Crónicas Murcianas

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Labordeta y Murcia

22 de Septiembre de 2010 - 19:28:30 - José Antonio Martínez-Abarca

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El capítulo televisivo de "Un país en la mochila" del fallecido José Antonio Labordeta dedicado a la región de Murcia fue, según recuerdo, muy digno, ascético, vagamente surreal, justito de medios y un poco polvoriento, epítetos todos que se corresponden perfectamente con el paraje (no sé quién decía que los temperamentos más surrealistas y casi selenitas de España era posible encontrarlos en Aragón, Murcia y las islas Canarias).

A mí la entrañable mochila de Labordeta no me molestaba en absoluto y no creo que su andulear por los descampados de España nos debilitase la moral a los españoles y nos acrecentase la cursilería, contra lo que acaba de escribir el divertidísimo Salvador Sostres en su blog de "El Mundo" (su propuesta de que en este país hacen falta más coctelerías y menos campo es lo más impresionante que he leído en años: ni los decadentistas franceses y aquello de que el campo era ese molesto lugar donde los pollos se pasean vivos se hubiesen atrevido a tanto). Labordeta, vestido de perdicero, se adentraba en aquél capítulo en la región profunda, que no es lo mismo, sino justo lo contrario, de lo que el "noveno novísimo" poeta de Cartagena José María Álvarez ha llamado durante toda su vida "la Murcia profunda", refiriéndose éste a los cincuenta apellidos que copan la vida social de aquí desde hace tres generaciones (tres generaciones en Murcia son el equivalente a trescientas en Cataluña, dada la inexistencia de una burguesía murciana). Las guardesas de los baños de Mula, por ejemplo, le contaban a Labordeta en un brusco castellano de gran apertura bucal que el agua subterránea de allí tenían propiedades vasodilatadoras en el miembro viril; el aragonés se interesaba por la desaparecida y durísima manufacturería del esparto, ese nido de insaciables chinches; y en Cieza el cantautor, intelectual y político comía esas olivas astringentes y agrestes que hacen que parezca aún más reseca la ancha lengua de cal que cruza la Región hasta prácticamente Jumilla, proviniente de Almería y un poco más lejos, dando un pequeño salto de continente, desde las desesperanzas del Sahara.

Por esto me extrañó tanto su posición carnívora, ya con el carné del Congreso de los Diputados, cuando hubo la posibilidad de trasvasar agua del Ebro hacia el sur de España. No era ningún desconocedor de la realidad de la Región de Murcia profunda, ni ningún indocumentado. Pudo comprobar por sí mismo que eso de la Región de Murcia como parque temático para golfistas era completamente falso. Bajo la mansedumbre paisajística de luces y olores murcianos no pudo sino advertir la opresiva miseria de fondo, de la que aún no hemos escapado del todo. Fue invitado a cantar, en aquel tiempo de debates extremos y sensibilidades en carne viva, por algún burgomaestre socialista a alguna de las poblaciones más destartaladas, bien que tenidas por "artísticas", de toda la Comunidad Autónoma y Labordeta no se escondió, a pesar de que decisiones tan originales como ésta son las que explican la progresiva desaparición del PSOE en la Región como partido "votable".

Labordeta creía de buena fe, a pesar de ponerle el tablacho al trasvase del Ebro desde su "Chunta", que no tenía absolutamente nada que esconder en la Región de Murcia, que lo del Trasvase era exigido por cuatro especuladores del ladrillo y no por el pueblo real. Y se paseaba a cara descubierta por la capital mientras la izquierda "churubita" murciana corría en masa a comprar sus discos (recuerdo que tenía un "stand" para él solo en "El Corte Inglés"). Sin embargo, la opinión no "especulativa" sino "real" que el pueblo de aquí tenía de él había cambiado irremisiblemente desde aquél "país en la mochila", tras unas pocas imágenes de televisión del político de la "Chunta" hablando del agua. Incluso ha hecho fortuna en Murcia un apotegma supuestamente pronunciado en alguna tribuna por él, aunque yo me creo que es apócrifo, opuesto al "agua para todos": "el agua para quien le cae".

Si la vida hubiese sido más larga, todo se podría haber arreglado. La melancolía viene cuando constatas que ya no habrá ocasión de cambiar jamás eso. Y que en la Región de Murcia sólo se sopesará ocasionalmente la auténtica talla intelectual y humana de Labordeta cuando nuestro periférico socialismo menos que residual trate de convencernos, echando mano de lo que un día pudo decir alguien tan respetable, de que no necesitamos el agua.  

Comentarios (5)
1 martsal, día 22 de Septiembre de 2010 a las 20:33
No he querido , hasta ahora, hacer ningún comentario respecto a la muerte de éste señor.
En primer lugar por respeto al señor F.J.Losantos , y creo que no es necesario , dar detalles del argumento.
En segundo lugar porque como cantante me era absolutamente indiferente , al igual que como poeta.
Y es que, para poeta comprometido con la expresión literaria de la libertad me quedo con Miguel Hernández , que además es de la tierra.
El único aspecto que me podía interesar de este señor era el que pudiera influir , positiva o negativamente , en mi vida cotidiana.
Y ahí la influencia no ha podido ser más negativa, ya que me ha negado algo que mi gente tanto necesita como es el agua.
De todas formas , no ha sido el único que ha tenido esta actitud.
En Cataluña hay cientos de políticos que piensan así y que obligaron a Zapatero a derogar el Plan Hidrológico.
Y en esta bendita tierra también hay miles de personas que opinan que el agua no es necesaria , que solamente sirve para que los ricos rieguen sus campos de golf.
En resumen, que lo único que merece valorar es su calidad humana y lamentar la pérdida que ha supuesto para las personas que lo querían , como su familia y don Federico , y ahí , este que escribe no puede aportar el menor testimonio ni comentario.
Descanse en paz.
2 corzo1, día 23 de Septiembre de 2010 a las 00:44
Señor Martsal, totalmente de acuerdo con usted. Obras son amores...
No dudo de la calidad literaria, ni canora, ni intelectual del finado señor Labordeta. Y lo digo en serio. Pero él, con su Chunta, ha ayudado a dividir España con "sus" particularismos. Por acción o por omisión.
Y con él otros muchos, ahora en la oposición, que han traicionado a España: ¿Están Mariano, Cospy, Sánchez-Camacho, Rudi, a favor del trasvase? ¿Siempre o según dónde se diga y cuándo se diga?
A nosotros nos han j...orobado a base de bien. Claro que ya no somos españoles. Ya no somos.
3 hsegurae, día 23 de Septiembre de 2010 a las 09:59
No creo que D. Federico se moleste por expresar nuestra opinión sobre Labordeta, porque iría contra sus fundamentos liberales.
El Sr. Labordeta no era mas que otro de esos paletos regionalistas, que no han dudado en fastidiar al prójimo, haciéndo gala de un egoismo caciquil y trasnochado. Un personaje que jamás debió ser diputado y que estaba mejor recorriendo esa España a la que ayudó a herir con sus compañeros de la CHA o cantando sus versos por los teatros afines.
Y sí, ya sé que algunos dirán que hay muchos como él y otros peores, pero hoy toca hablar de él.
Descansen en paz Labordeta y sus ideas aldeanas.
4 peabody, día 23 de Septiembre de 2010 a las 12:45
Cuando era cantautor ya me parecía un hombre bastante tonto. Su muerte no me ha hecho cambiar de opinión.
5 AnkHor, día 23 de Septiembre de 2010 a las 13:38
Lo que yo no creo es que don Federico se vaya a asomar por éste rincón huertano a ver qué pensamos de su maestro y amigo Labordeta, más que nada por falta de tiempo.

En mi opinón, un personaje contradictorio donde los haya, que al final de su trayectoria terminó recalando en el nazionalismo hortera y chabacano -si es que hay alguno que no lo sea- de la antiespaña y me lo llevo calentito.

Nada que se pueda calificar de encomiable u honorable. Puro egoísmo e insolidaridad, chauvinismo y xenofobia disfrazados de amor por el terruño y aderezados con expresiones gruesas y soeces en la Cámara del Congreso, son cosas que no hablan muy bien de éste personaje.

Sinceramente, no puedo decir que lamente su muerte porque es obvio que jamás le tuve en estima, pero sí le deseo lo que es de rigor en éstos casos, que descanse en paz.
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