Vídeos de gordos bailando, o el sentimiento de afiliación en el Metaverso
6 de Noviembre de 2008 - 11:39:58 - Fabián C. Barrio
Señores,
Cuando yo era un chaval, un día se estropeó la aguja del tocadiscos. Cuando uno es muy joven se queda impresionado por las cosas más inverosímiles, determinadas experiencias te cambian la vida. A mi, en cierto modo, me la cambió ir a buscar una aguja de tocadiscos nueva. De repente, fui consciente de la existencia de las agujas de tocadiscos. De estanterías y estanterías repletas a rebosar de todos los tipos de agujas de tocadiscos posibles, de todos los materiales y precios imaginables. Visité decenas de tiendas de electrodomésticos y sonido, y todas tenían expositores de agujas de tocadiscos en los que, en circunstancias normales, jamás habría reparado. La conclusión inevitable de todo esto es que hay otros mundos, pero están en este. Seguramente hoy, enfrentado al hipotético problema de una aguja de tocadiscos, habría acudido a algun foro del socorrido metaverso de Internet, donde decenas de locos de las agujas de tocadiscos me habrían aconsejado, me habría hecho amigo de ellos, y quizá habría terminado chateando con alguna fan de agujas de tocadiscos de San Juan de Miraflores (Lima, Perú) llamada
Wendy, y habría acabado casándome con ella en algún lugar al otro lado del océano. En cualquier caso, fantasías románticas aparte, el tema de las agujas de tocadiscos me enseñó que cada pequeña cosa de este mundo (los pomos de las puertas, las suelas de los zapatos, los percheros, los guantes de látex, las encías, los
Back Street Boys, la resina o el macramé) tienen a muchísima gente detrás innovando, pensando, haciendo catálogos, fanzines, blogs, folletos, visitando a mayoristas, quedando para discutir sobre ello, y montando, en definitiva, una pequeña micro-sub-cultura a su alrededor.
Ahora les voy a presentar a alguien que tiene muchísimo que ver con las agujas de tocadiscos de mi infancia. Se trata de un muchacho estadounidense de veinte años con obesidad mórbida,
The Pimp Masta. Un
pimp masta es aquel chulo que chulea de tal manera que convoca una multitud de hembras a su alrededor, según el
Urban Dictionary. El gran hobby de The Pimp Masta es bailar en calzoncillos mientras se toma batidos hipercalóricos, como puede verse en
su colección de vídeos (
desaconsejo el uso de este enlace, no contiene imágenes agradables y no es apto para todas las audiencias) El caso es que The Pimp Masta, aparte de una nutrida colección de insultos, tiene también fans enfervorizados y personas que, compartiendo obesidad con él, se contestan en video-respuestas y en comentarios, suben vídeos de características similares, y gozan en general de un interesante
sentimiento de afiliación (
este enlace es incluso más chocante, advertidos quedan). Las herramientas de video-respuesta, comentarios y vídeos relacionados han generado en Youtube micro-comunidades extraordinariamente activas de personas de vidas muy dispares pero con pequeñas aficiones comunes, como
grabarse fumando puros enormes, modificar la XBox360 para que tenga
aspectos absolutamente inverosímiles, tocar
el theremin o hacer
arreglos florales japoneses. Llevo muchos años viendo cómo florece la afiliación en cuanto dejas un resquicio a la comunicación entre usuarios, cómo los usuarios
adaptan o
pervierten servicios que habían sido diseñados para otra cosa y han terminado siendo páginas de contactos. Durante mucho tiempo, estuvo de moda criticar Internet con el argumento de que, si te enganchabas a la red, dejabas de relacionarte con los demás. Pero el tiempo y la experiencia han ido demostrando que la gente tiene una tendencia innata a asociarse y que la red es un herramienta fascinante que permite extraños compañeros que no habrían surgido si no hubieran tenido abierta esa vía digital.

El eminente psicólogo social Abraham Maslow (1908-1970) postuló en su obra que algunas necesidades prevalecen sobre otras, y que sólo cuando las más bajas están satisfechas, el ser humano se dedica a satisfacer las siguientes. Para ello, diseñó la Pirámide de las Necesidades del Ser que he traido a colación aquí, a la derecha. Sólo cuando has cubierto tus necesidades fisiológicas -tienes algo que comer y que beber y puedes respirar - empiezas a buscar refugio. Sólo cuando has comido y te has refugiado, necesitas pertenecer a un grupo. Sólo cuando has comido, dormido y te has asociado exitosamente con los demás requieres que te aprecien y respeten. Tras haberlo conseguido, es cuando intentas de veras ser lo que de veras puedes ser, algo que según Maslow sólo consigue un 2% de los individuos.
El hecho de que surjan espontáneamente los grupúsculos sociales con tanta fuerza en la Red, me hace pensar que, como sociedad, hemos cubierto ya dos escalones muy importantes en la Pirámide de Necesidades de Maslow. Con la industrialización, el hombre occidental y civilizado consiguió dejar de pasar hambre. Al acabar las dos grandes guerras mundiales, vivió una sensación de seguridad sin precedentes. Es lógico que el gran reto de los años venideros sea conseguir una sensación sólida de pertenencia, y para ello hemos adaptado inesperadamente Internet, nuestro nuevo Universo Paralelo, el emergiente Metaverso, para conseguir asociarnos con el vecino (no con el vecino físico, entiéndase) y atar fuertes lazos con él. Creo que los que vaticinan un futuro en soledad para el hombre se equivocan. Y me da un poco de pena que no llegaré a ver de qué forma sorpresiva resuelve la raza humana las dos últimas necesidades de la pirámide.
Solitariamente,
Fabián, su Chico Cumpleañero
Fabián C. Barrio es domador de dálmatas