Crónicas Murcianas

Abril 2010


La extinción volcánica de los dinosaurios y del Barça

29 de Abril de 2010 - 17:44:35 - José Antonio Martínez-Abarca - 5 comentarios

Lo mejor sobre lo del volcán de Islandia se lo he leído tal que ayer a Pep Guardiola, el entrenador del "Club de Fútbol de Barcelona" (como lo llamaba Josep Pla, me supongo que no inocentemente, como nada de lo suyo). "Nos ha derrotado el volcán". Se refiere a que su equipo tuvo que hacer el trayecto de ida hacia Milán en autobús, a donde llegó algo fatigado y le metieron tres a uno, porque el espacio aéreo estaba clausurado por las cenizas del Eyjafjaya (como lo nombra en cristiano "El País", aunque lo le visto con denominación variopinta y dispar en otros sitios: vaya usted a saber cómo se llama, si total nadie va a protestar). ¡El volcán islandés, responsable, también, de atentar contra la construcción nacional catalana!

Sabíamos que la tecnología (por ejemplo, la aérea) no podía conseguirnos la solución a ni uno solo de esos grandes asuntos espirituales a los que, sin pretenderlo, como decía Pascal, aspira incluso el hombre menos espiritual ("sin quererlo, se eleva"). No podía conseguirnos la felicidad, la armonía con el universo, el ansia de perdurar, la paz de alma, o esa su prima pobre que, no obstante, por conseguirla a ciertas bajuras de la vida haríamos que la Yakuza japonesa nos cortara los meñiques de las dos manos: la tranquilidad. Por mucho que algunos articulistas modernos de ahora, que deben creerse que no se van a morir nunca, dediquen capítulos de la "Leyenda Dorada" a la empresa Apple ¡y en periódicos generalistas! cada vez que ésta saca al mercado otro cacharrito pijísimo de la muerte. Pero es que comprobamos con lo del solitario volcán eruptando o eructando en Islandia que la tecnología tampoco nos procura (ya) la solución a las cuestiones sin importancia de la humanidad. No nos arregla ni la domesticidad, que habíamos puesto demasiado confiadamente en sus manos. No ya la construcción nacional de Cataluña: ni siquiera solucionamos el ponernos en Milán en dos horas y descansados.

Un único volcán en actividad dentro de un planeta que ya nació volcánico (¡alguien debió tenerlo previsto!) basta para incomunicar físicamente continentes enteros en plena fanfarriosa y fanfarrona era de, ¿cómo era?, ah, sí, la comunicación global. Y nos quejamos de que los dinosaurios, tan delicados, tan poco adaptados a las contingencias -decimos en nuestra soberbia-, no vivieran tranquilos cuando en cada esquina de la Tierra había un volcán escupiendo. Nos creíamos el animal más evolucionado, no por el cerebro, sino por la adaptación darwiniana al medio. Un solo volcán medianejo situado en ese culo del mundo que ya Verne situó anticipadamente en su viaje al centro de la Tierra (el volcán desde donde se bajaba al centro, pero no al que se volvía) ya hemos visto donde nos deja todo eso. En que le ha apagado las antorchas iniciáticas a Joan Laporta.

     Post scriptum: Durante toda la redacción del artículo he venido rumiando, tras recordarme cómo llamaba Plà al Barça, lo que también escribía el mismo autor después de ver un partido en la cumbre entre el equipo de la ciudad condal y "el Madrid". Las líneas son deliciosas, considerando todo lo que ha pasado: "Puskas. Inmensa eficacia. Jugando con Di Stéfano, eficacia total. La pareja Kocsis-Suárez resultó la pura inanidad. Kocsis es un jugador clásico, a la manera estrictamente inglesa, un jugador asociado. Suárez es un jugador español de un sentido individualista-vedetista, que va a la suya, que hace filigranas personales, de un resultado totalmente nulo o inapreciable. El Madrid naturalmente ganó. Y el partido fue pesado pero relativamente correcto -me refiero ahora al público, que a pesar del desastre resistió la contrariedad-. Es difícil discutir las cosas que están demasiado claras."

La facilonería política en la última película de Polanski

27 de Abril de 2010 - 20:25:01 - José Antonio Martínez-Abarca - 3 comentarios

Habiéndoseme pasado las dos horas que dura en un agradablemente crispado susto, no pude dejar de reparar, el otro día, sl salir del cine, en la tosquedad y delicuescencia de la exposición política de la última película de Roman Polanski. Lo cual demuestra que es posible vender cualquier alfombra por apolillada que esté si el vendedor es un auténtico artista, un Ramonet por ejemplo (y no me refiero precisamente a ese señor comunista de "Le Monde Diplomatique", sino a un buhonero que iba por mi pueblo). La crítica de cine, en su abrumadora mayoría, ha visto ironía y disolvencia sobre el Poder, naturalmente el no legitimado por el progresismo, donde yo sólo he visto precisamente todas las debilidades del filme, el cual a pesar de todo se sobrepone a ellas porque ya se demuestra de nuevo que lo que se cuenta es lo de menos con tal de que se sepa contar. 

Respecto a esta última película de Polanski (algunos creen que última en sentido terminal), todos se han recordado de su "Frenético", aquella trama de suspense bajo, tanto como sobre, los tejados de París, pero pocos, o nadie, de "La muerte y la doncella", producción casi artesanal que pasó casi desapercibida por las salas, con la que tiene mucho más parentesco. Pocos personajes, una casa solitaria (como en "la huella" de Mankiewitz o "La ratonera", la obra teatralizante de Ira Levin) y sofocante en el confín ventoso de algún sitio, un olvidadero donde los personajes juegan al escondite con algún capítulo del breviario político "progre". El pasado torturador de hombres respetables del Chile pinochetista en "La muerte y la doncella", los crímenes de guerra y los intereses armamentísticos en la guerra de Irak en "El escritor".

Sólo que la tesis de fondo de "el escritor" es bastante más grosera que el de "la muerte y la doncella". En "La muerte...", sobre la capacidad polanskiana de crear ambientes amenazadores y sacarle todo el equívoco a los rostros de sus actores (¡el siempre ofidio Ben Kingsley!), el argumento político quedaba estilizado, lo suficientemente abstracto. Todo el mundo entendió que se refería al Chile de Pinochet, aunque desde luego aquello no parecía un telediario buenrollista de "la sexta", de ideología masticable, que es en lo que cae "El escritor" en sus mayores excesos, de modo que por momentos llega a parecer uno de esos documentales amañados de Michael Moore. Sin toda esa papilla pancartera también nos habríamos arreglado. Entiéndaseme, es una de las mejores películas del año, aunque fuera de un eminente Ewan McGregor como "el negro", el "escritor fantasmal" al que le encargan rehacer las memorias de un político británico que se
acaba de retirar, los demás personajes principales quedan a medio hacer (curiosamente, incluido el personaje del político, con el cual Pierce Brosnan hace lo que puede, con el guión que le dan). La película es absorbente, con esa capacidad del autor de "el quimérico inquilino" para hacer que determinados lugares parezcan tener vida propia y un trabajo hipnótico, sobre todo, de cuantos
actores secundarios componen el reparto, a veces, asomándose apenas, más convincentes que algunos principales (ese ominoso Tom Wilkinson, especialista por demás en papelitos ominosos, como Paul Emmett, ejemplo). Pero Polanski podría haber estado más reservón en el uso del mantra "progre", tan querido en los mass media occidentales, de que un primer ministro británico reciente contemporáneo de Aznar no era más que una marioneta vagamente bienintencionada en manos de la CIA.

     Deben ser los luengos años que Polanski lleva huido de los EE.UU (y quizás los que le gustaría seguir huido de allí) los que le hacen no entender, o simularlo, que para el caso es lo mismo, que en el eje político USA-Gran Bretaña hay otras consideraciones no solo políticas sino culturales muy profundas, incluida la convicción de civilización superior, que reducen a la simplonería más comiquera una "pieza de resistencia" así (por momentos, Polanski parece convencido que la política exterior británica debiera ser la francesa). Pero, a decir verdad, también era algo simplón el argumento de la apasionante "Topaz", de Hitchcock, por el lado contrario -su trama de suspense dentro de la dictadura cubana era deliciosa, pero no precisamente por lo que tenía de denuncia política-, y seguimos diciendo que se trataba de una obra maestra "no oficial" del genio del suspense. Esta no llega a tanto, pero... "nice try". Bonito intento, de lo mejor. A Polanski, ¿Le
dejarán hacer algo más?




Surge un "brote verde" contra los intentos herbicidas del Gobierno

24 de Abril de 2010 - 19:43:29 - José Antonio Martínez-Abarca - 5 comentarios

Ya saben la anécdota que contaban nuestros escritores del "erial" (los que se quedaron bajo el Franquismo, que según la propaganda progre fue culturalmente una especie de campo de nabos agostado) de que una vez se intentó hacer un periódico que contuviera únicamente buenas noticias, y al poco tiempo quebró. Nunca supe si aquello sucedió porque las buenas noticias no son noticias de verdad y no venden (contra lo que asegura el dicho anglosajón "no news, good news", aquí cuando se dice eso de "¿es que no te has enterado de la noticia?" siempre se refiere a algo de malo a pésimo), o bien porque, en efecto, nunca hay suficientes buenas noticias como para rellenar un fajo de papel diariamente, y ni siquiera periódicamente. Pues entre tantas malas noticias españolas que son simplemente noticias sin más, no hace ni dos días que en Murcia se ha producido una buena, por lo que tiene de indicio, siquiera resulte brumoso, de que en este país hay incluso quien no se resigna: con la que sigue cayendo, una empresa "del ladrillo", Polaris World, ha conseguido refinanciarse con ochenta millones de euros de los bancos y cajas, nada menos que de cuatro.
 
Que un solo banco o caja española (alguna de ellas en una situación financiera no demasiado alejada del muslo de pollo de Carpanta) te dé dinero hoy entra dentro del ámbito de actuación de las apariciones marianas. Que te lo den cuatro bancos o cajas, y sobre algo que si hacemos caso a los cirujanos -o más bien anestesistas- de la "Nueva Economía Sostenible" no vale nada en el mercado porque lo único que había aquí es una burbuja especuladora, es el equivalente a que Santiago Carrillo se arrepienta de sus muchas travesuras y muera en el seno de la Iglesia. Y no obstante, si una empresa perteneciente a eso que el servicio de paquetería de medidas contra la crisis del Gobierno viene llamando "economía tóxica del pasado" (la promotora turística Polaris World, cuya estructura productiva será el que vuelva a enterrar, a nada que se reactive normalmente el mercado extranjero, las ocurrencias del Gobierno sobre el cambio de estructura productiva) recibe ochenta millones de cuatro bancos con la que sigue cayendo aquí, no es porque este modelo de desarrollo se hubiese acabado en España. Será más bien porque el modelo era el correcto pero el momento incorrecto, y la que casi se está acabando es España. Aunque todavía no lo suficiente acabada para lo que les gustaría a los que dividen el país entre unos pocos buenos y una masa de falangistas (¡como si aún hubiese falangistas!: en su día se metieron todos, coherentemente y sin grandes anfractuosidades ideológicas, a tener carné en el socialismo).
 
No, señores. El modelo de desarrollo del país, a juzgar por esa confianza de los bancos dando un dinero que no tienen, sigue siendo el que era y por lógica será. A falta de que vuelva a haber país. No creo en absoluto en el supuesto fin del modelo turístico español, que sentencian los que quieren sustituirlo por una especie de escapismo subvencionado: la propia realidad será la que termine con el escapismo subvencionado y restablezca lo que ha venido siendo y seguirá siendo el motor de la economía española. La que vuelva a poner al hispánico sol (con sus moscas) donde siempre ha estado y debajo una segunda residencia española para que los europeos del norte se refugien de él.

Menos mal que no se aprobó la redacción del Estatuto del PP

22 de Abril de 2010 - 13:41:26 - José Antonio Martínez-Abarca - 5 comentarios

Se habla de que el PP por fin ha retomado una postura común en el asunto del agua. En cualquier caso, esa celebrada postura común del PP, alcanzada ayer, es fruto de una confusión gramatical. El texto último del preámbulo del Estatuto castellanomanchego propuesto por el grupo popular, que no fue aceptado por el PSOE, hablaba de que la Comunidad de Castilla-La Mancha "estimaba" sus "necesidades" hídricas en 4.000 hectómetros cúbicos. Esto, supuestamente, desactivaba mediante sutilezas del lenguaje la bomba de esa "reserva hídrica" de los mismos 4.000 hectómetros cúbicos que quería el presidente manchego Barreda, para eliminar el trasvase del Tajo. Pero en realidad, y si se hubiese aprobado el documento del PP, estaríamos prácticamente en las mismas, o en muy parecidas. 
 
En el mejor de los casos, fijar en el preámbulo de un Estatuto las "necesidades" o "reservas" de una Comunidad Autónoma es algo ocioso e inútil, como si hubiesen puesto papel y timbre oficial a ese deseo de los argentinos de "no te murás nunca". En el peor, y siempre hay que ponerse en lo peor porque nunca será bastante malo para lo que en realidad pasará, esas "necesidades" de 4.000 hectómetros cúbicos de agua hubiesen dado lugar a parecidos problemas interterritoriales que los causados por la famosa "reserva". Vamos a decirlo en otras palabras: si, según los socialistas, la "reserva" que pretendían que figurara en el preámbulo no tenía fuerza normativa, ya que no la habían puesto en el articulado, entonces la "necesidad estimada"  tampoco tenía ninguna fuerza normativa. En apariencia. Porque las dos cosas hubiesen tenido, a falta de normativa, total fuerza política, repito, total fuerza política, viniesen en el articulado, en el preámbulo o en un codicilo aparte. Y ya sabemos lo que significa eso en una España que desprecia las grandes leyes y donde la política que más se aprecia es la de los hechos consumados.
 
En realidad fijar las "necesidades" hídricas o bien la "reserva" equivalen casi a lo mismo. La única diferencia, sustancial pero lejos de resultar tranquilizadora, es que si se llega a aprobar como quería el PSOE la "reserva", la propia Comunidad Autónoma de Castilla-La Mancha podría haber actuado en el acto, de parte, sin contar con el Estado, eliminando cualquier trasvase desde el Tajo al Levante, que ya vendría luego el Tribunal Constitucional a los veinte años de deliberación a dilucidar el cómo me la maravillaría yo del preámbulo de la "metida". Y si, en cambio, se hubiese aprobado como quería el PP lo de "las necesidades", entonces al día siguiente tendríamos a Barreda enarbolando el nuevo Estatuto ante el Congreso, para que el Gobierno prohibiera el descuidar ni una sola gota de esas "necesidades" fijadas en Ley. Está claro que el lío en que se metió el PP de Castilla-La Mancha apuntándose a la fundacional doctrina hídrica de Zapatero ("no creo en los trasvases") no se podían arreglar simplemente con cambiar la gramática ni la sintaxis en el último minuto. Se trataba, obviamente, de darle un agarradero a María Dolores de Cospedal para no quedar ante sus parroquianos como el "capitán araña", que primero los embarca y luego los engaña.

El presidente murciano Ramón Luis Valcárcel supo estar exactamente en su sitio: blandiendo los preceptos de la Constitución, el mandato preciso de su Región y los principios fundacionales de su partido en una mano y el interés común del Estado en la otra. Fue, de largo, el que más cedió, en procura de conseguir el documento de la que festejan como "recuperada postura común del PP en torno al agua". Y lo hizo sabiendo que lo más que se hacía cambiando el término "reserva" por el de  "necesidades" es dilatar los efectos de un proceso legal que en todo caso, seamos sinceros, resulta inquietante. Se salvaba a última hora a la Cospedal del sumidero en el que se metió, y luego ya veríamos. Que de momento no vamos a ver, si se retira el Estatuto. Valcárcel sabe que el triunfo que le supone la probable retirada del Estatuto manchego es magro y que esto del Tajo acaba de empezar. Porque los efectos del mal inoculado por Zapatero son aún incalculables.

Mariano hasta el último segundo no hablará claro, así lo maten

19 de Abril de 2010 - 18:06:26 - José Antonio Martínez-Abarca - 2 comentarios

Cuando escribo, faltan menos de dos horas para que empiece en la capital de la Región, presidida ésta vez por el presidente Valcárcel, la tropocentésima "manifa" a favor del Trasvase del Tajo y en contra de cualquier cosa que se lo amenace, incluyendo la meteorología. Mi postura sobre estas "manifas" ya la he dejado clara en otros muchas entradas al "blog", y es para los parroquianos que nos visitan suficientemente conocida. La única protesta callejera que hubiese tenido la repercusión buscada es precisamente la que nunca se ha hecho, tupiendo el "manifestódromo" de Madrid y llegando a las puertas del Ministerio del ramo. Las demás concentraciones, para lo único que sirven es para comprobar que de una vez para otra los murcianos (y habitantes y dirigentes de comunidades paredañas) no hemos cambiado de opinión sobre los trasvases. Que estamos los mismos de una "manifa" para otra, Camps arriba o Camps abajo. Una vez que nos hemos saludado todos y nos hemos visto las caras, ya nos vamos tranquilitos para casa pensando que hemos hecho la buena obra del día, y en Madrid sin enterarse. Pues esta tarde, otra "manifa". La "refinitiva", parece. La previa al encuentro de la comisión del Congreso de los Diputados, el miércoles, que tiene que decidir si el Estatuto de Castilla-La Mancha pasa al pleno de la cámara o bien se devuelve al remitente con un lacito.

Hasta que no lo vea no lo creeré, pero, como avanzaba en el "post" anterior, los diputados murcianos del PP son optimistas y ven el Estatuto de vuelta al palacio de la Fuensálida en Castilla-La Mancha. El grupo de Convergencia i Unió, a través de llamada telefónica (!) al único alcalde que ha hecho que su pueblo, que no está situado en territorio catalán, votara extravagante y masivamente (!!) por el partido de Pujol y Mas en las elecciones en que esta formación presenta papeletas en todo el Estado (la localidad de la Murcia profunda Ojós, del que la wikipedia/Viquipèdia no en vano escrita en catalán vernáculo dice así: "antigament coneguda com Oxox i Oxós es una vila de la vall de Ricote, a la Regió de Múrcia, amb (...) 641 habitants, cosa que el converteix en el municipi menys poblat de la comunitat murciana), ha sugerido que el miércoles se abstendrá, a lo mejor para no molestar a sus tan lejanos pero dedicados votantes. Sólo falta que el PP como grupo se oponga, como sería su obligación pero que no está ni mucho menos tan claro a juzgar por la evanescencia de las declaraciones de sus líderes. Mariano ya ha dicho que ellos no se van a oponer en ningún caso al trasvase del Tajo. Pero, ¿qué ha querido decir Mariano Rajoy con eso? ¿Por qué no ha descendido a los detalles, donde está el Diablo -"the devil is in the details"-, y no ha dicho simplemente que el PP se va a oponer a cualquier cosa que amenace en la práctica el trasvase, véase la reserva hídrica que establece el anunciado, y esperemos que nonato, Neo-estatuto?   

A Cospedal le pueden dar el disgusto de su vida

15 de Abril de 2010 - 20:58:58 - José Antonio Martínez-Abarca - 4 comentarios

Mi "Garganta Profunda" desde el Congreso de los Diputados, ayer, en efecto parecía hablar con un bate de béisbol metido en el gaznate. Cuando lo llamé al móvil para que me contase lo último sobre la tramitación del Estatuto de Castilla-La Mancha me habló, evidentemente desde el mismo escaño, como si de un momento a otro los guardias civiles de Tejero lo fueran a desconectar a punta de "cetme". Y es que Mariano no debe de estar muy contento y cualquiera susurra sobre el tema. Si le llega el rumor de nuestra conversación bancada abajo suelta a sus chicas para que den buena cuenta de mi diputado. Si todo va como apunta en las últimas horas, me dice mi "Garganta Profunda", el Estatuto de Castilla-La Mancha será devuelto finalmente a los corrales, tras que en los telediarios de la primera ya lo hayan aprobado tres o cuatro veces.
 
Al cabo, ante la amenaza de sedición periférica en el PP, no sólo de los "barones" sino de los cuadros altos y medios e incluso las bases, mucho más real de lo que algunos han creído, el PP no se pondrá de acuerdo con el PSOE sobre la versión del texto que se ha presentado como detinitiva. Es decir, la que incluye una reserva hídrica permanente que haría impracticables los trasvases y cerraría en el acto el acueducto Tajo-Segura. La que queda en una posición que costará explicar en su tierra es la todavía secretaria del PP y aspirante al trono de la Comunidad de Castilla-La Mancha María Dolores de Cospedal, pero no será porque no la avisaron de dónde se estaba metiendo. No sabemos si se le ocurrió a ella sola, pero esto pasa por hacer lo contrario de lo que ha venido siendo el programa nacional del Partido Popular. El PP era, y ahora por lo que parece volverá a ser, trasvasista y, por unos torpes intereses electorales que no existían previamente a que alguna lumbrera neopepera decidiera detectarlos entre la ciudadanía, decidió jugar a la insolidaridad parcelada entre territorios. Según mi "Garganta", el texto ni llegará al pleno. El PP votará en contra, Izquierda Unida, si no le ofrecen la toma del Palacio de Invierno por los juramentados de la Universidad Complutense, o algo así, se abstendrá, y CIU, que inicialmente se inclinó por votar a favor, y ante el desacuerdo entre los dos grandes partidos, se abstendría igualmente en una guerra que no es la suya.
 
Así me lo cuentan y parece demasiado bonito para ser verdad. El Diablo suele llegar a última hora a echar la pata, pero en alguna parte ha debido producirse una confusión porque la oposición incluso cumple con su deber. El PSOE, en solitario, no podría aprobar el Estatuto de la Comunidad Autónoma donde aún gobierna. Bien que le sacarían la manteca al asunto: se ahorrará, como el PP, llegar al Pleno del Congreso y que algunos de sus diputados incumplan presuntamente la disciplina de voto. Y presentarán al PP en Castilla-La Mancha como españolista corrupio y enemigo del hecho hídrico diferencial. ¿Qué va a hacer Cospedal si lo que me filtra mi "Garganta" finalmente se cumple? ¿Qué si Rajoy, obligado por las circunstancias o no, la obliga a actuar por fin como secretaria general de un partido nacional y con el programa en la mano de ese partido nacional, desairándola necesariamente en aquello que Cospedal ha venido contando para llegar rápido a lideresa de su pueblo?

El arte de dimitir 5 minutos antes de que te cesen. El caso Fuentes Zorita

13 de Abril de 2010 - 23:22:35 - Pablo Molina - 6 comentarios

Al presidente de la Confederación Hidrográfica del Segura ha dimitido justo un ratito antes de que le cesaran, que es algo que queda muy feo y especialmente para el gobierno del talante. El motivo es que, en los últimos tiempos, José Salvador Fuentes Zorita había decidido comenzar a actuar con cierto decoro institucional en defensa de los intereses de los ciudadanos a los que representa, y ese es un deporte de riesgo en la España de Zapatero.

El pasado 30 de marzo, FZ aclaró a sus colegas del PSOE castellano-manchego, y de paso a sus no tan colegas del PP de aquella comunidad, que al contrario de lo que afirmó el "cateto hídrico" de su presidente regional (Consejero de Agricultura murciano dixit), los campos de golf murcianos no se riegan con agua del trasvase Tajo-Segura. Ese día cruzó la delgada línea roja de la política socialista y se declaró a sí mismo extramuros del consenso progre. Su defenestración era sólo una cuestión de tiempo, y el propio "acusado", con gran olfato, ha decidido irse cuando el motorista ya había metido la carta con su cese en el maletero de la scooter.

Valcárcel, que es el estilista más fino para el sarcasmo político de todo el PP, dice que no comprende que hayan "dimitido" a un tipo que ha demostrado tanta lealtad a las canalladas que Zapatero viene haciendo en materia de agua. Y es cierto. Fuentes Zorita fue el alegre defensor de las ideícas de la ministra Narbona, desde la cancelación del PHN con el trasvase del Ebro, hasta la puesta en marcha de una cadena de desaladoras "gusarapienses" (M.Abarca dixit), la principal de las cuales todavía no ha dado una sola gota de agua aprovechable.

Fuentes Zorita traicionó repetidas veces a los murcianos y fue convenientemente promocionado por el PSOE, pero ha bastado que se alejara un milímetro de la línea de apoyo berroqueño a las charlotadas de Zapatero para que se haya visto obligado a dedicarse a otra cosa.

Al igual que la frase apócrifa que negaba que el Imperio Romano pagara a traidores (cosa sí que hizo en innumerables ocasiones), Zapatero no tolera tampoco ninguna desviación de los principios del movimiento antinacional. Fuentes Zorita es sólo su última víctima. Sic transit...

Aquellos viejos malos rollos del joven Martin Scorsese

12 de Abril de 2010 - 19:56:20 - José Antonio Martínez-Abarca - 3 comentarios

Escribí unas notas sonámbulas tras ver la última película estrenada de Martin Scorsese, sin yo poderlo remediar y sin saber exactamente por qué. A Arcadi Espada, según he leído en su blog de "El mundo", le gustó su final, que le pareció inteligente. No comparto del todo su entusiasmo, sobre todo por lo que había antes de ese final, a ratos un follón bastante considerable, y digo follón en su más entrañable sentido. A lo mejor es que uno ya no va estando para metrajes tan complicados. En cualquier caso, ahí van mis impresiones buscadamente subjetivas y sin ánimo de sentar nada sobre la película. Que, siendo, para lo que hay por ahí, una buena película a trozos, desde luego no es de mis favoritas del director.

"Dice Martin Scorsese, de quien nunca hay que perderse ninguna, que su película "Shutter island" habla, o grita, sobre Edgar Allan Poe, más que sobre Kafka. "Es puro Poe". Del Poe, se entiende, pionero de los cuentos de misterio, no los de horror sobrenatural. Más "Crímenes de la rue Morgue" y mucho menos "Extraño caso del señor Valdemar". Con lo cual no estamos hablando de ninguna película "de terror", aunque por ratos se quiera así (como tampoco lo era otra de Scorsese que también se pretendía, "el cabo del miedo", que cuantas más veces la veo más involuntariamente graciosa me parece, con un divertidísimo Robert de Niro como salido de "El rey de la comedia"), y no hay forma de colocarla como tal porque los insobornables aficionados al terror, que normalmente somos de una ortodoxia que yo llamaría "preconciliar", padecemos de escasa tolerancia a los experimentos. No basta con poner una estrepitosa tormenta gótica en la película para que la cosa vaya de miedo. 

Pero yo me creo que de quien habla realmente la película no es de Poe y de su mente alterada por el láudano o de escenografía más o menos alemana, sino, a lo mejor a propósito, del joven Scorsese. Habla de aquel estado paranoide y persecutorio que tan bien conoce, por sus pasados excesos con determinadas substancias. Del intramundo de las cabezas que no están buenas y se creen perfectamente normales. Es una película mezcla de géneros que oculta que aquí se está tratando de un único, retorcido y megalomaníaco género en sí mismo: Scorsese. Y concretamente, aquí se está hablando, y cada fotograma que sale el anfractuoso personaje interpretado por Leonardo Di Caprio me lo denunciaba, de los viejos estragos politoxicómanos del realizador, que a punto estuvieron de llevarlo al abismo en los años setenta y primeros ochenta. O que en efecto lo bajaron al abismo, del que nunca ha subido del todo. "Shutter island" es fascinante, pero cuando acaba la fascinación uno repara en que en realidad no le han contado nada completamente memorable (sí, soy de los que ya se aburren con insertos de campos de concentración para explicar posteriores conductas alteradas, algo que hemos visto demasiadas veces). Y con un final sorpresa o "twist ending" de ésos de "ahora sin manos" que le ha gustado a Arcadi Espada pero que más bien me parece digno de ese director indio de fábulas morales un día tenidas por películas fantásticas, el para mí insoportable M. Night Shyamalan, quien ha perdido todo su crédito ante otros auditorios que no sean los siempre autocomplacientes del Arte y Ensayo. Por demás, Leonardo di Caprio está correcto, aunque menos brillante que en la precedente colaboración con Scorsese "Infiltrados" (una de las obras mayores del director), y Max Von Sydow es el único caso conocido de intemporalidad: alguien que casi cuarenta años después de hacer de padre Merrin en "El exorcista" no se sabría dilucidar si luce o no más joven que entonces.

Martin Scorsese podría haber dicho, y de hecho puede que lo haya dicho, que su película, además de querer ir de Poe, de Kafka, del expresionismo, del gótico de castillos sin castillo y de lo que se ponga, va de cine de nazis, de suspense, de subgénero hospitalario (véase "Bedlam", esa curiosa obrita opresiva del productor Val Lewton), de cine negro a colores como el que se puso de moda en Hollywood, con algunos notables resultados, en los años noventa del pasado siglo, del arte del grabado decimonónico o hasta de sutiles homenajes al King Kong original (la llegada a una isla fuera del mundo aunque cerca de él que parece tener rostro y vida centrípeta propia). Demasiadas cosas para un solo rato, aunque éste se haga, la verdad, bastante largo. La película está basada en un guión que ha pasado por varias manos, pero olvídense del guión previo antes de llegar a Scorsese, a quién le importa el guión previo. Aquí están todos los tics del italoamericano de la barbita, los espitados malos rollos de Scorsese, parcialmente vertidos también en "Al límite", que quizás esté entre las cinco mejores películas sobre conductores de ambulancias maldormidos que se haya rodado. Habla de sus manías persecutorias, de sus deflagraciones cerebrales, de realidades alternativas, de trampas tendidas por la realidad, como digo, de aquellos viejos malos rollos de la juventud salvaje del realizador. Habla de todo lo que se metió en ese cerebro cuando era el no músico más roquero del mundo, más incluso que Berlusconi (al decir de la revista "Rolling Stone", el político que se ciñe más puramente a la "rock and roll way of life"). Una pasada. Descompensada pasada."



Si las víctimas de Pinochet opinan de Garzón, pregunten también a Franco

8 de Abril de 2010 - 13:37:02 - José Antonio Martínez-Abarca - 4 comentarios

Las víctimas chilenas del general Augusto Pinochet  dictaminan que es "incomprensible" que en España se procese a Garzón. Pero lo comprenderían perfectamente si analizaran bien su caso. Un juez del tercer poder del Estado español, hasta arriba de trabajo no atendido y con frecuencia despreciado en el puesto que le corresponde y que, haciendo absentismo, se va de turismo procesal hasta la tierra donde se empacan las insípidas almejas machas para entender de asuntos estratégicos y muy rentables que afectan a "la humanidad", como si Garzón fuera alguna desinencia espiritual tibetana y no un juez concreto de la muy prosaica Audiencia Nacional. Pero a Garzón le pagan todos los meses y está sometido a un determinado ordenamiento jurídico por una humanidad mucho más modesta y menos global: que no se le pasen los plazos en Madrid y colocar bien las comas en sus "autos".

Otra cosa hubiese sido si Garzón hubiese querido encarcelar a Pinochet, o a Franco, o al entero Estado Israelí (como ha pretendido alguno de sus émulos) no cobrando como un juez de la Audiencia ni con los poderes de éste descuidados o madrugados al Estado español. Si Garzón hubiese actuado en el papel, yo qué sé, de enviado remunerado por algún banco. En su papel de conferenciante intercontinental, sin ir más lejos, que sólo tuviera el poder de su elocuencia. "El conferenciante intercontinental Garzón trata de poner en dificultades a Pinochet en Londres, propinándole una exposición magistral a las ocho". Por ejemplo. Nada que objetar. "El seguidor de cursillos en Nueva York Garzón quiere saber si Franco está realmente muerto y para ello interpone un pleito en la Audiencia pagado con sus perras". Perfectamente. Pero es que con lo de "juez" delante Garzón pudre todo ese turismo suyo tan pintoresco.  Garzón ha estado haciendo como que trabajaba de fontanero, cuando ha venido siendo electricista. Quiso parecer político cuando era juez y quiso parecer juez cuando continuaba siendo político. Y autoridad espiritual tibetana en perpetua "tournee des grands ducs" mundial para escaquearse de su específica deontología laboral.

La opinión de las víctimas de Pinochet sobre la honradez de Garzón tiene la misma validez como prueba de su probidad que si apartaran la losa del Valle de los Caídos para preguntársela al Generalísimo. Que a lo mejor a él también le parece que proceder contra Garzón es incomprensible. 

La falta de abusos de los que fui objeto en mi infancia

6 de Abril de 2010 - 19:56:32 - José Antonio Martínez-Abarca - 13 comentarios

Debo haber tenido muy mala suerte, porque hasta los dieciocho años me eduqué con curas y  no me pasó, ni por el forro, lo que ahora todo el mundo asegura que le pasó en su infancia a los que se educaron con curas, todos ellos pederastas, como su propio nombre indica.
 
Ningún sacerdote, y eso que eran del Opus Dei, me metió nunca mano, de palabra ni de obra. Es más, jamás escuché a ningún compañero de pupitre alguna buena historia así que hubiese ocurrido en el colegio, en ninguna promoción. Y por supuesto, de haberse producido alguna vez se hubiese sabido en esa hermandad que forma la niñez, con un detallismo que yo llamaría "puntillista". Los niños nos contábamos historias peores acerca de las duchas colectivas, por cierto heladas en verano y en invierno, pero curiosamente nunca tenían como protagonistas a sacerdotes. Todos esos años en compañía de curas, hasta la mayoría de edad, dan para muchos ratos de cierta intimidad. Sobre todo si la cierta intimidad con los curas era, como en efecto lo era, obligatoria. Si las autoridades académicas del cole notaban que tu nombre no estaba escrito en el agua de los días, en esa lista que no existía de los que iban o no iban a misa, cosa que contabilizaban a ojo como el ganado (¡cómo iba yo a ir a misa, si a cambio de que ésta se comía un cuarto de hora de clase también ocupaba otro cuarto de hora del recreo, y yo lo necesitaba para poder tragar mi bocata sin que me diera hipo!), entonces un día inopinado se abría la puerta en medio de una clase, aparecía alguien con sotana y pronunciaba tu nombre. Y tenías que salir en el acto para explicar al cura, tu director espiritual, en un cerrado o en un rincón del jardín, por qué no se te veía jamás en misa. Te preguntaban si estabas siendo tentado, como San Antonio. Se daban cuenta enseguida de que malamente podía estar siendo tentado con seriedad quien, como yo, jugó con los "clicks" de "Famobil" y con los "airgam-boys" hasta al menos los quince.  Yo explicaba al sacerdote mi problema con el "timing" y la correcta deglución del bocadillo, que era y sigue siendo sagrado, porque si no estoy bien comido me pongo de muy mala virgen.

Debo decir que nunca ensayaron ningún correctivo para alguien con tan poco interés en el alimento del alma y tanto por el del estómago. Me dejaron ir derechito al Infierno, cumpliendo escrupulosamente uno de los principios más auténticos del cristianismo: la libre voluntad.  Y no consideraron aquellos curas que, ya que me iba a condenar de todas formas,  nada se iba a notar si me dirigiera a la perdición con los testículos un poco sobados. Lo de la Iglesia católica como gran fábrica de pederastia es como lo del recalentamiento global: una superstición milenarista más, en esta época oscura.

El progre que no podía soportar a los que no vivían en chalés de diseño

3 de Abril de 2010 - 19:22:02 - José Antonio Martínez-Abarca - 5 comentarios

Mi conbloguero Pablo Molina ha escrito una divertida reseña, en el periódico, sobre el último libro de Ramón de España ("El millonario comunista"), una crítica acerca de la izquierda exquisita española, con el mérito, que hay que ponderar en lo que vale, de que el autor escribe precisamente desde la izquierda. Con lo cual se echa de notar algo prácticamente inaudito, y desde luego contraindicado: que Ramón de España es un izquierdista que se debe antes a la verdad, o por lo menos al gamberrismo, que a las consignas y a los pareados de secta. No sabe con quién se está jugando las perras. Ya lo sabrá.

Tengo, al respecto, un par de recientes anécdotas personales que ilustran hasta qué punto es estrictamente cierto y actualísimo lo que satiriza Ramón de España en su libro. La primera vino tras que un colega de un periódico de la competencia (de mi entonces competencia) me hiciese una entrevista el pasado verano para una serie de interviús inusuales ilustradas por fotos un tanto provocadoras de los preguntados. A petición del autor de la entrevista, aparecí en la foto publicada en paños muy menores, tan menores que sólo quedaban ocultos por el titular, teniendo como fondo el desmadejado saloncito de mi cueva de alquiler.  La reacción a la entrevista, y a la foto, no se hizo esperar, pero en un sentido que nadie esperaba. El colega del periódico de mi entonces competencia tiene amigos progresistas que, si no están definitivamente situados ya en el caviar beluga, van a lo menos por el "vol-au-vent", y uno de ellos, que me distingue desde antiguo con su animadversión ideológica y también de clase (no soporta que mi pobreza le recuerde su buena posición social), me hacía la siguiente contra: "en su salón tiene amontonados los clásicos con cosas como el "Gran libro del marisco" o las mejores portadas del "Playboy", hasta el techo". Le mandé, a través de mi colega (quien supongo que no se lo daría) un mensaje de vuelta excusándome porque el saloncito de mi cueva fuera tan exiguo, tan modesto, tan escasamente digno para un progre comprometido que no me cupiesen los libros y debiese ir amontonándolos de cualquier manera, como denunció la foto traicionera de la entrevista. Y le reiteraba mi deseo de vivir algún día, en cuanto herede de algún pariente millonario y comunista, en uno de esos chalés de diseño ideados por un arquitecto amigo, también progre, esa clase de viviendas satisfechas donde suele morar esta crema de la sociedad gozante que quiere arreglar el mundo, pero el que pilla a partir de su jardín con sistema de videovigilancia.

La segunda anécdota me sucedió hace pocos días. Encontré en la calle a un viejo conocido de progreso que, desgraciadamente para él, no termina de encontrar el sendero de la mano izquierda que le lleve hasta el chalé de diseño y el caviar, el auténtico sentido de toda existencia progre, debiendo conformarse con un mediano pasar que sólo resulta tolerable cuando encuentra a alguien de derechas, para hacerle objeto exclusivo de sus resentimientos (de todas formas siempre menores que el resentimiento del progre rico, quien nunca nos perdonará que, con nuestra mensurable pobreza, demos mal ambiente e inoculemos la duda en los votantes que deberían elegir sin mirar su superioridad moral).  Andaba algo molesto conmigo, no porque a pesar de ser yo de derechas mi existencia real en el alambre le hiciese considerar el aplazamiento de las tradicionales muestras de resentimiento, sino porque me había leído que yo, en mi luenga vida laboral, nunca, en ninguna empresa, había tenido un contrato, ni nada que se le pareciese. "Ya te leí tu defensa ultraliberal de no tener contrato". ¡Defensa ultraliberal, nada menos! Sólo me limité a escribir que, contra lo que quieren los sindicatos, hay vida más allá de los contratos blindados, ilustrándolo con mi ejemplo existencial. Si yo he sobrepasado cumplidamente la cuarentena viviendo en una inseguridad, digamos, vagamente "norteamericana", cualquier idiota puede hacerlo. Era la existencia del ejemplo lo que cabreaba a mi progre. Otra vez la realidad estropeándoles una buena consigna o un mejor pareado.
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