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Lugares que visitar tras la pandemia: Ribadavia, otra pequeña joya Gallega

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El castillo de Ribadavia.
Ribadavia, una joya gallega

Llegando a la Plaza Mayor de Ribadavia la lluvia cobró algo más de fuerza y el grupo de periodistas con el que viajaba y yo mismo nos refugiamos con cierta prisa en los soportales de un lado de la explanada. El agua cubría ya con una película fina todo el suelo de piedra y en él se reflejaban las paredes de los viejos edificios de esa zona de la ciudad, por supuesto de esa roca gris granito que, al menos a mí y como foráneo, se me hace muy gallega y que ya con la lluvia adquiere un grado innegable y superior de galleguidad.

La escena era gris, por supuesto, pero aún así tenía un encanto de autenticidad y una belleza antigua y tranquila, todavía mayor cuando no mucho después las nubes fueron rasgándose y dejándonos ver algo de un cielo azulísimo que iba, alternativamente, abriendo y cerrando y derramando pequeños chubascos que mantenían todo en ese estado humedecido casi inevitable en Galicia, pero que les sienta tan bien a los pueblos y el paisaje de allí.

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Plaza Mayor | C.Jordá

He elegido Ribadavia para volver a escribir de viajes tras este parón casi forzado en estos meses de confinamiento por varias razones: porque fue prácticamente el último viaje que hice antes de vernos encerrados en casa, porque probablemente al menos los gallegos podrán visitarla pronto y, sobre todo, porque es un lugar interesantísimo del que me apetece hablarles, no hay mejor motivo que ese.

Una Ribadavia sefardí

Ese interés nace de varias cosas: una es la que motivó el viaje que les cuento: Ribadavia es parte de la Red de Juderías de España y conserva un interesante pasado sefardí que llega a su presente de varias formas: la primera el Centro de Información de los Judíos de Galicia, en un hermoso pazo en la misma Plaza Mayor en el que se hace un interesante recorrido por la historia judía de ese rincón de España.

También en las calles estrechas y en cuesta del casco viejo, en las que se pueden encontrar vestigios de ese pasado, no siempre alegres como de hecho fue la historia, no siempre alegre, ahí está para recordárnoslo la Casa de la Inquisición, con su hermosa fachada gótica en la calle San Martín.

Pero hay algo más que recuerdos: como los dulces judíos que prepara Herminia en su viejísima y rebosante de encanto panadería. Herminia, todo un personaje que se niega a jubilarse y amenaza con enterrarnos a todos, empezó hace ya tres décadas a preparar pastas con las viejas recetas sefardíes y ofrece un catálogo completo de delicias.

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Herminia, en su panadería. | C.Jordá

Sobre todo, Herminía ofrece un buen rato de conversación socarrona y pilla; adorable y coqueta tras sus gafas grandes, su delantal blanco y su pelo, casi tan blanco o más que la prenda. Es un imprescindible de la ciudad: vayan, coman sus deliciosas pastas, contemplen esa panadería que es de ese tipo de local ya casi imposible de encontrar y disfruten de conocerla.

Una Ribadavia del vino

Ribadavia está en mitad de la denominación de origen Ribeiro, así que nos encontramos en una de las tierras del vino con más tradición no sólo de Galicia sino de España. Basta salir un poco de la ciudad para ver los viñedos subiendo por las colinas, aquí en cuestas pronunciadas allí en grandes bancales.

Además, el Museo del Vino de Galicia está a sólo unos kilómetros de Ribadavia y en un delicioso paisaje con viñedos de un lado y el bonito pueblo de San Andrés de Camporredondo del otro, con la espectacular torre de la iglesia presidiéndolo todo.

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San Andrés de Camporredondo. | C.Jordá

Haciendo honor a esa tradición el museo está en una antigua casa rectoral del monasterio de San Martiño Pinarior, en una explotación creada para proveer de vino a un una gran institución eclesiástica que estaba nada más y nada menos que en Santiago de Compostela, a 90 kilómetros de distancia.

Se hizo vino allí desde la Edad Media pero el gran edificio de piedra que podemos ver hoy en día es del siglo XVIII. Creado especialmente para funcionar como una gran bodega, resulta un lugar inmejorable para un museo de la materia y la exposición es interesante y tiene buen gusto. No se pierdan el impresionante lagar y la espectacular bodega con sus barricas de cientos de años de antigüedad y miles de litros de capacidad.

Si tienen la oportunidad asistan a una cata para completar su visita y, en cualquier caso, intenten combinarlo todo para comer en el cercano Casal de Armán, un hotel y restaurante (¡y bodega!) fantástico que sólo está a unos metros del museo y en el que la comida está a la altura del vino y hasta del entorno.

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Platos del Casal de Armán | C.Jordá

Y una Ribadavia medieval

De vuelta a la ciudad pueden y deben pasear más por su casco viejo, acercarse al castillo, rodear la muralla que en algunos tramos se conserva muy bien, entrar en la iglesia de Santo Domingo o simplemente, sumergirse en el ambiente medieval que tan bien ha sabido conservar una, otra, de esas pequeñas maravillas que Galicia guarda para nosotros que son mucho menos conocidas de lo que merecen.

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