13 de Junio de 2013 - 17:39:44 - Juan Manuel González - 3 comentarios

Danny Boyle regresa al cine de producción y atmósfera más netamente británica en Trance, un enrevesado y trepidante thriller psicológico en el que el robo de un cuadro desencadena un viaje al interior de la mente de uno de los ladrones, y en el que -sin duda- su autor deja atrás el buenismo de su multipremiada (y odiada) Slumdog Millionaire para internarse de nuevo en los vericuetos del hard-boiled más vocacionalmente juguetón. Pero no se engañen: pese a ello y este relativo regreso a los orígenes, nada de lo que ocurre en la película ayudará al británico a ganarse las simpatías de la crítica más estoica con la relativa modernidad y/o vacuidad de sus largometrajes.
Claro que en ningún momento da la impresión de que Boyle haya rodado Trance para ganarse el favor de sus detractores… El director ejercita en la película el músculo del suspense, pero lo hace a su particular, tramposa y acelerada manera. Trance respeta todos los elementos básicos del thriller (sobre el papel, no falta ninguna de las piezas que le presumimos a una película de robos, e incluso un romance o dos) pero a partir de ahí no hace sino violentar todos esos postulados mediante procedimientos puramente formales, de una manera que podríamos tachar con facilidad como superficial, histérica y artificiosa.
Simon (James McAvoy) es un subastador de cuadros aliado con unos ladrones decididos a robar un valioso cuadro de Goya. No obstante y durante el transcurso del robo, Simon –el único que sabe el paradero de la obra- recibe un fuerte golpe en la cabeza que le lleva a olvidar dónde ha escondido el dichoso cuadro. El jefe de la banda, el violento Franck (Vincent Cassel) contrata entonces a una hipnoterapeuta (Rosario Dawson) para que hurgue en los recovecos más oscuros de la psique de aquel… que resulta ser mucho más compleja de lo que aparenta.

Al comienzo de Trance, el ladrón interpretado por James McAvoy nos presenta un McGuffin (en este caso, un cuadro del español Francisco de Goya), unas motivaciones y el aparente punto de partida de un atraco… motivos todos ellos que Boyle, amparado en la amnesia de su protagonista, no tarda en elevar a la categoría de puro trampantojo fílmico. Y es que el británico, a medida que transcurren minutos de película, que tampoco son demasiados, rompe literalmente (o no) las fronteras de lo real y lo soñado para hacernos dudar si lo que vemos está en la mente de su protagonista, del antagonista, y por qué no, de la explosiva hipnoterapeuta que supone el tercer vértice del triángulo amoroso y criminal.
Boyle llega pronto a la conclusión de que la mejor vía para traspasar las fronteras de lo verosímil sin que se note la fractura entre realidad y fantasía, entre tiempo presente y pasado (o recuerdo, o sueño, o deseo…) es ni siquiera plantearse la existencia de esos límites. Trance empieza como un tren que obliga al espectador a subirse en marcha, uno en el que James McAvoy, al igual que en Wanted (Se busca), vuelve a demostrar que es capaz de ganarse las simpatías del público pese a que el comportamiento del personaje que interpreta sea, como poco, altamente cuestionable. Y continúa como un thriller romántico y violento en el que la ruptura de espacio y tiempo, proporcionado por el recurso de la hipnosis, lleva al espectador a dudar de la verdadera naturaleza de cada una de las escenas. Boyle no señala, o al menos no lo hace de manera evidente, la esencia de cada una de ellas, y lo cierto es que antes de la mitad de Trance hemos perdido el interés en dilucidar qué es una u otra. Pero el realizador tiene bien claro la que es su verdadera prioridad en la película, que no es otra que la constatación de que el combustible último de todas ellas, de todo ese tejido de existencia humana, es nada más y nada menos que el puro deseo, la consecución de la emoción… objetivos que se marcan tanto sus personajes como él mismo. Probablemente el recurso más cinematográfico de todos.
Trance es una película absurda, pero tiene malicia, ritmo y un estilo asombroso, y aunque sea de manera intrascendente, es capaz por sí misma de reescribir –si bien de manera discutible- los parámetros y convenciones del género… si bien en su desenlace se disuelve como un azucarillo. Si todo lo demás ocurre, de todas formas, es en parte gracias a la presencia casi majestuosa de Rosario Dawson, cuyo magnetismo físico ayuda sin duda a anclar las motivaciones de sus protagonistas de manera verosímil, así como a ayudar diluir fronteras entre realidad y ficción (o en todo caso a lograr que, como a sus amantes, nos importen un comino). Sin revelar nada del desenlace, y por una vez con cierto ánimo de sobreinterpretar más allá de lo que "se ve", Boyle utiliza su exuberante presencia para convertir el desenlace de Trance en una probable metáfora del eterno tema de sexo y muerte, incluso con connotaciones fálicas de por medio (esa camioneta en llamas, irrumpiendo en un almacén...). Al fin y al cabo ¿a quién no le importaría incluso regresar de la muerte por una terapeuta como ella?
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13 de Junio de 2013 - 09:59:54 - Juan Manuel González - 3 comentarios

Que si los 48 fotogramas por segundo mareaban al personal, que si la textura digital de las imágenes la asemejaba a un vídeo doméstico, que si la división en tres películas de tres horas de un breve cuento infantil aburría…. Al final, las críticas más agoreras apenas hicieron daño a El Hobbit: Un viaje inesperado, película que acabó recaudando más de 1.000 millones de dólares en la taquilla mundial, por mucho que el engorde del precio de las entradas y la inflación arroje una cifra de espectadores mucho menos que en la trilogía original de El Señor de los Anillos. Y ahora, seis meses después de su estreno nos llega el primer tráiler de La desolación de Smaug, la épica continuación de las aventuras de Bilbo Bolsón (Martin Freeman) y su grupo de aventureros en pos del tesoro creado por la mente de J.R.R. Tolkien.
Una secuela que se reserva uno de los mayores golpes de efecto de la historia, la aparición del dragón Smaug interpretado por Benedict Cumberbatch (Sherlock, Star Trek: En la Oscuridad) y algún que otro giro argumental de los que carecía la primera parte. La nueva película incorpora algunos personajes nuevos y otros sobradamente conocidos. Es el caso de Tauriel, una agresiva elfo interpretada por Evangeline Lilly (la Kate de Perdidos) y también de Legolas, que vuelve a estar interpretado por Orlando Bloom (si es que a alguien le interesa lo que hace Orlando Bloom a estas alturas). El Hobbit: La Desolación de Smaug llegará a los cines de todo el mundo el 13 de diciembre de este año. Y un año después, el 17 de diciembre de 2014, lo hará El Hobbit: Partida y regreso, punto final definitivo a la nueva trilogía de Peter Jackson.
10 de Junio de 2013 - 13:23:58 - Juan Manuel González - 1 comentario

Imaginen una versión alternativa de Gremlins en la que la cabeza cortada de una de las protagonistas sale rodando escaleras abajo, ensangrentada. O en la que el perro del joven Billy es devorado por los monstruitos del director Joe Dante y el productor Steven Spielberg. La existencia de esas escenas, plasmadas en el guión pero nunca filmadas, fueron algunas de las confesiones –que los fans se conocían de memoria- reveladas por el propio Dante en el primer Festival Internacional de Cine Fantástico Nocturna, clausurado el domingo en Madrid.
El director es uno de los gurús del cine de fantasía de los setenta y ochenta, y al igual que John Carpenter en las distintas variedades del cine de género, ha ejercido con gusto el papel de outsider dentro de la propia industria, tocando todos los palos de la producción de Hollywood durante su extensa carrera. De su comienzo en la factoría de Roger Corman y la serie B de la mano de Piraña (1978) hasta el terror de bajo presupuesto de Aullidos (1981), una importante reformulación del mito del Hombre Lobo, Dante saltó al cine de gran presupuesto de la mano de Spielberg, antes de regresar a la televisión y la financiación independiente al margen del mainstream (su último filme, Miedos 3D, data de 2010).
Dante estuvo este fin de semana en Madrid para recibir el primer premio Maestros del Fantástico del recién inaugurado festival y para presentar -cortesía de otra iniciativa a celebrar, Phenomena- una proyección en 35 mm de una copia original de Gremlins, su mayor éxito, ante un enfervorecido público entre los que estuvo también el director Mick Garris (Sonámbulos, Critters 2). "Desde aquí arriba todos parecéis Gremlins", dijo desde la tarima el realizador, y no era para menos. La sala 1 del Palafox se llenó hasta la bandera de fans de uno de los hallazgos del cine comercial de los ochenta, icono de la nueva nostalgia cinéfila (y más todavía cuando hablamos del cine que marcó la infancia de toda una generación) e inagotable fuente del merchandising aún a día de hoy. Una sala llena y dispuesta a aplaudir los momentos álgidos de la película y los nombres del músico Jerry Goldsmith, el productor Steven Spielberg y el propio director según aparecían impresionados en los títulos de crédito, en su glorioso formato original y sin digitalización alguna.
El propio Dante, sin embargo, supo contextualizar el fenómeno: "Los 80 no fueron especiales. Todos recordamos con nostalgia mejores tiempos. En los 80 recordábamos los 50, y ahora los 80 son los nuevos 50". El realizador, tan rebelde con Hollywood como nostálgico irredento de su Edad de Oro en el cine de género, lo tiene claro a la hora de valorar una película: "No es tan importante lo que es, sino lo que significa para ti". El director de El Chip Prodigioso y Pequeños Guerreros pudo colar su cinefilia gamberra y dosis sorprendentes de inconformismo político en el cine de gran formato hasta que la industria se lo dejó de permitir.

¿Y en qué lugar queda Gremlins vista hoy en día, a tan sólo un año de su 30 aniversario? Pues muy bien. Su mezcla de humor y terror, siempre al borde de la parodia pero sin (casi nunca) caer en ella, sigue resultando demencial y atrevida, y la frescura que desprenden sus anticuadas marionetas gana en expresividad a muchos de los diseños digitales de última hornada. Un sentido del humor que no anula cierto suspense gracias al buen hacer de Dante, que logra que una historia de serie B tenga el clímax digno de una superproducción, sin ni siquiera olvidarse de ofrecer la adecuada redención heroica al monstruito Gizmo (al ritmo de la juguetona partitura del fallecido Jerry Goldsmith).
Gremlins es, huelga decirlo, uno de los títulos míticos que marcaron el cine de la generación de los ochenta, aquella en la que –no me avergüenza decirlo- se crió un servidor. Una traviesa película de terror adulta sobre el peligro que entrañan las apariencias, y que incluso apunta una malintencionada crítica contra el superficial modo de vida occidental. Todo ello introducido de manera ladina e inteligente dentro de una película para niños, aunque quizá sea una de niños metida dentro de una adulta, tanto me da. Una cautivadora y traviesa ambigüedad que motivó que, junto a Indiana Jones y el Templo Maldito, ambas bajo la batuta de Steven Spielberg, se crease la calificación PG-13, es decir, el equivalente a lo que aquí llamaríamos para mayores de trece.
Dante desveló que el guión de Chris Columbus abundaba en el terror, y que tras la llegada de Spielberg al proyecto se eliminó gran parte del contenido sangriento. Sin embargo el director, cuyos conocimientos enciclopédicos del cine de terror de los 50 sólo es igualado por su admiración por los dibujos animados de Chuck Jones, se guardaba unos cuantos ases en la manga. El entrañable pero a la vez sarcástico sentido del humor de la película extrañó incluso a Steven Spielberg. "En la proyección de prueba se llevó varias veces las manos a la cabeza", se congratuló el director en la tertulia posterior al largometraje.
El concepto de Gremlins sigue vigente todavía, con el reciente anuncio de un remake en el que dijo no estar envuelto ("sólo hay dos productores y ningún guión") y el permanente auge del cine de terror, género que con sus idas y venidas, parece inagotable. El público preguntó preocupado por el uso de efectos digitales en vez de las entrañables marionetas, y Dante escurrió el bulto con inteligencia: "El digital ofrece más posibilidades, ahora pueden borrar al marionetista, nosotros teníamos que esconderlo", aseguró, citando La Vida de Pi como ejemplo de la perfección alcanzada por los efectos visuales por ordenador a la hora de interactuar con actores. No obstante, Dante sabe cómo complacer a su audiencia y se reservó lo mejor para el final: "Yo prefiero los muñecos".
La nostalgia es un arma de doble filo, pero la del sábado fue una jornada para recordar.
8 de Junio de 2013 - 13:33:28 - Juan Manuel González - 2 comentarios

El joven pero nada novato director Ben Wheatley, responsable de Turistas, está destinado a ser una de las grandes promesas del cine británico en general y el de género en particular. No he visto Kill List, su anterior y segundo largometraje, pero la comprensible sincronía en las reacciones (positivas) lograda por Turistas en dos festivales tan diferentes como Cannes y Sitges dice mucho de los méritos del realizador.
La película es una comedia negra y cafre como hace tiempo no veíamos, un psycho-thriller contado en clave de ladina comedia romántica que traslada la carrera criminal de estos dos Bonnie & Clyde de la campiña inglesa (aunque los paralelismos con la insoportable Asesinos Natos serían todavía mayores) a los estereotipos de la comedia dramática y costumbrista británica, e incluso a los del realismo social de Ken Loach o Andrea Arnold (sobre todo ahora que al autor de Tierra y Libertad ha decidido dar la plasta también entre carcajadas).
Turistas nos presenta a Chris y Tina (Steve Oram y Alice Lowe, también autores del guión), dos cuarentones poco agraciados que emprenden un viaje vacacional a bordo de una autocaravana.... y que resultan ser letales para todos aquellos que se cruzan en su camino. A partir de ese azucarado detonante, la oscuridad del guión perpetrado por la pareja de actores, reforzada por la puesta en escena realista de Wheatley (que nunca osa juzgar moralmente el amor que se profesa la pareja), haría palidecer al Ricky Gervais más levantisco y rebelde, restaurando la tradición del humor negro más británico hasta cotas insoportables e insondables de incómoda mala leche.
No sé si entre las intenciones de Wheatley, Oram y Lowe estaba primero realizar una fotografía trágica del amor desesperado, o si en el punto de mira el trío había un amargo comentario satírico sobre la identidad colectiva de un país, Inglaterra, en tránsito hacia quién sabe qué. En realidad, y a tenor del puñetazo que se reserva Wheatley en ese instante final, coronando la película con un meditabundo e hiperviolento gag, ambas cosas. Lo que está claro es que tras Turistas y su rocambolesca sinopsis habita una alegoría, una bastante trágica y espantosa como para esconderla con humor negro. Y que la naturalidad que Wheatley imprime a la cadena de bucólicos asesinatos (Turistas es un filme adulto pero de una violencia soportable) revela un verdadero genio del tono, un cineasta con carácter.
6 de Junio de 2013 - 17:21:07 - Juan Manuel González - 1 comentario

En un momento de El Mensajero, el padre coraje interpretado por el forzudo Dwayne Johnson pregunta a un agente de la DEA cómo infiltrarse en el narcotráfico sin ser descubierto. Su objetivo es liberar a su hijo adolescente de la pena máxima por tráfico de drogas, que le ha sido endosada por una ley -la de condenas mínimas a narcotraficantes- que presumimos aberrante y excesiva. "Sé tú mismo", contesta lacónicamente aquél. Casi un eslogan que debe ser el mismo lema que el atleta y exluchador ha aplicado a su carrera cinematográfica, adornada por títulos como las recientes G.I.Joe: La Venganza o Fast & Furious 6, y ampliada ahora con este modesto thriller dramático basado en hechos reales que ha cosechado un decente resultado en su exhibición estadounidense, y que a diferencia de aquellos, protagoniza él en solitario.
Llama la atención que El Mensajero venga interpretada por Dwayne Johnson y no por Kevin Bacon, Gerard Butler o Bruce Willis, tanto me da. Y es que, lejos de los ejercicios de acción física y grotesca protagonizadas por el apodado "The Rock", la película es un thriller oscuro en el que prima el desarrollo de personajes sobre la acción y en el que el drama pesa igual que el retrato de los entresijos del mundo criminal. Y lo cierto es que el actor, lejos de sentirse desubicado y sin tampoco rayar a gran altura –seamos serios-, se desenvuelve lo suficientemente bien como para ganarse, de nuevo, todo nuestro respeto y simpatía. El californiano se pasea por el largometraje con todo el carisma, la honestidad y también discreción que le son posibles, demostrando que es capaz de adaptarse al material pero a la vez sin permitir que la evidente pesadumbre o el tono pseudorealista –carente de todo tipo de ironía- impuesto por Ric Roman Waugh afecten su condición heroica. Johnson se integra perfectamente en el devenir de un relato noir plano y simple, y a la chita callando remata una sutil maniobra de aquello que podríamos definir como cambio de registro, sin haber acaparado titulares por ello. Y eso, señores, es ser una estrella.
Porque Johnson es, en definitiva, lo único que separa El Mensajero del correcto devenir de un relato de sobremesa. Ric Roman Waugh, antaño director de especialistas, realiza un eficaz y voluntarioso ejercicio de thriller dramático, inspirado en unos hechos reales (narrados a su vez en un documental del programa Frontline) y que está bastante lejos de la acción prototípica protagonizada por Johnson, al menos hasta su tramo final. Pero evidentemente Roman Waugh no es Antoine Fucqua, ni mucho menos Michael Mann (Collateral, Miami Vice), por lo que por muchos baños de honestidad que tenga El Mensajero, la película flaquea y se acomoda pronto como un sucedáneo light de The Wire. Al descenso a los infiernos de su protagonista le faltan contornos pesadillescos, verdadera violencia, pero gracias a Dios y pese a la escasez de glamour (esperen a ver a Johnson en la nueva de Michael Bay, Dolor y dinero) el realizador conjuga el verbo narrar, y la película se ve con moderado interés. A ello contribuye una Susan Sarandon realmente bien operada y la equilibrada dosis de crítica social con acción, perfecto cóctel para ese público tradicional al que el productor Jerry Bruckheimer consiguió apelar con tanta fortuna. Es esa artesanía y esa clase de glamour fast-food, por cierto, lo que se echa de menos en El Mensajero.
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6 de Junio de 2013 - 10:51:14 - Juan Manuel González - 1 comentario

James Wan va camino de convertirse de uno de los mejores artesanos del género de terror. Este año y con apenas unas semanas de separación estrenará no sólo la segunda parte de Insidious, cuyo esperado tráiler fue publicado anoche, sino también The Conjuring, que aquí se titulará Expediente Warren. Además, ha sido fichado para tomar el relevo de Justin Lin en la saga Fast & Furious, cuya séptima entrega le ha sido ya encomendada en un cambio de género bastante radical.
Respecto a Insidious. Chapter 2, pues qué decir. Que el director cada vez rueda mejor y más barato pese a las limitaciones de presupuesto (la primera parte fue realizada por solo un millón de dólares, aún no me explico cómo), y eso se aprecia también en el tráiler de esta secuela. Hacer mucho con muy poco, y además utilizando material de derribo. Además, la película promete desplazarse poco a poco de la mitología de las casas encantadas y posesiones de la primera entrega hacia una ración de viajes en el tiempo y hasta dimensiones paralelas (¿Saw meets J.J.Abrams?), algo que encaja muy bien si tenemos en cuenta lo que ocurría en el tercer acto de la primera.
Insidious fue una de las grandes sorpresas recientes del género. El cineasta que ayudó -un poco sin querer- a crear el torture-porn, huyó del grand gignol de otro de los directores punteros del género, Rob Zombie, y dio una agradable vuelta de tuerca a Poltergeist con -sobre todo- elegancia, pero sin tampoco obviar del todo los sustos fáciles que tanto congratulan a los fans. En este capítulo dos se continúa el cliffhanger en el que nos dejó la primera entrega y repiten la práctica totalidad del reparto original, incluyendo los excelentes Patrick Wilson y Rose Byrne. A España nos llegará en octubre.
3 de Junio de 2013 - 14:53:18 - Juan Manuel González - 6 comentarios

After Earth fue diseñada por su estudio para ser uno de las grandes apuestas de este verano cinematográfico. Pero en lugar de eso, la película es ya el gran fracaso de la temporada, dada su baja recaudación y horribles críticas. Ingredientes para el éxito no le faltaban: una estrella hasta ahora infalible (Will Smith), un director de bandera (M. Night Shyamalan) y un popurrí de géneros populares (aventuras y ciencia ficción). Una gran producción ideada por Smith para su propio lucimiento y el de su hijo Jaden, que la protagoniza junto a él, en manos de un realizador de prestigio, pero que en unos pocos años ha visto como el éxito comercial y crítico de El Sexto Sentido era sustituido (debido a largometrajes como Airbender o El incidente) por el escarnio, el ridículo y la etiqueta de "director maldito".
Y es que la película rindió muy por debajo de las cifras esperadas, con unos exiguos 27 millones de dólares, quedando tercera y por debajo de una mucho menos ambiciosa y exhibida en bastantes menos cines, el thriller de robos Ahora me ves, y la imbatible cinta de acción Fast & Furious 6, que conservó el liderato de la semana anterior sin dificultades. Las previsiones más optimistas no la sitúan muy por encima de los 60 millones de dólares, menos de la mitad de su presupuesto de 130 (sin incluir publicidad).
Pero la película dirigida por Shyamalan, cuya presencia tras las cámaras ha sido ocultada por su estudio tanto como le ha sido posible (su nombre no aparecía en la campaña de promoción del largometraje, ni en los tráilers o vallas publicitarias) tiene otro frente abierto en su país. Y es que no faltan voces que lo acusan de ser propaganda de la Iglesia de la Cienciología.
The Hollywood Reporter publicó una reseña especial del filme realizada por el cienciólogo Marc Headley, en el que la integrante de esta sect… perdón, organización, consejero de Tom Cruise y autor de algún best-seller sobre esta disciplina, aseguraba que había un buen número de "coincidencias" o similitudes entre el guión y la doctrina propagada por L. Ron Hubbard (que, si recuerdan, ya dio su salto al cine a colación de la adaptación Campo de Batalla: la Tierra, uno de los grandes fracasos del 2000 y la gran losa que aún arrastra su estrella principal, el también cienciólogo John Travolta).
Sin ir más lejos, el eslogan publicitario del filme, "El peligro es real, el miedo es una opción"; o algunas de las enseñanzas del padre interpretado por Will Smith a su hijo, "vive el momento presente"; "¿qué ves, sientes, hueles?", tema central del largometraje, responden a postulados de la Iglesia, señalando también una serie de paralelismos entre el climax, que sucede dentro de un volcán, y lo escrito por Hubbard en su tratado Dianética: El poder del pensamiento sobre el cuerpo, en cuya portada aparecía precisamente eso… un volcán.
Para la periodista Nikki Finke la cuestión no es si Will Smith o M. Night están lanzando secretamente proclamas cienciólogas al público, sino por qué una publicación prestigiosa como THR ha dado la oportunidad a uno de ellos para escribir una reseña en vez de a sus críticos habituales. En todo caso, otros autores han encontrado similitudes entre la película y la doctrina ciencióloga, ésa que Paul Thomas Anderson criticó de manera explícita en The Master: al fin y al cabo, lo que el filme narra es la batalla de un padre y un hijo contra un enemigo invisible, el miedo, así como el proceso de adiestramiento del primero al segundo en un entorno hostil (algo que los seguidores de Shyamalan reconocerán de inmediato, en tanto entronca con el minimalismo formal que siempre ha exhibido el hindú).
Sea como fuere la crítica norteamericana, que se la tiene jurada al director desde La joven del agua, ha dado buena cuenta de la película. Algo que las agencias de noticias no han tardado en recoger. He aquí algunos de sus párrafos:
"En ninguna parte se nota la presencia del talentoso director de El Sexto Sentido que una vez nos trajo piezas intrincadamente elaboradas y prestidigitación cinemática, incluso con la más pequeña de sus películas". Scott Foundas, de Variety
"Los estudiantes informales de la cienciología podrían reconocer esas máximas debido a que el miedo y su derrota reciben mucha prominencia en Dianética, un texto básico del creador de la cienciología, el escritor de ciencia ficción L. Ron Hubbard". Manohla Dargis, de The New York Times.
"El sermón hace eco de un tema central de la cienciología. ¿Es ése el subtexto de la producción o hay razones aún sin descubrir por las cuales el humor y la humanidad han sido esencialmente proscritos?, ¿por qué todo el mundo luce tan incómodo?, ¿por qué la misma noción de entretenimiento ha sido prohibida para favorecer una didáctica moralizadora?, y ¿por qué Smith, quien ha sido un artista tan brillante durante años, luce como si se hubiera sometido a una 'carismasectomía'?". Joe Morgenstern, de The Wall Street Journal
"El filme es soso, aburrido, sin gracia". Richard Corliss, de la revista Time.
Preguntas, preguntas. ¿Encontrará Shyamalan defensores en Europa, como le ocurrió con La Joven del Agua o El Incidente? ¿Se merecía ese maltrato crítico Airbender: El último guerrero? (oh, sí) ¿Han pagado cara Smith y Shyamalan su autocomplacencia? (sin duda). Y… ¿se ha convertido Shyamalan en un artista infravalorado por un público ansioso de emociones intrascendentes, o bien un director víctima de sí mismo? (me da que las dos cosas).
After Earth se estrena en España el 28 de junio.
31 de Mayo de 2013 - 16:52:58 - Juan Manuel González - 2 comentarios

No descubro nada al decir que Corea del Sur se está convirtiendo en una auténtica fuente de talento cinematográfico. Para demostrarlo, ahí están nombres como el de Park Chan-wook, que hace unas semanas presentó su debut en el cine norteamericano, Stoker, al que puede añadirse el de Kim Ji-woon, que hizo lo propio un poco antes con la simpática El último desafío. A estos podría añadirse perfectamente ahora el de Choi Dong-hoon, realizador de esta El Gran Golpe, a la sazón la película más taquillera de la historia de su país. Una cinta heredera de la tradición de heist-movies o películas de robos contemporáneas como Ocean’s Eleven o The Italian Job, a las que podría añadirse perfectamente influencias de la saga Misión: Imposible, que también heredaban muchas de las características de aquel género.
Lo digo porque El Gran Golpe, si quitamos su exceso de exposición en pleno corazón del filme (demasiados personajes: una poda radical de diez o quince minutos y un par de ellos le habría venido fenomenal) desprende energía a raudales. La película es un espectáculo hollywoodiense en toda regla en el que Don-hoon demuestra dominar todos los resortes de la acción, que tarda en aparecer pero resulta siempre sorprendente e hilarante, así como imprimir un tono sixties o seventies a un relato que remite, en sus abundantes virtudes y defectos, al cine norteamericano y británico más que a la tradición oriental.
El Gran Golpe (no confundir con la de Brett Ratner o la de Roger Donaldson) carece de progresión dramática debido a su acumulación de embrollo, pero Don-hoon se muestra tan cómodo con el tono burlón de la historia, que narra la peculiar asociación de dos bandas de ladrones, una coreana y otra china destinadas a (mal)entenderse, que al final la alegría acaba impregnando al personal. La gran virtud de El Gran Golpe es lograr aunar acción sofisticada y comicidad bufa (atención a la arrebatadora Gianna Yun, que interpreta a Jennicall), repleta de giros previsibles pero todos ellos disfrutables, sin que se nos atragante el manido conjunto. Ustedes quédense hasta lo extraordinarios y excesivos últimos cuarenta minutos del filme, con su acumulación de persecuciones y escaramuzas, y descubran todo tienen que aprender todavía, sin ir más lejos, los autores de la saga Fast & Furious.
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30 de Mayo de 2013 - 20:13:49 - Juan Manuel González - 1 comentario

Resacón en Las Vegas fue la gran sorpresa de público y crítica del 2009. Una comedia sorprendentemente bien escrita e interpretada, que actualizaba de una tacada los estereotipos de la comedia absurda y el screwball, y lo hacía además en clave de thriller y de otra de las variedades más populares del género, la de las comedias de juergas. Tras una secuela express ambientada en Tailandia y escrita por otros guionistas (Jon Lucas y Scott Moore salieron en beneficio de Graig Mazin y del propio director, Todd Phillips), pero que recaudó unos increíbles 586 millones de dólares, una cifra extraordinaria tratándose de una secuela clasificada R, nos llega una tercera película que reincide en los fallos de aquella, pero al menos renueva en parte su dispositivo (aquí no hay resaca que valga) y regala algunos gags memorables.
Las dos primeras secuencias de esta R3sacón resultan un adecuado monumento al absurdo, encadenando la fuga de la cárcel tailandesa de Mr. Chow (Ken Jeong) -rodada con toda la pompa necesaria por Phillips- y un jiraficidio en la autopista perpetrado por Alan (Zach Galifianakis). Dos acontecimientos que desencadenan una trama en la que por primera vez no hay amnesia (o casi: no se vayan en los títulos), sustituyendo este recurso (brillante en la primera, perezoso en la segunda) por otra trama típica también del thriller, hermanada con las dos primeras entregas a través de los propios Alan y Chow y un desaprovechado John Goodman. Phillips sabe en todo momento que a estas alturas del cuento son Galifinanakis y Jeong los amos del cotarro, y potencia al máximo sus intervenciones y excentricidades. En contrapartida, parece que Ed Helms y Bradley Cooper, convertido en estrella tras El lado bueno de las cosas, están de paseo en la película, ejerciendo de meras comparsas destinadas a mover la acción hacia delante cuando se agota el gag.
El realizador, no obstante, conoce bien los resortes cómicos de la comedia absurda, y aunque seguimos echando de menos a los ya ausentes John Landis y el trío Zucker-Abrahams-Zucker, filma el asunto con una cierta distancia y sentido de la seriedad, como si de una odisea épica se tratase, consciente que es en esa discordancia donde nace el humor. Un estilo apreciable en la espectacular banda sonora, que busca siempre el contraste con la locura y el patetismo del cuarteto protagonista, y que brilla en unos cuantos e hilarantes momentos (el desenlace del asalto a la mansión, o lo que ocurre cuando Alan y Phil se descuelgan desde una azotea...) de puro slapstick. Phillips, de nuevo, demuestra en todos ellos que es uno de los directores de comedia que más cuidado ponen en la puesta en escena… lo que tampoco quiere decir nada positivo respecto a sus gags.
Y es que este tercer Resacón muestra una falta de garra notable en el guión, flojo en frases cómicas o diálogos divertidos, por mucho que siga resultando atrevido en el encadenamiento de salvajadas. R3sacón, como ¡Jo, que noche! (y salvando mil distancias) funciona mejor como una película de acción cómica que como comedia, como chiste a costa del relato heroico y los capítulos finales de sagas épicas antes que como puro y duro enredo… Algo que de alguna y sorprendente manera resarce su descarada intención de exprimir los réditos de la franquicia.
R3sacón es mejor secuela que la segunda y tiene momentos indudablemente hilarantes. Pero con propuestas como El Hombre de Acero en el horizonte, miren... este tercer capítulo nos suena más a anécdota que a otra cosa.
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28 de Mayo de 2013 - 13:50:15 - Juan Manuel González - 1 comentario

Volvemos con los concursos en Confesiones de un Cinépata y Libertad Digital. Por cortesía de Fox y de Elite Conexión, tenemos a su disposición varias copias de Lincoln, la multipremiada película de Steven Spielberg, en una de las habituales ediciones combo que incluyen tanto Blu-Ray de alta definición como DVD.
La película, protagonizada entre otros por Daniel Day-Lewis (que ganó el Oscar por su actuación), narra la última etapa en la presidencia del presidente norteamericano, así como los pormenores de la aprobación de la enmienda que acabó con la esclavitud.
Para ganar una de las copias, sólo tienen que responder correctamente a la pregunta que les dejamos más abajo, indicando en el asunto del mail -enviado a confesionesdeuncinepata@gmail.com- "concurso Lincoln", así como su dirección postal completa.
Pregunta: simplemente cita tu película preferida de Steven Spieberg, e indica en unas pocas líneas por qué te gusta tanto. ¡Suerte!