No sé vosotros, pero yo soy una croquetera de cuidado… Y creo que en alguna ocasión he comentado que adoro las croquetas, la tortilla de patatas, las albóndigas y la ensaladilla rusa. Todo typical spanish. Me encantan. Y probablemente sean los platos que menos cocino… porque a pesar de que podría comerlos sin parar, su elaboración me resulta pesada. Así que como comprenderéis, cuando alguien me cuenta que su madre hace una tortilla de muerte, o que su abuela está todo el día haciendo croquetas, se me cae la baba!!

Y este plato llevaba mucho tiempo queriendo probarlo. Jamás había oído esta idea a priori tan sencilla, y me pareció magnífica. Se trata de una receta de aprovechamiento que viene muy bien, la verdad. Porque sí que es cierto que a veces quedan sobras de pollo asado que no se sabe qué hacer con ellas, porque a lo mejor no llega para comer de nuevo toda la familia, o simplemente no queremos volver a comer lo mismo recalentado. Pues ésta es una forma súper sencilla y deliciosa de aprovechar esa carne de pollo.

Como os he dicho, llevaba mucho tiempo queriendo probar estas croquetas… pero es que normalmente cuando compro pollo asado no quedan ni las migas. Pero casualmente mi madre se pasó por casa y me llenó la nevera de tuppers y cosas varias, entre las que se encontraba medio pollo asado! Era mi oportunidad!

Obviamente podéis preparar vuestra receta de croquetas habitual incorporando el pollo, o ver la receta que he hecho yo y adaptar las cantidades en función del pollo que os quede.

CROQUETAS DE POLLO ASADO

Ingredientes:

 

- 2 pechugas de pollo asado

- Media cebolla

- 75 g. de mantequilla

- 75 g. de aceite de oliva

- 150 g. de harina

- Algo más de 1/2 l. de leche

- Sal

- Pimienta negra molida

- Nuez moscada

- Harina

- Huevo batido

- Pan rallado

- Abundante aceite

 

Elaboración:

 

- Lo primero que hacemos es preparar la bechamel para que se vaya enfriando.

- Ponemos en una sartén grande la mantequilla en cubitos con el aceite.

- Cuando la mantequilla se haya disuelto y hayan cogido temperatura, incorporamos la harina. Vamos removiendo con una cuchara de madera unos 5 minutos. Este paso es muy importante, porque como bien sabréis, debemos cocinar la harina para que luego nuestras croquetas no hagan sabor a harina cruda (se nos quedará una pasta de harina de color marroncillo o algo así). Tenemos cuidado con el fuego y vamos removiendo para que se cocine toda la harina y no se pegue ni se queme.

- Después yo añadí los restos del caldo del pollo que tenía (que al estar en el frigorífico se habían convertido en una gelatina).

- Calentamos la leche, y la vamos incorporando a la harina poco a poco, mientras vamos removiendo sin parar con una varilla. De esta forma iremos integrando la leche con la masa de harina uniformemente.

El punto de la bechamel ya sabéis que es muy personal: cuanta más leche incorporéis, más líquida quedará vuestra bechamel, más jugosita pero también más difícil de manejar. Así que coged un punto en el que vuestra croqueta no sea una piedra, pero tampoco muy líquida para que podamos manipularla a la hora de freír.

- Finalmente yo le puse un poquito de nuez moscada y pimienta negra molida.

- Dejamos que enfríe la bechamel.

- Picamos la media cebolla y la doramos en una sartén con aceite. Dejamos que enfríe.

- Sacamos toda la carne del pollo, y ahora tenemos dos opciones: la fácil, que es pasarla por una picadora, y la más tediosa, que es desmenuzar la carne a mano. Yo opté por la picadora: primero por tiempo, segundo porque así mi sobrina se comerá mejor la croqueta. Pero soy de las que le gusta encontrarse el “tropezón” en la croqueta, así que yo hubiese deshilado la carne a mano, para que al morder la croqueta notes el pollo. Así que como gustéis. Eso sí, ojo con no dejar ningún huesito de esos pequeñitos puñeteros del pollo.

- Trituramos la cebolla.

- Mezclamos en un bol grande la bechamel con el pollo y la cebolla.

- Ahora viene el paso difícil: que es probar el resultado final para corregir de sal, y no comerte toda la mezcla a cucharadas. O con el dedo. Porque está súper buena!!

- Si nuestra bechamel tiene ya una buena consistencia, empezamos a trabajar, y sino dejamos que enfríe en el frigorífico.

- Nos preparamos tres platos hondos: uno con harina, otro con dos huevos batidos y otro con pan rallado.

- Ponemos una sartén con abundante aceite a calentar (yo prefiero de oliva).

- Damos forma a las croquetas: de forma tradicional, en bolitas… Como queramos. El tamaño también es a gusto del consumidor, pero yo prefiero que no sean demasiado grandes para que sean más fácil de comer.

- Y vamos pasando cada croqueta primero por harina (dándoles unos toques para quitar los excesos), después por huevo (con ayuda de un tenedor, y quitando también excesos) y por último por pan rallado. Ahora bien: podemos dejarlas así, o podemos volver a pasarlas por huevo y pan. De esta forma nuestras croquetas serán más crujientes y tendrán una cortecita más gruesa. Yo prefiero la segunda :)

- Freímos en el aceite bien caliente y las vamos dejando en un plato con papel de cocina, para que absorba el exceso de aceite.

Y en un periquete tenéis vuestras deliciosas croquetas listas! Siempre os animo a que probéis las recetas, pero de verdad que ésta es obligatoria.

Que tengáis un feliz domingo, buen viaje de vuelta para los que están de puente, y volvemos la semana que viene!

Blog Appétit!


2 Comments

  1. José Juan's Gravatar José Juan
    19 mayo, 2014 at 0:11 | Permalink

    Gracias por la receta. Siempre se aprende algo nuevo, incluso sobre las croquetas. Son también una de mis debilidades, pero todo lo que está bueno o es pecado o engorda :-)
    La mejor forma de vencer la tentación es caer en ella, así que la pondré en práctica.
    Me ha parecido muy buena la idea de añadir cebolla a la masa. La pechuga es muy seca y eso hará las croquetas más jugosas.
    Nunca había oído lo de rebozar por segunda vez. Suena bueno.

  2. Alfonso del Dedo fernández's Gravatar Alfonso del Dedo fernández
    24 mayo, 2014 at 15:11 | Permalink

    Podéis probar a hacerlas con gambas. Si no tenemos pollo y sí gambas. Se cuecen éstas y se reserva el agua de la cocción. Se pelan las gambas y las colitas troceadas se añadan a la bechamel que se confecciona con el caldo de la cocción. Todo lo demás es igual. Ojo, cuanto más pequeñas mejor, se reparten mejor porque si se toman de la fuente común, por las últimas puede haber bofetadas. Blog apetit.

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