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Masada, Herodión y Cesarea o por qué a Herodes lo llamaron "el Grande"

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Masada, Herodión y Cesarea o por qué a Herodes lo llamaron "el Grande"
Las grandes obras de Herodes el grande

Que un pequeño reino subordinado al Imperio Romano y situado al otro lado del Mediterráneo fuese capaz de realizar obras monumentales e incluso de levantar grandes ciudades puede resultar sorprendente, pero aún lo es más que 2.000 años después algunas de estas maravillas todavía se puedan visitar y, cada una a su modo, resulten impresionantes.

No debería extrañarnos, por tanto, que el rey que fue capaz de aquello se ganase el apodo de "el Grande" y, aunque la historia bíblica ha guardo un lugar especialmente repugnante para Herodes –responsable de la Matanza de los Inocentes sengún el Evangelio según San Mateo-, lo cierto es que este soberano y a su vez vasallo dejó pruebas de su grandeza por todo Israel. Algunas, como el Segundo Templo, no han perdurado, otras aún pueden ser parte de una ruta interesantísima por el reino de Judea.

Masada, la increíble fortaleza del desierto

Una ruta que bien puede empezar en Masada, uno de los grandes reclamos turísticos de Israel pero de la que yo les hablaré hoy un poco menos, porque ya he escrito sobre este alucinante lugar hace relativamente poco e incluso he hablado de ella en esRadio.

Masada es alucinante por sí misma y por el lugar en el que está: en mitad del desierto de Judea y junto al Mar Muerto, la antigua fortaleza se eleva sobre una impresionante meseta de paredes verticales a la que los turistas pueden subir gracias a un teleférico, ya que los empinados, estrechos y peligrosos caminos por el borde de la montaña harían imposible el nivel de visitas que tiene el lugar, convertido en una especie de símbolo nacional en Israel.

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Una vista del interior de Masada | C.Jordá

La visita es más que recomendable: las murallas, las dependencias y los palacios que amplió Herodes se conservan en un estado impresionante para los 2.000 años que han pasado, e incluso se pueden ver todavía los restos de los campamentos romanos que sitiaron la fortaleza en una rebelión judía décadas posterior. Más impresionante aún es contemplar los restos de la gigantesca rampa que construyeron para poder culminar su asedio.

Herodión: la colina que creció

En resumen, Masada es un lugar imprescindible en una vista a Israel, pero yo les recomendaría vivamente otro sitio menos conocido pero casi igual de impresionante e históricamente relacionado con el primero, ya que fue también uno de los últimos bastiones de la revuelta judía contra los romanos: Herodión.

A unos kilómetros de Jerusalén, la colina sobre la que se asienta Herodión es en sí misma resultado de la megalomanía -y la capacidad- de Herodes: el rey exigió que desde su cima se viese su capital y para lograrlo casi hubo que doblar altura de la pequeña montaña. Lo cierto es que aún hoy desde la cima se ve Jerusalén, no cabe duda de que el rey estaría orgulloso.

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Herodión y una maqueta de cómo era la fortaleza | C.Jordá

En la cumbre de la colina, que tiene una forma cónica casi perfecta, encontramos una fortaleza circular con un gran torreón. Los arqueólogos siguen trabajando allí y llevan haciéndolo décadas, pero cada día más tesoros salen a la luz y, de hecho, tal y como nos contaron sólo se ha excavado el 20% del total.

El último gran hallazgo fue nada más y nada menos que el lugar en el que se enterró al propio Herodes: allí se ha colocado ahora una reproducción perfecta pero cinco o seis veces más pequeña que la tumba original, una mezcla de formas grecolatinas y orientales que aún hoy resulta elegante y un punto exótica.

Muy cerca está la gran habitación que se considera el punto central del palacio del propio Herodes. Está abierta en un enorme ventanal colocado justo sobre un teatro cuya grada aprovecha la pendiente de la colina y en su interior se conservan aún abundantes restos de unas delicadas y bellísimas pinturas al fresco -algunas de las cuales se pueden ver en el Museo de Israel de Jerusalén- que nos hablan de un ambiente de lujo, refinamiento y grandeza realmente imponentes. Desde luego, Herodes sabía cómo parecer un rey… y lo parecía.

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Una de las habitaciones del palacio de Herodes | C.Jordá

Bajo la fortaleza volvemos a encontrar un complejo sistema de túneles, cámaras y cisternas, la mayor parte de ellos excavados por los rebeldes que ocuparon Herodión durante la revuelta judía. Con un ímpetu por perforar la superficie comparable al de los enanos de Moira, los antiguos insurgentes israelíes han conseguido que la visita bajo el suelo resulte casi tan impresionante como la que se hace en la superficie.

Una ciudad y un puerto míticos: Cesarea

Pero Herodes el Grande no sólo construyó fortalezas y palacios para sí mismo: también levantó ciudades y una de ellas llegó a ser especialmente importante y grandiosa: Cesarea, en la costa mediterránea de Israel, a mitad de camino, más o menos, entre Tel Aviv y Haifa.

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El acueducto de Cesarea, junto a la playa. | C.Jordá

Incluso antes de llegar a Cesarea se puede visitar otra de las obras de Herodes: el acueducto de 16 kilómetros que construyó para dotar de agua a la ciudad. Obviamente no tiene la esbelta grandiosidad del nuestro en Segovia, pero a cambio se puede visitar en una playa que atraviesa de norte a sur, o darse un baño en el mar mientras contemplamos 2.000 años de piedras frente a nosotros.

La ciudad propiamente dicha es un enorme yacimiento arqueológico que también tiene como peculiaridad estar junto al mar. Supongo que desde el punto de vista histórico esta no es una diferencia esencial, pero para el viajero sí resulta una experiencia algo distinta a lo habitual y, desde luego, muy agradable.

Cesarea lleva décadas siendo un destino turístico, lo que tiene su lado bueno y quizá otro no tanto, pero en cualquier caso nos sirve para entender cosas como la restauración del teatro -que es desde hace mucho un lujoso escenario de conciertos- con unos criterios que hoy probablemente no serían los más apropiados.

A la mayor parte de los viajeros probablemente les resulte más espectacular el hipódromo, que después fue teatro y está ciertamente muy bien conservado en algunas zonas. En cualquier caso casi todos disfrutarán de la grandeza del sitio, de las columnas de un mármol bellísimo que encontramos aquí y allá, unas de pie otras tumbadas, o de los mosaicos que también se pueden ver en algunos puntos.

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Columnas de mármol en Cesarea. | C.Jordá

Creada por Herodes, dedicada a Augusto, Cesarea llegó a ser uno de los puertos más importantes del Mediterráneo Oriental -un puerto, además, totalmente artificial y del que aún se pueden ver los restos-, lo que la convirtió en una gran urbe, poderosa y rica. Pero como tantas cosas, luego fue cayendo en el olvido. Hoy ya sólo se conservan unas fantásticas ruinas, pero sigue siendo un lugar más que recomendable que conocer y, sobre todo, un recordatorio imprescindible de por qué a ese rey que ha tenido tan mala fama se le llamó "el Grande".

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