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Si Londres es más que una ciudad, el Támesis es (mucho) más que un río

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El Támesis y el Parlamento visto desde las alturas del London Eye.
Londres desde el Támesis

No sé si a ustedes les pasará o les habrá pasado algo parecido, pero cuando visité por primera vez Londres llevaba conmigo una imagen bastante imprecisa de lo que esperaba que fuese el Támesis: supongo que por culpa de mis lecturas adolescentes me lo imaginaba brumoso, tirando a sucio, rodeado de arrabales delincuenciales… en suma, un río en el que se vertían y se encontraban, o no, los cadáveres de todos los crímenes londinenses.

Ya sé que la realidad es muy diferente y que tenía medios de sobra para conocerla o, al menos, para no errar por tanto en mi previsión, pero si les digo la verdad me gustaba esa imagen sherlockiana o jackeldestripadoriana de una urbe hundida en la niebla y el delito, hay mitos de los que uno no quiere deshacerse así sin más.

Sin embargo, prácticamente en mis primeros minutos en la gran urbe inglesa esa idea empezó s desmoronarse: cuando el tren que me llevaba del aeropuerto a la estación Victoria atravesó un puente me pareció un río grande, casi majestuoso, bastante bonito y, desde luego, sin esa apariencia sucia y un poco lúgubre y criminosa con la que yo fantaseaba.

Un camino a pie…

Sorpresa pero no decepción: después de ese primer vistazo rápido y traqueteante lo cierto es que el Támesis se ha convertido en uno de los ejes de mis visitas a Londres y uno de los lugares en los que más tiempo he pasado. Aunque el río es bastante más que un único lugar, ya que en sus orillas encontramos muchas de las atracciones con las que más identificamos la ciudad: desde las más antiguas como la Torre, hasta las más modernas como el London Eye o The Shard; desde aquellas que guardan el corazón político y simbólico del país como el Parlamento y el Big Ben, hasta las que ofrecen el último arte de todo el mundo, como la Tate Modern.

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La Tate Modern, en una antigua central eléctrica | C.Jordá

Así que un largo paseo por sus orillas va a ser uno de los mejores recuerdos que se lleven de la capital inglesa: andando de monumento a monumento, de vista espectacular a vista espectacular, de rincón cargado de historia a espacio con mucha magia.

Casi en cualquier parte del cauce disfrutarán, pero hay un trayecto que creo que resume toda la esencia del Támesis y casi diría de la ciudad: partiendo de las cercanías de la catedral de San Pablo, pueden cruzar el río por el puente del Milenio, la moderna pasarela peatonal que proporciona un trayecto tranquilo sin el runrún del tráfico y con la espléndida cúpula de la catedral de un lado y la amenazante -pero también hermosa a su manera- silueta de ladrillo de la Tate del otro.

A partir de ahí, un paso tranquilo nos irá llevando para empezar al teatro Shakespeare's Globe, la reproducción histórica del lugar en el que se estrenaron las obras del genial dramaturgo; a vistas inmejorables de la City y sus edificios de formas estrafalarias reflejándose sobre las tranquilas aguas; a viejas tabernas con siglos de historia en sus paredes y modernos centros comerciales elevados en antiguos muelles; a un crucero de la II Guerra Mundial que ahora es un museo flotante, el HMS Belfast, y a reproducciones de viejos barcos de vela; a barrios que conservan su aspecto portuario de novela de misterio; a mercados deliciosos que sólo están un par de calles más allá…

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La Torre de Londres, el HMS Belfast y el puente de la Torre | C.Jordá

Finalmente, un premio mayor: la Torre de Londres y el puente al que la antiquísima fortaleza prestó su nombre. No hay mejor forma de cruzar el Támesis que a través de esa enorme pasarela de grandes torres de falso estilo gótico, tan londinenses, tan inglesas y tan bellas a su manera peculiar. Todo un símbolo que sigue en plena forma.

… Y por supuesto en barco

La otra forma de explorar el Támesis y sus orillas, y quizá la más obvia, es navegándolo: hay numerosos recorridos que cubren diferentes partes de los amplios meandros con los que el río va avanzando hacia el mar y partiendo en dos la gran ciudad. Cualquiera es recomendable y les supondrá una excursión relajante y placentera, pero les recomiendo dedicarle tiempo y hacer un recorrido largo, por ejemplo desde el muelle junto al puente de Westminster hasta el histórico observatorio de Greenwich, casi las afueras de la Londres.

Una de las razones es, por supuesto, conocer el lugar desde el que se han trazado los husos horarios de todo el mundo y que, además, para los numerosos fans de Marvel tiene un encanto especial ya que fue el escenario de las escenas cumbres de la segunda entrega de la saga de Thor.

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El observatorio de Greenwich. | C.Jordá

Pero lo mejor está en el camino: en las perspectivas tan diferentes y las caras tan distintas que Londres nos va ofreciendo, desde esa ciudad capital de un imperio decimonónico con sus grandes edificios, sus puentes y toda su pompa; hasta esa otra que es una capital económica del XXI, con sus zonas de rascacielos y su crecimiento vertiginoso; la Londres artística y la bélica; la más tradicional y la más moderna.

Un último consejo: la tarde es el momento ideal para la excursión: aprovechando las luces más cálidas de las últimas horas del día, viendo el sol ponerse más allá de la ciudad y, por último, terminando con el espectáculo de las luces de los edificios y los monumentos que se vierten en el río como afluentes. Si Londres es toda ella inolvidable, que lo es, les garantizo que esa tarde estará entre sus mejores recuerdos.

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