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Marzo 2009


Internet killed the video star

31 de Marzo de 2009 - 14:47:18 - Fabián C. Barrio - 3 comentarios

Señores,

La mujer siempre me suscitaba una mezcla de ternura y pena. La veía pasar sus horas muertas tras el mostrador, mirando al infinito con ojos vidriosos, rodeada de carátulas de películas y tarros de gominolas. Mis conversaciones con ella se limitaban a pedirle que me emitiera una tarjeta nueva, porque por algun motivo, todas se me desmagnetizaban periódicamente, pero su soledad me enternecía. Los videoclubs a mi alrededor han ido cayendo como peritas maduras. El primero fue un Blockbuster gigante que ocupaba una generosa y transitada esquina y que siempre estaba rebosante de gente. Luego fue aquel que me quedaba más cerca, regentado caóticamente por un joven gafapasta con tendencia a la obesidad, quien no supo ver que el cine de autor academicista y subtitulado no tiene mucho futuro en un barrio de jubilados y autónomos. Y ahora, el de la mujer de los ojos vidriosos, ha anunciado el cierre con un escueto mensaje que me abordó nada más insertar la tarjeta el otro día en el cajero: "Por cierre rogamos consuma su saldo antes del 25 de abril". Lo cierto es que no sé si internet tiene la culpa de todo esto, quiero pensar que no, dado que mi barrio no parece especialmente poblado de hackers o personas que estén duchas en el tema de las descargas de películas. El caso es que no me ha quedado más remedio que optar por buscar una alternativa online. Mi primera adquisición ha sido un disco duro multimedia wifi que sea capaz de reproducir, básicamente, cualquier cosa. Paralelamente me he dado cuenta de que, en este país, no existe nada fiable y con un catálogo amplio que permita alquilar películas de buena calidad de un modo cómodo para un propietario de Mac, motivo por el cual me he visto en la obligación de hacerme cliente de una de esas páginas que almacenan teras y teras de copias de películas ilegales. Es decir, me he visto forzado a la alegalidad  yo, que disfrutaba con el ritual del alquiler, y estaba dispuesto a cumplirlo religiosamente. Las majors podrán poner el grito en el cielo porque descargarse cosas gratis supone dinamitar su línea de flotación, pero ¿cuál es la alternativa sensata que me proponen?. ¿Ir a la hora que ellos decidan a una sala atestada de adolescentes granujientos que harán una guerra con palomitas en la fila de delante?. ¿Desplazarme a un videoclub en nosédónde para comprobar que no está la película que quiero y que luego tengo que ir a devolver bajo la nieve, apartando lobos y culebras, antes de que se me pase el plazo?. Quizá hace veinte años la hipótesis era viable, al fin y al cabo, la gente estaba más acostumbrada a sufrir. Pero ya no.

Estoy viviendo un auténtico dilema moral con todo esto, realmente me sabe mal haber tomado la decisión de pasarme al lado oscuro. Pero como ejemplar de homo tecnicus que soy, he ido haciendo de mi casa mi útero y cada vez me cuesta más ir a los sitios si puedo hacer las cosas desde mi sofá con más efectividad, como comprar en el super, jugar al tenis, matar a alguien o trabajar. Internet, el reino nacido por y para las ideas, obligará más pronto que tarde a cambiar el esquema cultural surgido durante el siglo XX, en el que un artista podía acceder a la fama a través de una industria establecida y producir muchísimo dinero con una inversión más o menos escasa. Precisamente por ser el reino de las ideas. Internet seguramente pondrá a los artistas en el lugar que tenían antes de la existencia de los mass media, auténticos causantes de su ascensión y caída. Volverá a resurgir el micro-famoso, que cuenta con un número más o menos vasto de seguidores, a los que alimenta personalmente con su arte desde su casa, sin más medios que sus manos y su cerebro. Y el arte industrial, al no tener quien lo pague, irá desfalleciendo hasta alcanzar la desintegración senil con un suspiro polvoriento. No deja de ser paradójico que sea la palabra escrita la última en caer en las redes de la Red, cuando la Red nació fundamentalmente para retransmitirla y el resto vino después. Pero dentro de cinco años, será tan normal tener un lector de libros electrónicos como tener un reproductor de MP3. Y entonces, las editoriales se tambalearán también. No sé si han tenido ocasión de ver y tocar un lector de ebooks, pero son una pequeña joya de la postmodernidad, y el tener uno en mis manos me sonroja por la cantidad de libros que atesoro y que en nada serán una antigualla. Cuando los ebooks triunfen, los escritores empezarán a vender directamente desde su casa. No les cabrá más remedio que contactar con los lectores, mimarlos, tolerarlos, alimentarlos de afecto, como empiezan a hacer ya los músicos, a cambio de que efectúen un micropago y financien su obra.

¿Y qué ocurrirá con el cine?. ¿Puede el cine sobrevivir a la era digital que tanto ha hecho por darle vistosidad?. La historia de la Humanidad nos ha enseñado que, al final, el talento triunfa siempre, brota como la vida después del invierno o en los montes arrasados por el fuego. Quizá, quién sabe, haremos un cine de guerrilla, que pagaremos desde nuestros bolsillos y financiaremos con un SMS. El amor del ser humano por el séptimo arte es demasiado grande como para que desaparezca. Si ello les hace temer por las superproducciones, les dejo con una rodada sin dinero por cuatro amigos. A lo mejor, al final va a dar igual que contribuya con mis descargas a que se hunda la industria cinematográfica.



Cinematográficamente,

Fabián, su Chico Galán Hollywoodiense

Fabián C. Barrio es propietario de un casino en Bahamas y una planta industrial de buñuelos de bacalao

El Valle Inexplicable, o por qué los robots no deben de parecer humanos del todo

24 de Marzo de 2009 - 10:42:19 - Fabián C. Barrio - 4 comentarios

Señores,

VALLE inexplicable: FUENTE, WIKIPEDIAEn el año 1970, el robotista japonés Masahiro Mori especuló sobre un fenómeno que había observado de forma generalizada en las personas que tenían contacto con robots de aspecto más o menos humanoide. Mori especuló sobre la existencia de un valle -denominado inexplicable, the uncanny valley- en la simpatía que siente el ser humano hacia la máquina, cuando la máquina se parece bastante pero no del todo al prójimo. Este valle se salva cuando el robot termina por parecerse muchísimo. Siguiendo esta regla, un robot que no se parece mucho a un humano, tiene más posibilidades de ser aceptado en sociedad que un robot que se parezca mucho, hasta el punto de resultar desconcertantemente realista.

Mori es un robotista, y por lo tanto, su misión consiste en crear robots, de ahí que no haya profundizado en exceso en su teoría y muchos aseguren que está un poco pillada por los pelos y no tenga una base científica sólida. No obstante, según han especulado analistas de la teoría de Mori, un robot casi humano, pero no del todo, posee un noséqué o un quéséyo que hace que nos resulte un tanto repulsivo: el ser humano está genéticamente predispuesto a sentir aversión hacia aquel prójimo que parece enfermo o muerto, de ahí que un robot sin aspecto vital o natural nos choque y nos genere cierto grado de malestar. A mi me gustaría añadir que, como primates dormidos que somos, es natural sentir rechazo, por un lado, a lo desconocido: nosotros no sabemos de qué forma debemos relacionarnos con un robot y qué parámetros psicosociales rigen nuestra interacción con él, desconocemos qué motivaciones tiene para hacer lo siguiente que vaya a hacer, no podemos sentir empatía ni adelantarnos a sus acciones, por lo tanto, nos sentiremos necesariamente incómodos en su presencia. Pero, además, debemos recordar que el ser humano es sumamente celoso con su posición en el mundo. La nuestra es, ha sido, y será una visión del Universo antropocéntrica, y es comprensible que, sentir que algo nos arrebata el puesto, es difusamente desagradable.

Como sabrán, el uncanny valley ha sido empleado hasta la extenuación en el cine para provocar repulsión o afiliación en personajes irreales: recuerden a Gollum, a los replicantes, al niño de Artificial Intelligence, a C3PO, a ET, a los gremlims o a Mazinger-Z. No obstante, los próximos años serán decisivos en nuestra forma de relacionarnos en el mundo real con las máquinas o los seres inanimados, y poco a poco se producirá una batalla industrial por jugar con la posición de la máquina en la zona del valle inquietante que más interese ocupar. Por ejemplo, el próximo decenio será sin duda el de los robots de compañía y servicio, en su más extensa acepción. Quizá uno de los más impresionantes sea Actroid, que claramente ha saltado la barrera del uncanny valley y nos resulta abiertamente sexy -no en vano las visten siempre con ropas ajustadas de vinilo-. En cierto modo, ahí están también las Real Doll o su equivalente japonés (NOTA: ambos enlaces son PARA ADULTOS). Con el objeto de saltarse el valle, ambas incluyen movimientos respiratorios del pecho e incluso las ofrecen con un CD para que le susurre guarradas al oído en los momentos de pasión. Pero en ocasiones puede resultar beneficioso juguetear con ese valle. El ejército estadounidense, leo en LD, está probando el BigDog en Afganistán. Hay algo de perturbador en BigDog, uno no sabe bien si está ante un gran insecto, un caballo, tampoco podemos discernir si tiene capacidad de decisión propia, o si sus intenciones son buenas cuando lo vemos caminar con ese desquiciante sonido mecánico. En cualquier caso, el vídeo no me provoca más admiración que repugnancia. BigDog se mueve de tal forma que resulta perturbadoramente vivo. Estoy convencido de que el ejército estadounidense juega con ese efecto a la hora de considerar emplearlo en misiones de guerra. El impacto psicológico de ver avanzar un grupo de robots con movimientos repulsivamente racionales es muy superior a que avancen caballos, que se mueven a base de zanahorias y seguramente son igual de eficaces.

Maquinalmente,

Fabián, su Chico Autómata

Fabián C. Barrio es corredor de rallyes

Interné en el móvil

13 de Marzo de 2009 - 03:29:53 - Fernando Díaz Villanueva - 4 comentarios

Seamos sinceros, reconozcamos aquí y ahora que el cuento del interné en el móvil es más viejo que Cascorro. Llevan dándonos la paliza con que si el futuro es navegar por el móvil para hacer la compra y esas cosas desde antes de la burbuja puntocom. Yo, que soy un hacha para las previsiones –de hecho me llaman El Profeta desde que, en el 95, dije a mi hermano que eso de Internet no tenía ningún futuro– aseguré vehemente al filo del año 2000 que a mediados de 2001 todo lo haríamos con el móvil. Pero no con los Motorola Ladrillo que gastábamos por entonces, sino con unos nuevos terminales que iban a salir inmediatamente y que las operadoras regalarían a sus usuarios para que fuesen más felices. Desde ese momento mi condición profética quedó cincelada en piedra.

La pena es que, a diferencia de otros, yo no lo dejé por escrito, pero sabe Dios que así fue, que me lo creí a pies juntillas y que hasta un día estuve conectado a una página wap durante, exactamente, 59 segundos; corté en ese punto para que me cobrasen sólo un minuto. La experiencia me hizo replantearme el asunto desde su misma raíz: la factura. Viendo lo que los leales camaradas de Vodafone me habían quitado por segundo concluí que, efectivamente, el interné móvil era el futuro... pero lejano, tan lejano como la galaxia de Star Wars.

Y así hasta hoy en que, gracias a Daniel Rodríguez Herrera –a quien ustedes conocen en su calidad de perillesco gurú tecnológico y yo en la de amigo- informático-que-soluciona-cualquier-tipo-de-incidencia–, me entero que Libertad Digital (su diario, mi diario, nuestro diario) ha lanzado la versión internetí plenamente compatible con mi Palm Treo y, ya que estamos, con el iPhone de Daniel y el HTC patatero de Zé Barrio. Porque, no se engañe, hemos creado esta versión para que funcione en nuestros móviles y luego, si eso, en el Blackberry de Manuel Llamas, en el Nokia de Dieter Brandau y en el Sony-Ericsson de Mario Noya.

Al final la cosa ha salido, digamos, tan redonda que funciona en todos los modelos de móviles con los que se puede navegar por Internet. Tan sólo hay que teclear la dirección m.libertaddigital.com y su, mi, nuestro diario se abrirá en todo su esplendor móvil. Nunca tanto habrá costado tan poco.


Ahora vienen las dos preguntas fundamentales:

1.- ¿Esto para qué sirve?

y 2.- ¿Cuánto cuesta?

De lo primero no hacen falta muchas explicaciones. Sirve para leer el mejor diario del interné mundial desde la cama, o desde la parada del autobús si usted es de los que va con la hora pegada por las mañanas.

De lo segundo hay que matizar, porque Libertad Digital (larga vida al Rey de los periódicos) es y seguirá siendo gratis en sus dos versiones: la normal y la de bolsillo. Lo que no es ni será gratis nunca es la conexión telefónica. Y he ahí la clave de todo el tema interneto-telefonístico. ¿Cuánto cuesta conectarse a Internet desde el móvil? Depende de la operadora y de la tarifa que tengamos contratada. No es lo mismo entrar en m.libertaddigital.com con la tarifa "Banda Ancha Móvil" de Movistar que hacerlo con la tarifa "Internet Everywhere" de Orange. Cada una tiene sus condiciones y su letra pequeña que hay que mirar muy mucho antes de contratarla. Lo que no se debe hacer nunca es navegar con el móvil sin antes haber previsto una tarifa especialmente diseñada para eso, para navegar con el móvil, porque sino luego viene factura y el crujir de dientes.

Movistar distribuye sus iPhones con un "plan de datos" (así se llama, que le voy a hacer) pensado para que los Danieles Rodríguez Herrera que en el mundo hay se pongan morados a navegar y a leerse todas las mañanas Libertad Digital al completo mientras desayunan. A cambio hay que pagar una cantidad ligeramente superior, pero que compensa si la navegación es intensiva. Para algo más suave, algo como conectarse a m.libertaddigital.com y leerse la columna de Girauta, basta una tarifa de datos normalita.

El iPod charlatán

11 de Marzo de 2009 - 21:25:37 - Fernando Díaz Villanueva - 3 comentarios

Ya estaba tardando, un iPod que hable y que te cuente cosas interesantes, cosas como, por ejemplo, qué canción estás escuchando y quién la canta. Pues bien, hemos tenido que esperar ocho años pero al fin está aquí. Se llama iPod Shuffle y la marca nos recuerda que “ya sabe hablar”... ¿pero ese iPod no existía ya? Si, existía, pero no hablaba y he aquí la diferencia y la razón por la cual es necesario poseerlo inmediatamente. Porque, a ver, todos hemos tenido un iPod en la mano, hemos visto fotos en él, hemos, incluso, visto el tráiler de 300 entre admiraciones por la soberbia calidad de su pantallita... hasta hemos escuchado música en el metro fardando de auriculares blancos mientras el gachó de enfrente iba con un vulgar y pleistocénico Discman o, peor aun, con un triste Creative ZEN de color verde. Lo que nadie ha sentido aún es la sensación de que iPod se dirija a uno y con una femenina y sensual voz le susurre:

- En estos momentos se dispone usted a eschuchar el tema "Niña, no te modernices", de "El Payo Juan Manuel".


Y entonces va uno y lo escucha, pero sabiendo de antemano la canción y el artista.
Probablemente le parece una tontería (y lo es), pero esto de que el iPod haya adquirido la humanísima capacidad de hablar abre un mundo de posibilidades que Apple haría bien en explotar hasta sus últimas consecuencias.

Para empezar, y teniendo en cuenta que cada canción en MP3 guarda mucha más información que su nombre y el artista que la canta, nuestro iPod podría, si así lo decidimos, contarnos todo lo que sabe sobre la cancioncita en cuestión. Antes de empezar la audición saltaría la voz (femenina y sensual) diciéndonos:

- En estos momentos se dispone usted a escuchar el tema "Niña, no te modernices", de "El Payo Juan Manuel", contenido en su LP "El rumbero verde" como tercera pista. Fue grabada por la discográfica Belter en 1976. La versión que le ofrezco tiene una velocidad de bits de 160 kilobits por segundo y una frecuencia de muestreo de 44,100 kilohercios. Esta es la quincuagésimo cuarta vez que usted escucha el tema y la última vez que lo hizo fue el 4 de marzo de 2009 a las 16 horas y 39 minutos.  Disfrute.

Entonces va uno, responde al iPod con un "Gracias, bonita" y lo escucha otra vez. Pero esta vez sabiéndolo todo, absolutamente todo lo necesario para el disfrute pleno de la pieza. Atractivo, ¿verdad? No se cómo no lo han inventado antes y no en California, sino en España, donde este tipo de intrusiones auditivas para contarnos algo que no nos interesa se nos dan de maravilla, especialmente en la red de cercanías y en el metro de Madrid... bueno, ya sabe usted a lo que me refiero.

Para la música clásica sería especialmente útil porque cuando uno se pone a escuchar no sé, pongamos, unas sinfonías de Haydn llega un momento en que no sabe ni que sinfonía está escuchando ni cual de los tiempos está reproduciéndose en el iPod. Y eso no es plan. Puede estar uno esperando sentado en un banco del parque a la chica con la que se ha citado para ir al cine y, cuando ésta llega y te pregunta qué escuchas, pues no es de recibo decirle que no lo sabes, que Haydn y tal. Con las piezas de música clásica hay un problema añadido, suelen tener enunciados muy largos, orquestas con nombres más largos todavía y mil detalles que, o les prestas atención, o no sabes lo que estás escuchando. Así, si dejamos al Payo Juan Manuel y a su guitarra moruna por un rato para ponernos la 92 de Haydn, la señorita de voz, insisto, femenina y sensual, nos diría:


- En estos momentos se dispone usted a escuchar el primer tiempo "Adagio – Allegro", de la sinfonía número 92, “Oxford”,  en Sol Mayor de Franz Joseph Haydn. Fue compuesta en 1789. La grabación fue realizada en 1984 en Viena por la Orquesta Filarmónica de esta ciudad dirigida para la ocasión por Leonard Bernstein. La versión que le ofrezco tiene una velocidad de bits de 320 kilobits por segundo y una frecuencia de muestreo de 44,100 kilohercios. Esta es la décimo sexta vez que usted escucha el tema y la última vez que lo hizo fue el 24 de enero de 2009 a las 21 horas y 10 minutos. Disfrute.

 

Y así con cada tiempo, y cuatro veces por sinfonía, tres veces por concierto o 102 veces si decidimos esperar a nuestra chica escuchando los 102 cortes que tiene la Pasión según San Mateo de Johann Sebastian Bach (alabado sea). Para más INRI los títulos de los cortes están todos en alemán y no son ni breves ni fáciles de pronunciar (ni siquiera para una máquina). En la obra cumbre del “amado dios de la música” ™ tenemos, por ejemplo, uno que es: “Mein Jesus schweigt zu falschen Lügen stille”, otro “Und da sie den Lobgesang gesprochen hatten” y así sucesivamente. Luego está que, aparte del director y la orquesta, hay que recordar al oyente el coro y los solistas, que a veces tienen nombres tan caprichosos como Dorothea Röschmann, soprano alemana de porte espléndido, voz cremosa y mucho fuelle pulmonar.

 

No he hecho el cálculo pero sospecho que pasaríamos casi el mismo tiempo oyendo introducciones (recitadas con una voz femenina y sensual, eso sí) que música propiamente dicha. Lo cual no deja de tener su encanto, porque ganaríamos siempre en el trivial musical que viene instalado como juego en los iPod grandes, esos con pantalla en la que se puede ver el tráiler de 300 y quedarse pasmado de la calidad. Además nos convertiríamos en unos expertos. Si en un anuncio de la tele suena de fondo la “Las Cuatro Estaciones” de Vivaldi podemos darnos el pisto de entendidos alzando la voz para recordar que eso no son “Las Cuatro Estaciones” así a secas, sino el primer tiempo “Allegro non molto”, “Invierno”, del concierto número 4 en Fa menor opus 8 RV297 de la colección  “Il Cimento dell’armonia e la invenzione”, interpretado por la Academy of Ancient Music bajo el clavicordio de Christopher Hogwood y con Monica Hugget al primer violín.  Y para rematar, como si la cosa no fuese con nosotros, puntualizamos que, efectivamente, lo compuso un tal Vivaldi, Antonio.

 

Si no nos matan después de esta es que no nos matarán ya por nada. Lo que es seguro es que nadie querrá volver a ver la tele con nosotros, vamos, ni ver la tele ni ir a un concierto, por no querer, no querrán ni citarse en el parque no vaya a ser que, sin venir a cuento, les soltemos que estábamos en esos momentos deleitándonos con el “Klag-Lied Muss der Tod denn auch entbinden” de Dietrich Buxtehude a cargo de Andreas Scholl y el Concerto di Viole de Basilea. En fin, a esto nos expone la charlatanería del nuevo iPod Shuffle. De nosotros depende controlarla o dejarnos llevar por ella. Yo, casi me inclino por lo segundo así que, ya saben, no queden jamás conmigo en un parque.

 

Lo ha vuelto a hacer

10 de Marzo de 2009 - 16:30:09 - Fabián C. Barrio - 4 comentarios

Señores,


Y por eso lo ODIO.

Envidiosamente,

Fabián, su Chico Inmovilizado

Fabián es catador de burritos prefabricados

Bill Gates vs. Steve Jobs

9 de Marzo de 2009 - 19:49:31 - Daniel Rodríguez Herrera - 0 comentarios

Sin duda, habrán ustedes visitado nuestro nuevo canal de juegos. Si no lo han hecho, están ustedes tardando. Sin embargo, puede que algunas joyas se le pasen desapercibidas, como el juego de lucha con espadas láser entre Bill Gates y Steve Jobs. Fue creado por el programa SuperNews!, que se emite en Current TV, el canal que ha motando Al Gore con la calderilla que le sobra de las conferencias que le pagamos todos de nuestros impuestos.

¡Hay que probarlo!

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