos, día 24 de Noviembre de 2010 a las 20:03
La llamada "dieta mediterránea", tal y como se entiende normalmente, en realidad es un invento de un científico americano llamado Ancel Keys. Su parecido con los hábitos dietéticos de los países mediterráneos es bastante limitado. En realidad es una idealización.

Por cierto, yo como ajo al menos cuatro días a la semana (con el pollo, con el arroz, con el pescado, con los tallarines o los espaguetis, con el sushimi, con las legumbres...), y no soy mediterráneo, sino más bien septentrional. Soy un fanático del ajo.

Imagino que la referencia al olor a mantequilla guarda alguna relación con aquel desafortunado comentario de la caquéctica señora de Beckham ("Madrid huele a ajo"). Sin embargo, parece que en Inglaterra, o en Londres, hay olores peores que el de la manteca rancia.

4 Erbilyos, día 24 de Noviembre de 2010 a las 20:15
"Solo con que una mujer coma ajo antes de ir a la cama, se asegura que yo NI ME ACERCARÉ a darle un beso..."

Entonces déjemela a mí, DasBoot. Yo no soy tan melindroso.
5 corzo1, día 25 de Noviembre de 2010 a las 21:43
La propiedad anticonceptiva del ajo, en mi modesta opinión, no es muy científica. Y no porque la hembra deje de oler a ajo, sino por las posibilidades (posiciones, longitudes, pesos, ...) que ofrece el ars amandi. Además, puede uno ser solidario y cenar lo mismo.
6 DasBoot, día 26 de Noviembre de 2010 a las 18:29
¡¡¡ Claro que no es cientifico !!!

¡¡¡ Es (en mi caso) repelente !!!

Admito que haya gente al que le guste comer ajo, yo lo TOLERO en infimas cantidades.
7 obambi, día 26 de Noviembre de 2010 a las 21:38
Como aqui no se discute las benéficas propiedades del ajo,que yo creo que algunas son medicinales,sino el desagradable aliento que produce.Diré que me he visto en lides(no tantas como las que quisiera)en que tras cenar con una bella dama un menú rico en tan denostada verdura,y con el devenir de la noche acercar posturas y alientos,todo los inconvenientes olfativos han quedado solventados con un chicle o caramelo de menta.
No creo que el ajo nos quite el hambre zetapera que nos acecha,pero nos puede hacer más apetecible los alimentos de la crisis también zetapera.
8 Erbilyos, día 27 de Noviembre de 2010 a las 12:07
DasBoot, ¿está seguro de que es sólo el ajo lo que repele? ¿por casualidad no le molestan también la luz diurna, los crucifijos y el agua bendita?


Es broma, claro.

9 peabody, día 27 de Noviembre de 2010 a las 13:25
Vamos a ver: las comidas que yo hacía en mi infancia consistían en un plato de potaje y una naranja. Mi padre además bebía un vaso de vino. Por la noche un plato de acelgas, ¡qué horror !. Merienda: pan untado en aceite. Desayuno: Leche en polvo americana con cacao en polvo y un poco de azúcar.

Y eso es la dieta mediterránea efectivamente: pasar hambre.

Luego lo adornan con lo del aceite de oliva, las verduras y tal y tal.

Y también se moría gente de ataques al corazón (así se llamaban los infartos de miocardio).

O sea: Tiene razón el bloguer, sí señor.

Lo del ajo es una frivolité.
10 DasBoot, día 27 de Noviembre de 2010 a las 14:00
La verdad es que no me gustan mucho los crucifijos ni el agua bendita.

Pero si me gusta estar Cara al Sol...
11 himilce, día 28 de Noviembre de 2010 a las 20:27
Hay alguna comida mejor que un puñaico de olivas ciezanas, con su trocico de pan y su huevo duro?

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