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Los viajes de los cronopios y las famas (homenaje a Cortázar)

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Hoy hace 25 años que murió Julio Cortázar, un 12 de febrero de 1984. Casualmente, estaba yo releyendo hace unos días sus deliciosas "Historias de cronopios y de famas" (por cierto, que delicada maravilla de libro, que belleza y que placer ha supuesto volver a él después de bastantes años) y encontré que una de las pequeñas historias era sobre la forma de viajar de los cronopios y las famas.

No sé, ni quiero saber, si estos personajes salidos de imaginación de Cortázar son una alegoría de algo, el fruto de un sueño con indigestión severa de garbanzos con callos o un simple divertimento surrealista, pero en este caso sí pensé que todos somos un poco cronopios o un poco famas, incluso algunos pecan de ser bastante esperanzas, a la hora de salir de casa.

¿En qué grupo me veo yo? No sé decirles, supongo que depende de muchas cosas (del viaje en sí, del tiempo, del día...) aunque cuando estoy de viaje suelo acostarme pensando en "la hermosísima ciudad".

Reproduzco a continuación el texto como un pequeño homenaje a Cortázar y como una modesta forma de agradecerle las horas fantásticas que, con este y otros muchos libros, me ha hecho pasar.

Cuando los famas salen de viaje, sus costumbres al pernoctar en una ciudad son las siguientes: Un fama va al hotel y averigua cautelosamente los precios, la calidad de las sábanas y el color de las alfombras.

El segundo se traslada a la comisaría y labra un acta declarando los muebles e inmuebles de los tres, así como el inventario del contenido de sus valijas. El tercer fama va al hospital y copia las listas de los médicos de guardia y sus especialidades.

Terminadas estas diligencias, los viajeros se reunen en la plaza mayor de la ciudad, se comunican sus observaciones, y entran en el café a beber un aperitivo. Pero antes se toman de las manos y danzan en ronda. Esta danza recibe el nombre de "Alegría de los famas".

Cuando los cronopios van de viaje, encuentran los hoteles llenos, los trenes ya se han marchado, llueve a gritos, y los taxis no quieren llevarlos o les cobran precios altísimos. Los cronopios no se desaniman porque creen firmemente que estas cosas les ocurren a todos, y a la hora de dormir se dicen unos a otros: "La hermosa ciudad, la hermosísima ciudad". Y sueñan toda la noche que en la ciudad hay grandes fiestas y que ellos están invitados. Al otro día se levantan contentísimos, y así es como viajan los cronopios.

Las esperanzas, sedentarias, se dejan viajar por las cosas y los hombres, y son como las estatuas que hay que ir a verlas porque ellas ni se molestan.

¿Y ustedes, son cronopios, famas o esperanzas cuando viajan?

PD.1: He tomado el téxto de la página de Julio Cortázar, en la que encontrarán muchas cosas interesantes sobre él.


PD.2: La imagen de la edición en húngaro del libro es del Instituto Cervantes de Budapest.
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