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Diario de Verano: Aviones sin pilotos para un ejército sin objetivos

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Por lo visto, desde que destituyó fulminantemente al general Pontijas por un editorial en la revista Ejército levemente crítico con el separatismo catalán, el ministro de Defensa Pedro Morenés ha estado preparándose para que la opinión pública conociera en profundidad no sólo su formidable capacidad técnica, difícil de apreciar para los legos en materia militar, sino algo que puede llegar a todos los extraviados ciudadanos: la hondura de su pensamiento y su fuste de estadista, tan necesarios en tiempos de plastilina.

Aprovechando con inteligente sentido estratégico la falta de noticias del mes de agosto, Morenés ha ido prodigando, ora al hilo de la crisis de Gibraltar, ora por ventilar un poco las meninges de sus paisanos, declaraciones que no están recibiendo la atención merecida y que, sin embargo, deberían tener a la población alternando Sálvame con los telediarios, donde la banda sonora y el archivo visual tipo Top Gun de las noticias militares aseguran a Morenés un lugar de privilegio informativo.

Una de las últimas cogitaciones de que nos ha hecho partícipes el Sun Tze del Gobierno de Mariano es la conveniencia, hija de la necesidad, de que en 2015, o sea, ya mismo, tengamos drones, aviones no tripulados como los de los USA, esos que asombrosamente rechazan no pocos senadores y congresistas basándose en la peregrina idea de que no se pueden mandar robots a matar humanos y que si se declara una guerra y se les quita la vida a otros, también hay que aceptar que puedan quitárnosla.

La idea puede parecer absurda en un ejército que siempre ha sido el que más ha cuidado de evitar la muerte de sus soldados; y que ahora, gracias a su poder económico y tecnológico, puede atacar sin riesgo puntos clave de cualquier ejército enemigo antes de meter a la infantería en los escombros. Pero la cosa no es tan tonta como parece. La razón por la que una parte del Congreso y del Senado –seguramente mayor después de las legislativas- se opone a los drones es porque banalizan la gravedad de la guerra, quitan a la terrible opción de quitar la vida al prójimo el sentido trágico que debe tener siempre en una democracia. Dicho de otro modo: matar no puede ser tan fácil como para que cualquier presidente decida intervenir en cualquier país con la tranquilidad de saber que su decisión no supondrá la vuelta en ataúd de los soldados. Y dudo mucho de que vayan a crearse ataúdes de drones.

Pero el caso español es menos serio –aunque en el fondo, más grave– que el norteamericano Los aviones sin piloto son una ayuda al Ejército en el cumplimiento de sus misiones. ¿Y cuáles son las misiones del Ejército español? Se supone que defender la integridad nacional y mantener a salvo el Eje Baleares-Estrecho-Canarias, frontera clásica de nuestros enemigos exteriores. ¿Pero qué Eje vamos a defender si –fuera de bromas– estamos partidos por el eje? Baleares es el lebensraum del separatismo catalán, el peor enemigo de la integridad nacional, hasta el punto de que no se le puede criticar en la revista Ejército. Se supone que nuestras FAS están a lo que manden nuestros representantes políticos, pero resulta que, del Rey abajo, nadie manda nada sobre el separatismo desde hace muchísimos años.

El otro punto del Eje Defensivo clásico es el Estrecho. Compréndase que después de que el Clausewitz de Rajoy haya proclamado la normalidad absoluta en las maniobras militares de la Armada británica en Gibraltar, así como la compañía que le brindará nuestra Armada en su estadía, más de placer que de guerra según los expertos, sobran drones... y melones.

En el fondo, sin embargo, Morenés es un pionero en la doctrina de la falta de doctrina, del Gobierno sin criterio de gobierno y de un ejército sin objetivos militares ni civiles, reducido a arañar lo posible del presupuesto para seguir manteniendo las apariencias, el trampantojo de una Defensa Nacional sin Nación y, por ende, sin defensa. Para esta nada, vale Morenés.