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20 de Noviembre de 2008 - 12:29:12 - Fabián C. Barrio
Hay un hermoso pueblo de pescadores en la costa sur de Galicia llamado Moaña, cuya belleza sólo es equiparable a la singularidad de sus gentes. Como podrán imaginar, la vida en las calles de piedra y musgo de Moaña es muchísimo más sencilla que en una gran ciudad de asfalto y acero. Moaña vive enredada en los caracoles de la melena del mar, pelea con el viento mareiro en desigual batalla, con el sol y la salitre, con la lluvia que cae eternamente sobre el lomo de Galicia, Moaña arrebata al mar mareas de plata de sardinas trémulas y, bajo el cielo gris pálido que cubre las lomas suaves de sus cerros verdes, retumban los ecos de los mugidos lastimeros de las vacas y los tañidos tristes de sus esquilas. En los mercados de Moaña, las cestas panzudas de mimbre rebosan de vida brotada de la tierra: calabazas gigantes, verduras altivas, tomates fragantes, frutas de piel tersa y delicada, huevos de gallina preñados de vida, vinos de sabor ácido, patatas crujientes, quesos de aroma intenso y carnes níveas, músculos rojos y torneados de terneras lechales. Las gentes de Moaña llevan labrada en su piel la perpetua lucha contra los elementos y en su mirada el infinito azul metálico del horizonte del Atlántico.
yogures y pedirá una nueva remesa por Internet, o la calefacción que se conectará a un feed RSS para ver la predicción meteorológica y actuar en consecuencia. Pero, por ejemplo, el éxito de la consola Wii radica en que no tiene un mando al uso, tiene una especie de hacha de guerra que puedes blandir de forma natural. Y una empresa francesa parece haber empezado con el paso definitivo hacia la internetización de la vida cotidiana. Se trata de Mir:ror, un lector de etiquetas similares a las de los comercios, que puedes pegar a cualquier objeto. Luego, si tienes tiempo -cosa que parece que sobra al internauta medio-, puedes programar acciones en tu ordenador asociadas a la etiqueta. Pongamos un ejemplo: Pegas la etiqueta a mando del garaje. A las siete de la mañana coges el mando porque estás a punto de salir, y lo pasas sobre el lector. En ese mismo momento, se activa en tu pantalla la predicción meteorológica, se abre la imagen en directo de las webcams del departamento de tráfico de tu ciudad, y se te envía un email a tu trabajo que contiene la agenda de hoy. Además, se actualiza tu Twitter con el status: " saliendo hacia la oficina :( ". Y quince minutos después, tu ordenador se apaga, porque se supone que ya has salido de casa. La idea de Mir:ror es bastante revolucionaria porque, si se popularizara, cualquier objeto podría tener una etiqueta. Así, compraríamos libros que, al pasarlos por el lector, abrirían páginas web con información de su autor o con recomendaciones de novelas similares. O bien pasaríamos yogures por el lector y éste nos devolvería su información nutricional. Y una etiqueta en nuestro reloj podría ir encendiendo cosas como la ducha, la cafetera, la calefacción o el coche a nuestro paso. He de reconocer que la idea de que todo esté conectado y la información de todo esté accesible para cualquiera resulta demasiado sugerente como para dejarla escapar. Mi segunda predicción es que, en menos de 10 años, nadie hablará ya de Internet en las calles de piedra y musgo de Moaña, porque Internet será Moaña y Moaña será Internet. Fabián C. Barrio es analista de topografías de red complejas y consultor en recuperación de catástrofes informáticas