Crónicas Murcianas

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El primer beso siempre se olvida

11 de Enero de 2011 - 20:23:14 - José Antonio Martínez-Abarca

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La investigadora a la par que científica de la Universidad de Texas Sheril Kirshenbaum, tras un presunto estudio de dos años que prueba que empieza a haber demasiada gente que enseña su carné profesional de ciencias para entrar sin despertar sospechas en la sección de Literatura, muestra en un libro que prácticamente todo el mundo recuerda con total precisión su primer beso. "Muestra", dice la prensa con precisión terminológica, por una vez y sin que sirva de precedente. Es decir, no demuestra. Porque es una tesis totalmente indemostrable, esta de que el primer beso no se olvida.

Al contrario, siempre se olvida, por la propia naturaleza placentera del hecho, ay. Mi primer beso fue a mi primera novia, a los seis años de edad cumplidos. La sensación me pilla ya un poco lejos. El beso segundo, a los trece, en cambio lo recuerdo algo mejor: fue a la criada. He olvidado su nombre, su cara, su aspecto, todo. Hay un recuerdo indeleble: el frío hilo de baba que quedó entre los dos en el aire. No por otra cosa asegura la científica Kirshenbaum que los caracoles son más besucones que los humanos. ¿Por qué recuerdo eso? Ya hemos hablado de la fugacidad de los recuerdos placenteros, y por contra la insistencia de los otros. La marca de los auténticos disgustos de la vida tarda mucho más en desaparecer. Termina por hacerlo, claro, sólo que la vida tiene la imprudente costumbre de terminarse mucho antes que las consecuencias de esos disgustos. Si viviéramos quinientos años, es muy posible que acabáramos superando del todo los males acaecidos en la juventud.

El asunto Kirshenbaum... Y luego dicen que se destina poco dinero para la investigación. No puede ser tan poco, al menos en los Estados Unidos, si en los Departamentos científicos aún sobra para hacer poesía durante dos años pagados. La Kirshenbaum ha titulado su libro "la ciencia de los besos", que suena como a tomo gordo, en el que se ha podido colar algún dato incluso no perteneciente a la descarada autoayuda. Pero la primera en la frente. Ya se ve que "La ciencia de los besos" es tan positivista y exacta como aquel de "El método" de Neil Strauss para ligar indefectiblemente, que situaba "lo científico" para ligar con el sexo femenino en dejarse una "chiva" bajo el belfo y un aro en la oreja. Después de esta afirmación sobre el primer beso, el libro salido del departamento correspondiente de la Universidad de Texas debe ocupar el lugar de honor de las bibliotecas, "un lugar tan alto", por usar las palabras del erudito inglés victoriano M.R. James, "que nadie ha estado tentado de cogerlo nunca". Espero que Kirshenbaum sea investigadora a la par que científica por otros conceptos, porque aquí no hay tu tía. Esto del beso es el descanso del científico, como cuando Plácido Domingo canta rancheras (o, mejor, cuando los Tres Tenores atacan "tengo una vaca lechera"). No. Nadie recuerda su primer beso aunque todos creen recordarlo. No es más que un episodio colectivo de memoria ficción.

Vuelve a "mostrar" el libro, al parecer, que todo el mundo puede rememorar hasta el 90% de las circunstancias que concurrieron en aquel su primer beso. Precisamente. Se memoriza lo accesorio, lo que rodeó a lo único importante. El diez por ciento restante es lo mejor del beso, es decir, la sensación exacta del beso, o sea, el definitiva, el beso, que no es posible volver a representarlo en una cabecita humana. Es lo bueno de las sensaciones irrepetibles: que no se pueden repetir, como su propio nombre indica. Ni en el recuerdo. Ni siquiera para sentir adecuadamente nostalgia de ellas. Ni ese consuelo nos queda, ante la crisis.  

 

Comentarios (8)
1 latitas, día 11 de Enero de 2011 a las 20:57
No diga «gay», diga «LGTB»

El Consell de la Joventut crea «la guía de lenguaje no heterosexista», en la que recomienda sustituir términos como «gay» por las siglas LGTB, que engloban a lesbianas, gays, transexuales y bisexuales.

http://www.lasprovincias.es/20110111/comunitatvale...

Estamos rodeados. Que alguien nos proteja, por Dios.
2 madfairy, día 12 de Enero de 2011 a las 00:19
Yo sí recuerdo perfectamente la sensación física y emocional de mi primer beso, ya cumplidos los veinte: repugnancia total y absoluta. Una lengua con patas de esas que tienen la fea costumbre, además, de tratar de introducirse en el oído interno. Sólo en otra ocasión volví a encontrarme con un espécimen semejante, pero al menos no se empeñó en rechupetearme (que dirían los antihabanos del PP cántabro) el pabellón auricular.

Gracias a la cinefilia y a la confianza en que algo tendría el agua cuando la bendecían con tanto afán, no tardé en pillar el truco y cogerle gusto al asunto.

En cuanto al último (beso), que me costó cuatro o cinco horas de ruegos cuasi perrunos (me entenderá cualquiera que haya estado al menos un año enamorado “a lo burro” de alguien que no tiene otro entretenimiento que fabular y reírse de quien le quiere bien), en perspectiva, como no podía ser de otra manera, y en una palabra: frustración.

Así que, aparte del recuerdo indeleble de un primer beso cochambroso, ni el consuelo de los besos tangibles e inmediatos le queda a quien ha ido a topar con uno de esos usureros del cariño y el contacto físico. Que el que es malaje y agorero, ni se consuela ni da consuelo.
3 clavius, día 12 de Enero de 2011 a las 01:47
En una fría noche de invierno, detrás del mercao, oscuridad total y hedor a podrido.

Conseguí tocarle una teta.

A mí me gustaría tener dos años pagados para trabajar en un estudio sobre como se consumen los cigarrillos si los dejas en un cenicero: diferentes marcas, modelos de ceniceros, condiciones atmosféricas, espirituales y SEXUALES, incidencia de la marea o del cambio lunar...y así.

Mientras llega mi Mecenas os dejo esto:

http://elblogdekufisto.blogspot.com/2011/01/estupi...

Un saludo Jose Antonio
4 vikinga, día 12 de Enero de 2011 a las 10:21
A mi me gustó. Creo que tienes razón, recuerdo sólo las circunstancias. Besaba muy bien aquel chico, lo malo es que regalaba besos a diestro y siniestro, no me los pude quedar todos.
Me lo volví a encontrar al cabo de muchos años, tiene una boca horrible ¡Mon Dieu!

Kufisto, me encanta tu blog.
5 ongietor, día 12 de Enero de 2011 a las 12:02
El carnet de ciencias para entrar en el Parnaso, es una buena definición: sin latín, sin griego, sin historia sagrada, sin gramática, sin literatura -que en cuanto te descuidas te está mostrando a Dios y al Hombre his or her- no hay saber humanístico y todas las ciencillas baratas invaden el mundo con sus apolillados tópicos.
Para empezar: "el primer beso" no es una definición científica; parece querer decir: "beso séxil" (esto lo invento para decir "beso donde las connotaciones sexuales predominan o excluyen a las de cariño").
Mi primer beso supongo que me lo dio mi querida tía, q. D. h., quien ayudó a mi madre en los partos.
6 Erbilyos, día 12 de Enero de 2011 a las 19:56
Observo con algún grado de asombro que la señorita Kirshembaum no responde a la imagen que uno tiene habitualmente de una investigadora científica, sino más bien a la de una modelo de anuncios de pasta dentífrica. Es cada vez más notorio que, para triunfar en su país, es fundamental tener una hermosa sonrisa y una dentadura perfecta y blanquísima.

Yo recuerdo vagamente con quién tuve mi primer beso, pero no recuerdo el beso en sí, ni el nombre de aquella besucona. A decir verdad, ni siquiera recuerdo su rostro, tan solo sé que la chica no me gustaba, que había sido víctima de una encerrona por parte de mis amigos, y que aquellos ojos de cordero degollado parecían decirme que no tenía escapatoria. Como lo hice más por cortesía que por ganas, no me dejó buen sabor de boca (ella era de lengua reptante).

En fin, parece que se recuerdan mejor las circunstancias que la experiencia en sí.

Clavius, en tu solicitud de beca o subvención para el estudio de la consunción de cigarrillos, no olvides mencionar "en relación con el cambio climático". Sin esa aclaración, la probabilidad de obtener la beca es notablemente inferior.

Vikinga, Clavius insiste en que no es Kufisto.


7 Erbilyos, día 12 de Enero de 2011 a las 20:17
Ah, olvidaba decirlo, José Antonio. El Método de Neil Strauss tiene de científico lo que yo de tártaro, pero funciona. Por otro lado, no pretende siquiera parecer científico: está escrito como una novela. La señora Kirshenbaum (antes la llamé impropiamente señorita), aunque vista su criatura como estudio científico, seguramente no busca figurar en la lista de premios Nobel, sino lo mismo que Strauss: fama y dinero. Su impecable y cinematográfica sonrisa la delata (tiene una boca más besable que Julia Roberts, como de aquí a Roma). Por supuesto, es un deseo perfectamente legítimo, y más aún en el país del american dream, pero yo no pondría su trabajo a la altura de los estudios de Lynn Margulis.
8 obambi, día 12 de Enero de 2011 a las 22:32
Queda claro que todos entendemos como el primer beso el primer morreo con lengua e intercambios de salivas hiperhormonadas.Porque también esta claro que el primer ósculo de cariño y amor casi todos,todas y todes hemos tenido la suerte de recibirlo cuando aún no teniamos capacidad de memorizar para recordarlo.
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