12 de Febrero de 2012 - 15:04:03 - Juan Manuel González - 1 comentario

Valérie Donzelli, considerada una de las grandes promesas actuales del cine francés, ha basado Declaración de guerra en su experiencia personal. El hijo que tuvo con Jérémie Elkaïm, también protagonista masculino y coguionista de la cinta junto a la propia Donzelli, sufrió un grave cáncer que a punto estuvo de acabar con la unidad familiar. El filme narra el descubrimiento de la enfermedad, los efectos que tuvo en la joven pareja, y las medidas que aplicaron para atajar una tragedia, aparentemente, fuera de todo control. La película fue elegida por Francia para participar en los Oscar en una maniobra que, al margen de los resultados (la película no pasó el corte de la Academia de Hollywood), resulta absolutamente comprensible.
Y es que, para entendernos de forma un tanto obvia, Declaración de guerra recoge lo mejor del cine francés y del americano. Del primero evoca los procedimientos de la Nouvelle Vague, conservando su expresivo trabajo de cámara, y utilizando toda una variedad de recursos visuales (y sonoros) para penetrar en la intimidad y la mente de la pareja, a la vez que retrata de forma verista el entorno cotidiano –crecientemente opresivo- que les rodea. Y respecto al segundo, Donzelli no duda convertir a sus protagonistas en dos modelos de conducta, sacrificio y superación, mientras la película se adentra en el peligroso territorio del melodrama, pero sin caer en una deriva sentimental o ingenua alguna.
En Declaración de guerra, un narrador omnisciente e imparcial nos introduce en la dramática historia de forma absolutamente impersonal. Donzelli no duda en adornar el relato con elementos de un deliberado irrealismo, pero que nunca resultan ingenuos. En un momento dado, la pareja protagonista, llamada no por casualidad Romeo y Julieta, se arranca en un número musical a dos bandas, y en numerosas ocasiones tienen lugar insertos casi oníricos que parecen retratar el avance de la enfermedad en el niño. Ninguno de estos recursos, gratuitos sobre el papel, ahogan la película, sino que redundan en su riqueza gracias a la sensibilidad y verdad emocional que le otorga Donzelli. Ambos están perfectos también como protagonistas: junto a Elkaïm, dan el pego como pareja joven y espontánea que se resiste a someterse al destino, convirtiendo Declaración de guerra en un filme excelente, de los que conmueven, y sí, tremendamente divertido y esperanzador.
11 de Febrero de 2012 - 14:51:34 - Juan Manuel González - 1 comentario

El invitado es el salto a Hollywood de Daniel Espinosa, joven realizador cuyo anterior thriller criminal, Dinero Fácil (Snabba Cash), basado en la novela negra de Jens Lapidus, ya indicaba que la dirección a dónde apuntaba el sueco no eran exactamente los bajos fondos de Estocolmo, sino la meca del cine americano. En la presente, Espinosa se ha entregado a un thriller de espionaje y acción dividido entre su naturaleza de derivado de la saga Bourne, la fantástica trilogía de acción que protagonizó Matt Damon para el mismo estudio, Universal, y la ambigüedad antiheroica de Training Day, filme que le reportó un Óscar a su estrella, Denzel Washington.
En esta ocasión, nos encontramos con un exespía retirado, Tobin Frost (Washington), acusado de vender secretos de Estado, y que se entrega a la embajada americana en Ciudad del Cabo, tras años desaparecido. Cuando el piso franco donde Frost es interrogado es asaltado por unos atacantes, el joven e inexperto agente Matt Weston (Reynolds) resulta el único superviviente. Weston y Frost y se ven obligados a colaborar mutuamente para sobrevivir a sus nuevos enemigos...
El invitado es, pues, un intento de su estudio por prolongar la estela de la influyente trilogía del agente desmemoriado Jason Bourne, nuevo arquetipo del thriller de espionaje y acción. Lamentablemente, Espinosa se ha encontrado de frente con las necesidades de su estrella principal, un Denzel Washington que está perfecto en su papel, pero que exige al guión y al realizador más explicaciones de las que su personaje necesitaba. El prólogo de la cinta, confeccionado para presentar a su protagonista, y organizar una perfecta persecución, resta la ambigüedad necesaria a Tobin Frost y, sobre todo, imposibilita el que hubiera sido el (perfecto, físico) arranque de la cinta: la llegada de éste al piso franco que da el título original a la película. Después, Espinosa da la impresión de perder el compás a la hora de crear la química entre los personajes de Washington y Reynolds, de encajar la trama de redención del primero, y de aprendizaje del segundo, en una misma historia, añadiendo subtramas (una sentimental, otra de implicaciones internacionales) que tratan de responder preguntas que, en realidad, nadie había hecho. Podríamos decir que en El invitado, el alma de Bourne y la de Training Day no acaban de coexistir en beneficio del relato.
No obstante, y pese a carecer el espesor y la intuición de su máximo referente, el británico Paul Greengrass (y es que la experiencia siempre es un grado a la hora de manejar los clichés), la espléndida factura del producto, para el que se ha convocado al mismo director de fotografía de la trilogía Bourne, Oliver Wood, y la labor de sus secundarios, que resuelven extraordinariamente unos personajes maniqueos (ahí están Vera Farmiga y Brendan Gleeson), resuelven la jugada a Espinosa. El invitado es, pese a lo mencionado más arriba, una cinta sólida, trepidante y atractiva, tremendamente bien filmada (atención a la persecución en coche que sigue al asalto a la casa), y que destila una clara desazón en su visión de las cloacas de los servicios secretos. Espinosa queda situado como un realizador de acción a seguir desde ya.
10 de Febrero de 2012 - 09:26:45 - Juan Manuel González - 5 comentarios

Antes de abordar nada, pensemos por un momento en Steven Spielberg. El realizador, que dejó pasar tres años entre la espléndida Munich (2005) y la fallida cuarta entrega de Indiana Jones (2008) se ha descolgado, en apenas unos meses y sin aparente esfuerzo, con una cinta de animación de vanguardia, Las aventuras de Tintín, y la presente Caballo de batalla, un drama bélico narrado en clave de cuento de hadas y basado, a la vez, tanto en la novela juvenil de Michael Morpurgo como en la adaptación teatral de ésta.
Y si me permiten otro párrafo a modo de inciso, pensemos también en lo insólito que resulta que dos realizadores de más de sesenta años, como son el propio Spielberg y Martin Scorsese, con esa obra maestra que es La invención de Hugo, acusados en más de una ocasión de finiquitar el Nuevo Hollywood de los setenta que ellos mismos abanderaron, hayan sido capaces de elaborar dos de los espectáculos de Hollywood más nostálgicos, clásicos y -genial paradoja- vanguardistas de los estrenados en el último año.
En Caballo de batalla, el realizador ha abordado el conflicto bélico de forma más simbólica que nunca, desde los ojos de un caballo... pero sobre todo desde el propio cine. El filme es la historia de amistad entre el joven Albert y Joey, un caballo de granja que es vendido a la caballería británica para luchar en el frente de la Gran Guerra. La alegoría de Spielberg bebe al menos de dos fuentes, la que le proporciona la herencia del cine clásico norteamericano, y la de su propia trayectoria como realizador. En este sentido, Spielberg parece estar echando un pulso con el propio Spielberg, haciendo convivir la faceta más sentimental, romántica y evocadora del autor de E.T., con aquella que se atrevió a abordar todas las caras de la guerra, ya sea el Holocausto o el desembarco de Normandía, con una crudeza insólita e inesperada. Sorprendentemente, y para demostrar que el realizador no se arrepiente de ninguna de las dos, o de que ambas son ya indisolubles, es el primer Spielberg el que sale (aparentemente) vencedor de esa tensión creativa.
Lo que en principio podría parecer una regresión, en manos de Spielberg supone una mirada a sus orígenes como forma de caminar hacia delante. El realizador abraza el universo simbólico del cine épico y clásico con fruición, confía ciegamente en el relato que enuncia sin cinismo y sin un atisbo de ironía. Se trata de una decisión deliberada, de una opción artística tan criticable -por su tono solemne, pero nunca pretencioso- como llena de sentido, en la que Spielberg, sin embargo, vuelve a situarse a la vanguardia del cine, atreviéndose a deconstruir el cine clásico y la tragedia de la Guerra... ahora a través del discurso de Hollywood, devolviendo todo su valor y emotividad a uno y otro desde la mirada inocente y heroica de un animal.
Pero todavía más que eso, lo que de verdad importa en Caballo de batalla, y lo que la diferencia de algún que otro fiasco como la melosa Amistad, es la fastuosa e infinita capacidad de su autor de narrar a través de las imágenes y la música de John Williams. Spielberg trata de liberarse de ataduras innecesarias, intenta prescindir (casi siempre) de palabras y hasta, por qué no, de renunciar al mismo guión, entregándose al puro pictoricismo visual en un viaje sensorial y sentimental que requiere liberarse de límites racionales.
Spielberg demuestra que no hay nadie como él a la hora de extraer puro oro de instantes aparentemente intrascendentes, de dirigir la mirada del espectador a un lado y a otro de la imagen y utilizar áreas inéditas del plano para buscar la emoción. El joven Albert colocando a Joey el arnés (escena en la que Spielberg se atreve a implicar de manera magistral la mirada... ¡de un ganso!) o dando de comer por primera vez al caballo, en uno de los primeros momentos, creo recordar, en los que Williams destapa su maravilloso tema central; la ejecución de dos de los protagonistas de la historia, escondida por el girar de un molino, o el punto que compone un jersey que se transforma en los surcos de un campo arado en una asombrosa transición...
Son destellos constantes de genio que conviven con set-pieces emotivas y apabullantes, como las de Joey arando por primera vez (la mejor escena del filme); galopando por la trinchera en pleno bombardeo; o las dos ocasiones en las que salva la vida a su compañero de fatigas (la primera colocándose él mismo el arnés, y la segunda ofreciéndose a tirar de las armas pesadas). No obstante, también existen momentos en los que el filme ofrece todo lo que lleva a través del diálogo: el Abuelo, interpretado por un excelente Niels Arestrup (Un profeta) trazando un paralelismo entre Joey y una paloma mensajera, o ese episodio, entre surrealista y spielbergiano, en el que dos soldados de bandos opuestos arriesgan sus vidas para liberar de los alambres de espino a la criatura.
Dicho esto, Caballo de batalla resulta un filme un tanto desequilibrado e imperfecto. Su mejor parte es la primera mitad, y luego se entrega a una estructura episódica que no siempre funciona. Y desde luego y efectivamente, no es la mejor película de Spielberg. Pero tal y como me dijo un amigo, representa todo aquello por lo que algunos de nosotros, los más afortunados, seguimos yendo al cine.
8 de Febrero de 2012 - 12:17:38 - Juan Manuel González - 2 comentarios

Nuevo concurso en Confesiones de un Cinépata de Libertad Digital. Lo mejor de Eva, del director Mariano Barroso (Los lobos de Washington, Mi hermano del alma), se estrena este viernes 10 de febrero, y para celebrarlo sorteamos varios packs compuestos por un paraguas, una práctica bolsa y un set de bolígrafos para todos aquellos lectores que envíen un correo a confesionesdeuncinepata@gmail.com con la respuesta a una simple pregunta que os formulamos más abajo.
Lo mejor de Eva, protagonizada por los atractivos Leonor Watling y Miguel Ángel Silvestre, es la historia de una joven una jueza con mucho futuro y enteramente entregada a su profesión. La investigación del asesinato de una bailarina de strip-tease lleva a Eva hasta Rocco, un misterioso personaje que fue novio de la víctima y que la introduce en un juego erótico que lleva a la jueza a plantearse su lado oculto. Las intenciones de cada uno de ellos no las sabremos hasta el final del largometraje...
La pregunta que os formulamos es muy sencilla. Necesitamos, eso sí, que en el asunto del correo pongáis ‘sorteo Lo mejor de Eva’ y que en el correo, junto a vuestra respuesta, enviéis vuestro nombre y dirección postal completa, para poder enviaros los regalos en caso de ganar.
Pregunta: simplemente cita el trabajo del personaje protagonista femenino, o del masculino.
¡Suerte y atentos a próximos concursos!
5 de Febrero de 2012 - 20:57:51 - Juan Manuel González - 2 comentarios

La final de la Super Bowl, que este año enfrenta a los Giants de Nueva York con los Patriots de Nueva Inglaterra, congrega cada año a audiencias millonarias y mueve millones de dólares en contratos. Sin perdernos en las astronómicas cifras, el enorme escaparate publicitario que supone ha provocado que Hollywood aproveche a mostrar a sus potenciales espectadores los avances los estrenos de lo que podríamos llamar la temporada primavera-verano de los grandes estudios, en la que de manera nada casual figuran algunos de los que serán los blockbusters o previsibles taquillazos de todo el año 2012.
De esa manera, en lo que podríamos denominar ya una tradición publicitaria, se pudieron visionar breves avances, de poco más de medio minuto de duración, de cintas como Los Vengadores, John Carter, Battleship, Los Juegos del hambre... todos ellos considerados tent-poles o títulos punteros por los estudios para la temporada que sobreviene. El interés que el espectador de la Super Bowl muestre por cada uno de ellos motivará la satisfacción o el pánico en las oficinas de las majors, pudiendo derivar en modificaciones sustanciales de las campañas publicitarias de algunas de ellas. Aprovechamos a presentarlas aquí de forma casi tan sucinta como los propios avances, cuya brevedad no debe engañarles: todos ellos están meticulosamente pensados para llevar al público al cine entre marzo y agosto de 2012...
Según sean cogados en la red, iremos modificando y actualizando esta entrada con nuevos títulos y los avances extendidos.
Los Vengadores
La adaptación Marvel definitiva –al menos hasta su secuela- reúne a todos los personajes de la Editorial que han tenido película –Iron Man, Thor, Capitán América...- y a algunos más bajo la dirección de Joss Whedon. Un servidor está expectante precisamente por la elección de este director, anteriormente un doctor de guiones habituado a pulir textos ajenos y también brillante autor de cómics (Marvel, cómo no) y de series de televisión.
El dictador
Sacha Baron Cohen regresa a hacer de las suyas con una mofa del dictador Saddam Hussein y todo lo que se cruce en su camino. Para ello se ha rodeeado de un mito trash como Megan Fox y del gran Ben Kingsley, con el que, por cierto, también coincidió en La invención de Hugo, de Martin Scorsese (un filme que, les anticipo, es mejor que otro show de nostalgia cinéfila como es The Artist, y que debería ganar el Óscar a la mejor película, si hubiera justicia en este mundo –que no la hay-). Atención a la Plaza de España de Sevilla.
G.I. Joe: La Venganza
Después de los mediocres resultados de la primera adaptación de la franquicia juguetera de Hasbro, la Universal se tomó un tiempo para pensarse las cosas y resetear la franquicia con un tono más Fast and Furious, ahora la saga de más éxito de la major. En consecuencia, en esta secuela todo es más sudoroso y bruto gracias, en parte, a las adiciones del divertido Dwayne Johnson y Bruce Willis, enfrascados en una misión de venganza contra Cobra. El coreógrafo de bailes Jon Chu dirige el cotarro, por si importa.
Los Juegos del Hambre
Ahora que ya no hay Harry Potter y que Crepúsculo afronta su recta final, Hollywood busca nuevas novelas juveniles que capten ese abundante público adolescente. Los juegos del hambre es la primera novela de una saga de la escritora Suzanne Collins, y en esta ocasión todo parece tener un tono de ciencia ficción distópica y aventurera ciertamente distinto de las anteriores. Katniss es una joven obligada a participar en un brutal reality show de supervivencia en una Norteamérica arrasada. Lo que sí ganamos seguro es el paso de la actriz Jennifer Lawrence, protagonista de Winter’s Bone, al estrellato que -de momento- creemos que merece.
John Carter
Disney, que ha adelgazado notablemente el presupuesto de casi todas sus apuestas, se ha gastado sin embargo más de 250 millones de dólares en esta adaptación a la gran pantalla del personaje creado por el escritor Edgar Rice Burroughs. La ambientación marciana y el tono entre tradicional y futurista del invento, que recuerda bastante al Avatar de Cameron, pueden convertir la película dirigida por el ex de Pixar Andrew Stanton (Wall-E, Buscando a Nemo), en una potencial franquicia familiar.
Battleship
Al igual que G.I.Joe y Transformers, Battleship no es otra cosa que la traslación a la gran pantalla de un producto juguetero, en este caso el juego de mesa Hundir la Flota (¡!) con naves extraterrestres. Universal ha confiado a Peter Berg (La sombra del reino) la dirección de un filme que parece obedecer a la fórmula Transformers-pero-en-el-agua. Protagonizan Liam Neeson, Taylor Kitsch (que también lidera el reparto de John Carter) y la cantante Rihanna.
Y a modo de curiosidad, los de Honda han capturado a Matthew Broderick para anunciar un nuevo modelo. ¿Se acuerdan de Todo en un día, de John Hughes?. Yo sí.
4 de Febrero de 2012 - 15:55:56 - Juan Manuel González - 2 comentarios

En el desenlace de una de las mejores comedias gamberras de la factoría Apatow, la reciente Paso de ti, el director Nicholas Stoller y su protagonista y guionista, Jason Segel, proporcionaban la catarsis final a su patoso protagonista con una adaptación teatral del Drácula de Bram Stoker... protagonizado, nada menos, que por una serie de entrañables marionetas. Sea por el destino o el bueno olfato de Walt Disney Pictures, responsable actual de la explotación de la obra del desaparecido Jim Henson, el caso es que tanto Stoller como Segel se encuentran ahora a los mandos la nueva adaptación de los queridos teleñecos, que regresan a las pantallas de cine después de doce años de ausencia.
Los Muppets, en manos de Stoller, Segel (también protagonista humano de la función) y el director James Bobin, resulta un recorrido tan hilarante como nostálgico por la mitología de unos personajes que pertenecen a tiempos pretéritos, algo que permite al trío creativo hacer de la necesidad, virtud, y convertir la película en un entretenimiento tan válido para la audiencia adulta (que fue la que realmente creció con los personajes) como la puramente infantil a la que se dirige el producto.
Por eso mismo, la historia plantea el regreso de los Teleñecos con calculada ingenuidad, como un suceso forzado y un acto redentor de Gustavo y Peggy, decididos a afrontar el último y definitivo show televisivo de unas criaturas ahora obsoletas y a las que el mundo, y un malvado millonario encarnado con sorna por Chris Cooper, parecen decididos a dejar atrás. Es la manera del largometraje de coger el toro por los cuernos y asumir de frente su condición de mirada nostálgica, tan reivindicativa como irónica, quizá innecesaria, a las famosas criaturas de Henson. Pero lejos de resultar desanimada, Los Muppets lo hace de forma inesperadamente vigorizante.
La película plasma esa paradoja recreando un mundo pretérito, ñoño e imposible, parodiando con tanta ironía como cariño los musicales clásicos de los cincuenta y sesenta, y sobre todo a través de ese bellísimo disparate de convertir un diminuto teleñeco... ¡en hermano del altísimo Jason Segel!, un elemento que –por cierto- da lugar al excelente número musical nominado al Óscar ‘Man of Muppet’, y que incluye un cameo planteado de forma entrañable.
Pese a algún que otro desajuste en el ritmo –la película es demasiado larga-, y que desearíamos aún más tragedia e ironía –al fin y al cabo, estamos hablando de una obra familiar- Los Muppets también se benefician de la entrañable presencia de Segel y una extraordinaria Amy Adams, toda ella tan achuchable como un Teleñeco. Los números musicales sorprenden en su premeditada simplicidad, y los cameos de estrellas, en la mejor tradición del programa original, resultan divertidos. Los Muppets (no sé ustedes, pero yo prefiero ‘Teleñecos’ de toda la vida) han triunfado indiscutiblemente en su regreso al largometraje.
3 de Febrero de 2012 - 13:12:00 - Juan Manuel González - 4 comentarios

Promoción Fantasma supone un paso adelante para el joven realizador Javier Ruiz Caldera, que hace un par de años debutó en el cine con la muy irregular Spanish Movie, la spoof o película de parodias a costa de los últimos éxitos del cine español. En esta ocasión, pese a puntuales concesiones al guiño puro y duro, y en contra de lo que su reclamo publicitario podría dar a entender, la comedia que ahora nos llega es mucho más un homenaje (inesperado y agradable) a la comedia escolar y sobrenatural de los ochenta que una nueva muestra de comedia de adolescentes hormonados.
Sin despreciar del todo esa guasa más o menos grosera de la comedia escolar más gamberra, versión Porky’s o American Pie (atención al monólogo final de Carlos Areces), Promoción Fantasma sorprende por optar, sin embargo, por una emotividad nostálgica netamente eighties visible en los abundantes circunloquios románticos y sobrenaturales de la trama, y en una culminación totalmente spielbergiana en su concepción, por mucho que algunos desajustes en el tramo final de la historia (en la que perdemos un tanto la pista de un estupendo Raúl Arévalo) perjudiquen la eficacia de esa catarsis sobrenatural del desenlace. Promoción Fantasma es, pese a todo, un sincero homenaje de Ruiz Caldera y sus guionistas a la labor del prematuramente fallecido John Hughes, que en los ochenta popularizó películas como ‘El club de los cinco’ o ‘La chica de rosa, todas ellas aproximaciones bien distintas al género adolescente que vendría después.
Ruiz Caldera, en su apuesta por una comercialidad abierta, abraza las convenciones del género con una habilidad sorprendente, y deja por el camino un buen número de gags e ideas visuales tremendamente eficaces que le sitúan como un director aventajado, prometedor y popular en la mejor acepción del término. Prueba de todo ello es lo bien que está su reparto al completo, encabezado por unos estupendos Raúl Arévalo y Alexandra Jiménez –que resuelve con talento un personaje algo desdibujado- y sobre todo, e inesperadamente, el buen retrato grupal de los fantasmas juveniles que canalizan la función. La planificación y el aspecto visual de bastantes secuencias (se me ocurre la del baile que abre la película, por ejemplo) resultan tremendamente animadas, fluidas y acertadas, y el tono, tan alocado y surrealista como nostálgico y hasta romántico, resulta inesperadamente agradable. Ruiz Caldera también obtiene el mejor partido posible de representantes del humor chanante televisivo, dosificando con mano maestra las apariciones de Carlos Areces o Joaquín Reyes como ningún realizador ha logrado hasta ahora. Para quien esto escribe, y asumiendo sus limitaciones y defectos, la bonhomía adolescente de Promoción Fantasma ha resultado una experiencia más positiva –y divertida- de lo esperado.
2 de Febrero de 2012 - 08:13:07 - Juan Manuel González - 2 comentarios

Moneyball es la historia real del entrenador Billy Beane (Brad Pitt), estrella fracasada del beisbol que en 2002, y con un presupuesto irrisorio, hizo que el modesto equipo de los Oakland Athletics batiera todos los récords históricos de victorias en la liga profesional. Beane contó, eso sí, con la ayuda de Peter Brand (Jonah Hill), un economista recién licenciado en Yale que nunca había levantado un bate de béisbol, y que aplicó criterios de gestión puramente estadísticos para lograr unos resultados deportivos casi óptimos. La película protagonizada por Brad Pitt, que adapta el volumen Moneyball: The Art of Winning an Unfair Game, de Michael Lewis, se ha apuntado un tanto comercial en su país de origen, EEUU, muy habituado a cierta clase de dramas deportivos y épicos aptos para el consumo del americano medio. Pero también, y de manera algo más imprevista, ha logrado un reconocimiento de la crítica casi absoluto, visible en las excelentes seis menciones al Óscar que la avalan (y que incluyen las de mejor película, actor y guión adaptado), y que la convierten en la tercera película más nominada del año. Pues bien: ¿Qué tiene entonces de especial la película dirigida por Bennett Miller (Truman Capote)?
Lo cierto es que, mirándola de cerca, Moneyball tiene mucho más en común con películas como La Red Social que con cualquier drama deportivo al uso. Lejos de la épica de andar por casa de Titanes o El milagro, de la exuberancia visual de Un domingo cualquiera, e incluso el tradicionalismo simplón de Invictus, Moneyball es mucho más una pieza de caracteres y un drama humano -empaquetado con melancolía, pero sin sensiblería-, que una aventura deportiva en la acepción más tradicional del término. La película dirigida por Bennett Miller aborda el juego con seriedad pero desde sus márgenes, a través de los intentos de Beane de reconstruir su equipo de una manera insólita, prestando toda la atención al proceso técnico, humano y tecnológico de construir un equipo más que al terreno de juego en sí mismo.
Para ello la película se vale de un trabajo de guión simplemente sobresaliente. Los reputados Steve Zailian y Aaron Sorkin, dos autores de categoría A responsables, respectivamente, de los libretos de En busca de Bobby Fischer y –precisamente y no en vano- La Red social, consiguen recoger la emoción de la primera de ellas y sobre todo la meticulosidad de la segunda gracias a lo que podríamos denominar, sin lugar a error, un texto de hierro y absolutamente blindado.
Y la herramienta de Miller para trasladarlo a la pantalla son los actores. Brad Pitt ha recogido los mayores elogios por su interpretación de Beane. El actor consigue aunar con intensidad y humor las contrariedades de un sujeto tan entusiasta como resentido. Y, atención, no nos olvidemos de un estupendo Jonah Hill que también está nominado al Óscar, y que complementa a Pitt de forma magistral. De la misma manera en que Beane aparece corroído por un fogoso sentimiento de rebeldía y pérdida, Brand, cuya formación es ajena al deporte, se guía por criterios distintos... en apariencia.El protagonista de Supersalidos resulta ser aquí el perfecto contraste (físico, intelectual) a la natural vehemencia de Pitt, y contribuye a definir de forma generosa el personaje de su compañero de reparto.
Moneyball trata del béisbol, pero de una manera casi abstracta. La película de Miller versa mucho más sobre aquello que las demás películas de su género nos escamotean: el retrato de la trastienda deportiva y el arte dentro del negocio (o el negocio dentro del arte), el puro proceso de estrategia deportiva y financiera, así como la constante lucha entre tradición y voluntad que hay detrás del campo. Pero la cinta también es el retrato apasionante de una relación profesional basada en una suerte de intuición personal y mutua, la de Beane y Brand, que Bennett Miller sabe captar muy bien. Nada de esto le resta épica a Moneyball. Al contrario, la tristeza y melancolía de sus imágenes, que parecen evocar cierta clase de identidad de país (atención a Beane escuchando la radio del coche por la autopista, mientras se celebra el trascendental partido), y las contradicciones que genera su realismo (algunos de los méritos de éste y Brand fueron, en cierta manera, tremendamente discutibles) la convierten en una excelente y compleja película que gustará mucho más a todos aquellos que no entendemos, ni queremos entender, el deporte del béisbol.
31 de Enero de 2012 - 10:04:25 - Juan Manuel González - 1 comentario

El año pasado, Bruce Willis, Sigourney Weaver y Henry Cavill, el nuevo Superman, se pasearon por la comunidad valenciana y Madrid para rodar The cold light of day, un thriller de acción dirigido por Mabrouk El Mechri (JCVD) en el que también se dejan ver los españoles Verónica Echegui y Óscar Jaenada.
La película comienza con el secuestro de los padres del joven protagonista durante sus vacaciones por España, pero al parecer no todo es lo que parece con la familia en cuestión. Lo que nos interesa más esta vez es el aspecto visual de la película. La fotografía de Remi Adefarasin, responsable de Match Point, Scoop y Elizabeth, entre otras, parece haber captado la bonita luz de nuestro país, incluyendo algunas escenas nocturnas y mediterráneas de lo más interesantes. Otro dato es la presencia de Benjamín Fernández, que ha trabajado varias veces con Tony Scott, en el diseño de producción de la película, rodada en gran parte en los estudios Ciudad de la Luz de Alicante. Con esto quiero decir que pese a los inevitables arrebatos exóticos, España parece lucir apropiadamente en las imágenes del filme.
Pero no adelantemos acontecimientos. The Cold light of day, coproducción entre España y EEUU presupuestada en unos ajustadísimos 25 millones de dólares, se estrena el 6 de abril en Estados Unidos, sin que tengamos fecha prevista para su desembarco en nuestro país.
29 de Enero de 2012 - 15:11:49 - Juan Manuel González - 4 comentarios

Si Bajo amenaza se hubiera estrenado en los noventa probablemente hubiera sido una apuesta más o menos relevante de un gran estudio y, quien sabe, tal vez hasta un razonable éxito de taquilla. Pero la cinta dirigida por Joel Schumacher (Un día de furia, El cliente, Asesinato en 8 mm) y protagonizada por Nicolas Cage y Nicole Kidman no pertenece a esa década, sino que se estrena ahora. Bajo amenaza, después de los soberbios resultados de Funny Games e incluso la española Secuestrados (un filme absolutamente salvaje y a reivindicar desde ya) resulta tan sumamente irrelevante e innecesaria que apenas capta nuestro interés.
Es la prueba de la nefasta salud de las carreras de sus tres caras principales. Schumacher aparece sumido en un mar de confusión desde sus dos entregas de Batman, pese (o quizás por) la variedad de géneros que ha afrontado en los últimos diez años. Y no me hagan hablar de Nicolas Cage y Nicole Kidman, por mucho que un servidor no le acabe de desagradar la deriva chusca y desprejuiciada del que fue intérprete de Leaving las Vegas...
Lo cierto es que Schumacher siempre ha estado en el punto de mira de la crítica, ya sea por el sensacionalismo de algunos de sus filmes, como la estupenda Un día de furia o la más o menos correcta Asesinato en 8mm; la intrascendencia de Última llamada o Jóvenes ocultos (aunque, que quieren que les diga, ambas me siguen resultando simpáticas) y en efecto, manchas enormes como El número 23, Batman Forever y Batman y Robin. Pero Schumacher responde, como siempre ha hecho, a la definición de un artesano que pone su oficio al servicio del filme en el que está implicado, con películas mejores y películas peores, ya sea una cinta indie de las que ahora (también) ocupan su tiempo, o una de género y más o menos insalvable como el que nos ocupa.
Pero a pesar de que Schumacher nunca me ha parecido un realizador horrendo, no confundan esto con un alegato a favor de Bajo amenaza, un producto de relleno, a remolque de otras películas mejores, meramente alimenticio y al servicio de dos estrellas con el rostro paralizado por el bótox. El realizador maneja el ritmo, ubica bien a los personajes en el plano y trata de aportar agilidad a la acción y el suspense en todo momento, aunque sin pasión. Pero le ha tocado lidiar con un guión convencional y sin sorpresas que, para colmo, trata de sostener nuestro interés mediante torpes e innecesarios flashbacks que no hacen más que rebajar aún más la tensión. Con estos mimbres, los que están bajo amenaza parece que son los espectadores...