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Duro de pelar

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Tras haber conseguido echarle mano al Barça y con un Madrid atónito (y hasta agónico, a veces) reconcomiéndose en la tercera plaza, no es ningún disparate que el Atleti, este año, le pida a los Reyes Magos por lo menos un título, o, puestos a pedir, un doctorado en Champions. Sin aspavientos, sin pamemas, sin broncas estelares, a la chita callando, Simeone y los suyos han hecho del invierno una gozosa primavera en clave machadiana. El Atleti ha venido y nadie sabe cómo ha sido aunque, a partir de ahora, todos presuman de enterados, aunque, a partir de ahora, los pastores mediáticos acudan en tropel al Calderón a cantar villancicos festejando el milagro.

Portentoso milagro es, en efecto, el que los ciegos vean y el que los mudos hablen. Los que sólo tenían ojos para extasiarse con las mañas del tridente culé o con los récords de Cristiano han caído en la cuenta de que el Atleti es mucho más que un eterno aspirante. Que es un equipo que no ha dejado de crecer jornada tras jornada, que sabe ponerse al pairo si es preciso y, si no queda otra, tocar a zafarrancho. Un conjunto, en resumen, tan duro de pelar, tan blindado en defensa y tan determinado en el ataque que es capaz de vencer a contrapelo y de llevarse el gato al agua con un par de zarpazos.

El triunfo ante un Athletic que con Raúl García ha ganado en carácter fue una demostración palmaria de la vigencia de ese axioma que el Sabio de Hortaleza nos dejó en su legado. El busilis del fútbol es ganar y, después de ganar, continuar ganando a despecho de las virtudes del rival y de lo injusto que parezca el resultado. Mientras la inspiración y la transpiración se complementen, mientras la entrega y el talento salten al campo de la mano, el sueño sigue en pie y nuestro Atleti en racha.        

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