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Palacio del Marqués de Santa Cruz: un trocito de Italia en el corazón de la historia de España

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El Palacio del Marqués de Santa Cruz

El Viso del Marqués es un pueblo pequeño, de unos 2000 habitantes, al sur de la provincia de Ciudad Real. Para llegar a él seguimos una hermosa carretera que se despliega en una larguísima recta que atraviesa un valle verde -es más: extraordinariamente verde cuando hice mi visita, después de unas semanas de intensas lluvias-, de hermoso paisaje y en el que la naturaleza parece palpitar llena de vida.

De hecho, tan salvaje puede llegar a ser el entorno que un cartel junto a la carretera nos pide cautela porque en esa zona hay linces ibéricos que podríamos atropellar, así que levantamos el pie del acelerador pese a lo tentador de la recta y, ya de paso, disfrutamos aún más del verdor que nos rodea.

Llegamos por fin a Viso del Marqués y tenemos la suerte de aparcar en la gran plaza que es el centro neurálgico del pueblo. En uno de los lados, bañados por un sol mañanero que tiene un cierto aire de tormenta están los dos edificios que ponen a la villa en el mapa turístico: la iglesia y, sobre todo, el Palacio del Marqués de Santa Cruz, don Álvaro de Bazán.

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El exterior del Palacio | C.Jordá

Como muchos de ustedes sabrán, Álvaro de Bazán es uno de los más grandes marinos y soldados de la historia de España, ganador de muchas batallas -de hecho, al parecer no perdió ninguna- y una de las piezas clave de la victoria de Lepanto, nada más y nada menos. En una época en la que ser marino era tan arriesgado como beneficioso, su habilidad militar granjeó al Marqués de Santa Cruz una considerable fortuna, que él decidió invertir en un palacio en el centro del marquesado, con grandeza de España, que le concedió Felipe II.

Y el marqués no sólo quiso un palacio, sino que lo quiso enorme, bellísimo y de un estilo que no se había visto aún en España, pero que él si había visto en sus viajes por Italia. Así que en Viso del Marques, un pueblecito casi que perdido al sur de Ciudad Real, tienen nada más y nada menos que la mejor muestra de renacimiento italiano en España, no me dirán que no es sorprendente.

El Palacio es uno de esos edificios que mira más hacia dentro que hacia afuera: el exterior es austero, de materiales no muy nobles y prácticamente sin detalles decorativos; el interior es todo lo contrario: una arquitectura elegante y proporcionada, pero sobre todo con una decoración riquísima con frescos que ocupan prácticamente cada centímetro cuadrado desde el suelo al techo.

Tras entrar, prácticamente nos damos de bruces con el enorme patio, rectangular, de proporciones perfectas, los altos y elegantes arcos nos permiten ver la decoración de las dos galerías. Al fondo está la escalera: un primer tramo que luego se divide en dos que salen a izquierda y derecha. No es monumental por el tamaño -más bien es modesta dadas las dimensiones del palacio-, pero sí es majestuosa y elegante como una mansión romana, un ejemplo tan perfecto del estilo en el que está construida que uno piensa: esto es el renacimiento.

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La impresionante escalera | C.Jordá

Desde el punto de vista del visitante lo mejor del palacio son las grandes salas de la planta superior, en las que el lujo y el arte se despliegan en todo su esplendor. En ellas se ve la ambición del Marqués por, tras toda una vida de batallas y travesías, construirse un lugar en el que sentir y ver -y supongo que hacer sentir y ver a los demás- lo mucho que habían logrado tanto el hombre como el marino.

Una de estas salas está dedicada a Lepanto, con un gran esquema de la batalla y alguna información interesante que nos ayuda a aprender un poco. También se puede ver el dormitorio del marqués, pero la habitación más espectacular es el Salón de Honor, que también es conocida como "habitación de las maquetas" porque en su interior hay dos grandes maquetas de barcos históricos de la armada.

Los barcos, que parecen perfectamente capaces de navegar son llamativos, pero lo que hace especialmente llamativa a la estancia son sus dimensiones y, de nuevo, la impresionante decoración de las paredes, que en esta sala es aún más rica y cuidada que en el resto del palacio: ante nuestros ojos se despliegan falsas columnas y paisajes imaginarios y, efectivamente, nos sentimos como si al salir a la calle fuésemos a aparecer no en Viso del Marqués sino en Florencia o Nápoles.

Historia a legajos

Por si todo lo anterior no fuese suficiente, el Palacio del Marqués de Santa Cruz guarda un tesoro que es probablemente aún más valioso que el propio edificio: el Archivo General de la Marina española.

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Legajos del Archivo General de la Marina Española | C.Jordá

Kilómetros de documentos con prácticamente todo lo ocurrido en los barcos del reino de España desde 1784 hasta el siglo XX, aunque hay documentos hasta de 1732. Para que se hagan una idea de lo que significa eso en España les pondré un ejemplo: la actual bandera de España se adopta en 1785 como pabellón naval, así que allí están -tuve la suerte de ver una- las órdenes que se mandaron todas las bases navales sobre cómo debería ser esa nueva bandera.

Mapas y cartas de navegación, decretos reales, misiones encomendadas a barcos de guerra, patentes de corso y hasta bulas papales pueden encontrarse en el abundantísimo archivo que es una fuente de deleite para el profano -no sé ustedes, pero a mí estar ante un documento firmado por Carlos III me parece algo fascinante- y, sobre todo, una fuente excepcional de información para los especialistas y los historiadores.

Así, como si de una muñeca rusa viajera se tratase ir a Viso del Marqués, en Ciudad Real, guarda en su interior un viaje a Italia que a su vez guarda en su interior un viaje a lo mejor de la historia de España. No dirán que no vale la pena.

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