26 de Noviembre de 2008 - 18:17:47 - Fernando Díaz Villanueva - 5 comentarios
Al igual que todos los veranos tienen una canción, todas las Navidades tienen un regalo, un gadget fetiche que se reproduce como el virus de la gripe por las estanterías de las tiendas y los sitios web que, tanto usted como yo, visitamos con dedicada entrega. La última Navidad fueron los marcos de foto digitales, la anterior los discos duros multimedia y así sucesivamente hasta la Game Boy, que acaba de cumplir su mayoría de edad olvidada por todos.
Todo gadget de moda empieza su carrera como producto exclusivo al alcance de unos pocos. Generalmente caro (diría yo que prohibitivo) y sólo contemplable a través del cristal de un escaparate. Entonces, nadie sabe cómo ni por qué, el gadget en cuestión sufre una mutación genética y comienza a expandirse casi a la misma velocidad en que se abarata. Los marcos digitales, por ejemplo, eran hace sólo cinco años una curiosidad tecnológica, un lujo asiático (y nunca mejor traído el origen) de esos que miramos embobados, pero que no nos podemos permitir y que si, haciendo esfuerzo, nos los permitiésemos, echaríamos horas pensando cómo vamos a utilizarlos.
Porque los cacharros tecnológicos son como Gandalf en El Seños de los anillos; llegan cuando tienen que llegar, ni antes ni después. Un marco digital en 2003 era perfectamente inútil para la mayoría de aficionados a la fotografía, que se encontraban sumergidos en un mar de dudas sobre si daban o no el salto a la fotografía digital. Y sin fotos digitales el marco sirve para poco más que para pegarle una foto en papel sobre el LCD. Cuando todos tenían su cámara y las pantallas de cristal líquido eran lo suficientemente económicas llegó su momento y ¡zas!, un marquito en cada casa. Apagado, cierto es, pero exhibiendo orgulloso su pantalla en negro para que todas la visitas pregunten lo mismo.
- ¡Oye!, ¿y esto como se enciende?
A lo que nosotros, condescendientes tecnófilos, respondemos llenos de satisfacción:
- Dale la vuelta y deslizas la pestaña a donde pone ON
A los ultraportátiles o Netbooks (que es como se llaman ahora) les ha pasado algo parecido. Al principio eran versiones miniaturizadas de portátiles normales, con su pantallita, su tecladito, su panelito táctil... y su sablazo en la Visa. Porque esos mini Sony Vaio o esos mini Samsung o ese MacBook Air todo lo que tienen de minúsculo lo tienen de caro. Tal es la diferencia que, en los últimos años, se había llegado a la convicción que de que lo pequeño, en informática, se paga... y bien.

Pues no, lo pequeño se ha dejado de pagar. Todo gracias a una empresa taiwanesa llamada Asus, que anunció a mediados del año pasado un diminuto portátil equipado con lo mínimo a menos de 300 dólares. En realidad no era nada nuevo, simplemente la evolución de un concepto ya antiguo: el de los portátiles para los niños del tercer mundo puesto al día para los geeks del primero. La idea apadrinada por algunos gurús del intenet de dar un ordenador portátil a los niños de los países pobres nunca ha arrancado del todo. Tal vez porque esos niños, antes que ordenadores, lo que necesitan son escuelas, seguridad y, en los casos más sangrantes, comer a diario. Aunque parezca mentira, algo tan elemental no se lo plantearon. Es como si a mi padre, que las pasó canutas en la posguerra, le hubiesen regalado una calculadora cuando, en realidad, lo que a él le apetecía era comer caliente.
La idea de Asus era ofrecer a los que ya disfrutamos de las bendiciones del mundo desarrollado (entre las que figura comer caliente) un ordenador a medio camino entre un portátil y una agenda electrónica pero, a diferencia de lo que se había hecho antes, al precio de la segunda y no del primero. El anuncio fue a principios del verano de 2007 y no hubo geek en todo el mundo que no desease poseer uno de esos Asus, bautizados por la marca como "eeepc", es decir, easy to learn, easy to work, easy to play. Les faltó una "e" más. Easy to pay, porque el precio de salida iba a ser 299 dólares, cifra redonda y psicológica como lo fue en tiempos las famosas 5.000 pesetas con las que se podía comprar casi de todo.

El Eeepc es un aparatito extremadamente pequeño y ligero. Ocupa lo que una agenda normal y pesa menos de un kilo. Es capaz de hacer lo que la mayor parte de la gente hace con el ordenador: navegar por Internet, chatear con los amigos, enviar correos electrónicos y escribir algún texto ocasionalmente. Como es tan pequeño se puede llevar a cualquier parte. Cabe en el bolso de una mujer (en rigor, en el bolso de una mujer cabrían 6 ó 7 eeepc’s) o en la mariconera de un hombre; no, no se ría, esos bolsos masculinos siempre se han llamado así. Sirve para navegar desde la cama, desde la terraza, desde el sofá y desde otros lugares más íntimos, pero inexcusables en el quehacer diario.

Y todas esas ventajas por sólo 299 dólares. Lo anormal es que no se hubiesen vendido. Fueron la sensación de las Navidades (las norteamericanas, no las nuestras) del pasado año y, a lo largo de este, se han puesto a la venta en todo el mundo. En España llegaron tarde, tan tarde como el mes de mayo, momento en que se produjo la eclosión del segmento. HP lanzó su modelo, Acer lo hizo algo más tarde, y fue volver del verano y cada semana una marca se desmarcaba con su Netbook... Dell y su Inspiron Mini, Toshiba y su NB 100, LG y su X110, Medion y su Akoya Mini... Al final hay tantos modelos que cuesta recordarlos todos.
Pero cantidad no significa variedad. Las tripas de todos son prácticamente idénticas. Equipan el mismo microprocesador Intel Atom, parecida cantidad de memoria y pantallas de 9 ó 10 pulgadas. El Eeepc original, que llevaba un Celeron del año catapún y un pantallín minusuculo, ha dado paso a nuevos
modelos más potentes que han tratado de subsanar los defectos del primero de la saga.
La batalla no se ha librado, pues, en el hardware, sino en el sistema operativo. El pionero traía preinstalada una distribución de Linux un poco rara que daba lo que se le pedía y poco más. A partir de ahí empezó la guerra. Algunas marcas se han decantado sólo por Linux, como es el caso de Dell, que entrega sus Inspiron Mini con Ubuntu. Otros dejan elegir al cliente entre Linux y Windows XP que, aunque sea un sistema del año 2001, en esto de los Netbooks goza de una envidiable salud. Por último, algunas marcas sólo ofrecen el XP porque, según dicen, es lo que les pide la clientela. Ahora viene la pregunta. Si son tan parecidos, ¿no debería costar demasiado elegir uno u otro para regalar(se) estas Navidades? Pues no. Aparentemente son iguales, luego cada uno tiene sus cosas, sus detalles y sus intangibles que ponen la elección bastante más difícil. A eso dedicaré los próximos artículos. Si se quiere enterar, ya sabe, permanezca conectado.
21 de Noviembre de 2008 - 19:15:21 - Fernando Díaz Villanueva - 2 comentarios
En los últimos años la historia de Microsoft puede contarse por sonoros fracasos. Y no sólo el Windows Vista, del que echan pestes hasta quienes no lo han usado en su vida, o la última edición de Microsoft Office... sí, sí, esa misma que guarda los documentos de Word en un formato tan rebuscado que usted y sólo usted puede abrirlos. Aparte de estos dos tropiezos que, bien visto, no lo han sido tanto, porque Vista es el sistema operativo con el que se venden casi todos los ordenadores del mundo, y Office sigue siendo la principal (casi única) aplicación para las cosas de la oficina, hay otros proyectos muy personales (y muy desconocidos) de Bill Gates como los Tablet PC o los UMPC que se han pegado un batacazo antológico.
En su momento se vendieron como el futuro de la informática personal, como las nuevas estrellas de la galaxia tecnológica en torno a las cuáles íbamos a terminar girando todos. Al final han terminado siendo productos minoritarios, de nicho, que dice la gente que sabe de márketing. El UMPC no es que haya fracasado, es que ha sido asesinado vilmente por sus primos pobres, los Netbook, en un estallido de lucha de clases inédito en este mundillo. Allá donde el UMPC (siglas de Ultra Mobile PC) costaba mil y pico euros (con un pico muy alto) los Netbook se han quedado en la cálida región de los 300, frontera psicológica que separa el desenfundado inmediato de Visa del mantenerla en su sitio esperando mejor ocasión. Los UMPC, además, tenían (tienen, porque no están del todo muertos) una forma un poco rara. Consisten en una pantallita táctil con cuatro botones a los lados, procesador de ordenador grande, prestaciones de ordenador grande y precio de ordenador muy grande. Lo peor es que, después de toda esta exhibición de potencia y miniaturización, están dirigidos al tipo que quiere conectarse a internet desde la cama. En suma, piden demasiado por demasiado poco. Por eso nadie tiene uno (o casi).
Los Tablet PC, en cambio, parecen un ordenador portátil y, hoy por hoy, cuestan lo que un ordenador portátil. Quizá porque, en realidad, no son más que un ordenador portátil. Se anunciaron a bombo y platillo hace 6 ó 7 años. Era una apuesta personalísima de Gates que, en un arranque de heroísmo propio de un químico del siglo XIX, se aplicó su propio experimento y prescindió en su despacho de otro equipo que no fuese un Tablet. Como en aquel entonces Gates era el hombre más odiado del mundo, una especie de Bush de la tecnología, todos le dieron crédito y los periódicos se hincharon a hablar del ordenador del futuro. Hasta yo, que soy desconfiado de naturaleza, me veía en el año 2008 con un Tablet bajo el brazo tomando notas en las reuniones con un lápiz óptico mientras un robot nos servía café a todos los asistentes. Porque, esto era el futuro, ¿o no? Lo cierto es que a las reuniones sigo llevando la agenda de papel y un boli Bic (generalmente mordido) que acabo de robar a un redactor despistado. Lo más probable, por lo tanto, es que para 2015 toda la renovacion que experimenten mis reuniones sea la agenda.

El hecho es que los Tablet PC, lejos de morir, han sabido adaptarse a ciertos mercados, especialmente al educativo y al sanitario. Los profesores y los médicos trabajan de pie, así que un aparato que les permita tomar apuntes en la sacrificada postura bípeda supone un gran avance. Algo semejante sucedió con los PDA, que han dejado de ser un gadget y se han convertido en parte del equipo de trabajo de enfermeras, camareros y encargados de almacén, profesionales del no parar y del estar de pie. El resto de los mortales trabajamos sentados, comemos sentados y nos entretenemos sentados. Algunos, como los funcionarios o los maquinistas del metro, diríase que hasta se reproducen sentados. De ahí que no veamos tan necesario un invento concebido para moverse, y más cuando ese invento sale por un ojo de la cara y exige cierto aprendizaje. El Tablet presume de entender lo que escribes, pero no siempre es así, de hecho, casi nunca es así. Probé uno hace un par de años y tardé un cuarto de hora en conseguir que el sistema de reconocimiento de caligrafía comprendiese a medias que quería poner "Hola, me llamo Fernando y esto es un Tablet PC". Increíble pero cierto. Lo dejé por imposible a la mitad de mi nombre.
De eso hace dos años, claro. Hoy cuentan que las cosas han mejorado. También lo han hecho los precios. De los casi 2.000 euros que costaba el original Tablet disléxico que pasó brevemente por mis manos se ha bajado a los 800 pelados, por lo que hasta puede perdonarse que la maquinita no entienda del todo que uno quiera escribir “Torschlusspanik” en cursiva, palabra alemana de difícil traducción que se aplica a las mujeres cuando se les ha pasado el arroz. Por el precio y porque “Torschlusspanik” no es una palabra que se escriba a diario, la opción del Tablet empieza a ser factible para aquellos que, como usted, se han puesto a leer este artículo buscando refuerzos positivos para comprarse un Tablet.
La oferta de Tablet es amplia, no tanto, lógicamente, como la de Netbooks, que se encuentran en plena metástasis tras el exitazo del EeePC, pero suficiente para tener donde elegir. Dell los fabrica, Fujitsu-Siemens, Toshiba y Lenovo también, pero es HP la que más decididamente los ha apoyado. Llevan varios años perfeccionando el concepto y puliendo las líneas de diseño para hacerlos vistosos al consumidor medio. El último lo acaban de anunciar. Se llama TouchSmart y promete ser plenamente funcional cuando Windows 7 entre en escena el año próximo. Windows 7, que es un Vista mejorado, admite pantallas multitáctiles como la que actualmente equipa el iPhone. Eso hará posible, por ejemplo, que al abrir una foto podamos acercarla o alejarla con los dedos pulgar e índice. No es gran cosa pero mola bastante.
Si la conjunción de Windows 7, precios contenidos y diseños atractivos es favorable quizá el Tablet PC renazca y volvamos a ver como unos y otros empiezan a hablar del ordenador del futuro. Yo, que sigo siendo desconfiado, lo más probable es que vuelva a creérmelo y me recree de nuevo con ensoñaciones de un futuro sin agendas de papel y robots que sirven café. El futuro, a fin de cuentas, siempre será lo que uno quiera que sea.
20 de Noviembre de 2008 - 12:29:12 - Fabián C. Barrio - 3 comentarios
Señores,
Hay un hermoso pueblo de pescadores en la costa sur de Galicia llamado Moaña, cuya belleza sólo es equiparable a la singularidad de sus gentes. Como podrán imaginar, la vida en las calles de piedra y musgo de Moaña es muchísimo más sencilla que en una gran ciudad de asfalto y acero. Moaña vive enredada en los caracoles de la melena del mar, pelea con el viento mareiro en desigual batalla, con el sol y la salitre, con la lluvia que cae eternamente sobre el lomo de Galicia, Moaña arrebata al mar mareas de plata de sardinas trémulas y, bajo el cielo gris pálido que cubre las lomas suaves de sus cerros verdes, retumban los ecos de los mugidos lastimeros de las vacas y los tañidos tristes de sus esquilas. En los mercados de Moaña, las cestas panzudas de mimbre rebosan de vida brotada de la tierra: calabazas gigantes, verduras altivas, tomates fragantes, frutas de piel tersa y delicada, huevos de gallina preñados de vida, vinos de sabor ácido, patatas crujientes, quesos de aroma intenso y carnes níveas, músculos rojos y torneados de terneras lechales. Las gentes de Moaña llevan labrada en su piel la perpetua lucha contra los elementos y en su mirada el infinito azul metálico del horizonte del Atlántico.
yogures y pedirá una nueva remesa por Internet, o la calefacción que se conectará a un feed RSS para ver la predicción meteorológica y actuar en consecuencia. Pero, por ejemplo, el éxito de la consola Wii radica en que no tiene un mando al uso, tiene una especie de hacha de guerra que puedes blandir de forma natural. Y una empresa francesa parece haber empezado con el paso definitivo hacia la internetización de la vida cotidiana. Se trata de Mir:ror, un lector de etiquetas similares a las de los comercios, que puedes pegar a cualquier objeto. Luego, si tienes tiempo -cosa que parece que sobra al internauta medio-, puedes programar acciones en tu ordenador asociadas a la etiqueta. Pongamos un ejemplo: Pegas la etiqueta a mando del garaje. A las siete de la mañana coges el mando porque estás a punto de salir, y lo pasas sobre el lector. En ese mismo momento, se activa en tu pantalla la predicción meteorológica, se abre la imagen en directo de las webcams del departamento de tráfico de tu ciudad, y se te envía un email a tu trabajo que contiene la agenda de hoy. Además, se actualiza tu Twitter con el status: " saliendo hacia la oficina :( ". Y quince minutos después, tu ordenador se apaga, porque se supone que ya has salido de casa. La idea de Mir:ror es bastante revolucionaria porque, si se popularizara, cualquier objeto podría tener una etiqueta. Así, compraríamos libros que, al pasarlos por el lector, abrirían páginas web con información de su autor o con recomendaciones de novelas similares. O bien pasaríamos yogures por el lector y éste nos devolvería su información nutricional. Y una etiqueta en nuestro reloj podría ir encendiendo cosas como la ducha, la cafetera, la calefacción o el coche a nuestro paso. He de reconocer que la idea de que todo esté conectado y la información de todo esté accesible para cualquiera resulta demasiado sugerente como para dejarla escapar. Mi segunda predicción es que, en menos de 10 años, nadie hablará ya de Internet en las calles de piedra y musgo de Moaña, porque Internet será Moaña y Moaña será Internet. Fabián C. Barrio es analista de topografías de red complejas y consultor en recuperación de catástrofes informáticas
19 de Noviembre de 2008 - 13:31:29 - Fernando Díaz Villanueva - 1 comentario
A falta de otras novedades tecnológicas de mayor relumbrón, LG, que es una marca coreana que lo mismo te hace una lavadora de carga superior que un navegador GPS, acaba de anunciar su teléfono más exclusivo: el Prada Phone (o Pradáfono si los fabricantes escogiesen nuestra eufónica y delicada lengua para denominar sus productos). Se trata de un terminal muy aparente, todo en negro y plata, con un teclado deslizante que se esconde detrás de la pantalla y que, por descontado, no tiene tecla asignada a la sacrosanta eñe.
18 de Noviembre de 2008 - 14:04:44 - Fabián C. Barrio - 5 comentarios
Señores,
Vamos a retroceder grácilmente al siglo XVIII. Les presento a Wolfgang von Kempelen, un notorio inventor y caradura originario de Pressburg (Bratislava) que aseguró, en 1769, haber construido una máquina que era capaz de jugar al ajedrez e incluso ganar la mayoría de las partidas. Consistía en un cajón de madera del que sobresalía un maniquí con forma de señor turco, que se movía y manipulaba las piezas del ajedrez, aparentemente sin intervención humana. Cuando Wolfgang abría la caja, mostraba a su asombrada audiencia un incomprensible mecanismo de relojería, supuestamente capaz de mover las piezas sobre el tablero con gran éxito. Obviamente, se trataba de una farsa: dentro del cajón había un maestro ajedrecista -al parecer veterano de guerra que había perdido las piernas y por eso cabía dentro- precariamente encajado, que movía el maniquí del Turco desde su interior. En cualquier caso, el Turco se hizo famoso por haber sido exhibido en la corte de la emperatriz de Austria María Teresa en 1770, o por haber ganado al ajedrez al mismísimo Benjamin Franklin. Tras la muerte de su creador, el Turco siguió de gira y llegó a vencer a Napoleón Bonaparte en Schönbrunn, convirtiéndose de este modo en, posiblemente, la primera leyenda urbana de la historia. Fabián es un ex-miope y astígmata converso
13 de Noviembre de 2008 - 21:04:47 - Fernando Díaz Villanueva - 2 comentarios
La única batalla que se pierde es la que no se presenta. Eso es lo que han pensado (casi) todos los fabricantes de teléfonos móviles desde que, en junio del año pasado, saliese a la venta el ubicuo iPhone de Apple. Al igual que sucedió con los que quisieron en su día hacer la competencia al iPod, a los aspirantes a destronar al teléfono de la manzana se les ha motejado (con cierto desprecio, eso sí) iPhone killers. Es decir, asesinos del iPhone, que ya son ganas de llevar la pelea a sus últimas e inevitables consecuencias en toda guerra que se precie, ya sea comercial, religiosa o por un quítame allá ese trozo de tierra: el asesinato del contrario.
El hecho es que, año y medio después de su lanzamiento y a punto de cumplirse el segundo aniversario de su anuncio en la Macworld Expo, killers, lo que se dice killers, no ha habido ninguno. Y no será porque no lo han intentado. Los principales fabricantes, con el omnitodo Nokia a la cabeza, han cargado su artillería de munición para aguarle la fiesta al teléfono con el que sueña media humanidad. A la vista está que no lo han conseguido... al menos hasta ahora.
Los Blackberry no se venden en las tiendas. No es el clásico teléfono que uno llega, lo ve, lo compra, se lo lleva a casa, le mete la SIM y se pone a hablar con él. Nada de eso. Si uno quiere un Blackberry tiene que pasar por caja, esto es, por la operadora. En España los distribuyen Movistar, Vodafone y Orange, pero no todos los modelos ni en todos los tipos de contrato. Para tener algo tan prosaico como una Blackberry Curve hay que ser autónomo o tener la suerte de que se lo pongan a uno en la empresa que trabaja. Esto es un problema para el gadgetero, es decir, para usted, porque Blackberry es la antítesis de la compra impulsiva. No se pasa delante de uno y se lo lleva puesto. Hay que querer tener uno y emprender una dura negociación con la operadora, leerse el contrato, elegir tarifa y todas esas cosas desagradables que te quitan las ganas de comprar.11 de Noviembre de 2008 - 23:09:40 - Fernando Díaz Villanueva - 3 comentarios
Olympus no es la mejor marca de cámaras fotográficas del mundo, pero se le acerca bastante. Dejando a un lado que soy el orgullosísimo poseedor de cuatro de ellas y que siempre es una mala noticia que saquen un nuevo modelo al mercado que deja aún más obsoletas las que ya tengo, saber que Olympus sigue dando guerra (con la que está cayendo), es un refuerzo a los que pensamos que esa marca y esas lentes lujuriosas merecen la pena. Decidieron ir por libre creando un sistema digital propio, el Cuatro Tercios, concebido desde cero que ni es ni pretende ser compatible con su sistema anterior: el OM. Decidieron no fabricar videocámaras, ni fotocopiadoras, ni reproductores de MP3. Decidieron tener una red de distribución pequeña, en algunos lugares inexistente. Decidieron llegar a sólo unos pocos aficionados de esos que, como yo, nos gusta llevar la contraria hasta en lo de la fotografía. Decidieron ser más caros que el resto y, aunque no fue decisión suya, no les importó demasiado condenar a sus usuarios a padecer uno de los peores mercados de segunda mano del planeta Tierra (Luna y asteroides cercanos incluidos).
Además de todo esto le han incorporado unos filtros digitales que yo, personalmente, no utilizaría ni aunque me estuviesen poniendo un cuchillo jamonero en la garganta. Por lo demás es simplemente fabulosa. Y muy bonita, con un regusto clásico de cámara de toda la vida, negra como el sobaco de un grillo, rugosa en la empuñadura y lo suficientemente compacta como para llevarla al cuello y no deslomarse (sé lo que me digo, créame). 9 de Noviembre de 2008 - 19:52:24 - Fernando Díaz Villanueva - 1 comentario
¿Le sudan las manos o, por el contrario, las tiene usted más secas que la mojama y se le quedan heladas en estos días de otoño? En cualquiera de los extremos que se halle de la infinita amplitud térmica que soportan nuestras preciadas manos, un japonés ha encontrado el remedio para que, al menos delante del ordenador, sea más llevadera. Se trata del primer teclado con ventilador. Algo tan simple como conectar (por uesebé, naturalmente) el teclado al equipo y una suave corriente de aire generada por tres ventiladores se deslizará entre sus dedos; secándoselos o calentándoselos, al gusto.

6 de Noviembre de 2008 - 11:39:58 - Fabián C. Barrio - 4 comentarios
Señores,
El eminente psicólogo social Abraham Maslow (1908-1970) postuló en su obra que algunas necesidades prevalecen sobre otras, y que sólo cuando las más bajas están satisfechas, el ser humano se dedica a satisfacer las siguientes. Para ello, diseñó la Pirámide de las Necesidades del Ser que he traido a colación aquí, a la derecha. Sólo cuando has cubierto tus necesidades fisiológicas -tienes algo que comer y que beber y puedes respirar - empiezas a buscar refugio. Sólo cuando has comido y te has refugiado, necesitas pertenecer a un grupo. Sólo cuando has comido, dormido y te has asociado exitosamente con los demás requieres que te aprecien y respeten. Tras haberlo conseguido, es cuando intentas de veras ser lo que de veras puedes ser, algo que según Maslow sólo consigue un 2% de los individuos. Fabián, su Chico Cumpleañero
Fabián C. Barrio es domador de dálmatas
4 de Noviembre de 2008 - 19:12:49 - Fernando Díaz Villanueva - 3 comentarios
Para poco más sirve el último grito en telefonía móvil que está haciendo furor entre los usuarios más, digamos, analógicos. Se llama Hop-on 1800 y es un móvil que tiene dos funciones básicas: llamar y recibir. Así de simple. No se pueden enviar mensajes, ni tiene bluetooth, ni GPRS, ni cámara de fotos... por no tener no tiene ni una mala agenda para llevar los contactos, y aunque la tuviese, de nada le serviría porque el Hop-on carece de pantalla. Es, por decirlo suavemente, un móvil puesto a régimen, despojado de toda la farfolla tecnológica que cumple con lo mínimo imprescindible que puede pedírsele a un movil: hablar.
3 de Noviembre de 2008 - 20:31:56 - Fernando Díaz Villanueva - 0 comentarios
Los móviles llevan cámara de fotos desde hace lo menos cinco años, es algo a lo que nos hemos acostumbrado y si hoy alguien pretende vendernos un móvil sin cámara pensamos seriamente en demandarle por estafa. Es una prestación básica. Básica pero deficiente, porque casi todas las cámaras que incoporan los telefonos móviles suelen ser de una cálidad pésima. Reflejo de ello son las galerías de fotos que se ven en Facebook y lugares similares, en las que, según ve uno la primera foto, abandona inmediatamente la galería (por si se le pega algo, mayormente)3 de Noviembre de 2008 - 00:50:51 - Daniel Rodríguez Herrera - 2 comentarios
Una brasileña ha puesto en el mercado un conjunto de lencería con GPS incorporado llamado "Encuéntrame si puedes", que cuesta entre 800 y 1.100 dólares. No sólo es para mujeres, sino que sólo pueden comprarla ellas, que siempre pueden desconectarlo si no quieren ser localizadas. ¿Para qué sirve? Pues según su diseñadora, permite por ejemplo a un hombre "preparar la sorpresa de un encuentro".
Por supuesto, las feministas han protestado. "Bajo el presunto encanto de la novedad tecnológica se perpetúan los viejos patrones de relaciones entre los sexos, reconfigurados con ropaje seductor"; "una vez más, se utiliza el cuerpo de la mujer como un objeto"; "sobre un pretexto romántico, se exalta el dominio del hombre sobre la mujer". ¿Que harían con su vida si no se indignaran ante cualquier pretexto?
Al parecer sólo se han vendido unas pocas unidades del "Encuéntrame si puedes". Y es que, la verdad, no parece tener mucha utilidad, aunque su creadora asegure que "ciertas mujeres se interesan en la colección como un medio de protección".