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7 de Noviembre de 2011 - 19:26:44 - José Antonio Martínez-Abarca
Corre por ahí un chiste sobre los socialistas en Murcia, que no es tal chiste porque no parodia o exagera, sino que constata. Dice el falso chiste, en realidad la más brillante síntesis sobre el futuro del socialismo murciano que he escuchado nunca: "El próximo presidente de la Comunidad Autónoma de Murcia después de Valcárcel será socialista: heredará la región el hijo de María González Veracruz". La joven González Veracruz es candidata número 1 del PSOE por Murcia por su casa -su padre es el actual Delegado del Gobierno-, y su hijo, el "heredero socialista" de Valcárcel, todavía no ha nacido porque ni siquiera ha dado noticia de embarazo (y no sé si se le conocen otros amores que el partido). Lo cual da idea de cuán largo se lo fían en esta región al PSOE, aunque Valcárcel quisiera dejar mal al chiste y retirarse a otro cargo prematuramente, cuando apenas lleve dieciocho o veinte años como presidente autonómico. Eso no cambia las actuales perspectivas socialistas de llegar al poder, que se espera, aproximadamente, para cuando el progreso tecnológico permita a la humanidad fundar colonias de pioneros en algún lugar de la constelación de Andrómeda.
Y es que con cada cosa que hacen los socialistas en Murcia van a peor, y también con la que no hacen. Incluso aunque sea la misma cosa, la hagan o no la hagan, van sistemáticamente a peor. Si es que dicen, van a peor, ni no dicen, también, pero siempre peor. Si no hacen oposición, porque la ciudadanía no los conoce, si la hacen, porque entonces los conoce demasiado. Es terrible no saber qué camino tomar teniendo la convicción (acertada) de que seguro que será el equivocado porque la elección sólo será pésima cuando ellos la tomen, no antes, ni después.
Un ejemplo muy esclarecedor: en los meses previos a las últimas elecciones autonómicas creyeron ganar la calle, con la coartada del recorte de unos pocos euros a la nómina de los funcionarios. Cada semana la Oposición convocaba una manifa y reunía progresivamente a mayor número de protestatarios, hasta alcanzar, tal vez superar, el número de manifestantes que hubo en Murcia a favor de la Constitución tras el Golpe de Estado del 23-F, y también contra el terrorismo tras el 11-m, o para pedir agua. En Murcia nunca hubo tanta gente en la calle para tratar de provocar, a veces violentamente, la dimisión de un Gobierno, y tampoco habrá en la historia occidental de la democracia parlamentaria tanta gente que después de exigir la dimisión de un Gobierno haya votado de nuevo unos días después a favor del mismo Gobierno. Con que cuarto y mitad de los que en marzo gritaban hasta enronquecer consignas del PSOE hubiesen votado luego en mayo efectivamente al PSOE la Oposición murciana habría sacado unos resultados bastante por encima del cuasiextraparlamentarismo en que hoy se mueve. Al final, poner en aprietos a Valcárcel (que lo pusieron) no sólo les quitó los votos de los que nunca los votaban, sino, por extraño que pueda parecer, de los que sí los venían votando.
En Murcia el PSOE se siente perdido haga una cosa, la otra o la de enmedio. Por eso ya no cuidan ni la propaganda, algo inusitado en ellos. Por hacer propaganda convidaron estos días, en plan "guest star", al presidente del Congreso de los Diputados, sr. Bono, a dar un mitin en Cieza, capital de la Vega Media del río Segura, y con lo que dijo -en realidad quiso decir otra cosa- el PP tiene para que los murcianos lo voten durante al menos treinta años más. Bono es un político acostumbradamente hábil, pero, como a Rubalcaba, puede que ya le haya llegado la decadencia, si no la chochez. Para acusar al PP de que ya no diga nada del trasvase del Ebro recomendó que Murcia fuera quitando su huerta "porque el Tajo no da para más". Quedó como que él personalmente se iba a encargar de quitarles el agua a los murcianos. Justo lo que la gente está deseando escuchar, y en campaña. La campaña en Murcia ya la ha hecho Bono, pero para el PP. Quizás espere que Rajoy le ofrezca la embajada ante el Vaticano.