Crónicas Murcianas

Marzo 2010


Entrevista incierta con cierto fantasma

30 de Marzo de 2010 - 18:18:15 - José Antonio Martínez-Abarca - 3 comentarios

Aprovechando la licencia de estas fechas, que con permiso de las de difuntos en noviembre se me figuran las más espectrales del año (perdónenme, yo nací en la época del apagón general por jueves santo y la lividez ciudadana color ojo de pescadilla cocida del viernes, y no me acostumbro a otra cosa), quiero homenajear a uno de mis escritores de cabecera, saliéndome de lo que se supone, y sólo se supone, que es susceptible de incluirse en éste "blog". Se trata de un cuentista inglés victoriano, maestro de los relatos de fantasmas. Quizás el gran preboste de todos ellos, el doctor en multiples y áridas disciplinas Montague Rhodes James.

A mí estos "días de religiosidad y merecido descanso", que titulaba aquel periódico ABC bajo la dirección de Anson y que sé que ya no son lo que eran (pero perdónenme otra vez, yo nací con la que los progres llamaban "España eterna", que luego resultó que no era tan eterna) me traen desde niño un como vientecillo a la nuca que me pone la carne de gallina, o "gallina de carne", como decía el ex futbolista Johann Cruyff.
Un airecillo... ¿cómo diría? Como el soplo de las gigantescas y dolientes bocinas o bozainas procesionales, ya saben, esas trompetas de latón de varios metros de largo con ruedas, en una mañana como éstas de hace treinta o cuarenta años, "cuando estaba el Señor muerto", que se decía antes. En fin, unas fechas y un estado de ánimo ideal para imaginarme cómo hubiese sido una entrevista periodistica al eminente victoriano, doctor de todo lo impalpable, que en este terreno, sabio, calló mucho más de lo que puso por escrito.   

La imposible conversación corresponde a una nonata, por frustrada, sección de periódico dominical que pretendí iniciar hace pocas semanas, y que hubiese llevado por título "Entrevistas inciertas a ciertos fantasmas". Personajes ilustres desaparecidos, en algunos casos hace siglos, que me hubiese gustado conocer. Desgraciadamente, lo de hacer literatura en periódicos tendrá que seguir esperando, tal vez para siempre. Pero no me resisto a traer aquí el texto, suponiendo que los lectores disponen en estos días de más tiempo libre del habitual y que, por supuesto, comparten mi gusto por cierta clase de relatos. Incluyo una ficha sobre el autor, y a continuación el texto de la imaginaria "entrevista". Confío en que me sabrán perdonar aquellos lectores que consideren que me he excedido en mis extravagancias.

M.R. James (1862-1936): erudito inglés victoriano. Arqueólogo, paleógrafo, bibliófilo, anticuario, medievalista, lingüista, investigador bíblico. Se educó en Eton y en el "King's college" de Cambridge. De ambas instituciones sería, andando los años, preboste y vicecanciller. Es considerado, sin mucha oposición de los entendidos, el mejor escritor de cuentos de fantasmas que ha existido jamás, aunque su obra completa de ficción no va mucho más allá de treinta cuentos breves. Nunca contrajo matrimonio ni tuvo hijos ni probablemente conoció de cerca el amor, pues dedicó toda su vida a los estudios polvorientos y las equívocas capillas. Murió, en apariencia, plácidamente, o eso ha pretendido la asustadiza Historia que trascendiera.


He llegado con cierta antelación al colegio de Eton, para la cita concertada con el eminente doctor James. Es un gran complejo de edificios de ladrillo rojo con almenas y lucernarios. Un bonito día de verano en la Inglaterra de los años treinta del pasado siglo, lo cual, contra lo que el tópico pudiera hacernos pensar, equivale a un magnífico día en cualquier parte. El sol pica y hace olorosa a la verdura, aunque es cierto que a breves expectoraciones corre ese aire cambiante de las islas que hacía decir a mi amigo Gus Robinson, de la invivible Hartlepool, en esa intempestiva costa este del país, que en en España tenemos distintas estaciones, pero en Inglaterra "sólo hay clima".

     Me cruzo con varias filas de serios escolandos vestidos con lo que a mí me parece bastante etiqueta, aunque librados de los rigores de esa chistera infantil que ha hecho célebre la estampa de Eton. Los profesores que conducen a los alumnos muestran extrañeza al verme, dado que perturbo el espléndido aislamiento del centro, aunque no hay en sus ojos abierta desaprobación, puesto que hoy me he vestido de forma que puedo pasar por ser un caballero.

     Aún quedan unos minutos para mi cita y, al pasar junto a un parterre de césped cortado a rape pero que surge como un "soufflé" de su molde, veo a un hombre maduro con terno y lentes redondas observando el vuelo de una esfinge de tamaño medio entre los macizos de violetas. Es mi doctor.

    Sólo momentos después estoy en su despacho. El contenido M.R. James decididamente no tiene aspecto de escritor. Su plateado cabello no ha cogido esa postura deshilachada del que se lo mesa ideando fracasos o genialidades. Es una de esas caras metódicas, de académico, me digo, que hubiese hecho perder la paciencia a un Nietzsche. Tiene la mesa llena de libracos encuadernados en piel, una gran lupa y lo que me parecieron pequeñas carroñas disecadas de indefinibles animalillos.

     -Martínez-Abarca: Es un placer conocerle, señor. Le he visto antes abajo, examinando las evoluciones de cierta mariposa, de esa clase que ustedes llaman en Inglaterra "oso pardo", creo.

     -M.R.James: Por favor, siéntese -dice, con esa economía de gestos tan típica de los que contemplan con inocultable disgusto el volteo de manos meridional-. En cuanto a la polilla del jardín, no tiene la menor importancia. Ya sabe usted que hay quien cree que son las almas que salen por la boca de los difuntos en el momento de expirar, como según testigos le ocurrió al médico Chejov en el balneario de Badenweiler. No, aquella polilla no era, sin duda, el alma de Chejov. ¿Ha leído sus libros? Me han dicho que viene usted de España, sólo por el dudoso honor de entrevistarse conmigo.

     -M.A: Así es. Su obra de ficción (pues la erudita no tengo el gusto de conocerla) se me ha hecho siempre tan corta que traté de desentrañar, sin éxito, si detrás de unos cuentos se escondían otros ocultos o escritos en clave o algo así, lo cual no sería del todo raro tratándose usted de un reputado paleógrafo. Tras ese fracaso, quise conocer al autor, por ver de no estar perdiéndome nada.

     -M.R.J. (divertido): No se ha perdido usted mucho. ¡De España! Allí, según creo, la cruda luz solar lleva a una visión hiperrealista, y sin los fenómenos engorrosos de este clima inglés nada invita a creer en ciertas cosas... (se queda un momento en suspenso) Le aseguro que aquí lo que puede llegar a encontrarse uno durante el día es distinto, señor, y nada digamos durante la noche.

     -M.A.: Pues hoy tienen ustedes una luz espléndida. Al venir para acá me ha gustado el efecto en claroscuro que hacía sobre ese bosquecillo de robles de ahí al lado.

     -M.R.J.: Sí, ese bosquecillo es muy correcto. Y además no hay nada que temer de los robles, por mucho que haya usted oído decir cosas sobre el antiguo paganismo y el druidismo montado a su alrededor, y todo eso. Tonterías para crédulos. No, ciertamente por aquí no hay fresnos, y por tanto no hay que llevar apenas cuidado.

     -M.A.: Uhmm, los fresnos. Le leí a usted algo sobre...

     -M.R.J.: Sí, le pediría que nunca se echara una cabezada bajo un fresno, ni siquiera en pleno día, no sólo por su desde luego mejorable abrigo. No caeré en lo ridículo llamándolo de forma grandilocuente, como hace la gente sencilla, el "árbol del Diablo", pero desde luego si uno está fatigado puede encontrar sin dificultad sitios mucho más tranquilos, me figuro que me sigue usted.

     -M.A.: Creo que sé por dónde va. No puedo dejar de mirar, perdóneme, esos restos de seres, o lo que demonios sean, que tiene sobre su mesa. No sabría determinar a qué especies pertenecen.

     -M.R.J.: ¿A qué especies? Bien, hay extremos que ni siquiera un estudioso en antiguos acertijos y agujeros sellados en iglesias abandonadas está legitimado, como experto, a decir. No se crea que porque he dedicado mi aburrida vida doctoral a descifrar ciertas viejas impertinencias sabría hablarle con autoridad sobre "qué especies", al menos sin asegurarme antes con un vistazo por encima del hombro. El mío, pero, querido amigo, sobre todo el suyo.

     (En ese momento ocurrió algo completamente normal en el clima en Inglaterra: unas nubes empujadas por la brisa se interpusieron entre el irreprochable sol de aquel día y el deportivo colegio de Eton, y por unos instantes, a pesar de saber que era verano, nos colocamos en noviembre, y yo diría que como hacia las ocho de una mortecina tarde, la hora de la fiebre, a pesar de ser mediodía).

     -M.A.: (sin querer mirar lo que había sobre el escritorio, pero hablando de ello) Sí, ya veo que ciertos "actores" que aparecen con frecuencia en sus cuentos de fantasmas no son debidos por entero a la prodigiosa imaginación del doctor James, a pesar de que es más consolador pensar eso.

     -M.R.J.(con expresión de una fatiga intelectual sobrellevada desde hacía largo tiempo): Es sorprendente lo que uno puede hallar pateando ciertas piedras que no interesan a nadie en este país, aunque le aseguro que es mucho mejor para usted que se mantenga dentro de lo previsible, sin determinadas sorpresas. Seguirá hallando luminosas algunas mañanas.

     -M.A.: Hay algo que no me resisto a que me lo revele. ¿Cómo consigue dar ese toque como casual, impremeditado, de pasada, que hace sus cuentos, de una engañosa "normalidad", tan espeluznantes?

     -M.R.J.: El secreto es no exagerar. Que la narración parezca tan confortable como esta amable charla en mi gabinete del rectorado del nada escandaloso colegio de Eton. Y sin embargo... (el doctor James comienza a volverse translúcido, y hasta yo juraría que algunos restos resecos sobre su mesa han comenzado a echar los dientes y a emitir un a modo de aliento) ¿Ve? ¿Conoce usted mi texto "cuentos que me hubiese gustado escribir"? Pues este de ahora mismo es uno de esos frustrados cuentos que nunca terminé.

     -M.A.: Mister James, cualquiera diría que usted, después de todo, ya no existe.

     -M.R.J.: (Acabando de desaparecer) No, nunca termine, señor, con algo así en un cuento, al menos uno con el que quiera tener éxito. Como le he dicho, en estas cosas no hay que exagerar.

     Y ya no vi a nadie en el despacho del preboste, salvando aquello que se movía sin conciencia sobre la mesa y que no quise mirar. De alguna forma que aún no entiendo, las nubes debían haberse interpuesto algunos minutos más de lo esperable, porque el mes de noviembre ya no era sólo cosa de una pasajera voluta temporal durante el antes magnífico mediodía de junio en Eton. Y, por supuesto, hacía rato que ya no parecían sólo las ocho de la tarde, sino algo bastante más grave.   






González Pons, obispo de la Iglesia de la Calentología de los Últimos Días

29 de Marzo de 2010 - 00:46:59 - Pablo Molina - 9 comentarios

González Pons quiere ser progre pero no le dejan. Un drama. A él le gustaría militar en un partido de izquierdas para ser un progre de la "avant garde", pero es de familia bien y sólo encontró hueco en el PP.  Qué putada macho. En el partido popular hay amplios espacios para el progresismo, pero sus votantes son gente que lee, reflexiona y utiliza la cabeza para cosas distintas que embestir a las sedes de los partidos rivales, así que, por lo general, es refractaria a arrodillarse ante la izquierda para pedirle perdón por existir, deporte oficial del centro-reformismo político en el que González Pons destaca por derecho propio.
Pobre hombre. No es capaz de disimular sus ansias de que en las tertulias de los medios de izquierda le perdonen la vida mientras atacan a las ideas que supuestamente representa el partido al que pertenece. Le azotan, le escupen, lo toman por la tonta del bote, pero si al final de la sesión de tortura le dan una palmadita en su calva incipiente y le reconocen el mérito de arrastrarse ante ellos abrazando su basura ideológica, el muchacho duerme esa noche de un tirón. Tan feliz, oiga.
Dice GP que la actual generación de la humanidad (observen la grandilocuencia propia de un progre en fase terminal, atribuyéndose la representación de millones de congéneres) está "consumiendo más que cualquier otra, privando de recursos a las generaciones venideras". Puro Malthus. Ya saben aquél tontolhaba que vaticinó una hambruna general en el planeta y la muerte por desnutrición de casi media humanidad, porque calculó que la Tierra no iba a poder producir alimentos para tantos seres humanos.
González Pons opina como él, o al menos utiliza su mismo argumento. Que alguien le explique que no estamos privando de recursos a las generaciones venideras, sencillamente porque éstas serán mucho más eficientes que lo somos actualmente y consumirán menos que nosotros para producir diez veces más, que es exactamente lo que viene haciendo la humanidad desde que bajamos de los árboles.
Y como buen progresista, GP no se priva de recurrir a lo melodramático con una frase redonda: "corremos el riesgo de convertirnos en la peor plaga que ha padecido el planeta Tierra". ¿No le da vergüenza exhibir tanta estulticia? ¿Alguien en sus cabales que no pasee un perro pulgoso y una flauta por las calles pidiendo eurillos para bocadillos puede creer semejante soplapollez? Pues sí. González Pons, con dos cojones.
No sé si la humanidad será la peor plaga que ha padecido el planeta, pero los actuales dirigentes del PP son la peor infección que ha conocido la derecha española en toda su historia. Son tan penosos que ni siquiera merece la pena invitarles a descubrir por qué el llamado cambio climático se ha revelado una estafa y así puedan dejar de hacer el ridículo. Da igual. Aunque supieran que el calentón global es un chantaje obra de manipuladores y aprovechados, seguirían defendiéndolo como "una buena idea" (GP dixit). Antes progre que sensato.
Por mi parte voy a obrar en consecuencia así que votaré al PP, pero sólo cuando la Tierra se caliente en la medida que predicen los calentólogos o se cumplan el 10 por ciento de los efectos catastróficos de sus predicciones. Creo que el trato es justo.

La España zapaterista consiste en mirar cómo gira la lavadora

26 de Marzo de 2010 - 20:28:19 - José Antonio Martínez-Abarca - 1 comentario

Hace sus buenos años ya, se enfrentaban, en un campeonato de fútbol celebrado en la isla donde se inventó la selección española de fútbol contra la anfitriona. Los "tabloides" ingleses estuvieron calentando la rivalidad desde una semana antes. "The sun", aparte de asegurar que España no había ganado nada desde que le ganó a los turcos en la batalla de Lepanto, publicó una antología de chistes sobre españoles. Algunos, vistos desde la perspectiva de hoy, tienen su aquel, por cuanto la ironía del destino ha hecho que se cumplan estrictamente en la realidad, es decir, que ya no sean un chiste sino un diagnóstico. Por ejemplo, el que decía "¿qué hace un español cuando acarrea una carretilla llena de ladrillos, tropieza y se le caen los ladrillos al suelo, en lugar de recogerlos? Pues pone un cartel en lo alto del montón de se alquilan habitaciones". ¿Es o no es, aquel chiste barato publicado en un hediondo papel para uso de climatéricas anglosajonas de supermercado, un dictamen perfecto sobre lo que ha ocurrido recientemente en España con el ladrillo? ¿Es o no es un apotegma milagrosamente conciso sobre los advenedizos al negocio inmobiliario en este país, algunos de ellos simples delincuentes, quienes han dejado una imagen internacional de la compra de segundas residencias en España perfectamente descriptible, contaminando con su ejemplo a los que desde el principio hicieron las cosas bien?
 
Pero había otras gracietas en la llamada "prensa mala" (como si hubiese una buena) so capa de provocaciones futbolísticas que van camino también de dejar de ser gracietas sobre los celtibéricos para convertirse en precisos estudios de mercado. Por ejemplo, una de las más gruesas aseguraba que "los españoles se suelen dejar crecer el bigote para parecerse a sus madres". No sé si a nuestras madres, pero está claro que los españoles cada vez nos vamos pareciendo más a lo peor que dicen en el extranjero que somos, hasta lo que hace poco parecía más inverosímil. Me he recordado de un tópico que corre desde tiempo inmemorial sobre los españoles, y que pese a ser un tópico no era en absoluto verdad. Que los españoles eran perezosos y no querían trabajar. Más de una vez, viajando por esos mundos, he tenido la vívida y, para qué no decirlo, reconfortante impresión de que, comparada con el funcionamiento diario de otros países de nuestro área, España era Alemania. Pero eso era, claro, antes. Ahora, poco a poco, se va cumpliendo el tópico que no era verdad pero que gracias a las brigadas del poco trabajar que gobiernan en España va siendo, en verdad, verdad.
 
Por eso en la BBC británica ponen ahora un "corto" premiado de un autor español donde se retrata a sus compatriotas como unos señores que no hacen nada en todo el día excepto mirar las evoluciones del tambor de la lavadora, y a nadie, y menos a nosotros, nos parece exagerado. Eso es España en estos momentos: un país que mira embobado las evoluciones del tambor de la lavadora, durante todo el santo día. Zapatero ha hecho que los lunes al sol caigan todos en domingo, igual que el resto de días de la semana. Y no es solo porque aquí no haya trabajo, que no lo hay. Es también porque va dejando de haber trabajadores, que dan mal ejemplo contra el discurso de valores dominante. Y sobre todo lo que empieza a haber es demasiados españoles que se adaptan como un guante a las malignidades expelidas sobre nosotros por los extranjeros. Nos vamos pareciendo a lo que no éramos.
 
"La gente dice que soy un vago", componía John Lennon tirado en la cama en la canción "watching the wheels", donde describía algo irresistiblemente parecido a estar mirando cómo gira la lavadora mientras el mundo marcha. Si Zapatero supiese inglés, pasaba de Gamoneda y declaraba esa canción para indolentes norma suprema de conducta cívica, como hizo Aznar con el "If" de Kipling.

Si por primera vez no se tratara de una estafa...

24 de Marzo de 2010 - 19:36:36 - José Antonio Martínez-Abarca - 1 comentario

Murcia hasta el momento ha tenido poca suerte con los inversores, vamos a llamarlos así, exóticos. En lo que los cursis llaman "nuestra moderna historia", que viene a ser desde la Transición democrática, todo empezó con unos ciertos jeques árabes que, por propia mano o por alguien interpuesto, convencieron a un entonces jovencísimo alcalde de Cieza Ramón Ortiz, quien andando los años llegaría a ser secretario general del Partido Socialista Obrero Español en Murcia (y, caso raro, con el que a pesar de ser socialista me llevé siempre muy bien), sobre no sé qué de unos diamantes. El no sé qué me creo que no lo llegó a saber exactamente ni siquiera el mismo Ramón Ortiz. Por supuesto, los diamantes, si es que existieron alguna vez, volaron. Y aquello se quedó en una especie de "nuevo caso del inspector Clouseau" en la llamada Perla del Segura.
 
A partir del asunto de los diamantes, los teóricos grandes inversores exóticos manifestaron una especie de fijación con La Manga del Mar Menor, ya saben ustedes, los lectores de fuera de Murcia, esa lengua de arena con edificios de apartamentos, cada uno de su padre y de su madre, que se hizo muy conocida en el corcurso de Chicho Ibáñez Serrador "Un, dos, tres", porque como premio gordo la presentadora Mayra Gómez Kemp solía ofrecer un cubículo para dos personas en el dicho paraje, antes de que el veraneo televisivo "pa tos" recayera en la no muy distante de allí Torrevieja. Cada vez que venía un gran inversor de no se sabía dónde (y si se sabía, peor), manifestaba su intención de hacer de La Manga, yo qué sé,  una nueva Palm Beach o una meca mundial de los casinos, una irrechazable oferta que sólo precisaba de una derrama económica mareante que, oh casualidad, en ese justo momento nunca se encontraba en forma de líquido en la cartera de los inversores, pero este detalle menor no era como para ponerse a discutir. Como hubiese dicho el Juncal de Paco Rabal, "se encontraban algo faltos de remanente", pero eso no disminuía el entusiasmo por añadirle ceros a la oferta virtual. ¿Sería por ceros? Así hasta llegar al más famoso "mangante" de todos, el anglobirmano Selva Carmichael, buscado el todo el orbe por Scotland Yard por estafador. En todo el orbe menos en Murcia. Arribó con un aparato de actrices de medio pelo, vestido con esos trajes que en el sureste asiático te hacen "a medida" en media hora y convidando a "pizzas", rumboso, a los hambrones de la prensa, y haciéndose pasar por un gran capitalista cuyas obras le precedían, aunque no había prueba alguna de tales obras (estamos hablando de una época en la que internet estaba aún en pañales). Pronto se le consideró un benefactor, si no un visionario, a pesar de que dejó fiado hasta en la pizzería. Lo curioso es que, cuando ya Scotland Yard, alertado por el olor de las pizzas impagadas, le había echado el guante, no pocos aquí lo interpretaron como una conspiración internacional de los servicios secretos contra la regeneración de La Manga.
 
Y llegamos al instantáneamente célebre intermediario de los Estudios Paramount con el que el presidente regional Valcárcel y su consejero de cultura se entrevistaron en Dubai, quien manifestó por escrito su interés por invertir, otra vez de forma mareante, en la Región para construir un parque temático y unos estudios de cine. Otro señor también vinculado a la Paramount en España, ni con más ni con menos autoridad que el intermediario oriental, ha negado que exista tal interés y tal posibilidad de inversión, aunque no que exista el otro tipo. Aquí al menos hay una diferencia con lo que llevamos hasta ahora vivido en la región: el tipo de Dubai era por lo visto, realmente, quien dice ser, con nombres, apellidos y cargo concreto. Con lo cual sólo caben dos posibilidades: que el intermediario de Paramount se excediera en sus atribuciones animado por la ingesta de té y dátiles, o bien que todo se trate de una estrategia de despiste de los inversores natural en toda negociación de altura, como quiere creer el Gobierno regional. La solución, pronto. Pero ya hemos adelantado mucho, con relación a otros tiempos, con lo de que los intermediarios que se entrevistan con el Gobierno regional no estén procesados en medio mundo y se los vaya a llevar la poli por el pescuezo, a media entrevista. Esto debe de ser el progreso.

Los norteamericanos no quieren ser solidarios forzosos, sino libres; y eso duele.

23 de Marzo de 2010 - 00:50:08 - Pablo Molina - 26 comentarios

La reforma sanitaria impulsada por Barak Husein en los Estados Unidos de Norteamérica tiene entusiasmados a los progres españoles que ven cómo, por fin, los yanquis van a poder experimentar también las bondades de un sistema público de salud impuesto a la fuerza.
Es asombrosa la cantidad de chorradas que un progre puede llegar a decir cuando se entusiasma, como podemos comprobar examinando, aún de pasada, los fragmentos de los últimos telediarios nacionales y las primeras páginas y principales columnas de opinión de los periódicos más vendidos. El caso de la implantación de una especie de seguridad social en los EEUU es perfecto para ver en acción a la alegre brigada del estatismo hacer palmas con las orejas.
Uno de los argumentos más recurrentes para defender el proyecto de Obama es, atención, que el derecho a la salud es irrenunciable y que, por tanto, el estado tiene que hacerse cargo de él en nombre de sus ciudadanos prestando una asistencia universal y "gratuita" (sic). La semana pasada estuve en un debate televisivo en el canal autonómico murciano y me sorprendió que el resto de contertulios esgrimiera semejante subnormalidad. La sanidad pública no sólo no es gratuita, sino carísima, cosa que cualquiera puede detectar a poco que compare el precio de un seguro privado con los impuestos que el estado le requisa por ese concepto. Ni que decir tiene que por poco llegamos a las manos, porque en esa tertulia estoy sólo defendiendo las ideas liberales y de derechas, mientras que el resto de los participantes son zapateristas convictos y confesos, que por otra parte es lo normal en una tele del PP.
Pero más allá de soportar a iletrados estatistas, cruz que procuro llevar con resignación, me interesa destacar otro argumento superior al meramente utilitarista de comparar el precio de un servicio con la calidad del mismo. Se trata de la libertad y la responsabilidad. Todos los ciudadanos tienen derecho a gestionar su vida de la forma que estimen oportuno, sin que ningún político les obligue a adoptar un determinado curso de acción. Si quiero un seguro médico me lo pago y si mi vecino lo quiere que lo pague él. Yo no soy solidario, al contrario, reivindico el valor cívico del egoismo. Y si alguien sin seguro médico revienta en una esquina es estrictamente su problema. Yo no tengo por qué pagarle la atención sanitaria.
Los norteamericanos opinan así en su mayoría, como hemos podido ver en las encuestas y en las protestas ciudadanas. Obama les ha impuesto algo que no quieren y los representantes demócratas lo han aprobado. Bien, lo bonito del caso es que su sistema electoral obliga a representantes y senadores a revalidar su escaño ante sus votantes, sin listas cerradas que les blinden, así que va a ser precioso comprobar cómo venden los demócratas una medida tan impopular como la que ha tomado Barack Husein.
Un amigo que vive en Virginia me ha enviado un correo que dice "Agradecemos a los demócratas que hayan entregado la mayoría absolutísima de la casa de representantes y senado a los republicanos con la votación de ayer".
La diferencia de EEUU con Europa es que allí el socialismo está penalizado socialmente y aquí goza de una extraordinaria salud. Y en España ni les cuento.

La ex ministra Narbona y su jefe fueron el inicio del mal

21 de Marzo de 2010 - 19:41:42 - José Antonio Martínez-Abarca - 8 comentarios

Me detengo en una entrevista de provincias a la ex ministra de Medio Ambiente, Cristina Narbona, este fin de semana. "El Trasvase Tajo-Segura es una cuestión de Estado, no una cuestión autonómica". Exactamente al revés de todo cuanto ella hizo y significó mientras fue ministra. La titular de Medio Ambiente Cristina Narbona, y su presidente Rodríguez Zapatero, actuaron en todo momento durante la primera legislatura del segundo como si los trasvases no fueran ninguna cuestión de Estado, sino precisamente la cuestión más autonómica de todas.
 
Tan autonómica como que fue el primer punto, el innegociable, por encima incluso de las transferencias de dinero, que puso sobre la mesa Esquerra Republicana de Cataluña para apoyar al Gobierno de Zapatero el primer día de la llegada de éste al sillón. Fue, como digo, la cuestión autonómica entre las autómicas, localista entre las localismos, insolidaria entre las delicuescencias, campanaria entre los campanarios. Y un Gobierno desde el primer momento tan sensible a toda exigencia que desuniera los territorios del Estado, y no al revés, le dio a la demanda separatista el tratamiento de honor adecuado, comprendiendo perfectamente la importancia de lo que se estaba fundando en aquel momento: la derogación del trasvase del Ebro fue la primera medida importante tomada por el Gobierno de Zapatero, prácticamente de madrugada, sin haber deshecho las maletas y a la luz insomne de una bujía, en esa hora fría que precede al alba en la que se toman todas las decisiones liberticidas del mundo, desde la lucecita franquista del Pardo hasta lo de aquel Zapatero con prisas por amarrar el eje de hierro con los enemigos de España, pasando por las inacabables veladas de aquel Fidel Castro que no dormía.

No, señora Narbona. El Trasvase del Tajo, como el del Ebro, como a partir de aquel siniestro 2004 ya cualquier otro trasvase,  ya no pueden ser cuestiones de Estado desde el exacto momento en que los socialistas españoles en el Gobierno decidieron que la labor del Estado no llegaba hasta ahí más que para obedecer y agachar la cerviz, porque quien mandaba sobre su agua eran los diversos pero iguales sátrapas locales. No nos venga ahora en plan gran madre constitucionalista y estadista "dilettante" con el asunto hídrico, porque ese rollo sobrevenido no se lo tragan ni las ranas.

La pluviosidad murciana, aliada con el gobierno socialista

18 de Marzo de 2010 - 15:14:50 - José Antonio Martínez-Abarca - 6 comentarios

Este año el invierno ha conspirado contra los intereses estratégicos de Murcia. Ahora que (sin abusar, porque aún podemos coger un mal aire) vamos saliendo un poco a la calle lo podemos decir. Este invierno se han producido en Murcia demasiados días, con sus noches, vagamente santiagueros o aproximadamente santiaguiños donde, en fuerza de lluvia, uno estaba tentado de cambiar de bando y salir a manifestarse férvidamente contra el trasvase del Tajo y contra cualquier otro trasvase. Para más agua estábamos. "El agua para el que le llueve", que decía el difunto maestro Perona, que era de la pluviosa Cuenca. O sea, que estaba uno tentado de proclamar más o menos lo que emite don Carlos Valcárcel Mavor, el señor padre del presidente regional murciano: "me he pasado la vida pidiendo vino y llega mi hijo y no para de pedir agua". Si es que no se puede hablar: hemos tenido agua por un tubo.

Por supuesto que se trata de una engañifa pasajera del clima, que, aliado con las posiciones del Gobierno socialista (hasta el azar del fútbol, desde el 11-m del 2004, está aliado inquietantemente con las posiciones del Gobierno socialista), hace como que nos llueve, de forma oportunista, para que así los políticos fijen por ley, en estas mismas fechas, la abolición de los trasvases. Porque de lo que ha llovido este año podría seguirse que Murcia no necesita agua. Y en cuanto se hubiese firmado un Estatuto de Castilla-La Mancha que estableciera el cierre del trasvase del Tajo, estoy seguro que volvería la pertinaz sequía, con más fuerza que nunca. Y entonces, las reclamaciones, al maestro armero.
 
Pero el caso es que tras mirar por la ventana durante estos meses, cogíamos los informes oficiales sobre pluviometría, que arrojaban sin embargo un desolador balance: a pesar de haber sido el invierno más lluvioso en, yo qué sé, treinta, cuarenta o cincuenta años, los pantanos de la confederación hidrográfica del Segura y de otras cuencas vecinas estaban aproximadamente sólo a la mitad de su capacidad. La conclusión lógica se aparecía esplendente: o había un butrón en los pantanos por los que se escapaba el agua hacia en centro de la tierra, o nunca llueve donde tiene que llover o, y es lo que yo creo, los pantanos no están donde tienen que estar, siempre un poco más para allá o un poco más para acá de la nube indicada. De lo cual tendría la culpa Franco, naturalmente.
 
Qué decir, entonces, de los famosos trescientos días de sol que según la propaganda oficial lucen al año en la región de Murcia. Eran pocos días de sol estimados para los que realmente lucían en las sequías de hace diez o quince años: las sequías no nos perdonaban el sol ni el día que
hacía el año bisiesto. Por contra, resultan demasiados días soleados, sobre el papel, para los que realmente han existido en Murcia este año. Este invierno ha aparecido el sol sobre Murcia durante algunos ratos, como también aparece durante algunos ratos incluso en los más lóbregos relatos británicos sobre aparecidos. Pero los ratos desde luego no llegan a trescientos. No digamos días.

La meteorología realmente existente ha contradicho este año, como digo, los intereses estratégicos murcianos. Siendo sinceros, hacía mejor tiempo este año para practicar el golf en el muy inclemente St. Andrews que en algunos días de ese lugar junto al mediterráneo donde, según los folletos, continuamente luce nuestra celebérrima luz blanca y hace calor todo el año. Ya Plà, la única autoridad irrefutable en meteorología que ha existido en España (ni el sr. Medina ni nada) advertía que el mediterráneo es enloquecedor, cambiante y con frecuencia inclemente, frío. Aguardemos a que el año que viene el agua venga, mayormente, de un civilizado y cuantificado trasvase, no de la imprevisibilidad climática, tan cambiante y enloquecedora. Y que el sol perenne de nuestros folletos turísticos no termine por convertirse en otro mito murciano más con timbre oficial. 


Cuando Concha Velasco cantaba "¡Que viva el IVA!"

16 de Marzo de 2010 - 23:57:04 - Pablo Molina - 6 comentarios

Gracias a una lista de correo me llega este delicioso video de Televisión Española emitido en 1986, en el que con nuestra caspa característica saludábamos nuestra entrada en las comunidades europeas. Allí estaba Fernando Morán, por cierto, mucho más inteligente y culto que todos los que dentro de su partido le injuriaban presentándolo como un pobre imbécil, pero sobre todo estaba la gran Concha Velasco, Concha de España, cantando unas coplillas que, sobre todo al final del video, resultan de rabiosa actualidad.

La Velasco acabó su carrera profesional arruinada, procesada y embargada, pero eso no importa. Véanla aquí qué contenta estaba con el IVA que venía.

¿La contratará Zapatero para hacer un remake sobre la subida de 2 puntos que va a endilgarnos a todos los españoles? 



El único frío de Delibes que no me he podido quitar de encima

15 de Marzo de 2010 - 17:46:30 - José Antonio Martínez-Abarca - 3 comentarios

Echando cuentas, Miguel Delibes es ese autor al que he leído desde siempre y eso prácticamente no lo he sabido hasta ahora que se ha muerto, cuando además yo creía que se había ido hace ya mucho (el propio Delibes también lo creía). Cuando los únicos libros que existían en mi vida eran los obligados del cole, casi todos resultaba que eran de Miguel Delibes, autor bien considerado por la oficialidad católica una vez expurgadas las rachas ventosas de duda metafísica y ese como erotismo imposible con sabañones y olor a jabón lagarto que se adivina aquí o allá en sus novelas. El pesimismo de Delibes no era expurgado, sin embargo, por las autoridades: el pesimismo delibiano daba buen "tono", según los directores espirituales, porque convidaba al recogimiento de nuestras almas efervescentes, demasiado expansivas.
 
Sin contar con la cuestión del frío paramero que recorre la obra de este autor, de mejor tono religioso aún. En mi cole se utilizaba el frío como una anticipación de una concepción aterida del Cielo, una especie de "palacio de las corrientes de aire" sin principio ni fin, ni tampoco puertas.  En las duchas de enero en el cole nunca había agua caliente, por no favorecer la ensoñación, y las capillas tenían un piso de losa desde el que crecían dendritas de humedad que subían como plantas parasitarias por nuestros pies. El frío tenía prestigio como ahuyentador de malignidades, parecidamente a las ristras de ajo. Tener en las manos algunos libros de Delibes provocaba que se pusieran las uñas azules al experimentar aquellas "peladas" que mis autoridades educativas reputaban salubres para los espíritus.
 
Pensándolo muchos años más tarde, tan tarde como el otro día, a la muerte que ya creíamos sucedida de Delibes (a mediados de los noventa ya se declaraba "harto" de la vida), he resuelto que nunca me interesó la caza ni mayor ni menor, detesto los cierzos vallisoletanos, me parece espeluznante y como para salir corriendo toda aquella existencia mesetaria que para alguien paredaño al mar mediterráneo como yo resulta aproximadamente siberiana e incomprensible. Pero, como toda su obra había ido cayendo en mí tan sin sentir, durante toda mi primera formación, resulta que es un extraño caso de autor al que he leído casi más que a nadie, sin voluntad de hacerlo (vaya en mérito de la prosa de Delibes que tampoco experimenté ningún disgusto escolar por la imposición docente).
 
En cambio, he venido entendiendo profundamente la deserción de Delibes desde que murió su mujer. Su sentirse como translúcido, transcurriendo como pudiera a través de los minutos de la basura, que han resultado ser decenios. Es el único frío de Delibes que me sigue alcanzando, cuando evito todos los demás, a estas bajuras de mi vida y en mi cálido rincón provinciano, porque es el única helazón, la de una pérdida sin posible reemplazo, que desgraciadamente no se entibia en mí siquiera en las incandescencias del verano. 

El "buenismo", sólo bajo su propio riesgo

12 de Marzo de 2010 - 12:55:51 - José Antonio Martínez-Abarca - 4 comentarios

A mí me parece que en inglés suena mejor incluso que en castellano, es más corto, contundente y desmonta de raíz, con sólo cuatro palabras escasas, todo el imaginario altermundista del "turismo solidario", sin posibilidad de réplica: "at your own risk". Bajo su propio riesgo. Sí, se lo dicen a usted, el turista solidario altermundista, no se haga el loco. Usted, si va de monjita laica en color "camel" para tener algo que contar en las cenas de matrimonios y presumir de tenerla más larga, la moralidad, que el resto, debe saber que lo hace "at your own risk". No bajo el propio riesgo del Gobierno, sino el suyo. Se lo deberían haber avisado a esos cooperantes secuestrados por Al Quaeda en el Sahel islámico. Que estaban haciendo un viaje de "atrezzo" para hacerse la foto con los mismos porteadores del "colacao" con los que se retrataba Angelina Jolie en el "Hola", pero todo bajo su propio riesgo. Estoy seguro de que se lo avisaron suficientemente. Pero ahora alguien está pagando millonadas por su rescate como si nadie les hubiese advertido. Las blancas (esas almas solidarias ataviadas con toga cándida) siempre ganan.
 
Es un cartelito, éste de "bajo su propio riesgo", que debiera figurar, y de hecho figura muchas veces, a la entrada de zonas mundiales de riesgo, campos de minas, territorios de guerrillas, hábitats y vaguadas de fieras salvajes o campos de prácticas militares de tiro. Es como el "cuidado, perros suertos" (en las fincas españolas se ha extendido la práctica de colocar la falta de ortografía estratégica, para que no se sepa si deben dar más miedo los perros o el dueño). Si traspasas el cartelito que te avisa de que si entras en Mauritania, o en las montañas de Bora Bora, o en la oficina central de los Encapuchados Reunidos de la Margen del Jordán Izquierda, lo que te ocurra no es asunto nuestro. Es suyo, señor o señora altermundista. Justo al revés que el dinero del rescate: alguien tiene que haber pagado, y ese "alguien" seguro que al final, por más o menos intrincados vericuetos, resulta que son nuestras carteras, no ningún filántropo del ideal suelto por ahí ni ningún Fondo de Compensación para secuestrados. Con lo cual el dinero sí es asunto nuestro y no suyo, de este tipo de gente. Y, como asunto nuestro que es, ni un duro más para abonar según qué fiestas y piúlas. A partir de ahora, espero que los cooperantes tengan presente que, si van de buenos por ese mundo por donde no se puede ir de bueno, su vida no valdrá ni el esfuerzo de abrirnos el monedero. Estrictamente bajo su propio riesgo.

En España hoy somos más viejos, más tontos y menos libres

11 de Marzo de 2010 - 11:42:04 - José Antonio Martínez-Abarca - 5 comentarios

Es algo que he comentado con alguna frecuencia junto a viejos colegas de la prensa, aunque no con mi conbloguero Pablo Molina, porque él es demasiado joven y en la época de la que hablo aún faltaba mucho para que él empezara a darle al artículo: si llegamos a escribir ahora lo que con total y sagrada impunidad escribíamos en los periódicos hace doce, quince o veinte años, teniendo entonces como única frontera el Código Penal en vigor, nadie daría un duro por la continuación de nuestra carrera profesional. De aquel tiempo acá, sobre todo con Gobiernos socialistas pero no sólo, se ha producido un retroceso evidente, generalizado y brutal de las libertades públicas, que se ha contagiado a las privadas, con nuevas leyes en la mano o, peor, sin nuevas leyes en la mano (haciendo lectura perversa de las que ya había) y con la franca colaboración de una ciudadanía lindante ya con la delación y el comisariaje popular más o menos caribeño. Y eso que ya
veíamos venir el turumaje cuando, hace casi veinte años, nos hacíamos eco divertido de aquella cosa extravagante que se habían inventado en los departamentos de las universidades norteamericanas llamado "political correctness", y nos reíamos. Qué simples que son los americanos por contraposición a lo que somos los europeos, afirmábamos en nuestra superioridad intelectual, o, como decimos en Murcia, "qué tontos que son los caracoles cuando dejan que los cojan". Pensábamos que algo tan imbécil nunca podría viajar bien, fuera de aquellos departamentos universitarios de ex agitadores sesenteros y acomodados. Hemos acabado siendo todos caracoles, y todos cogidos. Por el sitio que ustedes imaginan.

Ya es imposible ocultarlo: hasta un escritor tradicionalmente tan poco dado a arremangarse para bajar al pozo ciego de la realidad española como Javier Marías ha hablado estos días del furor prohibicionista que se observa no sólo en las autoridades sino en la propia sociedad.  Por supuesto, todo ha sido obra de la progretería, que reduce las libertades a paso de carga haciendo como que las amplía, a veces apoyada con abierto entusiasmo (y no sólo con su cobardía) por el reaccionarismo de derechas. Esto lo he dicho ya alguna vez, pero conviene recordarlo: cuando llegué a esto del periodismo mi primer director me dijo que podía meterme con todo menos con tres cosas: con la democracia, con el Rey y con El Corte Inglés. Hoy te puedes meter con la democracia (bajo especie de llamarla "formal, no como la de Cuba o Venezuela, que son las buenas), lo del Rey ya no es lo que era y desde que la publicidad tampoco es lo que era hasta te puedes meter con El Corte Inglés. Con lo que no te puedes meter es prácticamente con todo lo demás, sobre todo aquello de entre todo lo demás que tiene algún interés para meterse. Aquí el único que puede tirar de la manta sin miedo es Miguelito Bosé.

Hace doce, quince o veinte años escribías algo con su poco de substancia en los periódicos y todo lo más se allegaba al periódico la persona concreta a la que aludías a cogerte por las solapas, sin acudir a instancias represivas mayores. Ahora escribes algo de medio qué y de momento te encuentras enfrente a la fiscalía del ramo, a cuatro o cinco colectivos, al defensor del no se qué, al guardador de lo nosecuántos,  a la asociación de vecinos, a la plataforma en defensa del cómo me la maravillaría yo, a los agentes sociales de las minorías opresivas, quiero decir oprimidas, y otra clase mucho menos tranquilizadora de agentes,  al equipo médico habitual de procuradores de la corrección por el tercio clientelar y a tropocientas cuevas de "trolls" internáuticos dando a tus muertos hasta el el libro de familia numerosa.  Un panorama. Y pensar que hubo un día en que incluso se podía decir algo y, a veces, incluso un poco más que algo.




La "mierda del artista" nos salpica a los ciudadanos al pasar

8 de Marzo de 2010 - 20:21:14 - José Antonio Martínez-Abarca - 16 comentarios

Igual que la guerra es algo demasiado serio como para dejarlo en manos de los militares, la cultura es una cosa suficientemente delicada como para que evitemos dejarla en manos de los culturetas. Desde que el arte ya no es arte sino lo que uno cualquiera dice que es arte (un disparate conceptual semejante a si dijéramos que Dios ya no "es El que Es", sino el que unos fulanos tienen el capricho que sea en cada momento), los artistas, no es ya que hayan dejado de ser intelectuales, puesto que nunca lo han sido, y con frecuencia son lo contrario, sino que también han dejado de ser esforzados y mal pagados creadores para pasar a ocupar el mullido y mucho más rentable puesto de expendedores santificados de ocurrencias, con la bendición de los frustrados de la prensa.
 
Así, en Murcia, en la muy improbable exposición pública "Arte por la Sostenibilidad (sic)" subvencionada por la consejería de Agricultura previamente a que retiraran tal subvención por la inabarcable imbecilidad demostrada por imprescindibles hacedores como Belzunce o Yagües, grosera hasta para un Gobierno del PP, que como se sabe por el pecado original de ser de derechas tiene asumido que debe soportar el martirio hasta límites fuera de la comprensión humana. Es perfectamente plausible, eso sí, que la exposición/excreción/deyección pública de algunos ocurrentes a los que nadie creo tenga ya el humor para calumniar llamándoles artistas fuera financiada por la consejería de Agricultura, y no la de Cultura. No hay posible errata: la pestilente exposición entraba de lleno en el departamento pecuario de la consejería del ramo, y de ninguna manera en lo cultural.

Lo de eyectar todo tipo de cerderías contra el símbolo de la religión cristiana, el crucifijo, ya cansa incluso en el arte moderno. Ningún ocurrente de ésos que enlata su propia mierda (y le da reverencioso tratamiento, no de lata, sino de Arca de la Alianza) pretendería hacer pasar ya ninguna blasfemia ni ninguna profanación a la religión cristiana por disolvencia o provocación artísticas, porque todas las vejaciones de este tipo ya están hechas y podrían pasarse por horario infantil a un público de pastorcillas de Fátima sin que se les desmandase ni una oveja. Lo único que hoy puede considerarse provocación (algo, no contra, sino meramente "sobre" la religión musulmana) está aún esperando sentado que venga su primer artista rompedor. Pero si además se aprovecha para poner la cara del consejero de Cultura, sr. Cruz, en el crucifijo y unos billetes de banco que ocultan un pene con la cara del presidente regional, y se pretende contar con la subvención de ese mismo Gobierno, es que la sacratísima mierda del artista bendecida por los frustrados de la prensa ha ido demasiado lejos, y aparte de cansar nos salpica a todos los contribuyentes con ese hedor que, como saben los que trabajan en los cebaderos porcinos, no se va por mucho que te duches.
 
Ya digo que es demasiado incluso para un Gobierno del PP, que según la superioridad moral de los de siempre debe aguantar el martirio cultureta hasta extremos inconcebibles por el pecado de pensar incorrectamente. Por lo mismo que decíamos de los islámicos, todavía está esperando sentado algún Gobierno socialista (que saben perfectamente qué hacer con el poder y con los enemigos de ese poder) a su primer ocurrente subvencionado que venga con este tipo de gracias, a ver qué ocurre. Que lo que pasa aquí es que no hay huevos para tratar de humillar a otros que no sean los de costumbre.

Socialismo Real y Socialismo Rectal, interacción y sinergias

6 de Marzo de 2010 - 19:23:27 - Pablo Molina - 7 comentarios

La última frontera de las ideas socialistas es conseguir un discurso uniforme que comprenda la escatología ideológica con la anatómica. El socialismo hispano, que no ha aportado en toda su Historia una sola idea que sus colegas del continente estimen como válida, tiene ahora con Zapatero la oportunidad histórica de elaborar una línea de pensamiento muy aprovechable en materia de ingeniería social.
En esta última semana hemos visto perfilarse los trazos maestros de esta nueva forma de implantar el socialismo, gracias a la campaña del culito sindical montada por la UGT y, ahora, con el manual elaborado por la Cruz Roja (estoy deseando que vengan a venderme papeletas del sorteo de los lingotes), en el que se anima a los menores de edad a probar las delicias del sexo anal. Con preservativo, eso sí, que no se diga que Bibiana deja algo al azar.
El trasero del sindicalista de la campaña contra el contrato de trabajo y el de los protagonistas de este juego online, quintaesencian la producción intelectual de nuestra izquierda, cuyo cerebro podríamos decir que continúa ubicado en regiones muy próximas a las utilizadas en su propaganda.
Pero por debajo del mal gusto habitual de nuestra izquierda, reflejado en ambas campañas, subyace su eterna lucha contra las instituciones espontáneas que nos hacen libres y prósperos. A los jóvenes en edad laboral les dicen que se palpen las nalgas cuando un empresario quiera contratarles, y a los menos jóvenes que utilicen también la infraespalda pero de otra manera, por cierto muy del gusto de insignes socialistas "propensos" a este tipo de hobbies. En todo caso, se trata de que los jóvenes se incorporen a la vida laboral cuando los ungidos del partido lo dispongan y que los niños salgan del instituto convenientemente aleccionados en contra de sus padres.
Al final, el socialismo real llegará a occidente por vía rectal. Quién iba a decirlo

El "modelo de la cabra sostenible" ha muerto

5 de Marzo de 2010 - 19:41:15 - José Antonio Martínez-Abarca - 4 comentarios

Felipe González Márquez, en Cartagena (Murcia, o "Murcia puerto", como dicen algunos "huertasunos"), última campaña electoral para las generales: "El ladrillo ha muerto" (podría haber añadido, como desinencia necesaria: ¡ha muerto, luego vivan las joyas!). Gran clamor entusiasta entre el auditorio del PSOE. El ladrillo había muerto, según los socialistas, que querían imponer aunque sólo en las comunidades autónomas donde no gobernaban, siguiendo la cosmovisión monclovita vagamente indigenista, el nuevo modelo de desarrollo, llamado popularmente "el de la cabra" o "el de la cabra sostenible". El modelo de la cabra sostenible  era, sencillamente, el modelo de no hacer nada y dejarlo todo al curso del viento. Simplemente que Murcia quedara como parque temático protegido de una sociedad ida, que ya no existe, dedicada a la ensoñación rumorosa de las albercas y las norias, temerosa de la corrección política ambiente, añorante de un pasado islámico hoy sostenido por las huestes antioccidentales de la chancla y la costra, odiadora de todo librecambismo (sólo se toleraría, como mucho, la economía de trueque), aspirante a vivir del Seguro Público todos los días de la semana menos los domingos, en que harían senderismo para observar la lagartija de rabo colorado, la oruga procesionaria de los pinos y otros actos altermundistas. Un modelo simbolizado en la ramoneante cabra autóctona que ofrece "kefir" naturista a los concienciados procedente de parameras biológicas.

Desde lo de Felipe, en la Región de Murcia los socialistas no han hecho sino enriquecer ese primigenio "modelo de la cabra sostenible" con otras cogitaciones salidas de su "brainstorming" periférico: Murcia estaba abocada a perder el tren del futuro por causa de haber fiado su economía en el urbanismo desbocado, no en la "sociedad del conocimiento". Había surgido una nueva estrella, entre los "mantras" a repetir: la sociedad del conocimiento, que se quería un a modo de concurso de ideas futurista dirigido a una naciente sociedad que, según las estadísticas, no conoce los rudimentos de ningún idioma, ni siquiera el castellano, pero, a causa de movimiento telúricos provocados por una ideología inductiva, adquiriría por ósmosis la capacidad de hacer de la Región de Murcia la nueva Silicon Valley. Todo presidido por la demiúrgica cabra, naturalmente. La cabra, que no falte. Pero resulta que la cabra esta semana ha amanecido muerta. El "kefir" biológico, agriado. Y el rumoroso barbotear ensoñado de norias y albercas como salidas de malas páginas de Antonio Gala (quien dijo en público, aquí, aquello de "cuando Murcia me llama, acudo como un perrito, moviendo el rabo") ha desaparecido en favor del planeo circular de las aves carroñeras de la crisis. No había tal modelo. Nadie nos presentó formalmente a la cabra. Las huestes de la costra y la chancla se han quedado sin madrina.

Los socialistas, incluso para las comunidades autónomas donde no gobiernan, avanzan ahora el modelo de futuro que decían obsoleto, el que era contemplado con severidad un poco "yihadista" por la implacable cabra sostenible: precisamente el del ladrillo. "No hay que demonizar al ladrillo", espeta ahora quien se apresuró a coger el hisopo de exorcista cuando no era el ministro don José sino Pepe. El mismo ladrillo que Felipe González Márquez, en la campaña electoral que dio con los huesos de Rajoy en su segunda derrota, decía felizmente acabado porque todos nos íbamos a dedicar a la engastación de joyas. No tan felizmente, ni tan acabado, el modelo. Como que esto, para los socialistas, empieza ahora.

Zapatero pregunta educadamente a Chávez si sabe algo de la ETA

1 de Marzo de 2010 - 22:10:13 - Pablo Molina - 8 comentarios

La, digamos, política internacional de Zapatero está hecha a medida del personaje. Moratinos no es más que un funcionario balbuceante con evidentes dificultades para expresar un pensamiento de forma verbal, cuya única misión es recibir en sus orondos mofletes las bofetadas diplomáticas dirigidas al circunflejo.

Pero más allá de esta constatación, resulta interesante que de vez en cuando ZP se vea en el bochorno de fingir que pide explicaciones a uno de los referentes marxistas con los que anda encamado desde que llegó al poder. Y es que lo de la colaboración del chavismo con la ETA, aunque sobradamente conocido, ha quedado suficientemente contrastado en la sede de la Audiencia Nacional. Esto es demasiado incluso para un personaje sin escrúpulos como Zapatero, que no obstante debe aparentar cierta decencia política en un tema tan sensible como el terrorismo.

¿Quién puede postrarse de hinojos ante un régimen que tiene como segundo a un señor como Elías Jaua, vicepresidente de la Venezuela de Chávez, de cuyas relaciones con las FARC, Cuba y la ETA hay datos más que abundantes en las hemerotecas? Pues naturalmente José Luís Rodríguez Zapatero y la alegre muchachada del trinque subvencionado.

Cómo será de siniestro este energúmeno, Jaua me refiero, que ¡hasta Argentina le negó el plácet cuando Chávez intentó colocarle allí de embajador! Somos la puñetera risión del mundo, pero maldita la gracia cuando se trata de desalmados que colaboran con una banda asesina que tanto dolor ha provocado en nuestro país.

La recuperación económica tardará tres lustros en llegar a España, pero la recuperación diplomática es seguro que no la verá nuestra generación.
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