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Septiembre 2009


El gótico vuelve a estar de moda al fin

25 de Septiembre de 2009 - 09:58:58 - Fabián C. Barrio - 16 comentarios

Señores,



Fantasmagóricamente,

Fabián, su Chico Exorcista
Fabián C. Barrio está excomulgado y tiene mono de café

PD: NO he sido yo. Yo no tengo tan genial mala leche. 

Dedos vertiginosos

17 de Septiembre de 2009 - 12:18:40 - Fernando Díaz Villanueva - 1 comentario

En el mundo hay un montón de deportes raros que suelen llenar los huecos de los telediarios en verano. Existe, por ejemplo, el curling, que es como jugar a la petanca sobre hielo. Tiene federación propia y es olímpico. Otro aún más raro es el chessboxing, que consiste en darse unos puñetazos y, a reglón seguido, echar una partidita de ajedrez. Digno de ver, especialmente los guantazos. La tecnología lo está cabiando todo y el trono del curling como deporte para friquis corre serio peligro. Con el móvil todo el día metido en el bolsillo era de esperar que llegase uno y se inventase un deporte con él. Y así ha sido.

La idea ha sido de la marca LG y el deporte en cuestión consiste en mandar mensajes a toda leche, de ahí lo de los dedos vertiginosos. El campeonato ha pasado ya por su fase de clasificación y el día 26 se juega la final española en Madrid. El ganador tendra que medirse en noviembre con los campeones de 16 países de todo el mundo en una gran final que se celebrará en los Estados Unidos. El teléfono reglamentario para competir no es un Nokia cualquiera sino un LG, el modelo GW250 3G que tiene un teclado deslizable y un diseño como muy juvenil y mensajero. Los más rápidos de España son, por este orden, los vascos con cuatro clasificados para la final, los madrileños, con tres, los malagueños, con dos, y los aragoneses, que han situado a un solitario mensajeador en la final de Madrid. Espero que gane el aragonés, por dos razones: Una, porque está él sólo y ya sólo por eso se merece ganar; y dos, Aragón es, además de una tierra estupenda, mi lugar de recreo invernal y la patria chica de mi amigo Humberto Vadillo, a quien ustedes quizá no conozcan pero que es canelita en rama.

El próximo 26 se sabrá el finalista y, si eso, ya estaré yo aquí para contarles quien ha sido el afortunado. Entretanto, si es usted menor de 18 años y se pasa el día mandando mensajitos de texto perfectamente inútiles a amistades, novietas y compañeros del instituto, lo del día 26 en el Corte Inglés de Castellana puede ser lo más parecido al nirvana.

Buscando el amor verdadero y eterno (I)

10 de Septiembre de 2009 - 13:04:29 - Fabián C. Barrio - 5 comentarios

Señores,

Observando brevemente el funcionamiento del aparato reproductor de hombres y mujeres, podemos hacernos una idea de sus devastadoras consecuencias en nuestras miserables vidas. Un hombre, potencialmente, podría tener a lo largo de su existencia, a razón de dos empujones diarios durante sesenta años fértiles, alrededor de 45.000 descendientes. Sin embargo, las capacidades reproductivas de una mujer puestas al límite le permiten, en el mejor de los casos y a riesgo de quedar convertida en poco más que una hamburguesa, engendrar unos veinte o, como máximo, veinticinco hijos medianamente sanos. De aquí se deduce que, por naturaleza, la hembra, al tener menos boletos para la rifa de producir individuos genéticamente válidos, ha de ser necesariamente selectiva y cautelosa a la hora de elegir con quién mezclar sus genes y engendrar descendencia, y el macho ha de intentar de forma casi obsesiva esparcir su simiente donde pueda y cuando se lo permitan. La sexualidad masculina es por ello explosiva, ruda, poco sutil, es como un tifón que pretende a la desesperada causar los mayores efectos posibles en el menor tiempo que pueda, y la sexualidad de la mujer es introspectiva, felina, taimada y sinuosa, como una arañita tejiendo una delicada telita de hilillos de seda en un rincón. Cual metáfora numérica de gran contundencia, la naturaleza ha hecho que el hombre produzca al día millones de gametos, que se pelean en tromba por ser el primero en una entusiasta carrera, y la mujer uno al mes que espera paciente y sienciosamente agazapado en un mullido, arcano, misterioso, recóndito, húmedo, cálido y oscuro colchoncillo de espuma. Por eso  el hombre busca o se conforma casi siempre con esparcir su semilla de un modo apresurado donde buenamente puede o le dejen y la mujer -usualmente- requiere un cortejo más complicado y más dilatado en el espacio y el tiempo hasta permitir que le toque una teta el hombre que ella ha elegido de entre todos los demás. Por eso el hombre es -por norma general- un constante insatisfecho y la mujer -siempre- elige en las discotecas. Por eso el hombre tiende a tener una naturaleza mucho más infiel que la mujer, se siente ahogado o estéril si no persigue jovencitas fértiles a las que fecundar, y la mujer -mayoritariamente- opina que el hombre medio sólo quiere echar un caliqueño y no desea comprometerse. Por eso el deseo masculino medio es abrumadoramente más intenso que el de la mujer media. Por eso -y no hay más que ver los porcentajes de anuncios por palabras de un diario cualquiera- hay muchas más putas dando rienda suelta a sus tejemanejes apresuradamente tras los puestos de la Boquería que gigolós de turno y la mayor parte de su esfuerzo se centra en cenar por ahí con sus clientas, charlar con ellas y escuchar, es decir, en aparentar ser el macho alfa comprensivo, acogedor y protector que toda hembra quisiera para si. Por eso el hombre, por muy desastroso que haya sido el acto, tiene asegurado un final con fuegos artificiales basado en mantener el ritmo y el final de la mujer depende en gran medida de la parafernalia previa. Por eso los machos y las hembras estamos condenados a tolerarnos, no necesariamente a entendernos.

Los seres vivos intentamos mezclar nuestros genes con otros genes que sean, al menos, algo mejores que los nuestros propios, del mismo modo que un orfebre mejora una aleación añadiendo más porcentaje de oro para que su joya reluzca más. Esto dificulta grandemente el proceso reproductivo, y ha dado lugar a una eterna y despiadada lucha entre machos y una laxitud ancestral por parte de las hembras. El macho, desde la Noche de los Tiempos, se ha dedicado a exhibirse, a pavonearse, a suplicar, a competir y a luchar por ganar el favor de la hembra, y la hembra se ha dedicado a elegir con cierta condescendencia no exenta de altanería al macho que mejor le ha convenido para sus planes reproductivos. La vida florece, explota en las esquinas más recónditas de esta pequeña mota azul perdida en medio del cosmos, a pesar de todo, y por culpa de esta lucha de titanes entre el deseo y la cautela, la contención y la eclosión, Venus escurridizo y Marte belicoso. Este esquema dual basado en la competencia ha permitido que cada generación haya resultado un poquito mejor que la anterior. Ha suscitado la monogamia (que no es más que la necesidad de certeza de que los genes de tus hijos son tuyos). Y los celos. Y la perpetua codicia de la mujer del prójimo. La naturaleza es tan sabia que ha dotado a los seres vivos de un extraño placer en la búsqueda de pareja y la lucha por alcanzarla. A nadie le gusta el éxito fácil, y es evidente que pocos placeres hay en esta vida como la caza de una hembra evasiva, que enardece y obnubila a un capuchino de madera.

Seguramente ustedes argumentarán con cierta dósis de indignación que conocen a decenas de mujeres que no son así y a miles de hombres que son justo lo contrario. No obstante, antes de que lo hagan, les contaré por qué he decidido escribir este post: Ultimamente me despierto de madrugada sobresaltado, presa de un voraz insomnio. Miro el reloj, y siempre es cerca de las cuatro. Se ciernen sobre mi cama revuelta un catedralicio silencio y una oscuridad solemne. Mi dálmata Vaca resopla desde la planta de abajo, atrapada en su collar isabelino y en un sueño de carreras eternas tras una jugosa rata. Siempre pasa lo mismo: tras unos minutos dando vueltas sobre el colchón persiguendo un esquivo sueño que no llega o no alcanzo, me rindo y enciendo la televisión. En un ritual maldito, paso un canal tras otro, asistiendo abotargado a estridentes teletiendas, imprecisas brujas, enlatadas series de los setenta, esquizofrénicas mujeres que quieren que adivine qué ciudad española tiene cinco Aes y empieza por S y, finalmente, llego a las cadenas locales que de madrugada sólo emiten porno. Nunca me ha gustado el porno, me resulta excesivamente explícito y neumático. Pero en él se encuentran distorsionados muchos ingredientes de un lenguaje simbólico que ha hecho que el macho humano de la civilización occidental enloquezca un poco: En las películas porno, son las mujeres las que persiguen a los hombres, se lanzan a su cuello para devorarlos como mantis religiosas, para chapotear en sus cuerpos, para obtener con veneración sus preciados genes. Imagínense una película porno en la que las mujeres fueran inaccesibles: sería inviable, frustrante, imposible. En las películas porno de madrugada, los hombres más alopécicos, maduros y obesos son acosados, acorralados, hostigados y pretendidos por ninfas de anchas caderas, generosos pechos y voluptuosos labios (todos ellos símbolos de fecundidad desde que el hombre es hombre). El público -esencialmente el público del porno es masculino precisamente debido a su desmesurado deseo y a las oleadas terroríficas de testosterona que lo inundan periódicamente- se siente identificado y fantasea con la posibilidad de que alguna vez en su vida las películas se hagan realidad y decenas y decenas de hembras a las que fecundar hagan cola a la puerta de su casa suplicando quedarse preñadas de forma apresurada y sin mucho compromiso. Como contagiados o hipnotizados por esta fábula postmoderna, los telespectadores confunden realidad con ficción y se apresuran a mandar mensajes de texto a la televisión solicitando mujeres fáciles y (jojojojó) gratuitas. Estudiar estos mensajes es del todo fascinante: cantan una rapsodia de soledad, de desesperación, de necesidades insatisfechas, de deseos no saciados. A poco que los lea, el espectador atónito y desvelado llegará a la conclusión de que sólo los envían hombres. Hagan una prueba, verán que es cierto: sólo hay hombres a estas horas mandando SMS (y, quizá, viendo porno, a saber). Así, tras más de veintiún siglos de civilización, una vez más llegamos a la misma conclusión a la que habríamos llegado colgados de los árboles o emergiendo, chapoteantes, de una humeante ciénaga: los machos compiten, las hembras eligen. El macho del siglo XXI, electrocutado, inmerso en la sociedad de la información y la tecnología, no hace más que adaptar los viejos cánones a las nuevas formas. Al igual que en las ferias de los pueblos de hace un siglo, en los cortejos rituales de las tribus más recónditas, o en las discotecas más tumultuosas, los hombres seguimos enviando mensajes y las mujeres recibiéndolos con cierta indiferencia. Muchos de los SMS se repiten machaconamente: el hombre no ha obtenido el resultado esperado, y los envía una y otra vez, insistentemente: Es una cornada tras otra en la pelea de los machos por ganar el favor de la hembra. Los pocos mensajes que he podido ver de mujeres los envían putas. Diría que esos no cuentan.



Movido por estas reflexiones, he ido analizando qué hay de conducta ritual en la búsqueda del amor verdadero y eterno en las herramientas que la Sociedad de la Información pone a nuestro alcance. He rastreado chats para adultos, llegando a la misma conclusión: Los chats son una pelea simbólica de machos, que con sus astas virtuales trocadas en palabras, se disputan de un modo grosero a las pocas hembras que hay en la manada. Me conecté como mujer, sólo para comprobar que mi pantalla se llenaba de propuestas de todo tipo, descabelladas, caballerosas, obscenas, salvajes, picantes, tímidas, titubeantes, rotundas, económicas, grotescas, civilizadas, fantasiosas, mediocres, infantiles, contundentes, torpes, ocurrentes... Sin embargo, conectado como hombre, jamás nadie me dijo nada. Luego, observé las páginas de anuncios por palabras. El ratio de mensajes de mujeres buscando hombres y de hombres buscando mujeres es aproximadamente de uno a veinte: ahí tenemos de nuevo la batalla de los machos por perpetuar sus genes. También analicé el patrón de altas de mujeres en una página de citas, comprobando que periódicamente se abrían cuentas nuevas en lotes de setenta, de lo que deduje que se trataba de un programa mantenido por los propietarios de la página que genera perfiles femeninos sacando los datos de una aplicación informática para mantener expectantes a los socios masculinos.

Los detractores de Internet siempre han asegurado que la red es una forma enfermiza de conocer gente. Que la comunicación a través de este medio es gélida. No obstante, a poco que lo analicemos, nos daremos cuenta de que no hemos hecho más que trasladar al reino de las ideas una conducta que nos acompaña desde siempre. La hemos estilizado y pintado de colorines, la hemos pixelizado, la hemos disfrazado de un algo digital. Pero la realidad es que el medio no es ni frío ni caliente: son las palabras que escribamos a través de él, es el mensaje el que aporta la temperatura. Y al final, como ha sido siempre, todo se queda en una miserable pelea de gallos por la última gallina soltera.

Solitariamente,

Fabián, su Chico Albañil

Fabián C. Barrio es motero y tiene una compañía productora de películas de viajes.

esRadio esWiFi

5 de Septiembre de 2009 - 19:05:33 - Fernando Díaz Villanueva - 30 comentarios

Un 7/7 era la bebida que John Travolta tomaba en la discoteca de Brooklyn donde iba a hacer el macarra bailando con la gachís del barrio en Fiebre de sábado noche, peli de culto donde las haya. Pero 7/7 también es el día y la hora en que esRadio, tu Radio, empieza a emitir a todo trapo y sin complejos, vamos, lo habitual de esta bendita casa. Pero el 7 de septiembre a las 7 de mañana cuando Federico diga ¡Buenos Días! con esa incomprensible energía que tiene al punto de la mañana muchos no podrán escucharlo a través de sus receptores de radio habituales. Esto es así porque la radio es un invento bastante antiguo y las ondas hercianas tienen un alcance limitado, a veces limitadísimo, se va uno al otro lado de un monte y ya no se recibe.

Mis compañeros de esRadio han hecho ímprobos esfuerzos para que el 7/7 nuestra señal llegue inmaculada al mayor número de lugares posible, pero España es muy grande... y muy montañosa... y la tenemos repartida entre la península, los archipiélagos y el norte de África... y está llena de políticos que les gusta meterse en todo. De manera que algunas regiones no recibirán la salvífica señal de esRadio, y digo salvífica porque a todos lo que puedan escucharla les salvará, literalmente, de quedarse fritos con la soporífera tertulia de la COPE, administrada como un sacramento por Nacho "Iscariote" Villa. Entonces, los que no tengan la suerte de vivir en Madrid, Burgos, Zaragoza, Valencia, La Coruña, El Ferrol, Santiago, Pontevedra, Vigo, Guadalajara, Castellón, Játiva, Murcia, Marbella, Málaga, Sevilla, Huelva, La Palma, La Gomera, El Hierro, Tenerife y Gran Canaria... ¿no podrán escuchar esRadio? Naturalmente que podrán hacerlo, pero no a través de la paleolítica frecuencia modulada, sino por TDT y, sobre todo, por el interné, que es el mejor invento desde que a Gutenberg se le ocurrió lo de la imprenta.

Para disfrutar de la programación de esRadio por internet hay cinco tomasianas vías. A saber:

1.- La emisión en directo en nuestra página web

2.- Los Podcast de los programas

3.- El teléfono móvil

4.- Youtube

5.- La radio wifi

La primera es de una obviedad que vergüenza me da hasta nombrarla. Uno escribe www.esradio.fm en el navegador y ya está, se pone a escuchar lo que se esté emitiendo en ese momento y tan feliz.

La segunda, la de los Podcast, requiere una pequeña explicación. Un podcast es un archivito que dejamos en algún lugar que no viene al caso y el programa iTunes lo descarga en nuestro ordenador. Para descargárselo hay que suscribirse gratuitamente al mismo. Luego ese archivo lo escuchamos en el ordenata o nos lo llevamos al iPod para poder oír a Luis Herrero sentados en un banco del parque mientras los niños se descalabran en los columpios.

El móvil también esRadio. Si tiene un Palm Treo o un Centro, por ejemplo, no tiene más que descargarse una aplicación gratuita y conectarse a Internet para escuchar la emisión. Si tiene un iPhone algo parecido, tan sólo hay que buscar en la AppStore, descargar la aplicación y ponerse los cascos porque el iPhone, a diferencia del Treo, carece de altavoz. Si dispone de un terminal corriendo Windows Mobile hay decenas de aplicaciones dedicadas a la radio. Y si tiene un Nokia pues algo habrá, pero como no he tenido ni tendré jamás un teléfono Nokia lo desconozco. Escriban a Fabián C. Barrio, que es Nokia-adicto, y les dirá.

Youtube sirve solo para ver la tele, pero esRadio también esTele. Buena parte de la programación radiofónica se retransmitirá en directo por Libertad Digital Televisión, su Televisión. Luego, tenemos un propio en la redacción que lo subirá todo a Youtube para que usted pueda ver y oír a César Vidal mientras el resto del mundo está viendo y oyendo al lechuguino de Risto Mejide con sus gafas y su barba de tres días que, en la Atenas antigua, hubieran sido razón suficiente para el ostracismo con escarnio público incluido.

Por último, esRadio puede escucharse a todo bit en una radio WiFi. Y ahora, amigo tecnófobo, usted dirá: ¿y qué demonios es eso de una radio güifi? Pues sencillo, una radio que se conecta a Internet por el router que tiene en su casa; si es que tiene router y si es que tiene casa, claro. Si no dispone de ninguna de las dos cosas lo siento de veras pero ni yo, ni Fabián C. Barrio, ni siquiera Daniel Rodríguez podemos ayudarle. Pongamos que tiene casa y que, en algún rinconcillo de la misma, habita un router debidamente configurado y conectado al interné. Pongamos que usted es un tipo legal que no se baja películas de la Mula ni nada de eso y que, por lo tanto, tiene ancho de banda libre para dar y tomar. Bien, en ese caso es usted el candidato perfecto para comprarse una radio WiFi y escuchar esRadio con ella.

Hasta hace no mucho este tipo de radios eran escasas y caras, pero la Providencia, que todo lo ve y en todas partes está, ha acudido en nuestro auxilio y ha puesto las radios WiFi en todas las estanterías a un precio irresistible. Las hay para todos los gustos y bolsillos. Desde pequeños receptores que, además, reproducen MP3 hasta equipos completos llenos de lucecitas que da gloria verlos en el salón de casa. Una vez haya escogido usted la radio WiFi de su conveniencia no tiene más que encenderla, buscar esRadio en la pantallita que trae y empezar a escuchar a Federico, si es usted madrugador y se ha comprado la radio a primera hora de la mañana. Luego, si eso, puede guardar nuestra frecuencia para que se quede allí a vivir para siempre. Aunque, bien pensado, teniendo esRadio, es del género tonto sintonizar cualquier otra emisora.

Las ventajas de escuchar la radio por Internet son muchas. Por un lado, el sonido siempre sale limpio del altavoz, por otro, se puede escuchar esRadio (insisto, escuchar cualquier otra sería una tontería) en todo el mundo. Puede ir a comer a casa de su suegra y olvidarse en la sobremesa de su triste destino encendiendo el aparatito, o ir de viaje de negocios sabiendo que, si esa noche extraña la cama del hotel, la aterciopelada voz de Gabriel Albiac le hará más llevaderas las horas de insomnio. Como ve, esto de la radio WiFi es una ventaja detrás de la otra porque, lo mejor de todo, cuando uno le da al botón está, al mismo tiempo, mostrándole el dedo corazón al Gobierno de Zetapé, que es el más interesado en que ni usted ni nadie escuche nuestra modesta cadena de radio. Así que, no lo olvide, esRadio esWiFi.

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