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26 de Junio de 2008 - 11:01:58 - Pablo Molina
Decía Albert Einstein que había dos cosas infinitas, el universo y el número de tontos, aunque de lo primero no estaba totalmente seguro. Y eso que no llegó a conocer a Urkullu y Puigcercós.
Ambos están en su derecho de desear la derrota de la selección española, e incluso de proclamarlo públicamente, faltaría más, pero al menos deberían ser un poco consecuentes.
"Porkulu" dice que prefiere que la eurocopa la gane Rusia, lo que resulta un poco contradictorio con su condición de separatista vasco. Porque la Rusia de Putin, es decir, la Rusia actual, no es que se haya prodigado en atenciones hacia el pueblo checheno y sus ansias de independencia, similares a las de los miembros del PNV (o "Chorra cinco", como dice mi amigo Barbadillo). Al contrario, si los rusos no han arrasado todavía Chechenia y exterminado a su población, es sólo por la matraca esa de la ONU, los derechos humanos y tal, no por falta de ganas ni por capacidad de armamento. Pues bien, Porkulu va con los opresores. Qué digo va, está entusiasmado, hasta el punto de desear su victoria futbolística antes que la del país que figura en su carné de identidad.
En cuanto a Puajcercós, debería exigir al todavía presidente del Barça, otro nacionalista radical, que obrara en consecuencia y renunciara a participar en la liga del estado español para organizar una competición "nacional" propia. El entusiasmo de los aficionados catalanes por una liga en la que el Barça tuviera que medir sus fuerzas cada domingo contra potencias futbolísticas como el Gavá o el Balaguer sería ciertamente indescriptible.
En todo caso, no se imaginan el prestigio que declaraciones como las de Porkulu y Puajcercós otorgan al movimiento nacionalista fuera de nuestras fronteras. Una cosa elegante, inteligente y moderna. La vanguardia del Siglo XXI, pasado por lo futbolístico.