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Queridísimo Juanma: el toro era un cabestro

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Real Madrid, queridísimo amigo. R-E-A-L M-A-D-R-I-D, repito, masticando las letras. El verdugo del City se llama Real Madrid. El club más laureado del universo mundo se llama Real Madrid. En el Olimpo balompédico es el Real Madrid quien luce en sus vitrinas la égida de Zeus. ¿Qué más puede decir, estimado colega, un mísero mortal, un triste colchonero, para amansar la justa ira del coloso merengue? ¿Exigirás, quizá, que me lave la lengua antes de pronunciar el nombre del rey Midas del césped? ¿Tanto dolió el pellizco? ¿Tan "ostentórea" fue la ofensa?

Pelillos a la mar, queridísimo amigo, que todo se andará si tenemos en cuenta que "el camino español" (aquel que ponía Flandes a tiro de arcabuz de los temibles Tercios Viejos) arrancaba en Milán y que será en Milán también, después de cuatro siglos, donde concluya la pendencia. Tu agudeza, tu pesquis, tu cultura y tu ingenio impedirán que piques, estimado colega, en el anzuelo de una historia que jalea al Atleti. No obstante, es innegable que el carácter que el Cholo ha imprimido al equipo, su determinación, su entrega, incluso su fiereza, encajan en el molde de la invencible infantería con una exactitud casi profética. Y no es menos cierto -aunque la certidumbre ofenda- que si los rojiblancos son hoy la coqueluche de la Unión Futbolera es porque han demostrado que los hombres pesan más que los nombres en la balanza del talento y porque (Machado dixit) sólo el necio se obceca en confundir valor y precio.

En cuanto a lo del toro B-L-A-N-C-O que el padre de los dioses utilizó como señuelo, no olvides, queridísimo, que el rapto mitológico fue una violación sin eximentes y que a la desdichada Europa la desfloraron por poderes. Y confieso, por último, que soy un lego en Breaking Bad y en el diálogo que empleas a guisa de espoleta no reconozco a nadie salvo, tal vez, a Heisenberg. Suponiendo que Heisenberg sea Werner Karl Heisenberg aplícate el principio de indeterminación (o incertidumbre) con el que revolucionó la ciencia: sabemos que el M-A-D-R-I-D fue el verdugo del City. Punto y final, el resto es un misterio.

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