En defensa del iPad

4 de Febrero de 2010 - 12:34:05 - Fernando Díaz Villanueva - 9 comentarios

Adorado lector, dos cosas:

Primera

He vuelto, y para quedarme por fabianescas razones que, más pronto que tarde, sabrán de primera mano todos ustedes.

Segunda

El iPad de Apple no es tan malo, de hecho, ni siquiera es malo; es un dispositivo excepcional y todo el que se lo pueda permitir se comprará uno. Y digo esto por dos razones.  La primera es porque me gusta llevar la contraria y allá donde veo un consenso me opongo. Los consensos suelen ser ovejiles y fruto del poco pensar. La segunda es porque, digan lo que digan, el iPad es un tipo de gadget que no existía antes y que entra por los ojos como ninguno.

Apple ha creado un dispositivo que no pretende ser ni un teléfono móvil, ni un subportátil tipo netbook, ni un ordenador portátil, sino un poquito de los tres. Del teléfono tiene la simpleza y rapidez del sistema operativo, su conexión a redes HSDPA y su catálogo de aplicaciones. Del netbook la portabilidad, la pantalla y la potencia. Y del ordenador portátil su precio. Luego tiene algo de lo que carecen tanto los móviles como los portátiles y netbooks de la competencia: es Apple, tiene una manzanita en la parte de atrás y es bonito y deseable.

Critican al iPad no disponer de capacidad multitarea. Y con razón, pero en este tipo de cacharros tan enanos la multitarea no es una de las prioridades. Y usted lo sabe. Además, siempre se la pueden incluir vía actualización de software.

Le ponen de vuelta y media por no traer una cámara integrada (una isight) como los netbooks. Pero, seamos francos, ¿quién, aparte de los adolescentes chateadores, utiliza esa cámara infame que viene en los portátiles? Quizá, si ven que hay demanda, la incluirán en próximas versiones.

No tiene puerto USB, pero los móviles y los iPods tampoco traen puerto USB. Lo que si trae es un conector Apple por el que entrará todo mediante adaptadores que la compañía venderá para alegría de sus accionistas. Un puerto USB es útil en un portátil, pero no en un aparato que sirve, básicamente, para navegar por Internet tirado en la cama o, perdónenme la expresión, en el tronito mientras hacemos aguas mayores. ¿Realmente pensamos en enchufar ahí, en tan placentero momento, el pincho USB que nos hemos traído de la oficina para revisar los balances? No, verdad, pues eso.

¡¡¡Sólo 16 gigas de disco duro!!!... claman los Savonarolas tecnológicos por los blogs del interné. Pues sí, sólo 16 giguillas de nada, 64 si aflojamos un poco más, pero siempre pocos si los comparamos con los 250 que meten los de HP en su última generación de minis. Pero, a ver, ¿cuántos lleva el móvil? No son necesarios discos de 10 terabytes en un dispositivo que utilizamos en esos momentos íntimos. Si uno quiere ver un vídeo en el avión pues carga la peli, la ve y luego la borra… como en el móvil, pero mejor que en el móvil porque la pantalla es mucho más grande.

Le acusan de no reproducir flash, y es, quizá, la crítica más consistente. El iPhone tampoco lo hace y todo el mundo (excepción hecha de un servidor) quiere tener uno. Porque todas las críticas que se le hacen al iPad son, aproximadamente, las mismas que se hicieron al iPhone hace ahora tres años. El iPhone era un desastre de teléfono cuando lo anunciaron en enero de 2007 y hoy es oscuro objeto de deseo. Por él el personal se casa encantado con su operadora móvil durante año y medio pagando una pastizara en datos.

El éxito del iPhone radica en que funciona, es bonito y se puede sacar para que lo vean los demás, porque presumir es una de las mayores fuerzas de la naturaleza. Sospecho que al iPad le pasará algo similar. Es bonito, funciona y es lo suficientemente pequeño como para sacarlo de paseo y que los demás nos lo vean. Ahí y en ningún otro lugar está la clave de un producto híbrido que, por lo demás, es total y absolutamente prescindible. 

Buscando el amor verdadero y eterno (II)

25 de Noviembre de 2009 - 12:24:34 - Fabián C. Barrio - 6 comentarios

Señores,

Destiny Hope Cyrus nació el 23 de Noviembre de 1992 y creció en una granja en Nashville, estado de Tennessee. Su padre, William Ray Cyrus, es un mediocre actor, y algo más exitoso compositor y cantante de country. A la niña le pusieron Destino y Esperanza, porque habían volcado en ella una serie de expectativas que, con el tiempo, se cumplirían sobradamente. Desde muy pequeña, Destiny Hope no paraba de sonreir, por lo que empezaron a llamara Smiley ("Sonriente") de donde proviene su coqueto apodo Miley. Miley, a sus 17 años, tiene su vida resuelta y podría, desde este mismo instante, dedicarse a rezar en una pagoda o a comer marisco en Goa, o a rezar comiendo marisco en una pagoda de Goa sin esforzarse por nada más que por mantener el ritmo respiratorio. Por sorprendente que parezca, sólo lleva existiendo desde el 24 de marzo de 2006, cuando Disney Channel puso en antena un producto dirigido al público preadolescente estadounidense: Hanna Montana. La serie cuenta la historia de una chica que vive en Malibú y lleva una doble vida: Cuando lleva una peluca rubia, es el ídolo de adolescentes Hanna Montana. Cuando no lleva la peluca, es simplemente Miley. Como la gente de su entorno es subnormal, no se dan cuenta del detalle y la serie puede continuar. Producir sus CDs ha costado a Disney 106 millones de dólares y ha proporcionado ingresos de cerca de 2700.

Siempre me he preguntado cómo consiguen librar de los pederastas a las estrellas infantiles. Si yo, de niño, tenía mis primeros débiles, imprecisos, difusos y pálidos destellos de deseo prepúber al observar los contoneos de Ana cantando el coco-guagua o con la imágen de Marisol colgada de un acantilado en Rumbo al Río, no quiero ni imaginar el efecto que puede causar en un pederasta las fotografías de Hanna Montana con cara de haberse levantado hace cinco minutos después de siesta-con-fiesta-quiero-más y tapada sólo con un sábana de raso. Este verano, Hanna Montana se vio involuntariamente envuelta en un pequeño y desconcertante escándalo relacionado con la pseudopornografía infantil. Michael Wayne Campbell es un habitante de Hamilton County, Tennessee. Tiene 45 años. No se le olvidará con facilidad la fecha del 29 de mayo: fue entonces cuando la policía irrumpió en su casa y descubrió en el disco duro de su ordenador unas fotos que han levantado bastante polémica. Michael había pasado sus horas muertas retocando imágenes con Photoshop, emplazando la cara de Hanna Montana y otras dos menores en cuerpos de mujeres adultas desnudas. En ningun momento Michael tuvo el más mínimo contacto con las menores o con Hanna Montana ni les causó daño alguno. Simplemente, recortó sus caras, y las pegó (con bastante habilidad) sobre los cuerpos de tías en pelotas. Ahora, yo les pregunto: ¿Esto debería ser un delito? ¿O entra dentro del reino de la fantasía? ¿Es moralmente reprobable, repugnante, Michael Wayne debería ingresar en prisión? ¿O quizá no va más allá que, por ejemplo, escribir un relato guarro o dibujar un boceto cochino con imágenes que uno sabe que nunca llevará a cabo? Es difícil decidir sobre esta cuestión, dado que seguramente nadie sobreviviría a un escrutinio meticuloso de todas sus fantasías secretas y privadas. Violar, ser violado, castigar, ser castigado, copular con otras especies, jugar al borde de la muerte por asfixia... son fantasías de lo más común que rozan la ilegalidado entran directamente en ella. ¿Un dibujo de una violación constituye una violación? ¿Y un relato?. Si esto es así, ¿qué hacemos con los autores de comics manga shotacon o lolicon? ¿Qué hacemos con las obras maestras del Marqués de Sade, o con ciertos párrafos bastante cuestionables de Nabokov? ¿Y con las imágenes de los kourós griegos?

Las nuevas tecnologías están proporcionando a quien posee una desviación sexual una evidente válvula de escape. El problema -o la ventaja- de las nuevas tecnologías es que proporcionan un desahogo excesivamente real y verosímil. Las fotos retocadas por Michael Wayne Campbell no son más que la punta del iceberg de una floreciente industria que busca, precisamente, hacer casi realidad las fantasías del enfermo. Hasta la fecha, lo más rocambolesco y extraordinario que me he encontrado es, sin duda, las muñechas sexuales japonesas de niñas pequeñas (pueden visitar el enlace sin problemas). Tuve ocasión de ver alguna en el escaparate de un sex-shop en Tokio y lo cierto es que su vidriosa mirada es escalofriante. Miden 140 centímetros y cuestan una media de 2000 euros. Me resulta difícil entender que alguien pueda querer jugar al monstruo de las dos espaldas con eso, pero lo cierto es que en Japón incluso se alquilan por horas -es el colmo del retorcimiento, tener un negocio de prostitución de muñecas de niñas-. Pero no sólo en la pederastia se queda la cosa. Si usted lo desea, puede hacérselo incluso con un conejo o un tigre o incluso un extraterrestre o una oveja. Si le gustan los miembros amputados, también encontrará consuelo, al igual que si sólo le interesan los pies y nada más que los pies. Me pregunto qué ocurrirá cuando los ordenadores puedan crear fielmente imagenes mentales dentro de nuestro cerebro. ¿Qué opinan ustedes, deberíamos permitir que dichas imagenes no tengan límite en cuanto a su temática? Estoy realmente interesado en conocer su opinión al respecto.

Pero no sólo la satisfacción de los deseos alternativos está en juego. La industria del sexo y la propia red están tomando una posición alarmante en la sociedad actual, porque fomentan, sin lugar a dudas, la soledad y la exclusión. En 13 años, RealDoll ha ido evolucionando hasta crear, de forma industrial, las muñecas más extraordinariamente reales del mundo. Producen decenas de modelos distintos, e incluso han protagonizado una película. Otra floreciente industria es la que vende artilugios que se conectan al puerto USB del ordenador y proporcionan placer solitario sincronizados con películas que te descargas de la red por medio de un servicio de suscripción. Desde hace años, el erotómano compulsivo puede contratar servicios privados de profesionales del ramo que se exhiben por una módica tarifa por minuto. Antaño (hablo de hace tres años, aunque eso en Internet es toda una vida) estos servicios requerían una infraestructura y un plató, pero en la actualidad cualquiera con una webcam y una ADSL puede darse de alta y convertirse en proveedor de servicios de sexo cobrando una comisión de estas páginas. Pero si no quiere un servicio tan profesional, uno no tiene más que conectarse a un chat cualquiera y esperar a que alguna se ofrezca a protagonizar un show a cambio de una recarga del móvil: es mucho más frecuente de lo que cree. Siendo como es la solución para los socialmente excluidos, es indudable que la comodidad que supone tener sexo al alcance de un teclado nos va a aislar más y más.

Lo queramos o no, Internet está empezando a cambiar las reglas de relación interpersonal. ¿Estaremos demoliendo el romanticismo? ¿Se habrá acabado una era entera de suspiros, de cartas de amor, de roces involuntarios, de miradas furtivas, de flirteos de oficina, de reglas de seducción? ¿Habremos avanzado tanto que ese avance nos destruirá, también, todo lo que hemos construido meticulosamente en el terreno del sexo y del amor?

Libidinosamente,

Fabián, su Chico Pecador
Fabián C. Barrio trabajó en radio ocho años hace como Franco y no se mete en política

 

¡Qué me dices Alex!

20 de Octubre de 2009 - 17:13:20 - Fernando Díaz Villanueva - 0 comentarios

Los próximos años van a ser los de la consolidación del libro electrónico y, como consecuencia de ello, los de la reestructuración de la industria editorial a la que, muy probablemente, le pase algo parecido a lo que le ha sucedido a la discográfica en esta primera década del siglo. Y no digo esto porque que quiera ver a los de Planeta morder el polvo por darle un premio a Maria de la Pau Janer (¡la madre que los parió!), sino porque está siendo ahora cuando el coco, es decir, la otra industria, la tecnológica, está empezando a ofrecer cacharros lo suficientemente útiles y baratos como para que merezca la pena dejar de leer en papel.

Esta misma semana han anunciado dos dispositivos que apuntan maneras. Los dos en Estados Unidos, y los dos irresistiblemente atractivos para el gadgetero. No hace falta que recuerde a mi estimadísima audiencia que no estarán disponibles ni en Espein, ni en el resto de Yurop al menos en el corto plazo, luego, si ven que eso, pues ya lo venderán aquí por un riñón. El primero se llama "Que" y está fabricado por la compañía Plastic Logic, es decir, Plástico Lógico traducido literalmente y pu** plástico traído al español de un modo más literario.  El "Que" mola porque tiene sólo 8 milímetros de grosor, 11 pulgadas de pantalla y conexión 3G. Eso, claro, sólo en Estados Unidos, y sólo a partir del 7 de enero, fecha en que será lanzado oficialmente coincidiendo con la feria CES. Lo que no mola del "Que" es el nombre que, conociéndonos, dará a lugar a conversaciones de besugos como la que sigue:

- ¿Sabes que Lorenzo ha vendido el capote de su tío abuelo y se ha comprado un "Que"?
- ¿Qué?
- No, que no qué, que se ha comprado un "Que"
- ¡Qué de qué!, ¿me estás vacilando o qué?
- ¡Qué no, que se ha comprado un "Que"!
- Oye, ¿me estás toreando o qué?
- Mira que te doy...
- ¿Con qué me vas a dar berberecho?
- Pues con el "Que" de Lorenzo.

Y ya se ha liado. Propongo al CEO (inglés: SIOU) de Plastic Logic que cambie el nombre en los países de habla hispana, vamos, que lo cambie en Estados Unidos, que en breve va a ser la primera nación hispana del mundo mal que le pese a los hablantes de la lengua de Chespir.


El otro invento que se ha presentado esta semana mola aún más. Esto es así porque tiene dos pantallas. Una de tinta electrónica y la otra un TFT de toda la vida. Se puede leer un rato y navegar por el interné otro rato. Se pueden descargar libros con una pantalla y leerlos con la otra. Una maravilla. Se llama Alex y la empresa que lo fabrica Spring Design, es decir, literalmente, "Primavera Diseño". De verdad que a veces pienso en la crueldad de obligar a nuestros hijos a aprender a hablar como Toro Sentado y me estremezco. Bueno, a lo que vamos, en el "Alex", como tiene dos pantallas, hay que sacrificar espacio en la principal, que se queda en 6 míseras pulgadas, dejándole otras 3,5 a la inferior que es realmente enana, un poquito más grande que las pantallitas que vienen detrás de las cámaras de fotos. Poco se podrá leer ahí, pero saca de un aprieto internetero y digo yo que cuando hagan la mula para libros ajustarán el software a ese tamaño minúsculo. El software que trae el "Alex" es conocido por todos, se trata del Android que llevan ya algunos móviles y que por ahora muerde el polvo frente al iPhone de un modo lamentable (inglés:lamenteibol).

Si alguna vez tengo uno de ellos ya le contaré con más detalle. Entretanto, no olvide leerse la sección de Internet completa, incluyendo, claro está, la columna de Daniel Rodríguez Herrera y los mensajes de nuestros patrocinadores. Total, a usted no le cuesta nada y a nosotros nos da la vida... y el plato de la comida.


10 años de Messenger

5 de Octubre de 2009 - 12:19:27 - Fernando Díaz Villanueva - 4 comentarios

Uno de los inventos que más y mejor han hecho perder el tiempo a la última generación de españoles acaba de cumplir 10 años. Quien lo diría. Recuerdo como si fuese ayer por la tarde, la primera vez que alguien me dijo aquello de "oye, agrégame al messenger  y chateamos luego". Como no estaba preparado para ninguna de las dos cosas pues a ese alguien ni le agregué ni chateé.  Y así sigo, sin haber agregado a nadie en el Mesenger, básicamente porque nunca lo he utilizado.

Pero, claro, que yo no haya hecho uso de ese programita de mensajería no significa que no sea útil y que tenga un ejército de enfervorecidos fans que serían capaces de prescindir de casi cualquier cosa menos de su sesión nocturna de Messenger. Y digo nocturna porque su hora punta, su prime time, coincide con el de la televisión. Es lógico. El Messenger es gratis, y sirve para chatear, para hablar y para verse en persona a través de las ya ubícuas webcam. Para las parejas de novios ha sido todo un descubrimiento, es más, muchas parejas jóvenes se preguntan hoy como antes se podía vivir sin Messenger y cómo hacían las parejas para comunicarse.

Pues lo hacían, primero por carta y luego por teléfono. Lo que no podían, claro está, es hacer guarreridas españolas por la güebcam, ni ser ciberinfieles, ni hablar con 6 ó 7 personas a la vez, ni recibir sabios consejos publicitarios en mitad de la conversación. Por teléfono la cosa era más íntima. El Messenger es una ventanita por lo que entra todo, lo bueno y lo malo, lo que nos apetece y lo que no nos apetece. Es una metáfora de la sociedad, por eso los asociales como Fabián C. Barrio y los que nos gusta llevar la contraria, como un servidor, no tenemos ni tendremos jamás Messenger.

Somos, eso sí, muy pocos. Patricia Tablado, una amiga muy messengerófila, me cuenta que hay 140 millones de personas en todo el mundo que se conectan al Messenger cada día. Es decir, el equivalente a toda la población de Rusia. Y así todas las noches. Pues eso, congratuleisions al Messenger porque, a pesar de ser un invento concebido para el noble arte perder el tiempo, se lo merece. 

El gótico vuelve a estar de moda al fin

25 de Septiembre de 2009 - 09:58:58 - Fabián C. Barrio - 16 comentarios

Señores,



Fantasmagóricamente,

Fabián, su Chico Exorcista
Fabián C. Barrio está excomulgado y tiene mono de café

PD: NO he sido yo. Yo no tengo tan genial mala leche. 

Dedos vertiginosos

17 de Septiembre de 2009 - 12:18:40 - Fernando Díaz Villanueva - 1 comentario

En el mundo hay un montón de deportes raros que suelen llenar los huecos de los telediarios en verano. Existe, por ejemplo, el curling, que es como jugar a la petanca sobre hielo. Tiene federación propia y es olímpico. Otro aún más raro es el chessboxing, que consiste en darse unos puñetazos y, a reglón seguido, echar una partidita de ajedrez. Digno de ver, especialmente los guantazos. La tecnología lo está cabiando todo y el trono del curling como deporte para friquis corre serio peligro. Con el móvil todo el día metido en el bolsillo era de esperar que llegase uno y se inventase un deporte con él. Y así ha sido.

La idea ha sido de la marca LG y el deporte en cuestión consiste en mandar mensajes a toda leche, de ahí lo de los dedos vertiginosos. El campeonato ha pasado ya por su fase de clasificación y el día 26 se juega la final española en Madrid. El ganador tendra que medirse en noviembre con los campeones de 16 países de todo el mundo en una gran final que se celebrará en los Estados Unidos. El teléfono reglamentario para competir no es un Nokia cualquiera sino un LG, el modelo GW250 3G que tiene un teclado deslizable y un diseño como muy juvenil y mensajero. Los más rápidos de España son, por este orden, los vascos con cuatro clasificados para la final, los madrileños, con tres, los malagueños, con dos, y los aragoneses, que han situado a un solitario mensajeador en la final de Madrid. Espero que gane el aragonés, por dos razones: Una, porque está él sólo y ya sólo por eso se merece ganar; y dos, Aragón es, además de una tierra estupenda, mi lugar de recreo invernal y la patria chica de mi amigo Humberto Vadillo, a quien ustedes quizá no conozcan pero que es canelita en rama.

El próximo 26 se sabrá el finalista y, si eso, ya estaré yo aquí para contarles quien ha sido el afortunado. Entretanto, si es usted menor de 18 años y se pasa el día mandando mensajitos de texto perfectamente inútiles a amistades, novietas y compañeros del instituto, lo del día 26 en el Corte Inglés de Castellana puede ser lo más parecido al nirvana.

Buscando el amor verdadero y eterno (I)

10 de Septiembre de 2009 - 13:04:29 - Fabián C. Barrio - 5 comentarios

Señores,

Observando brevemente el funcionamiento del aparato reproductor de hombres y mujeres, podemos hacernos una idea de sus devastadoras consecuencias en nuestras miserables vidas. Un hombre, potencialmente, podría tener a lo largo de su existencia, a razón de dos empujones diarios durante sesenta años fértiles, alrededor de 45.000 descendientes. Sin embargo, las capacidades reproductivas de una mujer puestas al límite le permiten, en el mejor de los casos y a riesgo de quedar convertida en poco más que una hamburguesa, engendrar unos veinte o, como máximo, veinticinco hijos medianamente sanos. De aquí se deduce que, por naturaleza, la hembra, al tener menos boletos para la rifa de producir individuos genéticamente válidos, ha de ser necesariamente selectiva y cautelosa a la hora de elegir con quién mezclar sus genes y engendrar descendencia, y el macho ha de intentar de forma casi obsesiva esparcir su simiente donde pueda y cuando se lo permitan. La sexualidad masculina es por ello explosiva, ruda, poco sutil, es como un tifón que pretende a la desesperada causar los mayores efectos posibles en el menor tiempo que pueda, y la sexualidad de la mujer es introspectiva, felina, taimada y sinuosa, como una arañita tejiendo una delicada telita de hilillos de seda en un rincón. Cual metáfora numérica de gran contundencia, la naturaleza ha hecho que el hombre produzca al día millones de gametos, que se pelean en tromba por ser el primero en una entusiasta carrera, y la mujer uno al mes que espera paciente y sienciosamente agazapado en un mullido, arcano, misterioso, recóndito, húmedo, cálido y oscuro colchoncillo de espuma. Por eso  el hombre busca o se conforma casi siempre con esparcir su semilla de un modo apresurado donde buenamente puede o le dejen y la mujer -usualmente- requiere un cortejo más complicado y más dilatado en el espacio y el tiempo hasta permitir que le toque una teta el hombre que ella ha elegido de entre todos los demás. Por eso el hombre es -por norma general- un constante insatisfecho y la mujer -siempre- elige en las discotecas. Por eso el hombre tiende a tener una naturaleza mucho más infiel que la mujer, se siente ahogado o estéril si no persigue jovencitas fértiles a las que fecundar, y la mujer -mayoritariamente- opina que el hombre medio sólo quiere echar un caliqueño y no desea comprometerse. Por eso el deseo masculino medio es abrumadoramente más intenso que el de la mujer media. Por eso -y no hay más que ver los porcentajes de anuncios por palabras de un diario cualquiera- hay muchas más putas dando rienda suelta a sus tejemanejes apresuradamente tras los puestos de la Boquería que gigolós de turno y la mayor parte de su esfuerzo se centra en cenar por ahí con sus clientas, charlar con ellas y escuchar, es decir, en aparentar ser el macho alfa comprensivo, acogedor y protector que toda hembra quisiera para si. Por eso el hombre, por muy desastroso que haya sido el acto, tiene asegurado un final con fuegos artificiales basado en mantener el ritmo y el final de la mujer depende en gran medida de la parafernalia previa. Por eso los machos y las hembras estamos condenados a tolerarnos, no necesariamente a entendernos.

Los seres vivos intentamos mezclar nuestros genes con otros genes que sean, al menos, algo mejores que los nuestros propios, del mismo modo que un orfebre mejora una aleación añadiendo más porcentaje de oro para que su joya reluzca más. Esto dificulta grandemente el proceso reproductivo, y ha dado lugar a una eterna y despiadada lucha entre machos y una laxitud ancestral por parte de las hembras. El macho, desde la Noche de los Tiempos, se ha dedicado a exhibirse, a pavonearse, a suplicar, a competir y a luchar por ganar el favor de la hembra, y la hembra se ha dedicado a elegir con cierta condescendencia no exenta de altanería al macho que mejor le ha convenido para sus planes reproductivos. La vida florece, explota en las esquinas más recónditas de esta pequeña mota azul perdida en medio del cosmos, a pesar de todo, y por culpa de esta lucha de titanes entre el deseo y la cautela, la contención y la eclosión, Venus escurridizo y Marte belicoso. Este esquema dual basado en la competencia ha permitido que cada generación haya resultado un poquito mejor que la anterior. Ha suscitado la monogamia (que no es más que la necesidad de certeza de que los genes de tus hijos son tuyos). Y los celos. Y la perpetua codicia de la mujer del prójimo. La naturaleza es tan sabia que ha dotado a los seres vivos de un extraño placer en la búsqueda de pareja y la lucha por alcanzarla. A nadie le gusta el éxito fácil, y es evidente que pocos placeres hay en esta vida como la caza de una hembra evasiva, que enardece y obnubila a un capuchino de madera.

Seguramente ustedes argumentarán con cierta dósis de indignación que conocen a decenas de mujeres que no son así y a miles de hombres que son justo lo contrario. No obstante, antes de que lo hagan, les contaré por qué he decidido escribir este post: Ultimamente me despierto de madrugada sobresaltado, presa de un voraz insomnio. Miro el reloj, y siempre es cerca de las cuatro. Se ciernen sobre mi cama revuelta un catedralicio silencio y una oscuridad solemne. Mi dálmata Vaca resopla desde la planta de abajo, atrapada en su collar isabelino y en un sueño de carreras eternas tras una jugosa rata. Siempre pasa lo mismo: tras unos minutos dando vueltas sobre el colchón persiguendo un esquivo sueño que no llega o no alcanzo, me rindo y enciendo la televisión. En un ritual maldito, paso un canal tras otro, asistiendo abotargado a estridentes teletiendas, imprecisas brujas, enlatadas series de los setenta, esquizofrénicas mujeres que quieren que adivine qué ciudad española tiene cinco Aes y empieza por S y, finalmente, llego a las cadenas locales que de madrugada sólo emiten porno. Nunca me ha gustado el porno, me resulta excesivamente explícito y neumático. Pero en él se encuentran distorsionados muchos ingredientes de un lenguaje simbólico que ha hecho que el macho humano de la civilización occidental enloquezca un poco: En las películas porno, son las mujeres las que persiguen a los hombres, se lanzan a su cuello para devorarlos como mantis religiosas, para chapotear en sus cuerpos, para obtener con veneración sus preciados genes. Imagínense una película porno en la que las mujeres fueran inaccesibles: sería inviable, frustrante, imposible. En las películas porno de madrugada, los hombres más alopécicos, maduros y obesos son acosados, acorralados, hostigados y pretendidos por ninfas de anchas caderas, generosos pechos y voluptuosos labios (todos ellos símbolos de fecundidad desde que el hombre es hombre). El público -esencialmente el público del porno es masculino precisamente debido a su desmesurado deseo y a las oleadas terroríficas de testosterona que lo inundan periódicamente- se siente identificado y fantasea con la posibilidad de que alguna vez en su vida las películas se hagan realidad y decenas y decenas de hembras a las que fecundar hagan cola a la puerta de su casa suplicando quedarse preñadas de forma apresurada y sin mucho compromiso. Como contagiados o hipnotizados por esta fábula postmoderna, los telespectadores confunden realidad con ficción y se apresuran a mandar mensajes de texto a la televisión solicitando mujeres fáciles y (jojojojó) gratuitas. Estudiar estos mensajes es del todo fascinante: cantan una rapsodia de soledad, de desesperación, de necesidades insatisfechas, de deseos no saciados. A poco que los lea, el espectador atónito y desvelado llegará a la conclusión de que sólo los envían hombres. Hagan una prueba, verán que es cierto: sólo hay hombres a estas horas mandando SMS (y, quizá, viendo porno, a saber). Así, tras más de veintiún siglos de civilización, una vez más llegamos a la misma conclusión a la que habríamos llegado colgados de los árboles o emergiendo, chapoteantes, de una humeante ciénaga: los machos compiten, las hembras eligen. El macho del siglo XXI, electrocutado, inmerso en la sociedad de la información y la tecnología, no hace más que adaptar los viejos cánones a las nuevas formas. Al igual que en las ferias de los pueblos de hace un siglo, en los cortejos rituales de las tribus más recónditas, o en las discotecas más tumultuosas, los hombres seguimos enviando mensajes y las mujeres recibiéndolos con cierta indiferencia. Muchos de los SMS se repiten machaconamente: el hombre no ha obtenido el resultado esperado, y los envía una y otra vez, insistentemente: Es una cornada tras otra en la pelea de los machos por ganar el favor de la hembra. Los pocos mensajes que he podido ver de mujeres los envían putas. Diría que esos no cuentan.



Movido por estas reflexiones, he ido analizando qué hay de conducta ritual en la búsqueda del amor verdadero y eterno en las herramientas que la Sociedad de la Información pone a nuestro alcance. He rastreado chats para adultos, llegando a la misma conclusión: Los chats son una pelea simbólica de machos, que con sus astas virtuales trocadas en palabras, se disputan de un modo grosero a las pocas hembras que hay en la manada. Me conecté como mujer, sólo para comprobar que mi pantalla se llenaba de propuestas de todo tipo, descabelladas, caballerosas, obscenas, salvajes, picantes, tímidas, titubeantes, rotundas, económicas, grotescas, civilizadas, fantasiosas, mediocres, infantiles, contundentes, torpes, ocurrentes... Sin embargo, conectado como hombre, jamás nadie me dijo nada. Luego, observé las páginas de anuncios por palabras. El ratio de mensajes de mujeres buscando hombres y de hombres buscando mujeres es aproximadamente de uno a veinte: ahí tenemos de nuevo la batalla de los machos por perpetuar sus genes. También analicé el patrón de altas de mujeres en una página de citas, comprobando que periódicamente se abrían cuentas nuevas en lotes de setenta, de lo que deduje que se trataba de un programa mantenido por los propietarios de la página que genera perfiles femeninos sacando los datos de una aplicación informática para mantener expectantes a los socios masculinos.

Los detractores de Internet siempre han asegurado que la red es una forma enfermiza de conocer gente. Que la comunicación a través de este medio es gélida. No obstante, a poco que lo analicemos, nos daremos cuenta de que no hemos hecho más que trasladar al reino de las ideas una conducta que nos acompaña desde siempre. La hemos estilizado y pintado de colorines, la hemos pixelizado, la hemos disfrazado de un algo digital. Pero la realidad es que el medio no es ni frío ni caliente: son las palabras que escribamos a través de él, es el mensaje el que aporta la temperatura. Y al final, como ha sido siempre, todo se queda en una miserable pelea de gallos por la última gallina soltera.

Solitariamente,

Fabián, su Chico Albañil

Fabián C. Barrio es motero y tiene una compañía productora de películas de viajes.

esRadio esWiFi

5 de Septiembre de 2009 - 19:05:33 - Fernando Díaz Villanueva - 30 comentarios

Un 7/7 era la bebida que John Travolta tomaba en la discoteca de Brooklyn donde iba a hacer el macarra bailando con la gachís del barrio en Fiebre de sábado noche, peli de culto donde las haya. Pero 7/7 también es el día y la hora en que esRadio, tu Radio, empieza a emitir a todo trapo y sin complejos, vamos, lo habitual de esta bendita casa. Pero el 7 de septiembre a las 7 de mañana cuando Federico diga ¡Buenos Días! con esa incomprensible energía que tiene al punto de la mañana muchos no podrán escucharlo a través de sus receptores de radio habituales. Esto es así porque la radio es un invento bastante antiguo y las ondas hercianas tienen un alcance limitado, a veces limitadísimo, se va uno al otro lado de un monte y ya no se recibe.

Mis compañeros de esRadio han hecho ímprobos esfuerzos para que el 7/7 nuestra señal llegue inmaculada al mayor número de lugares posible, pero España es muy grande... y muy montañosa... y la tenemos repartida entre la península, los archipiélagos y el norte de África... y está llena de políticos que les gusta meterse en todo. De manera que algunas regiones no recibirán la salvífica señal de esRadio, y digo salvífica porque a todos lo que puedan escucharla les salvará, literalmente, de quedarse fritos con la soporífera tertulia de la COPE, administrada como un sacramento por Nacho "Iscariote" Villa. Entonces, los que no tengan la suerte de vivir en Madrid, Burgos, Zaragoza, Valencia, La Coruña, El Ferrol, Santiago, Pontevedra, Vigo, Guadalajara, Castellón, Játiva, Murcia, Marbella, Málaga, Sevilla, Huelva, La Palma, La Gomera, El Hierro, Tenerife y Gran Canaria... ¿no podrán escuchar esRadio? Naturalmente que podrán hacerlo, pero no a través de la paleolítica frecuencia modulada, sino por TDT y, sobre todo, por el interné, que es el mejor invento desde que a Gutenberg se le ocurrió lo de la imprenta.

Para disfrutar de la programación de esRadio por internet hay cinco tomasianas vías. A saber:

1.- La emisión en directo en nuestra página web

2.- Los Podcast de los programas

3.- El teléfono móvil

4.- Youtube

5.- La radio wifi

La primera es de una obviedad que vergüenza me da hasta nombrarla. Uno escribe www.esradio.fm en el navegador y ya está, se pone a escuchar lo que se esté emitiendo en ese momento y tan feliz.

La segunda, la de los Podcast, requiere una pequeña explicación. Un podcast es un archivito que dejamos en algún lugar que no viene al caso y el programa iTunes lo descarga en nuestro ordenador. Para descargárselo hay que suscribirse gratuitamente al mismo. Luego ese archivo lo escuchamos en el ordenata o nos lo llevamos al iPod para poder oír a Luis Herrero sentados en un banco del parque mientras los niños se descalabran en los columpios.

El móvil también esRadio. Si tiene un Palm Treo o un Centro, por ejemplo, no tiene más que descargarse una aplicación gratuita y conectarse a Internet para escuchar la emisión. Si tiene un iPhone algo parecido, tan sólo hay que buscar en la AppStore, descargar la aplicación y ponerse los cascos porque el iPhone, a diferencia del Treo, carece de altavoz. Si dispone de un terminal corriendo Windows Mobile hay decenas de aplicaciones dedicadas a la radio. Y si tiene un Nokia pues algo habrá, pero como no he tenido ni tendré jamás un teléfono Nokia lo desconozco. Escriban a Fabián C. Barrio, que es Nokia-adicto, y les dirá.

Youtube sirve solo para ver la tele, pero esRadio también esTele. Buena parte de la programación radiofónica se retransmitirá en directo por Libertad Digital Televisión, su Televisión. Luego, tenemos un propio en la redacción que lo subirá todo a Youtube para que usted pueda ver y oír a César Vidal mientras el resto del mundo está viendo y oyendo al lechuguino de Risto Mejide con sus gafas y su barba de tres días que, en la Atenas antigua, hubieran sido razón suficiente para el ostracismo con escarnio público incluido.

Por último, esRadio puede escucharse a todo bit en una radio WiFi. Y ahora, amigo tecnófobo, usted dirá: ¿y qué demonios es eso de una radio güifi? Pues sencillo, una radio que se conecta a Internet por el router que tiene en su casa; si es que tiene router y si es que tiene casa, claro. Si no dispone de ninguna de las dos cosas lo siento de veras pero ni yo, ni Fabián C. Barrio, ni siquiera Daniel Rodríguez podemos ayudarle. Pongamos que tiene casa y que, en algún rinconcillo de la misma, habita un router debidamente configurado y conectado al interné. Pongamos que usted es un tipo legal que no se baja películas de la Mula ni nada de eso y que, por lo tanto, tiene ancho de banda libre para dar y tomar. Bien, en ese caso es usted el candidato perfecto para comprarse una radio WiFi y escuchar esRadio con ella.

Hasta hace no mucho este tipo de radios eran escasas y caras, pero la Providencia, que todo lo ve y en todas partes está, ha acudido en nuestro auxilio y ha puesto las radios WiFi en todas las estanterías a un precio irresistible. Las hay para todos los gustos y bolsillos. Desde pequeños receptores que, además, reproducen MP3 hasta equipos completos llenos de lucecitas que da gloria verlos en el salón de casa. Una vez haya escogido usted la radio WiFi de su conveniencia no tiene más que encenderla, buscar esRadio en la pantallita que trae y empezar a escuchar a Federico, si es usted madrugador y se ha comprado la radio a primera hora de la mañana. Luego, si eso, puede guardar nuestra frecuencia para que se quede allí a vivir para siempre. Aunque, bien pensado, teniendo esRadio, es del género tonto sintonizar cualquier otra emisora.

Las ventajas de escuchar la radio por Internet son muchas. Por un lado, el sonido siempre sale limpio del altavoz, por otro, se puede escuchar esRadio (insisto, escuchar cualquier otra sería una tontería) en todo el mundo. Puede ir a comer a casa de su suegra y olvidarse en la sobremesa de su triste destino encendiendo el aparatito, o ir de viaje de negocios sabiendo que, si esa noche extraña la cama del hotel, la aterciopelada voz de Gabriel Albiac le hará más llevaderas las horas de insomnio. Como ve, esto de la radio WiFi es una ventaja detrás de la otra porque, lo mejor de todo, cuando uno le da al botón está, al mismo tiempo, mostrándole el dedo corazón al Gobierno de Zetapé, que es el más interesado en que ni usted ni nadie escuche nuestra modesta cadena de radio. Así que, no lo olvide, esRadio esWiFi.

El errante que coleccionaba cabezas de muñecas

25 de Junio de 2009 - 11:09:01 - Fabián C. Barrio - 6 comentarios

Señores,

A escasos doscientos metros de mi casa vive, a bordo de una Nissan Vanette de cortinas verdes, un errante acompañado de un desquiciado pomerania. Los descubrí hace meses por pura casualidad, un día en que mi dálmata Vaca decidió unilateralmente que el paseo debía pasar por aquella calle. El errante y el pomerania son discretos, silenciosos, se encierran casi siempre tras las cortinas verdes de la Vanette sin reclamar de nadie ni atención ni cuidados ni compasión. El errante es larguirucho, altivo, con los ojos acuosos embutidos en unas cuencas profundas y oscuras, manos huesudas, pelo plateado escaso y largo, labios resecos, tiene un porte aristocrático que revela una dignidad infinita y su mirada de halcón refleja que lo ha visto ya prácticamente todo. Observa pasar la vida desde un desahuciado banquito de madera claramente reciclado de algún vertedero. Sus movimientos son lentos y parsimoniosos como los de una mantis religiosa especialmente cautelosa. Siempre que pasamos delante de la Vanette de cortinas verdes, el altanero errante y el trémulo pomerania levantan la cabeza de un manoseado y voluminoso libro o de una naranja a medio pelar o de una lata de sardinas compartida y nos miran a Vaca y a mi con cierto interés no exento de señorial laxitud y elegante desdén.

Tras saber de su existencia, reconozco que muchas veces arrastro a Vaca por esa calle para poder observar las evoluciones del errante y el pomerania de forma furtiva y fugaz. Soy de la opinión de que aquel que no espíe un poco a los vecinos tiene algún tipo de tara social. Al pasar delante de la Vanette de cortinas verdes, cuando tiene la puerta abierta, la vida me regala efímeros destellos de nutridas pilas de libros de tapas manoseadas, un previsible colchón cubierto de mantas marrones, una erótica tonfa, un transistor de radio antediluviano o como mínimo decimonónico, una desconcertante regadera, una aterradora estantería llena de cabezas de muñecas Nancy, una gran bolsa preñada de bolsas plegadas, un tarro lleno de bolígrafos roídos y tenedores y cuchillos de acero inoxidable, botellas de agua abolladas, decenas de carpetas de bosquejos y apuntes, algún vaso de Duralex marrón al borde de la desintegración.

Y ahora, créanse o no este párrafo. Ayer por la tarde Vaca me sacó a pasear a las ocho. (Nota mental: A Dios pongo por testigo, si hubiera nacido sin aparato excretor, esa perra jamás habría visto la luz del día.) Sus devaneos tras un labrador especialmente peludo y atractivo nos llevaron a la puerta de un ciberlocutorio latino del que salía una terrorífica y estridente versión tecno-dance de Piel Canela. Intento contener la naturaleza expansiva de Vaca con pequeños tirones de la correa, en una débil imitación de César Millán y de repente, levanto la cabeza. Y ahí estaba el errante que colecciona cabezas de muñeca. Sentado ante un ordenador. Leyendo Libertad Digital.

Hay que joderse.

Débilmente,

Fabián, su Chico Curioso
Fabián C. Barrio es luso-ruso

La SGAE denuncia a Destilerías DYC

18 de Junio de 2009 - 00:03:06 - Daniel Rodríguez Herrera - 0 comentarios

La razón es que la "gente sin complejos" es mucho más propensa a descargase música y películas de internet sin pasar por caja. Por lo tanto, "estos señores que aparentemente se dedican a vender whisky de forma inocente, en realidad están extendiendo toda una red de piratas compulsivos que están gravando a nuestra sociedad con pérdidas millonarias".

No es verdad, claro. Es una de las bromas contra la SGAE emitidas por un grupo de blogs humorísticos. Hay más. Y es que el juicio contra Pablo Soto abre una puerta que es muy difícil de cerrar. Los programas P2P no son los únicos necesarios para intercambiar contenidos protegidos por derechos de autor. Si comenzamos a deslizarnos por esa resbaladiza pendiente, ¿dónde acabaremos?


En formato RSS© Copyright Libertad Digital SA. Juan Esplandiu 13, 28007 Madrid.
Tel: 91 409 4766 - Fax: 91 409 4899