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Diario de Verano: O Hipócrates o Marx: no a la checa de Sanidad

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Mucho se ha escrito sobre la vil marejada tuitera contra Cristina Cifuentes, cuya rápida recuperación deseo por su bien y el del orden público. Es tan obvio como repugnante el vudú de los Llamazares y Mínimo Pradera (para los que lo conocimos, el Máximo era su padre), aprovechando que la delegada del Gobierno está gravísima en la UCI para atacar la política sanitaria de la Comunidad de Madrid, en la que ella no tiene arte ni parte. Pero más allá de definir a señoritos de la peor ralea cainita, lo más grave, políticamente hablando, es el comportamiento de una izquierda a la que le duele en los bolsillos del alma el recorte de prebendas y el achique de cortijos sindicales acometidos por Aguirre y continuados por Ignacio González, sobre todo en áreas que consideran feudalmente suyas, como Educación y Sanidad.

La manifestación de un centenar de trabajadores del hospital La Paz pidiendo el desalojo de una enferma gravísima, Cristina Cifuentes, cuando se estaba jugando la vida en la UCI, plantea un problema ético, profesional y político muchísimo más urgente y que no deberían obviar los políticos: ¿puede esa gente que sobrepone su odio a su deber profesional trabajar en la sanidad pública?

En mi opinión, no. Cabe que alguno de los vociferantes sea de los que cambian de bata según la marea de turno, verde, blanca o infrarroja, pero la mayoría serían trabajadores del centro, y nadie significado o simplemente identificado con la derecha (que vota más de la mitad de los madrileños y a la que odian los que nunca consiguen que los voten) puede sentirse seguro si lo atienden enfermeros, anestesistas u otros supuestos profesionales del personal médico de La Paz que se manifestaban haciendo alarde de inhumanidad y de desprecio por la vida humana cuando no es de su secta.

Urge una investigación inmediata de la manifestación y sancionar drásticamente a los que de forma tan contraria a los principios básicos de la medicina usaron su condición de empleados públicos para agredir a una empleada pública -por añadidura, ejemplar- y a todos los madrileños que representa el PP. O Hipócrates o Marx. No a la checa de Sanidad.

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