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11 de Noviembre de 2008 - 23:09:40 - Fernando Díaz Villanueva
Olympus no es la mejor marca de cámaras fotográficas del mundo, pero se le acerca bastante. Dejando a un lado que soy el orgullosísimo poseedor de cuatro de ellas y que siempre es una mala noticia que saquen un nuevo modelo al mercado que deja aún más obsoletas las que ya tengo, saber que Olympus sigue dando guerra (con la que está cayendo), es un refuerzo a los que pensamos que esa marca y esas lentes lujuriosas merecen la pena. Decidieron ir por libre creando un sistema digital propio, el Cuatro Tercios, concebido desde cero que ni es ni pretende ser compatible con su sistema anterior: el OM. Decidieron no fabricar videocámaras, ni fotocopiadoras, ni reproductores de MP3. Decidieron tener una red de distribución pequeña, en algunos lugares inexistente. Decidieron llegar a sólo unos pocos aficionados de esos que, como yo, nos gusta llevar la contraria hasta en lo de la fotografía. Decidieron ser más caros que el resto y, aunque no fue decisión suya, no les importó demasiado condenar a sus usuarios a padecer uno de los peores mercados de segunda mano del planeta Tierra (Luna y asteroides cercanos incluidos).
Además de todo esto le han incorporado unos filtros digitales que yo, personalmente, no utilizaría ni aunque me estuviesen poniendo un cuchillo jamonero en la garganta. Por lo demás es simplemente fabulosa. Y muy bonita, con un regusto clásico de cámara de toda la vida, negra como el sobaco de un grillo, rugosa en la empuñadura y lo suficientemente compacta como para llevarla al cuello y no deslomarse (sé lo que me digo, créame).