Crónicas Murcianas

Noviembre 2010


Leire Pajín y sus vigilantas

30 de Noviembre de 2010 - 17:17:43 - José Antonio Martínez-Abarca - 16 comentarios

Desde que a Leire Pajín la han hecho ministra, casi nada queda de aquellos morritos que hacían estragos por la parte de Valladolid. Se nos está quedando nada más que en las orejas, o sea, en el chásis. Debe de ser por la compañía que se advierte en la imagen:
 
 
Las caras de las señoras de detrás son capaces de marchitar las flores a distancia y de atraer la suspensión de pagos sobre el Reino de España. Ni la cabeza de Medusa. De acuerdo que, por ley, arrebaten a la infancia de las sucias zarpas de los hombres pero, ¿dejaría usted a sus niños al cuidado de semejantes expresiones faciales? Los lombrosianos y los fisiognómicos, empezando por don Julio Caro Baroja, se habrían puesto las botas entresacando rasgos morales de estos caretos. Bien está que los niños estén por encima de la presunción de inocencia del varón, pero -habría que preguntarle a Rubalcaba- ¿está el representar tan perfectamente el papel de aquella tenebrosa institutriz del niño Damien en "La profecía" por encima de los derechos básicos de la infancia? En lugar de escoltando a Pajín más bien se diría que la están vigilando, como una versión coral de aquella sombra ominosa de "La balada del Viejo Marinero", de Coleridge: ...y no vuelve ya la cabeza/ porque sabe que un ser espantoso/ le va pisando las huellas". Se hace muy cuesta arriba convencerse de que estas miembras tan, digámoslo así, intensas tienen el alma de la mamá de Bambi. Estas doñas se deberían tomar la proscripción del hombre del planeta con algo de mejor humor, ahora que han ganado.
 
En la segunda foto, del mismo día, Pajín parece estar acompañada, sin que sepa explicarme cómo es posible, por  el actor Terry Jones, el integrante del célebre grupo cómico Monty Phyton justamente en su papel de madre de Brian (el falso Mesías), en la célebre película. Se adjuntan, por cotejar, otras fotos de Terry Jones con "chador" o "burka" descapotable modelo "alianza de civilizaciones", en ese mismo papel de madre de Brian (o sea, de "ersatz" de Virgen María):
 
 
 
 
  
 
 
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Los vecinos, siempre igual. Sobre el asesino de ancianas del geriátrico de Olot: "pero si era muy buena persona, muy simpático, hablaba con todos". Ya se sabe, las buenas personas, también siempre igual. Las pequeñas debilidades perdonables de las buenas personas. Las buenas personas, cuya alquímica destilación ocupa desde hace casi siete años el Palacio de La Moncloa. Inyectaba el celador del geriátrico lejía en la boca a las ancianas, para "sentirse Dios", procurándoles una bonita agonía. Pero ya se sabe que en el psiquíatrico o en el calabozo ni son todos los que están, ni están todos los que son. Por supuesto, no me refiero al "serial killer" del geriátrico, que quizás es de los más recomendables ciudadanos de ese pueblo catalán atendiendo a lo que leo en un suplemento de "El Mundo": "En el pueblo de Joan Vila Dilmé [el celador] hay quien defiende abiertamente que su vecino actuó "casi haciéndoles un favor" a los pobres ancianos. "Estaban en el final de sus vidas y la eutanasia pone fin al sufrimiento, haciendo un bien", justifica un comerciante". Cielos, un comerciante. ¿Comercio de cadáveres repentinos, como aquellos Burke y Hare que proveían de material a la ciencia en su famoso caso acaecido en el Edimburgo de 1827?  No sólo no se puede dejar una navaja de afeitar en manos de cualquiera, como demostró Poe con su mono fugado en la "rue Morgue", sino que es más peligroso dejar una opinión. ¡Ciertos honrados comerciantes de Olot tienen una opinión! Dejaría con más tranquilidad la vida de mi abuela, de conservarla aún, a los cuidados del celador.
 

 

Sorpresa electoral: Carmen de Mairena no estará en el parlamento catalán

28 de Noviembre de 2010 - 23:44:51 - Pablo Molina - 5 comentarios

Los votantes de Cataluña han rechazado apoyar a una formación pintoresca como el CORI de Carmen de Mairena para votar al partido de Juan Laporta, formación seudopolítica que pulveriza cualquier plusmarca mundial en cuestión de friquismo. Si los procesos judiciales que tiene abiertos por su gestión en el Barça se lo permiten, Laporta y sus muchachos, que en el hotel de concentración jaleaban a Terra Lliure, nos darán grandes momentos de gloria para que el mundo compruebe la sofisticación y el cosmopolitismo de la sociedad política catalana.

El triunfador de la noche es D. Arturo Mas, que como deja las fotocopias de su DNI por cualquier lado, luego aparecen en sitios tan recónditos como algún paraíso fiscal centroeuropeo avalando la constitución de algunas cuentas opacas. Esto ocurrió cuando era consejero de economía del Gobierno catalán, con la consecuencia de que tras conocerse esa curiosa circunstancia, el tío ha arrasado en las elecciones. Durán y Lérida, que de fondos europeos sabe también una cabeza suya, o sea un huevo, no cabía en sí de gozo.

Tenemos un parlamento catalán abiertamente soberanista, lo cual está muy bien porque cuanto más se clarifiquen los objetivos políticos mucho mejor puede uno tomar sus decisiones individuales fuera de ese territorio. Esperamos que Arturito no defraude a la afición y otorgue carta de naturaleza a las machadas separatistas que ha venido manejando durante la campaña. En Laporta y sus colegas tendrá unos firmes aliados para otorgar una pátina de seriedad a su proyecto.

El PP de Alicia Croft saca un excelente resultado, que confirmará a Rajoy y Arriola en su conocida tesis de que lo mejor cuando la nación va al desastre absoluto es mimetizarse con el paisaje.

Los jardineros de la Esquerra se meten un hostión aún mayor que Montilla, que ya es ponerse, Ciudadanos mantiene su presencia parlamentaria y UPyD queda por debajo incluso de Carmen de Mairena. En fin, que nos vamos a divertir.

Pasar hambre como Patrimonio Inmaterial de la Humanidad

24 de Noviembre de 2010 - 14:54:06 - José Antonio Martínez-Abarca - 11 comentarios

La tan mixtificada "dieta mediterránea" en realidad no consiste en cocinar, sino en pasar un poco de hambre. No existe "la dieta mediterránea" excepto que aludamos como un tipo de cocina a lo que es más bien su ausencia. La dieta mediterránea es cuando, tras la guerra (cuando se decía aquello de "vamos a pasar más hambre que los alemanes" ¡precisamente iban a ser los alemanes!), se iba el hombre de la casa con el abrigo de borra, a rellenarlo disimuladamente de naranjas robadas en bancales ajenos. "Un griego, un puñado de olivas", concentraba magistralmente Azorín lo que se ha comido en nuestra civilización desde siempre. Un puñado de olivas, un puñado de átomos, un deje aromático a monte bajo, nada.

     Con razón la han nombrado "patrimonio inmaterial" de la Humanidad. Y tan inmaterial: apenas un delicioso olor a ajo en el aire, con el que abrir y a la vez engañar las tripas hasta el día siguiente. Alguna vez, cuando en el mediterráneo estábamos de buen año, al olor a ajo se le añadía alguna materia mensurable para el gusto y puede que incluso para la vista, y entonces había para echarse una siesta después. ¿hay algo tan sincrético del mediterráneo como el "aglio, olio e pepperoncino", con mucho "aglio"?. Contra Camba, contra Pla, contra tantos otros admirados, soy de la cofradía del ajo, sin miedo. Mejor oler a ajo que no aromar, con la falsa etiqueta social y aún más irreales cualidades digestivas y aéreas de la mantequilla, a ganado tibio (los interiores de toda Inglaterra, por ejemplo, guardan en las moquetas, imprescriptible, toda la historia de ese ganado desde la primera domesticación, mantequilloso olor superpuesto de ranciedad menor a mayor, como los anillos de un árbol; una vez que se cocina con grasa animal, ésta se adhiere a los inmuebles para siempre, como el espectro de un antiguo inquilino). El mediterráneo ha venido viviendo sano porque ha pillado para comer lo que ha podido, cuando ha podido. Es decir, poco e infrecuente. Eso ha sido nuestra gran contribución a la sanidad humana, aunque ahora traten de hacer pasar la "dieta mediterránea" como un festín para tragaldabas.   

     O para compañeros del metal. En el telediario, cualquier telediario ya que todos venden la misma papilla, entrevistan ahora a cocineros que festejan lo de la dieta mediterránea como Patrimonio de la Humanidad. Salen imágenes en que esos creativos emplean, para freír huevos, sopletes de aprendiz de fresador: hablan de que eso es la "puesta al día" del Patrimonio. Tanta declaración de la ONU para esto. No quiero queroseno en mi dieta, ni cronometrar mi estómago con la época de los creativos. No es la mía. Quiten sus sucias manos fabriles de mi sagrado ajo.

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     Henri Beyle, conocido como Stendhal, en su magistral "Recuerdos de egotismo", 1821, cuando ya contaba con casi cuarenta años y sin darle más importancia al tema:

     "hay en este salón grande un bonito diván azul, y sentadas en él, 15 jovencitas de entre los 12 y los 18 con sus pretendientes". Los pretendientes son amigotes de Stendhal, de su entonces ya baqueteada quinta, aunque algún anciano entre ellos también. Hay cosas, dirían las muy impresionables redacciones de periódico abajofirmantes, que no se pueden pensar, porque no se pueden escribir, porque no se pueden leer, porque no se pueden publicar, porque la Historia, eh, jóvenes periodistas, empezó cuando se inventó el iPod. ¿Repetimos? Entre los doce y los dieciocho, jovencitas, sin que haga falta aludir para nada a la ausencia de olor a ácido úrico. A Stendhal se le entiende todo. En fin, la sociedad francesa casi recién salida de esa admirada época revolucionaria en que se miran ¡diciendo imitarla! los actuales y muy reaccionarios monagos de la corrección ambiente, quienes echan del país a quienes pronuncian la palabra prohibida: "diecisiete".



 

El PSOE pasa del desastre electoral al extraparlamentarismo

22 de Noviembre de 2010 - 12:57:29 - José Antonio Martínez-Abarca - 7 comentarios

El presidente castellanomanchego Barreda (PSOE) avisó del desastre hacia el que se dirigía su partido si a Zapatero no lo desalojaban inmediatamente de Moncloa algunas unidades expertas en desactivación de los GEOS. El desastre fue corregido un día después por el propio Barreda, cuando se disculpó públicamente de sus declaraciones de la víspera echándole la culpa a la malandrina derecha, que había sido la que habló por su boca sin su permiso. El desastre, como digo una vez corregido, ha sido aumentado ahora, en ciertos "barómetros" oficiales sobre intención de voto en diversos territorios, por ejemplo el que acaba de salir en la Región de Murcia.

En Murcia, dice esa encuesta, el PP ya triplica de largo la intención de voto al PSOE. Casi cuarenta y dos puntos de diferencia entre el primer partido... y el primer partido, ya que el bipartidismo dejó de existir ha ya mucho y el PSOE está a dos panfletos de "ciclostyl" de volver a la clandestinidad, pasando antes por el extraparlamentarismo. En Murcia los propios han elegido como su secretaria socialista, se supone que para recabar votos donde antes no los había, a una señora con el exacto aire conciliador y moderado de, ¿cómo lo explicaría? una Karmele Marchante con un pin en la solapa que pusiera: "yo también soy Leire Pajín". Ya se echa de ver que los socialistas saben cómo hacer amigos entre el electorado.

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Visito un evento artístico de repercusión mundial, que casualmente también tiene lugar en Murcia. Un tal "Manifiesta 8". Se celebra en sitios inquietantes, como un antiguo inmueble de Correos y Telégrafos abandonado por el que, procedente del nivel freático "underground", sube una costra de salitre como un esputo. Uno de aquellos edificios con león de bronce al costado cuyas fauces se tragaban aquellas ingenuas cartas, como esos oráculos de los Parques de Atracciones se tragan las manos para leer nuestro futuro. Si lo tomamos como casa del terror "artística", el lugar más angustioso donde he estado jamás. No creo sea involuntario por parte de los artistas, o al menos por parte del consejero. Si el fracaso del arte entendido al actual modo consiste en dejar indiferente y no asustar a las abuelitas, el éxito debe cifrarse entonces en poner mal cuerpo a la gente. Lo hallado en el antiguo Edificio de Correos y Telégrafos de la capital murciana lo pone.

Falsas figurantas de la "Belle Epoque" dejándose rasurar el panecillo por rubios "valets" de aire decadentista berlinés. Fotos de antiguas promociones del colegio de proporciones pesadillescas. Cubículos neblinosos e irrespirables donde se pierde toda noción de los sentidos. Nadie me ha secuestrado aún en el maletero de un coche para obligarme a visitar también la antigua prisión de Cartagena, poco tranquilizador espacio que estos artistas/psicópatas han utilizado para el mismo fin, estos días. Ya he tenido bastante.

Ni "la casa maldita de Amityville" en Suffolk, Nueva York, contiene tantos dolientes ecos. Lo de Correos es el interiorismo franquista en todo su escombrada reutilización. El funcionalismo ya sin función. ¿Puede existir algo más lóbrego, incluso a plena luz del día? El consejero de Cultura murciano, de quien deberían tomar ejemplo sus colegas del resto de España (consigue exactamente lo que busca, siempre, por ambicioso o discutible que sea, sin dejarse entretener por quienes no tienen un plan, ni para la cultura ni para nada) ampara que en estos espacios como digo franquistas se llegue más allá de lo que ha podido la vanguardia izquierdista en sus sueños húmedos. Nótese, por ejemplo, los tiquismiquis de la puntita nada más con lo del Valle de los Caídos, que si se lo dejan al consejero de Cultura murciano monta allí un "instalación" que provocaría que sus muertos caminaran sobre la tierra. Ah, el sórdido escenario del antiguo Correos (que de pequeño visité mucho, estando el sitio en activo, y recuerdo a través de una puerta giratoria ya inexistente muchos tipos de color gris chófer atareados como personajes de Kafka). Aquella banalidad vertical y burocrática. Su minimalismo cartero con mostradores de fórmica y extrañas criptas de planchas de hierro, que parecen más bien para aplicar un interrogatorio en tercer grado que para discriminar misivas -¡cuando se decía internacionalmente que el servicio de Correos de España era de los mejores del mundo!-. Se suceden en esta cosa del Manifiesta 8 las alambradas, los recovecos en los que uno oye la psicofonía engolada del "España como estado de obras", las luces rojas de matadero, la humedad panteonal. Perfecto todo para ambientar este nueva época represora de las libertades en la que estamos, la del acogotamiento estético y moral de ahora debido a la paralizante corrección feminista, presuntamente laica pero heredera directa de la cosmovisión de aquellas monjitas seglares de piso postconciliar que, para hacer ver su compromiso con las tristezas del mundo, se cortaban el pelo con la segadora de césped.

Esto no sé si es arte, pero me da la impresión que alcanza plenamente todos sus objetivos. Que evidentemente son los de enfermar al espectador. Es, como escribiría Conrad, "¡el horror, el horror!".


 

Lo de la Trini sí es una "pillada"; no lo de Sostres

18 de Noviembre de 2010 - 19:45:20 - Pablo Molina - 8 comentarios

Como los rojos son tan inconscientes se suelen dejar llevar por el entusiasmo con mucha facilidad cuando están en la oposición, sin reparar que en un país como España hasta Zapatero puede llegar al poder, en cuyo caso todos ellos serán rehenes de sus palabras y prisioneros de sus actos.

Como buenos adolescentes, los miembros y miembras del nada selecto club de Zapatero han actuado siempre como si sus acciones no tuvieran consecuencias. Ahora se dan cuenta de que sí las tienen, como le ha ocurrido a la Señorita Trini con el carajal del Sáhara.

La carnicería política que han hecho con la "señá Trini" está a la altura de sus merecimientos intelectuales desde que Marruecos invadió un territorio ajeno para pasar a cuchillo a sus ocupantes. Todavía tendría una disculpa si no hubiera aparecido ese video de 2003, año en que los dirigentes del PSOE apenas pararon en casa porque no hubo mes en que no protagonizaran dos o tres algaradas antisistema. ¿No iban a recibir los saharahuis su ración de solidaridad marxisto-zapaterina? Pues naturalmente que sí, faltaría más.

El único que ha salido de puntillas en todo este ridículo mundial encabezado por la "señá Trini" ha sido Marcel.li Esglesias, el sucesor de Leyre Pajín en el PSOE. La potencia neuronal del personaje, su solvencia intelectual y su capacidad para el pensamiento abstracto quedaron esmaltados en su ya famoso speech sobre la fecha en que abandonamos el Sáhara. Al final va a resultar que es el más listo de todos.

Vamos a por ellos, Salvador Sostres

17 de Noviembre de 2010 - 19:57:15 - José Antonio Martínez-Abarca - 9 comentarios

Un caso real que, imagino que por su habitualidad contemporánea, no ha trascendido. Me lo cuenta ayer el abogado del bando perdedor: el miembro masculino de una pareja que convive en la misma casa deja un despreocupado "post-it" amarillo en el frigorífico, dirigido a su miembra: "anoche te escapaste, pero hoy toca. Mentalízate", reza la papela. No creo haga falta aclarar qué mentalidad es solicitada: se entiende todo, como al alcalde de Valladolid. Sucede que la pareja, ese día, discute por otro motivo que no hace al caso. La miembra, tras llegar a casa y mirar la nevera, se va con el "post-it" a los tribunales de guardia, y, según su contenido, condenan al miembro por "amenazas". Mentalízate: ése es el país en que nos hemos convertido. ¿Alguien dijo no sé qué de la libertad, me pareció oír hace treinta y cinco años? Al cambio, han sido, aseguran, cien años de honradez (y ni un minuto más), cuarenta de vacaciones y ya todo lo que nos queda que pasar sobre la tierra leve sin poder escribir ni decir nada en absoluto, porque para esta extrema derecha de izquierda de ahora la mera existencia del hombre ya es sospechosa de algún delito. Después de Dragó, van a por el articulista catalán Salvador Sostres.

Lo han pillado en una conversación privada, en Telemadrid, despreciando un posible debate público sobre lencería (a su lado, el también columnista Alfonso Ussía dando con una clave importante: la lencería femenina, sobre todo la cara, es antimorbo, y en efecto, ¡donde estén las braguitas baratas con fresas estampadas de supermercado!). Lo han pillado a Sostres, digo, diciendo que lo admirable de verdad es el panecillo de las mujeres jóvenes, las cuales están en perfecta edad legal de tener esas cosas, en curiosa consonancia con la mayoría de edad civil que tiene Sostres para advertir la insoslayable realidad del asunto. Incluso me pareció entender, en el "audio", que el articulista traía una imagen deslumbrante para esmaltar su decidido partido a favor de un rasurado cuidadoso, la de ciertos pastelillos catalanes de crema cuyo nombre no recuerdo (eso que los anglosajones, en cambio, emparentan con el queso, "cheesecake"). Lo quieren, por tanto, desterrar del país, como corresponde. Uno celebra que haya alguien que todavía esté a cinco minutos de que lo echen de todos sitios. Yo de pequeñito, aunque ustedes no se lo crean, era Sostres, pero a mí ya se me cumplieron los cinco minutos casi en el milenio pasado. Ahora me dedico a escribir pensando sólo en durar, ni siquiera en cobrar.

Está visto que ni en las conversaciones privadas se puede ahora hablar de nada interesante, o memorable. Si me sacaran el "audio" de lo que he dicho en "off" en esta vida ya estaría detrás de una mampara en el Tribunal Internacional de La Haya. Si se restringiera la búsqueda a lo que he dicho en "off" durante las pausas en tertulias de televisión como poco Garzón habría pedido extraditarme y habría una órden de búsqueda contra mi bragueta. Por lo visto, los nuevos trípticos publicados por lo que Jiménez Losantos llama el Ministerio de Sanidad, Igualdad y Brujería aconsejan a los aún heterosexuales desear sólo a esas elegantes damas que compran "picardías" en las tiendas de fajas color carne y que, como en la última película estrenada de Woody Allen ("Conocerás al hombre de tus sueños"), quieren ligar durante una cena con velitas con la conversación de que, por la osteoporosis, se les rompió la cadera y entonces se cayeron, que introduce un matiz diferente, y se supone que más sugerente, a caer primero y romperse la cadera después.

Escribía Pla que el cuerpo humano es monstruoso salvo cuando es muy joven. Otro al que habría que sacar a bailar treinta años después de su muerte, como hicieron con la momia de Gaudí aquellos inquietantes tipos de los que son herederos éstos sacerdotisos de ahora. Un escritor tiene derecho a fijarse en estas cosas, las únicas que nos convidan a pasar como podamos y olvidarnos en algunos pocos instantes de exultación o teoría de lo que realmente es la vida, porque si no la pasaríamos dilucidando la única cuestión correcta que aceptan los guardianes del pensamiento, que ya venía enunciada en su totalidad en aquel "spot" de higiene íntima femenina: dictaminar sobre a qué huelen las nubes para así imaginarse el aroma de un tampón o de una compresa en mujeres concienciadas. "Toda menor es siempre demasiado mayor", me tiene dicho un amigo, admirado poeta nonanovísimo. Nunca tuve edad para saberlo: nací ya con treinta años encima, justamente cuando dejé de ser virgen, dos años después que Dalí, quien, onanista convencido, ya lo consideraba un record. Por haberme ya cogido todo a trasmano, a las menores yo las prefiero mayores, sin llegar desde luego a la carroña. Pero desde luego ésta empieza demasiado pronto, como constatan los observadores chinos, quienes sostienen que el marido primero debe estar con la que podría ser su esposa, luego con la que podría ser su hija y después con la que podría ser su nieta. Hombre, va a resultar que no toda la sabiduría oriental consiste en contemplar las carpas del estanque durante una floración de los almendros. Ni el comentarista de Telemadrid ni una inmensa mayoría de hombres, a pesar de que los veo muy callados, tienen la culpa de no ponerse excesivamente burros con la conversación íntima sobre las osteoporosis de cadera, y sus apasionantes matices.

Los y las del discurso de valores hoy dominante tienen que saber que vamos a por ellos y a por ellas. No aceptamos olor de nubes/tampón como erotismo homologado y con timbre oficial del Ministerio de la Brujería. Visto como está el asunto de los juzgados de género en España, ya se atreven pocos siquiera a conversar consigo mismos bajo la ducha y a poner incautos "post-it" en el frigorífico, pero esta acogotadora y agotadora estupidez contemporánea –gracias, me creo, a algunos adelantados como Sostres–, quedará pronto sólo como una enfermedad maloliente en la historia del pensamiento. Porque las y los enfermos son ellas y ellos, que no les quepa la menor duda.

Los caballeros no llevan mallas

15 de Noviembre de 2010 - 20:37:31 - José Antonio Martínez-Abarca - 6 comentarios

    Un caballero jamás se pone unas mallas. Excepto que se esté comiendo un chuletón con clembuterol que alcance un positivo en el antidoping, y casi que tampoco. España está en manos de un señor que, cuando corre por Seúl con motivo de la cumbre del G-20, lleva una de esas mallas irisadas de cuello largo adquiridas cuando se subastaron entre mitómanos de lo más lóbrego de los años setenta los implementos de aquel "Ballet Zoom" de Lazarov. Con esas mallas se puede hacer lo que decía el homófobo personaje de Jack Nicholson en "Mejor... imposible", que nombren como presidente de los Estados Unidos a un amigo tuyo que "entienda" y que te llame para ir un fin de semana "a hacer locuras a Camp David". Se conoce que lo que hubiese sido censurado por demasiado explícito en un varón en aquellos célebres vídeos de la maoista Jane Fonda para marujas, por aprovechar éstas para hacer "aerobic" en casa durante el horario infantil, está permitido para las autoridades políticas de la economía mundial y para sus gorrones con derecho a silla. Convidan a constatar exactamente en qué situación nos encontramos los españoles esas fotos del "jogging" del conservador británico Cameron, perfectamente ataviado de etiqueta deportiva, y a su espalda alguien que parece llegar muy apurado a la grabación del "super superman" del antaño conocido por Miguelito ("super superman/ ¿cómo te sientes entre los hombres jóvenes? /superbailón, supermovido, supertocado, superamado"). Es una lástima que Zapatero, que no sabe de qué hablo cuando hablo de correr y tampoco sabe de qué hablo cuando hablo de gobernar, parezca haciendo deporte un buitre de cuello pelado una vez que ha sido picoteado por sus congéneres para expulsarlo de la bandada, porque en las fotos coreanas, con su improbable talante deportivo, llevaba el uniforme reglamentario para abrirse de compás y tratar de golpear con el empeine el vuelo de un levísimo plumón de cisne.

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     A mí el cine de Luis García Berlanga, a quien nadie se ha atrevido a llamarlo "viejo verde" como a Dragó sino "gran erotómano", siempre me pareció el del muy sacralizado Robert Altman (mucho antes de que se supiera nada de Robert Atlman), pero en bueno. En inolvidable. De todo Altman, con todos mis respetos para esos progretas que para razonar sus críticas de cine sacan el mantra de su condición de "francotirador de la Industria", como hacían con el suizo Alain Tanner -el director de la estrictamente ridícula "El diario de Lady M."-, sólo se me ha quedado en la sesera el corte de pelo púbico de la pelirroja Julianne Moore en "Vidas Cruzadas", que hay que reconocer que era más atesorable, para lo que también vamos para fetichistas, que los del marqués de leguineche en "La escopeta nacional". Si Berlanga hubiese hecho algo en Hollywood, Altman, como "francotirador de la industria", como autor de los "grandes frescos contemporáneos" de una cosa o de la otra, a lo mejor con suerte le hubiese lustrado a aquél los zapatos. Las obras de Berlanga eran esos personajes que hablaban todos a la vez, andaban empujándose a la vez, se daban la vez y se agolpaban en cada esquina de la pantalla, cada loco con su tema. A eso lo llamaron "películas corales". Hay que ver muchas veces las películas de Berlanga para descubrir nuevas películas no advertidas en alguno que pasaba por el encuadre, o a lo mejor ni siquiera llegó a pasar. Películas que nunca terminan de decir todo lo que tenían que decir, dijo un italiano sobre las obras maestras.

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     Me horrorizan esos paisajes con energía eólica que parecen un palillero, y a los que sólo le falta el cartelón enorme -"Obra financiada por el Gobierno de España"- en un altozano, en lugar del toro de Osborne, que diga: "Mondadientes torneados redondos finos". No puedo entender que a ningún ecologista le gusten excepto por motivos soviéticos, es decir, los motivos más antiecológicos que jamás se han inventado. Y pensar que todo ese espanto aerodinámico que en algunos sitios de España llega hasta donde alcanza la vista (por ejemplo, el socialismo de los elementos se ha cargado uno de los escasísimos paisajes manchegos que no me producían opresión, el del cielo muy alto y esférico, que con los pinchitos de viento se ha convertido en una cosa sin interés, baja y escayolada como el techo de un piso desarrollista) alcanza apenas para encender la batería de un motocarro. Y dice ahora Zapatero que va a crear un millón de empleos "verdes". Conocía yo hace años a un empresario pionero de las energías con certificado de pureza progre, concretamente de la domesticación del gas metano producido por el aparato excretor de la cabaña ganadera. En su vida se había dedicado a pegar "pelotazos" con ese clásico chalaneo lindante con el Código Penal (a veces paredaño del otro lado del Código), hasta que vio que la pasta de verdad -de qué hablamos cuando hablamos de dinero- está en hacer un llamado a los buenos sentimientos. Como no sé negarme, le escribí, para que lo firmase un pez gordo del emergente sector, un artículo para el "ABC" poniendo el grito en el Cielo laico porque el Gobierno de Aznar iba a retirar las subvenciones a la peste, subvenciones que por supuesto lo eran todo. ¿Quién con un corazoncito ecológico le va a retirar la pasta a la manipulación del hedor con fines planetarios? Nada. El Gobierno de Aznar siguió tupiendo los paraísos fiscales de mi empresario ecogenerador. Ahora Zapatero va a poner a un millón de tíos a hacer lo mismo: a llevárselo. En España no va a caber tanto asaltante, ni en las islas Caimán tampoco. 

Houellebecq y el entusiasmo por la derrota

10 de Noviembre de 2010 - 19:32:50 - José Antonio Martínez-Abarca - 7 comentarios

     El único novelista actual que me interesa, y casi el único también desde el siglo XIX (sólo me empiezan a intrigar cuando no les queda ya carne en la calavera, porque lo de la letra impresa como "lo que nos tienen que decir los muertos a los vivos" lo cumplo en su literalidad), es el muy reconcentrado Michel Houellebecq, a pesar de que en la sola ocasión en que he estado a menos de quince centímetros de él durante un buen rato no despegó la vista del suelo y del cigarrillo que se interponía entre él y el suelo. Mejor dicho, entre la apariencia de él y el suelo. Quizás pudo haber dicho en aquel momento como el título de esa reciente película documental sobre Bob Dylan: "Yo no estaba allí". Rarito, el tipo.

     Lo he intentado, el interés literario por la narración contemporánea, digo, con un recomendado también francés de Houellebecq, con Emmanuel Carrere y su libro "una novela rusa", que se me cayó de las manos a pesar de la impresión que me produjo otro tomo suyo, "El adversario". Este verano hice una escapada a la reserva natural del Cabo de Gata, Almería, donde el novelista favorito dicen que vive habitualmente. No lo pude avistar en aquellas playas negras, pero sí a cambio a otros residentes franceses que, tan ensimismados en apariencia como él, dejaban caer, mientras se sentaban balanceados sobre los talones a la usanza vietnamita, unas bolsas testiculares de pulposo color violáceo sobre aquellos cantos rodados hirvientes de Almería, sin aparentemente enterarse ni lo más mínimo. Casi podía oler la inadvertida barbacoa. Le han dado esta semana el premio Goncourt, a Houellebecq. No sabría dictaminar si escribe bien o mal, irritante para la bienpensancia o no (si alguien se irrita leyendo a Houellebeq, es que la lectura de cualquier cosa fuera de Suso de Toro le está haciendo mucho daño y debería dejarlo, antes de que corra el riesgo de enterarse de alguna cosa). He leído todas sus obras varias veces para constatar que si mi visión del mundo es enferma al menos ya hay dos afectados en el mundo -igual que el amor es verse en el otro-, lo leo para que se me anticipe, como oráculo. Para que ese fragilísimo ser me conforte en su pesimismo radical aunque hambriento de vida, porque el histerismo optimista aplicado hoy militarmente en esta sociedad ha llegado a un límite tal que el fatalismo es lo único que no me parece tan siniestro. Sus obras son algo así como el entusiasmo indecible que sólo puede nacer de la anticipada derrota.

     Las respuestas a todo están en el suelo, o eso me pareció que pretendía indicar fijamente aquel día en que coincidimos sobre la misma baldosa.

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     La otra noche, contra mi costumbre y contra mi verdadera naturaleza, salí a uno de esos aburridísimos bares españoles "de copas". Siempre que no sé qué pedir, pido un tequila nuevo, ése que tiene el brillo y la consistencia de un frío duro de plata de aquellos que, dejados los suficientes años en una cajita de terciopelo, dejaban polvillo como estelar en los dedos. Me trataron de meter laca de uñas, en el bar, como si ya viviésemos en ese tiempo nuevo que anuncian Aído o Pajín. Pero pillo enseguida la garrafa. Era un sitio muy puesto. Son los tiempos, en que todo tiene la misma apariencia que cuando en España éramos ricos pero hecho con material para pobres. Todo ha sufrido un recorte. La realidad palpable es mucho más barata que antes, aunque los precios sigan por supuesto inflacionarios. Sitios que eran de confianza lo primero que han recortado es la confianza. Uno va ahora a un restaurante donde antes de la crisis comía medio bien y se encuentra con que, como decía Paco Rabal en un inolvidable personaje televisivo, "el jamón de York es papa y ballena". Pocos hosteleros, o lo que sean esos que sirven al público, pueden pagar a los proveedores de productos y materias primas de antes, que tampoco es que fueran digamos que digamos, y en cambio hay otros señores inquietantes que, en esta época de postración, comercian con lo que sea para que los locales de atención al público salgan de la crisis como puedan y nosotros hagamos como que vamos a un mundo cada vez mejor, como mandan los ingenieros sociales.

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     El secretario general de los socialistas murcianos, Pedro Saura, ha sido premiado ahora con la dirección general del "Sepes", organismo del Ministerio de Fomento que no pasa por problemas de contratación. Ha sido, indudablemente, por su fidelidad a una falta de proyecto (el mismo que no tiene Rodríguez Zapatero, fuera de la agenda radical) y su larga dedicación a la inexistencia en Murcia, todos estos años. No sé si será, incluso, el premio fin de carrera. Saura tiene fama en Murcia de ser un señor algo discursivo y pesado en las distancias cortas, pero en las largas mi opinión es divergente. Ha resultado ligerísimo, como si no estuviera. Se nos ha pasado el tiempo como si nada, con Saura presentándose una y otra vez como candidato socialista a la Comunidad sin que tuviésemos ninguna noticia de ello. Su labor, de haberla, ha sido aérea como el interior de una ensaimada sin cabello de ángel. Espero que deje también esa ausencia de huella en la Administración Central, para que cuando los antizapateristas tomen el poder en el partido, tras el desastre, no sean capaces de notar que ha estado.

      Hay que desearle lo mejor: que cuando alguien toque a la puerta de su despacho, haga como aquel buen director general de la sanidad murciana, Andrés Martínez Cachá, al que un secretario general del ramo halló escondido bajo su mesa. No sea que la intención de los que vengan a deszapaterizar el socialismo sea echarlo.  

Sobre el tamaño de la personalidad de los territorios meridionales

5 de Noviembre de 2010 - 20:36:45 - Pablo Molina - 14 comentarios

Se especula ultimamente con la región designada por Arturo Mas cuando, comentando la visita de Ratzinger-Z a Cataluñas, mencionó la existencia de zonas meridionales con muy poca personalidad a diferencia de Cataluña, que tiene mucho carácter y un baile tan arriesgado y complejo en su ejecución como la sardana.

No creo que el gerente de la compañía gestora del 3 por ciento del principado se refiriera a Murcia, pues gracias a los murcianos que subieron al noreste a civilizar a los antecesores de los nacionalistas actuales han aprendido, por ejemplo, a comer pan con tomate, hallazgo gastronómico de tan enredada elaboración que hubo que subir personalmente a darles unas clases en vivo.

En todo caso, estuviera o no pensando en Murcia cuando dedicó esa frase displicente al hecho meridional, es bueno que Mas sepa que, para preservar la personalidad del oasis del 3% (ya el 30, a causa de la crisis) muchos murcianos queremos independizarnos de la nación catalana y su idiosincrasia.

Con una deuda de más de 25.000 millones de euros y una clase política borderline y trincona como la que padecen, restados los recursos que Cataluña roba al resto de las autonomías, es sólo cuestión de meses que se declare por allí el estado de miseria generalizado.

Pero no deben preocuparse. Cuando bajen los votantes de Mas y los gilipollas que le ríen las gracias a limpiar casas a Murcia y a cuidar de nuestros ancianos, les trataremos con el respeto que ellos jamás han demostrado hacia el resto de sus compatriotas. Si se portan bien hasta les dejaremos bailar la sardana. En su tarde libre, claro.

Más sobre lo de Fernando Sánchez Dragó

3 de Noviembre de 2010 - 19:06:42 - José Antonio Martínez-Abarca - 10 comentarios

     Como saben los que más o menos siguen esta sección, nunca he mantenido ningún diálogo con los internautas que dejan aquí sus comentarios. No porque me parezca rebajarme, sino al contrario, porque me parecería auparme a mí mismo, tomarme en serio y arrogarme de una especie de "autoridad de página" de la que por supuesto carezco. Sólo una vez me sentí obligado a intervenir y no fue para promover el diálogo, sino precisamente para acabar con él: cuando un internauta, al que desde entonces no tengo el gusto de ver por aquí al menos con su "nick" original ("me voy de vacaciones", dejó caer enigmáticamente), se suscribió a la conocida tesis de que los ataques del 11-s fueron un autoatentado por parte de los servicios secretos estadounidenses. Me sentí obligado, contra mi temperamento, que no sirve para ordenar nada a nadie, a llamar al orden y a convidar al traslado de ese tipo de frases "trolls" a otros boscosos foros donde sin duda son bienvenidas. Porque ya lo próximo era escribir que, como todo lo malo que ocurre incluido la desaparición del cine en blanco y negro en "prime time", el 11-s había sido cosa de los judíos. Que también es otra de las tesis a las que se abonan los que comprueban que con lo del autoatentado de los servicios secretos la gente no vomita lo suficiente. No pude dejarlo pasar por alto. Pero fue sólo una vez. Ahora es la segunda.

     Por fortuna, no es para terminar con ninguna conversación, sino para precisar algunas cuestiones sobre la irreprimible y en mi opinión irrepetible figura de Fernando Sánchez Dragó, a la que dedicaba mi "post" anterior y con la que algunos internautas llevados de "la llamarada" (que llamaba Pla a los movimientos de la masa) se equivocan de medio a medio. Por causa de algunas batallitas literaturizadas y por gustar realmente de las mujeres -algo que no está ni mucho menos tan extendido entre los hombres, hoy en día- la convención social es llamarlo "viejo verde". Por lo que lo he conocido, diría que Dragó no podría ser nunca un viejo. Escribió Manuel Vicent que te has hecho mayor cuando te sorprendes diciendo más de tres veces al día "qué barbaridad". Dragó, aunque gracias a los fríos mineralizantes de Soria alcance el siglo, nunca diría más de tres veces al día "qué barbaridad". Es el joven más arrugado que me he echado a la cara y el veinteañero que mejor lleva las camisetas con ideogramas orientales a sus infartados setenta y tantos.

     Dragó, y por eso tampoco podría ser un viejo, no tiene que prevalerse de su posición, ni de su astucia, ni de su dinero (de haberlo) para ligarse a nadie, porque simplemente con su desarmante espontaneidad, su en todo momento apasionante conversación y su expansiva humanidad, su gigante calidez curtida de baobab, aún hoy podría conseguir porque sí la buena voluntad de cualquiera. Y por buena voluntad pueden entender lo que quieran. En la distancia corta, Dragó nunca está pagado de nada. No resulta intelectual en el peor sentido. No es un cultureta. Es un aventurero auténtico, de los que ya no se hacen, y sólo le ha faltado nacer en Tasmania como es obligatorio después de Errol Flynn. Dragó es llano en su superficie como Holanda y profundo, en cuanto se rasca un poco, como la fosa de las Marianas. Recuerdo un inolvidable programa de "radio Intereconomía" que me regaló con la apariencia de dedicárselo yo a él, como entrevistador. Nos movimos todo el rato entre la inmaterialidad, hablando de la posible pervivencia de un alma en aquellos individuos que, por haberla cultivado en vida, se la pudieran permitir, y del amor ultratumbático (del amor ultratumbático, no de las púberes japonesas que cuentan con trece floraciones de los almendros ni de comer sushi sobre el cuerpo de dieciochoañeras desnudas). Hacer un monográfico de algo tan vagaroso y que el estudio de grabación no le devolviera el eco, como ocurre con todos los insoportables infatuados de la cosa del arte a los que me he tenido que enfrentar para mi eterno aburrimiento (o "aburrición", que se dice en Murcia), sitúa a Dragó, con todos mis respetos para los internautas, fuera y lejos de cualquier corral de vuelo bajo donde se le dislacere por inmoral y por "salido". Lejísimos.  M  Mm M

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