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31 de Marzo de 2009 - 14:47:18 - Fabián C. Barrio
Estoy viviendo un auténtico dilema moral con todo esto, realmente me sabe mal haber tomado la decisión de pasarme al lado oscuro. Pero como ejemplar de homo tecnicus que soy, he ido haciendo de mi casa mi útero y cada vez me cuesta más ir a los sitios si puedo hacer las cosas desde mi sofá con más efectividad, como comprar en el super, jugar al tenis, matar a alguien o trabajar. Internet, el reino nacido por y para las ideas, obligará más pronto que tarde a cambiar el esquema cultural surgido durante el siglo XX, en el que un artista podía acceder a la fama a través de una industria establecida y producir muchísimo dinero con una inversión más o menos escasa. Precisamente por ser el reino de las ideas. Internet seguramente pondrá a los artistas en el lugar que tenían antes de la existencia de los mass media, auténticos causantes de su ascensión y caída. Volverá a resurgir el micro-famoso, que cuenta con un número más o menos vasto de seguidores, a los que alimenta personalmente con su arte desde su casa, sin más medios que sus manos y su cerebro. Y el arte industrial, al no tener quien lo pague, irá desfalleciendo hasta alcanzar la desintegración senil con un suspiro polvoriento. No deja de ser paradójico que sea la palabra escrita la última en caer en las redes de la Red, cuando la Red nació fundamentalmente para retransmitirla y el resto vino después. Pero dentro de cinco años, será tan normal tener un lector de libros electrónicos como tener un reproductor de MP3. Y entonces, las editoriales se tambalearán también. No sé si han tenido ocasión de ver y tocar un lector de ebooks, pero son una pequeña joya de la postmodernidad, y el tener uno en mis manos me sonroja por la cantidad de libros que atesoro y que en nada serán una antigualla. Cuando los ebooks triunfen, los escritores empezarán a vender directamente desde su casa. No les cabrá más remedio que contactar con los lectores, mimarlos, tolerarlos, alimentarlos de afecto, como empiezan a hacer ya los músicos, a cambio de que efectúen un micropago y financien su obra.
¿Y qué ocurrirá con el cine?. ¿Puede el cine sobrevivir a la era digital que tanto ha hecho por darle vistosidad?. La historia de la Humanidad nos ha enseñado que, al final, el talento triunfa siempre, brota como la vida después del invierno o en los montes arrasados por el fuego. Quizá, quién sabe, haremos un cine de guerrilla, que pagaremos desde nuestros bolsillos y financiaremos con un SMS. El amor del ser humano por el séptimo arte es demasiado grande como para que desaparezca. Si ello les hace temer por las superproducciones, les dejo con una rodada sin dinero por cuatro amigos. A lo mejor, al final va a dar igual que contribuya con mis descargas a que se hunda la industria cinematográfica.