Crónicas Murcianas

Diciembre 2010


Funcionarios contra el fascismo inmobiliario

29 de Diciembre de 2010 - 21:56:41 - José Antonio Martínez-Abarca - 21 comentarios

Es seguro que al primer ministro británico Cameron no le van a asediar en su domicilio del 10 de Downing Street los cien mil funcionarios que va a echar a la calle. Es lo que va de la cuna de la democracia parlamentaria a Murcia. Aquí hay aún empleados públicos de provincias que quiere ganar la Guerra global contra el fascismo, ya que no en las urnas, yéndose a la puerta del inmueble donde vive Valcárcel para escupir a las hijas del presidente regional, dándole trabajo al portero al obligarle a limpiar manchas de huevo y acojonando a las viejecitas del mismo inmueble. Hasta el momento, han sido cuatro "manifas" de los funcionarios murcianos que tienen todo el día para idear pareados porque están de vacaciones pagadas y cuatro violentas tenidas a la puerta de la casa del presidente regional, llamándole "chorizo" y "ladrón" porque Valcárcel ya no les va a dejar quedarse con todo nuestro dinero y ha empezado a hacer lo que España entera tendrá que hacer.

El mundo se podía estar cayendo, que en efecto resulta que se está cayendo por la parte de España, que aquí contemplábamos el hecho con la bendita indiferencia de una manada de bueyes "Hereford", hasta que de pronto se ha inflamado la ira de las masas porque a los pobres funcionarios regionales los han puesto a trabajar cinco agotadoras horas más a la semana, alguna de ellas durante su inviolable tarde. De modo que aquí nadie se hubiese echado a la calle porque España quebrase, pero sí porque se le altere un poco la sobremesa. ¿Cómo podría ser de otra forma, en una región donde la crema social y política se enteró de la caída de las torres gemelas y por tanto de la guerra islámica a Occidente estando en los toros del día de la Romería de la Virgen de la Fuensanta, y a nadie se le ocurrió marcharse del coso a ver algún informativo hasta después que arrastraron al sexto y hubiesen sacado a hombros hasta al jamón de la merienda? En el 39, no nos enteramos de que se había acabado la Guerra Civil hasta dos días después, y eso porque vimos aparecer a unos navarros uniformados desfilando por la calle, que si no tampoco. De milagro no hay aún en Murcia provectos ancianitos mandando a paseo en el Puerto de la Cadena como esos japoneses perdidos en islas del pacífico que aún a minuto de ahora mismo se creen que no ha acabado el ataque a Pearl Harbour. Las noticias
a Murcia llegan frescas con un siglo y medio de retraso: la izquierda murciana, necesitada de una actualización por lo menos a fecha de la Primera Internacional, aún cree que los tipos que salían en la primera filmación de la historia del celuloide en el corto llamado "obreros saliendo de la fábrica" eran funcionarios gozantes en Murcia yéndose de tradicionales cañas aperitiveras.

Al presidente murciano los sindicatos de la enseñanza y la sanidad no le perdonan el favor de que no haya hecho como Cameron y, por contra, los haya tratado con total contemplación socialdemócrata, rebajándoles tímidamente los complementos salariales (irregularmente aumentados en estos últimos años) en un monto aproximado al de ese "poco más que un café" que nos va a quitar el ministro Sebastián con la subida de la luz. Si echas a cien mil funcionarios cumpliendo con tu programa electoral, como Cameron, el problema lo tienen los funcionarios y la entera sociedad está de enhorabuena, mientras que si no echas a ningún funcionario y los asomas a la calle para que apenas vean cómo está el panorama para los demás el problema lo tienes tú. Y tu domicilio.


 

Una navidad adulta como otra cualquiera

26 de Diciembre de 2010 - 18:00:48 - José Antonio Martínez-Abarca - 7 comentarios

Tales días de Pascua como estos, en otros calendarios tachados, en un tiempo ido que todavía no se ha doblado sobre sí mismo para volver, los muertos de mi casa hacían cosas de vivos. En ese exceso de ensimismamiento que estoy comprobando que consiste la edad adulta, pienso mucho en aquel tremendo bullicio doméstico de ciertas navidades pasadas, con un gran pavo blanco, prehispánico, aleteando siempre cabeza abajo en la despensa aguardando a que le trufaran y, en la calle, guardias franquistas con media cáscara de huevo en la cabeza subidos sobre una montaña de botellas de sidra barata que les regalaban los viandantes. En mi infancia los preparativos de la navidad en el hogar eran algo minuciosísimo y coral, como si en lugar de conmemorar un nacimiento estuviéramos celebrando, a conciencia, el venidero fin de todo.

Y, en efecto, estábamos celebrando por anticipado el fin de todo aquello, y pensar en eso me deja sin ganas siquiera para sentir nostalgia. La navidad, hoy, no nos parece que sea ni la cáscara vacía de la navidad de la época en que aún habíamos escuchado esta palabra menos de diez veces en boca de los mayores. Va reduciéndose, nuestra navidad, y acaramelando su resplandor hasta convertirse en una especie de rito en penumbra, donde hasta los muebles de la casa familiar, los de siempre, parecen otros, más pequeños no sólo de como los recordábamos en la infancia, sino más pequeños incluso que el año anterior. Parecen encogidos por un progresivo miedo.

Todo se apaga sin sentir, hasta el ánimo de pedir dinero, de modo que el único que viene a pedir el "aguilando" es el señor borroso que durante el año cuida que la lápida del panteón familiar no se mueva de su sitio, como por otra parte hacen normalmente las lápidas sin necesidad de que nadie haga nada concreto. Hasta la vulgar intendencia nos sume en pensamientos graves: nos damos cuenta de que ya no hay que sacar los supletorios de la gran mesa del salón para que quepan en las celebraciones todas aquellas sombras que hacían en navidades lejanas cosas luminosas, todas esas transparencias que una vez fueron seres ciertos. Pronto podremos celebrar la navidad familiar sobre un velador y sobrará sitio.


 

La canalla contra dos cargos del PP

23 de Diciembre de 2010 - 14:02:03 - José Antonio Martínez-Abarca - 13 comentarios

Estuve presente en el intento de linchamiento en Murcia por parte de la canalla acomodada de izquierdas. El del secretario general de la consejería de Presidencia, José Gabriel Ruiz, y un senador del PP. Una escena de entreguerras, digna de una democracia débil, progresivamente más débil y degenerada: propia de un parlamentarismo aproximadamente bielorruso. Acababan los dos de llegar a un acto rutinario, prenavideño. Perfectamente vestidos, consuetudinariamente peinados y quizás incluso duchados de esa mañana. Les habían montado una encerrona nada "espontánea" los sindicatos del mano sobre mano, que por primera vez comprueban que la posibilidad de tener que trabajar algo para ayudar a salir de la crisis es bien cierta. "Bueno, ya hemos venido, pero ahora vámonos, que una cosa es acudir y otra provocar", me dijo Ruiz, siempre exquisito y comprensivo con los enemigos. No le dio tiempo. Lo que allí provocaba irremediablemente era la posibilidad de que fuera duchado, a juzgar por el aspecto y el aliento de las dos comadres que se le acercaron a gritarle fascista, fascista.

Fascista, a él, el liberal convencido y ejemplar que más ha hecho por recuperar para la sociedad civil murciana espacios que habían cubierto ilegítimamente los monopolios o los mismos poderes públicos. Fascista, aúlla la alitosis estructural de esta España rígida frente al espejo. A la llamada de la selva acudieron otros vanguardistas del poco trabajar, identificados como de Comisiones, alentados por la absoluta pasividad, si no complicidad, de la socialista Delegacion del Gobierno. Lo atraparon, a Ruiz, en un callejón oscuro desde el que inmediatamente me vino ese inequívoco deje a cerveza agria que tienen las sectores sociales que vacan a mediodía. El siguiente que iba a ser reconocido y señalado iba a ser yo. Me recordé de aquello que contaba Josep Pla en sus crónicas de la República, cuando, en la Puerta del Sol, un gitano fue descabezado en el acto por contravenir a la masa tupida de expectativas asesinas. Temí por la vida de Ruiz y del senador, masticados y escupidos por esa masa de privilegiados que no perdona el favor asimétrico de tantos años por parte de la Administración y la insoportable carga de tener aún algún trabajo seguro. Leo que se salvaron con relativo bien, refugiándose en un sagrado jesuita.

Al frente del comadrerío halitósico, la candidata del PSOE a presidirnos, Begoña García Retegui, de la extrema izquierda del PSOE que tantas veces cae más lejos que la de IU (al fin, el estar en uno u otro partido sólo es una diferencia de expectativas monetarias), ese lugar donde cae el inodoro de la "casa común", una simple "borrokilla" de pelo de panocha de cosmovisión lindante con Chiapas que luce en las paredes de casa la estelada independentista catalana, entre otros amenos símbolos de la "salida social" a la crisis. Son los profesionales de estas cosas, mostrándose sin ningún tipo de pudor. Son los del "pásalo" -que estaban muy serenos y disciplinados mientras eran los suyos los que le quitaban la escudilla a los inermes ancianos de debajo de la baba-, los dudosos "obreros" de manos de pianista, los que se han reído muy a su sabor de nuestras dificultades y nuestros naufragios de esta crisis. Hasta que, según su versión, ha venido el capitalismo manchesteriano de Valcárcel a hacerles apencar el sindios de ocho horas, de lunes a viernes, pero eso sí, respetándoles el fin de semana inglés.

Valientes revolucionarios. Ya me lo avanzó el difunto maestro de gramática Perona hace unos años: "las revoluciones del futuro estarán financiadas por las cajas de ahorros". O por la élite funcionarial.  Ya lop  Y

La ceja ya no le canta "a la alegría"

21 de Diciembre de 2010 - 22:54:54 - Pablo Molina - 7 comentarios

Resulta extraño que los cineastas españoles se hayan sumado a la petición de fusilamiento preventivo de todo aquél que tenga un ordenador en casa y una conexión de alta velocidad. Dado que viven del dinero de los contribuyentes y que las subvenciones a su, digamos, trabajo artístico están garantizadas, deberían dejar de preocuparse por una norma, la de González-Sinde, que penaliza algunas actividades de las que ellos están a salvo. Porque, que sepamos, los anales de los servidores de internet apenas registran descargas de películas españolas, en consonancia con el nivel de asistencia a las salas donde se proyectan, cuyas cifras, obviamente, se inflan para hacer como que se trata de una industria medio rentable.

En todo caso a mí me resulta extraordinariamente divertido ver a los artistas de la ceja tan molestos con aquellos a los que les hicieron la campaña electoral. Es cierto que no fue gratis, sino a cuenta de las subvenciones futuras con cargo a nuestro bolsillo, pero parecían tan sinceros cantando las glorias de ZP, que verles ahora echando pestes por los rincones y acusándolo de traidor es una verdadera risión, que yo estoy disfrutando muchísimo.

Venga troncos, a cantarle a la alegría.

La educación en casa evita diputadas "lópeces i chamosas"

18 de Diciembre de 2010 - 12:41:53 - José Antonio Martínez-Abarca - 11 comentarios

Antes la educación privada en casa era sinónimo de exquisitez. La mejor educación que se podía recibir. Eso era cuando existían las casas como trasmisoras de cultura, y no como reunión de vegetales en torno a un televisor. La educación perfecta, en tiempos, si se podía pagar, fue la de un niño sometido en casa a la dura disciplina primero de institutrices y luego de tutores, y finalmente financiado por unos "adelantos de herencia" (qué deliciosa figura, en la que tu banquero, porque antes la gente tenía "su banquero" como quien tiene sastre, te daba un crédito en espera de las expectativas de tu herencia: vaya usted al banco ahora con esta pretensión, vaya) para viajar al extranjero dos años, a aprender de los clásicos y de las señoritas en Francia y sobre todo en Italia, si es que no algo aún más refinado, hacer la "tournée des grands ducs" con dinero tomado prestado al ya te veré.

Volvías hecho un caballerito, tras haberte empapado de la cultura grecorromana, los moralistas franceses y los misterios de las abejitas y las flores en los puticlubs y no tan puticlubs de la época. Así se formaban personas hechas y de derechas, no, como ocurre ahora, entes indecibles y abotargados -moral y físicamente abotargados- como la instantáneamente célebre diputada socialista Isabel López i Chamosa. Los formados volvían al hogar a punto para poder hacerse cargo de la continuidad del prestigio familiar durante una generación más. O no volvían ya nunca porque le habían cogido gusto a la vida ociosa e iban puliéndose por ahí, hasta el fin de los tiempos, la buena fe de "su banquero". Pero, en cualquier caso, habían recibido rigurosamente todas las armas necesarias para comprender el mundo. Eso se acabó con la voracidad de los Estados, que no podían tolerar no inmiscuirse dentro de las casas porque de ello podrían resultar librepensadores, quién sabe si peligrosos conspiradores. La colectivización ha terminado con todo.

Los jueces españoles han denegado la posibilidad de educarse en casa. Hablan de que el jovencito no puede educarse en casa porque debe socializarse con los demás, pero para eso tendría que haberse mantenido en España el servicio militar obligatorio, que era la mejor socialización posible. El mejor amigo de la educación de los niños siempre ha sido una buena vara, no la compañía de otros niños. Para hacer amistades siempre había tiempo. Y luego, eso sí, una vez que el infante llegase, con una exigencia que hoy nos parecería fascista, a leer y redactar el latín y el griego correctamente, el premio fin de adolescencia era pulirse la condescendencia monetaria que había por entonces en aquella enriquecedora vida crapulilla. Ah, qué nostalgia de lo no vivido.


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Sería el año 76. Era un sábado mortecino de enero, ya con mi vuelta al cole  en puertas tras las vacaciones de Navidad, y en la sesión de noche ponían "El guateque" de Blake Edwards, quien se acaba de morir. Por alguna razón que se me escapa tengo una memoria que selecciona absurdamente los lugares exactos donde he visto cada película de mi vida. Han sido algunas. Todas las salas de cine, la mayoría ya desaparecidas. Todas las casas, las habitaciones. Casi también la postura: sé que vi "El guateque" tirado en el suelo sobre las baldosas calientes, como solía cuando tenía las articulaciones nuevas. Me pareció una oxigenante gamberrada, "El guateque". La película que hubiese hecho un niño de tener los medios técnicos para ello y de haber convencido a los productores de Hollywood para que se los prestasen. Por supuesto, hubiese pasado a ser mi película de todos los tiempos de no ser porque ese mismo año del 76 estrenaron "Tiburón" en una sospechosa sesión matinal de domingo (¿habían visto los censores franquistas, aún ejercientes, el inicio de la película?). Lo que significó "Tiburón" para toda una generación de niños bañistas aún no está suficientemente mensurado. "El guateque" fue siempre la fiesta perfecta en la que hubiese deseado participar un niño -la destrucción propia de la infancia la creaba un ya crecidito Peter Sellers- hasta que, ya un poco menos niños, la fiesta perfecta en la que hubiésemos deseado participar pasó a ser, en fin, qué les voy a decir a ustedes que no sepan, la mucho menos candorosa de "Eyes wide Shut", de Kubrick.

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 "Día 16. Domingo. Emprendemos el viaje a Murcia, a primeras horas de la mañana. Me produce una gran ilusión, porque sólo he estado en Murcia una vez, vagamente, yendo de Algeciras a Valencia por el litoral. Pasamos por La Roda, seguimos hasta Albacete la carretera del interior (Albacete es una considerable ciudad de provincias) y, en seguida, en dirección sur, tomamos la carretera de Murcia, por Hellín y Cieza. Antes de llegar a Albacete cruzamos el canal del trasvase del Tajo al Segura, que es el río de Murcia. Las primeras casas altas de la capital, que contrastan con las uniformemente bajas y chatas de los pueblos castellanos. En estos pueblos hay una sola vertical: el campanario de la Iglesia. El paisaje cambia enseguida. Dejamos atrás las tierras bajas, llanas como la palma de la mano, los horizontes dilatados de La Manchuela, y aparece una orografía. Las viñas, los campos de trigo, de avena, de cebada, las encinas y carrascas, los almendros, tan verdes, algunos pinos oscuros, son sustituidos por una geografía mucho más fértil. Aparecen, frente al parabrisas, una serie de sierras paralelas que se van ganando a través de collados perforados en la roca. Encima de estas sierras se ha proyectado una repoblación forestal bastante espesa. Entre una y otra pasa un lecho de tierra extremadamente productiva: grandes cantidades de árboles frutales y huertos magníficos, y así uno se encuentra con el campesino de secano y con el hortelano que riega. La proyección -en plena marcha- de las aguas del Tajo sobre las tierras de Murcia va creando un paraíso terrenal alimentario de suma importancia: las hortalizas: patatas, alcachofas, tomates, pimientos, habas, guisantes, etc., y la fruta: las peras, las ciruelas, las cerezas, las olivas -los olivos admirablemente podados-, toda clase de frutas extremadamente tempraneras crean un paisaje de maravilla". "Notas del Crepúsculo" (hacia la segunda mitad de los años setenta) de Josep Pla, un catalán reaccionario que no creía en la política hidrológica sostenible.

En San Pedro del Pinatar ya saben lo que el PSOE puede dar de sí

15 de Diciembre de 2010 - 23:06:19 - Pablo Molina - 3 comentarios

San Pedro del Pinatar. Bonita localidad en la ribera del Mar Menor, con sus playas (algunas de ellas en verano abarrotadas de gayers haciendo guarreridas), sus salinas, sus parques naturales, su paseo marítimo... en fin un pueblo muy apañadito.

Hasta hace poco allí gobernaba el PP. Ahora no. Desde el 2007 lo hace el PSOE, gracias al voto de un concejal independiente. Pues bien, la crisis está teniendo efectos muy curiosos. Por ejemplo, ahora mismo hay dos edificios municipales con el suministro eléctrico cortado por falta de pago. Podrían ser más, en realidad todas las dependencias del ayuntamiento, pero según cuentan los concejales de la oposición, el alcalde puso a una brigada de funcionatas a precintar contadores y transformadores de forma que cuando llegaran los operarios de la compañía eléctrica no pudieran anularlos y cortar el suministro.

Lo asombroso del caso no es que una administración deje de pagar a los proveedores. Lo estupendo es que esa administración, unos días antes llevara al pleno una propuesta para contratar a casi ciento cincuenta nuevos funcionarios, que es exactamente lo hizo el equipo socialista de gobierno municipal.

Tan seguro está el alcalde de que no va a haber pasta para pagar el recibo de la luz, que ha colocado sendos grupos electrógenos, aunque al parecer ¡ya no le fían tampoco el combustible para tenerlos funcionando! Al final acabarán todos los afiliados del PSOE haciendo turnos para mover los generadores a pedaladas. Tracción animal, se llama la figura.

España ha dejado de fornicar a pelo

14 de Diciembre de 2010 - 20:03:02 - José Antonio Martínez-Abarca - 6 comentarios

Oigo por la radio una voz como sonámbula y completamente ausente de inflexiones, sea cual fuere el idioma en que diablos se expresa. Es la ministra Pajín, como no podría ser de otra manera. Que dice que hay que felicitarse, es decir, felicitarla, por su recentísima gestión, porque este año (este viaje, se diría en Murcia) han descendido el número de interrupciones voluntarias del embarazo practicadas en España, indicio de que la gente por fin, y aunque se ha hecho la interesante, lo hace con condón. Ha tenido que llegar ella a arreglarlo. Cuando la hicieron ministra, algún gracioso dijo aquello de "España ha dejado de estar enferma", que podría perfectamente haber sido la frase inaugural de Pajín en su nuevo cargo, tan ufana siempre ella. Pero la realidad socialista mejora cualquier licencia poética, porque ahora, según sus palabras, España ha dejado de hacerlo a pelo.

Aunque lo suyo hubiese sido al contrario, la autofelicitación de Pajín ante los españoles si hubiese aumentado este año el número de abortos practicados, no disminuido, ya que a la promoción de ese aumento se han aplicado con unción Pajín y su compañera en la lucha Aído en todo tiempo y lugar, desde sus plurales responsabilidades públicas. Ésas que van a salvar el socialismo por lo menos durante otros cien años (a ojo de Pérez Rubalcaba, que lo tiene infalible). Pero Pajín se ufana de si misma por una cosa, por su contraria y por la de enmedio. Por el fracaso de su política (no sólo de su política: de su entera cosmovisión), que ha sido todo un éxito. Si por ejemplo se permitió abortar a las pollitas sin consentimiento de sus padres no fue para que disminuyera el número de abortos, sino al contrario. No se liberaliza un sector para que haya menos, sino para que haya más. Para que la naturalidad llegue a lo que antes era delictivo. No se puede felicitar la ministra de la buena noticia de que haya menguado la eliminación de esos "seres no humanos", como consideró alguien del Gobierno que eran los no nacidos, porque toda la política socialista ha estado dirigida a considerar que tal hecho es indiferente y por tanto descartar que esto sea una buena noticia. Ni que deba ser noticia.

Pero del socialismo pacifista que ahora defiende la militarización hasta de las colas del supermercado se puede esperar cualquier prodigio. Como que Pajín sea ministra antes que cualquier otro que pase por allí de entre los cuarenta y seis millones de habitantes en España que la aventajan en excelencial, y que ahora se haya hecho proteccionista del no nacido, esa especie en vías de extinción. Si el socialismo tiene aseguradas las habichuelas durante otros cien años gracias a que aún nace gente providencial como Pajín, según Rubalcaba, ella, con la imparable opinión que tiene de sí misma, por contra estima ese cómputo demasiado modesto. Si le preguntáramos a Pajín, el socialismo va a tener a la gente que estrictamente se merece al menos en los próximos mil años. Como la duración estimada del III Reich.

 

Lo que antes se hacía con los malos y los torpes en el "cole"

8 de Diciembre de 2010 - 14:57:23 - José Antonio Martínez-Abarca - 9 comentarios

Con los antiguos planes de estudio, un día llegabas a clase y no encontrabas a tu compañero de pupitre Fulanito, aquél un poco gamberrete. Preguntabas por la falta y te decían aquello vagamente inquietante: "ya no viene más". Nunca se volvía a saber de él. Aquello significaba que en esos momentos Fulanito, quien por lo normal había repetido ya varios cursos, estaba, como se decía entonces con una metáfora, "recogiendo melocotones" por decisión docente o familiar, en algún lugar más o menos fantástico e improbable. Estar "recogiendo melocotones" era que se había acabado el colegio para tí.

Si no valías para los estudios o si tu escuela era la calle siempre había, como solución final, una especie de Siberia frutal a la que te condenaban y por la que ya desaparecías del mapa escolar para todos los siempres. "Recoger melocotones" quería decir muchas cosas, menos precisamente echar la peonada agraria. Significaba que te habías caído del Sistema educativo. Que a partir de entonces podías proseguir tu formación en los billares. Algunos de los que se fueron a "recoger melocotones" de mi clase se reciclaron en navajeros y murieron de una u otra forma, a no mucho tardar (los años setenta eran el lado salvaje, y hasta en las mejores familias solía haber un émulo de El Torete o, por actualizarlo, de Antonio Puerta). Otros hoy son millonarios.  Curiosamente quienes han hecho más dinero en la vida no han sido nunca los más brillantes de mi promoción. Con frecuencia han sido algunos del pelotón de los torpes. Debiera servir hoy para enviar a los inútiles a su casa sin contemplaciones, en la esperanza, no del todo engañosa, de que se comerán el mundo.

Hoy, por contra, el mandarte a recoger melocotones cuando no vales no te hace desaparecer de escena, sino que es un exilio interior. Las autoridades te obligan a permanecer en la misma clase del cole. Por ley. Nadie desaparece. El que se ha ido a "recoger melocotones" para su fuero interno, el que no tiene capacidad o ganas para ningún estudio arrastra al resto de la clase a continuar su formación académica en unos billares mentales permanentes. 

Por eso fracasa arrolladoramente este Sistema educativo socialista (que con tanto entusiasmo aplica el PP), como evidencian uno y otro año las cifras del "Informe Pisa". Porque no hay bajas ni desapariciones, porque no hay que preguntar por la suerte de nadie dado que todo el mundo corre la misma suerte. Se pretende que nadie llegue a algo porque tampoco nadie llega a nada. Mediocridad total. Porque en la actual escuela española a nadie se lo llevan a ese lugar mítico de mis tiempos de donde no se vuelve, a ese imaginario y humillante bancal de melocotoneros donde, un amanecer, aparecían supuestamente quienes no aprovechaban para aprender. Y encima ahora a los malos alumnos no se les da la oportunidad de, apelando al orgullo herido o a la gramática parda de la calle, llegar alguna vez a millonarios. 

Hacer un "Reagan"

4 de Diciembre de 2010 - 10:29:35 - Pablo Molina - 11 comentarios

Supongo que como "kolectivo", los controladores aéreos tienen motivos para quejarse del gobierno de ZP, que es lo que sucede con todos los españoles exceptuando a cantautores, cineastas y sindicalistas. Ahora bien, aunque sus peticiones sean de lo más razonable, que no lo son, hay que poner en la puta calle a todos los que desde ayer por la tarde se niegan a acudir a su puesto de trabajo, desde el primero al último. Lo que se conoce como "hacer un Reagan".

Ayer por la tarde estaba éste que suscribe en el aeropuerto de Alicante, pasado ya el control, esperando junto a la puerta de embarque de mi vuelo con destino a Madrid. Ahí estaba yo, tan correctamente, sin meterme con nadie, recién duchado, los zapatos perfectamente limpios, leyendo  y escuchando en el mp3 el Santo Rosario en latín rezado por JP-II. Justo cuando íbamos por el segundo "Agnus Dei, qui tollis peccata mundi", un anuncio de AENA sorprende a la concurrencia, o mejor dicho, confirma que algo raro estaba sucediendo, porque unos minutos antes vi desembarcar por una puerta cercana al pasaje de otro vuelo en lo que, supuse, obedecía a una avería puntual. Pues no. Como aclaró la amable voz de los altavoces, sucedía que los controladores aéreos habían abandonado masivamente su puesto de trabajo (sic), por lo que el tráfico aéreo estaba cerrado.

A mí me fastidió (con jota), porque a esas horas ya me resultaba imposible llegar a tiempo a Madrid para participar en el programa de César utilizando otro medio de transporte, pero nada comparado con la frustración de miles de personas que en esos momentos se disponían a volar, en muchos casos, acompañadas de sus familias.

¿Qué hacer en esos momentos? Pues el proceso fue el siguiente.

1.- Hacer cola durante una media hora ante el mostrador de información de AENA en la zona de embarque del aeropuerto, donde un "chaqueta verde" se desgañitaba intentando hacer entender a los pasajeros que abandonaran la zona y acudieran a las oficinas de sus compañías respectivas, sitas a la entrada del aeropuerto. Allí les informarían adecuadamente (un par de pelotas).

2.- Pasar el control de seguridad en sentido inverso y bajar a la terminal principal, donde están las oficinas de las líneas aéreas. Hacer cola durante unas dos horas y media.

3.- Al llegar a la ventanilla, el empleado te da una hoja de reclamaciones, intenta colocarte en otro vuelo similar para el lunes y te aclara que no te va a pagar la noche de hotel puesto que la línea aérea no ha cancelado el vuelo. Al contrario, el avión está listo para despegar y su tripulación dispuesta, sólo que AENA no da permiso para volar.

4.- Coges un cabreo de campeonato, comienzas a gritar y tu esposa te dice "Luis Javier, tranquilízate que te pierdes".

5.- Los niños lloran porque tienen hambre y comienzan a tener sueño.

6.- Tienes que decidir entre irte a un hotel con la familia o quedarte en el aeropuerto por si el tráfico se restablece a primera hora del sábado y puedes salir el primero a tu destino.

En fin, un desastre absoluto, una putada monumental a unos ciudadanos a los que se les priva de su derecho constitucional a moverse libremente por el territorio nacional, una vergüenza para España, una imagen tercermundista de cara al exterior, cientos de millones de euros perdidos en la hostelería (justo lo que más necesita el país en estos momentos) y una oleada de anulaciones de reservas de todo tipo de aquellos extranjeros que igual habían pensado pasar unos días en nuestro país. Además, claro, de los problemas laborales y los perjuicios económicos a las empresas cuyos empleados, como en mi caso, no pudieron acudir a su puesto de trabajo porque unos millonarios decidieron que están "stressados"

Pues ante los problemas de stress, a la puta calle de una "vess". Un Reagan, es lo que corresponde hacer. Por cierto, miles de controladores despedidos por el gran Ronaldo en 1981 durante la huelga que le montaron tan sólo unos meses después de su toma de posesión, y mientras se recuperaba de un atentado, aún siguen litigando en la justicia para que se les permita ¡volver a presentarse a unas oposiciones! Porque para "hacer un Reagan" completo, además de echar a toda esta tropa, hay que impedirle por ley que pueda volver a trabajar en el sector.

Nunca pensé que escribiría esto, pero hoy Pepiño Blanco y Zapatero tienen todo mi apoyo.

P.S.: Estoy seguro de que la sagaz Leyre Pajín ha enviado a todos los inspectores médicos a su servicio, a comprobar personalmente los motivos por los que los facultativos de la seguridad social han concedido la baja laboral de forma tan asombrosamente sincronizada a tantas centenas de trabajadores.

P.S. 2: La venta de un 49 por ciento de AENA va a recibir con esta canallada un impulso acojonante. Vamos, que deben estar las compañías inversoras pegándose de bofetadas por hacerse cargo de un mastodonte semejante, visto cómo se las gastan sus empleados.

La lluvia sobre una canción de Supertramp

3 de Diciembre de 2010 - 01:50:54 - José Antonio Martínez-Abarca - 5 comentarios

  En mi cole, en la segunda mitad de los años setenta, la humanidad de menos de catorce años de edad estaba dividida en dos grupos irreconciliables: aquellos escolandos que escuchaban a Supertramp y los niños más o menos respetables. Que te gustasen los Supertramp en su época, que era la nuestra, era lo peor. Significaba que eras un niño que te creías todo lo que te contaban los mayores y que imitabas sus mismos estilemas. Que estabas con el Sistema (el Sistema de entonces era post-jipi, y se trataba de matar el legado jipi, como reivindicaba el "punk").

En mi cole, que era del Opus, en los recreos ponían una y otra vez a Supertramp por los altavoces del patio, como en alguna especie de tortura soviética para que confesases de plano o como en "Alguien voló sobre el nido del cuco", cuando a los locos les ponían esa música que hace crecer felices a las plantas. Sin duda las plantas crecían felices también con la virtuosería de Supertramp, pero no yo, a pesar de que siempre fui un niño en estado más bien vegetativo ("Abarca, ¡que estás durmiendo!", me decían siempre en el cole, y todavía hoy, treinta años después, creo que no me ha sonado el despertador). A los escolandos a los que les gustaba Supertramp, inducidos sin duda por sus papás exquisitos, de ésos que cuando se enchufaban rock sinfónico se ponían a cortar el aire del saloncito con el dedo índice como si fuese una batuta, también, cuesta abajo en su rodada, les gustaban Yes -quienes cantaban a la Virgen María- Emerson, Lake y Palmer o Camel. Yo siempre me los imaginaba junto a la familia moviendo todos el dedito al compás como si fuese una batuta, mientras mamá, con un rígido peinado "a la Federica" escarchado de laca marca "elnett", con la mano libre hacía calceta. A aquella música se la llamaba entonces "de los dinosaurios". Pero ya se ve que había críos que ya nacían dinosaurios sin remedio. 

El Destino, sin embargo, tenía planes insospechados para mis opiniones sobre Supertramp. Nos trasladamos a algunos años más tarde. Es verano de 1982, cuando vestíamos pantalones por el tobillo, calcetines fluorescentes y camisas cuatro tallas mayores abrochadas hasta el galillo. Estoy en el extranjero, en una tarde oscura y en una sala de máquinas de primigenios marcianitos marca japonesa "Taito". La sala en penumbras echa por el altavoz "it´s raining again" ("está lloviendo otra vez"), que acaban de sacar unos ya por entonces decadentes Supertramp. En efecto, afuera llovía, pero sobre todo llovía dentro de la sala de ingenuas maquinitas casi pretecnológicas y dentro también de mi prematuramente estrujado corazón. 

Llovió en el extranjero todo el verano, y sigue haciéndolo ininterrumpidamente desde entonces. No tengo que aclarar que esa melancólica tonada pop (la cual se da de tortas con su letra, sobre superación personal) nunca ha dejado de sonar en mi maltratada cabeza por asociación mecánica a través de los fenómenos atmosféricos por los que ha pasado en la vida, como una gota de lluvia de un año se parece a otra de otro año. Escuchar a Supertramp ahora, que no entonces, cuando eran lo "anti-cool" (aunque me han dicho que los modernuquis han puesto sus sucias zarpas sobre ellos), es lo más.
  

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