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Moros y Cristianos de Alcoy: una fiesta bellísima, impresionante y, encima, políticamente incorrecta

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El espectáculo barroco y sensual de los Moros y Cristianos de Alcoy

Como mi familia es originaria de los alrededores llevo toda la vida oyendo hablar de los Moros y Cristianos de Alcoy, sin embargo nunca había tenido la oportunidad de ver la fiesta en directo: las fechas habituales nunca cuadraban para poder hacer un viaje desde Madrid.

Hasta el año pasado, cuando por fin me organicé para poder estar en, al menos, los días más grandes de la fiesta. Y les aseguro que, pese haber escuchado miles de descripciones y recomendaciones no sólo es que superaron las expectativas, es que los Moros y Cristianos me sorprendieron y me maravillaron, vamos que me quedé con la boca abierta y no sólo para evitar que los truenos del Alardo se me llevasen por delante un tímpano, pero de eso hablaremos más tarde…

Además, en este 2019 hay un cambio de calendario que a muchos de ustedes les resultará especialmente conveniente, ya que en lugar de las fechas habituales en abril los tres días grandes de la fiesta se trasladan y se celebran del cuatro al seis de mayo, es decir, coincidiendo en parte con el macropuente del dos de mayo.

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Uno de los grupos de bailarines de los Moros y Cristianos de 2018 | C.Jordá

El día de las Entradas

El principal acto, al menos desde mi punto de vista, son las Entradas con las que empieza la Trilogía Festera. Una descripción simplista del tema sería decir que son un desfile, pero lo cierto es que son mucho más. Sí, obviamente hay gente desfilando -es más, hay mucha gente: unas 11.000 personas en una ciudad de 60.000 habitantes, una auténtica barbaridad- pero el espectáculo que se desarrolla ante nuestros ojos es mucho más que una simple cabalgata: es, en el mejor de los sentidos, toda una representación teatral.

Aprovecho para hacer un paréntesis histórico necesario: las fiestas de Moros y Cristianos no representan una reconquista de la ciudad por el rey Jaime I como cabría esperar -de hecho, Alcoy es fundada ya como ciudad cristiana-, sino un episodio ligeramente posterior que tuvo lugar en 1276: el final de las revuelta de un caudillo mudéjar de la zona llamado Al Azraq.

La tradición cuenta que la ciudad llegó a ser de hecho tomada por los musulmanes y entonces la aparición de San Jorge dio la vuelta a la situación y salvó a los cristianos. Esto habría ocurrido un 23 de abril -día del santo- y desde entonces San Jorge Matamoros es el patrón de Alcoy y las fiestas narran a su modo esta historia. Al parecer no ocurrió así: los musulmanes nunca llegaron a tomar la ciudad y, además, el propio Al Azraq murió al pie de las murallas y su revuelta se apagó un año después.

Mucho más que un desfile

Volviendo a las fiestas, las Entradas del primer día son la representación de cómo las huestes contendientes se aprestan al enfrentamiento y, "entran" a la ciudad o al campo de batalla. Por la mañana el protagonismo es para el bando cristiano: sus 14 filás -las agrupaciones en las que se reúnen los participantes de la fiesta, a las que se suman otras 14 del bando moro- recorren algunas de las calles más populares de Alcoy y su plaza central.

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Filás cristianas en la calle San Nicolás de Alcoy | C.Jordá

La entrada tiene, por supuesto, la imagen que ustedes conocerán de las escuadras de festeros que desfilan a paso lento hombro contra hombro, pero hay mucho más: cuadros artísticos de bailarines que representan diversos tipos de personajes más o menos históricos, en ocasiones con complicadas coreografías; cuadrillas que hacen de prisioneros o de algunos de los muchos grupos distintos que acompañaban a un ejército medieval; caballos que también bailan y que se lanzan al galope por las estrechas y empinadas calles alcoyanas; niños, carrozas y, sobre todo, muchos músicos y mucha música que, especialmente gracias al papel de la potente percusión, realmente hace que tanto los que participan de la fiesta como los que simplemente la contemplan la sientan, literalmente, de una forma extraordinariamente física.

Todo esto con un esfuerzo real de prácticamente todos los participantes para que lo que allí ocurre no sea un mero desfile, sino lo que ya les decía: una representación en la que cada uno asume un papel y se esfuerza en ejecutarlo con la máxima fidelidad. Y todo también con una increíble riqueza en las vestimentas, que para que ustedes me entiendan son mucho más trajes que disfraces y están llenos de detalles -también unos más históricos que otros- y de brillo y de lujo.

Las entradas cristianas duran entre cuatro y cinco horas, se hace una parada para comer y por la tarde es el turno de las filás del bando moro -entre ellas la Filá Judíos, curiosamente- que reproducen lo ocurrido por la mañana, pero quizá con un toque aún más lujoso, barroco, oriental, con caballos pero también camellos… El espectáculo se prologa hasta ya bien entrada la noche sin decaer en ningún momento.

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Una de las integrantes de las filás moras de Alcoy | C.Jordá

Les garantizo que si ven toda la fiesta quedarán exhaustos, pero con una sensación alucinante de haber visto algo único. Tendrán razón: ante sus ojos se habrá desarrollado mucho más que un desfile: un espectáculo de primera que, sinceramente, creo que hoy en día se puede comparar con muy pocas cosas en España.

El estruendo del Alardo

El segundo día es el más religioso de los tres: San Jorge -representado por un niño de la localidad- toma protagonismo y hay una serie de actos a su alrededor, quizá menos atractivos para el visitante, pero realmente entrañables.

Por último, el tercer día es el dedicado a la guerra en su faceta más cruda y ruidosa: las guerrillas se han ido desarrollando por varios puntos de la ciudad desde primera hora, pero la batalla central se inicia con la Embajada Mora: los capitanes de los dos bandos se enfrentan uno desde la plaza y el otro desde el gran castillo de atrezo que es uno de los puntos centrales de la fiesta. Se suceden los discursos y las amenazas y, ante la falta de acuerdo, un mensajero moro se lanza con el caballo a todo galope por la calle de San Nicolás.

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Una de las ruidosas andanadas del Alardo de Alcoy | C.Jordá

Tras esto empieza el Alardo: armados con unos arcabuces ruidosísimos los festeros recorren la mayor parte del centro de Alcoy disparando al unísono y provocando andanadas que suenan como un auténtico bombardeo. Para que se hagan una idea de la magnitud de la representación, el pasado año participaron 4.000 festeros que usaron nada más y nada menos que cuatro toneladas de pólvora.

A su modo, el Alardo reproduce los hechos tal y como se cuentan en la leyenda: por la mañana los moros ganan la batalla y acaban tomando el castillo, pero por la tarde es el bando cristiano el que se impone y el castillo se recupera gracias a la intervención de San Jorge.

Como ven la fiesta lo tiene todo: belleza, espectáculo, lujo barroco, música, baile, arte, pólvora, casi tres siglos de tradición… y, encima, es de una deliciosa incorrección política en estos días que corren: no sólo se glorifica una batalla decidida por una intervención casi divina, sino que se acaba con la derrota del islam.

No se lo pueden perder.

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