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18 de Agosto de 2008 - 11:57:45 - Pablo Molina
El profesor Neira, que sigue en coma y en estado crítico tras intentan defender a una señora de su noviete politoxicómano, estuvo en Murcia hace unos años dictando una magnífica conferencia. Le trajimos la primigenia célula liberal Murciana (el profesor Jerónimo Molina y un servidor de ustedes), para un ciclo de conferencias sobre las ideas políticas del Siglo XX, en el que también participaron el catedrático emérito de la Complutense Dalmacio Negro y otros ilustres ponentes
Jesús Neira es, tal vez, uno de los referentes del realismo político español, tan fructífero desde los años cuarenta del siglo pasado. Sus últimos ensayos, publicados principalmente en Razón Española, han constituido unas muy interesantes aportaciones científicas sobre las formas del Estado y, especialmente, sobre el problema de la representatividad (la falta de representatividad en realidad) de nuestro sistema democrático.
Aunque su modestia le ha impedido siempre hacer uso de sus relaciones, es conocido que su opinión ha tenido una gran influencia en los líderes políticos de la derecha española desde la transición. Su hombría de bien, suficientemente destacada en algunos medios de comunicación, y probada en última instancia con el suceso que le ha llevado al hospital, quedó patente en algunas situaciones muy concretas.
Cierta vez asistía en Madrid junto a otros profesores y teóricos del derecho público a una cena promovida por un famosísimo líder del nacionalismo “moderado” catalán. En un momento de la sobremesa, alguien (no diré quien, porque yo no estaba allí y hablo por referencias, aunque de absolutísima confianza) hizo un comentario de pésimo gusto sobre los que movían el árbol en las vascongadas y quienes recogían las nueces en otras regiones. Jesús Neira fue el único que se levantó de la mesa y abandonó la sala en respuesta al exabrupto. Jamás volvió a participar en ese cenáculo.
Cuento esto porque leo en internet comentarios absurdos y totalmente desinformados, que pintan al profesor Neira como un pusilánime “feministo” o un progre al que el tiro le ha salido esta vez por la culata. Nada más lejos de la realidad. Es un hombre decente, un intelectual brillante de ideas conservadoras y llamarle “progre” es un insulto que debería evitarse. Sólo faltaba...