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Las Bardenas Reales... ¡en Segway!

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Vayamos por partes, como decía Jack el Destripador, porque tengo que explicarles un par de cosas antes de contarles una de las mejores tardes que he pasado en mis últimos viajes.

La primera: qué es un Segway, ese vehículo con aspecto de patinete intergaláctico que en España se empezó a conocer al usarlo Jaime Marichalar, creo recordar que después de sufrir lo que más tarde se conoció como un "marichalazo". El Segway es un vehículo de dos ruedas que avanza o se detiene según la inclinación de nuestro cuerpo y tiene dos características que yo desconocía: con los neumáticos adecuados puede circular por caminos de tierra, campos y terrenos bastante agrestes; y con buenas baterías alcanza unos respetables 30 kilómetros hora.

La segunda: qué son las Bardenas Reales, un rincón de Navarra con uno de los paisajes más atrayentes y casi diría hipnóticos de España. Se trata de una zona –o mejor dicho tres zonas- de aspecto desértico y en las que, por azares varios de la historia, la naturaleza se encuentra prácticamente virgen: no hay ni ha habido nunca pueblos en su interior y, aunque sí se les ha dado diversos usos, sobre todo agrarios, la intervención humana ha sido mínima.

Aparentemente las Bardenas Reales y los Segway son dos cosas con poco que ver, pero la realidad es justo la contraria: gracias a Fernando Ordovás, de Nataven, conocer ese maravilloso paisaje a bordo de ese divertidísimo vehículo es posible, deseable y desde luego, muy recomendable.

Y les explico por qué, que si no va a parecer que el bueno de Fernando nos está comisionando: el Segway proporciona una experiencia del terreno muy similar a ir a pie o en bicicleta, notamos y disfrutamos los olores, los detalles y los matices de un espacio tan interesante y sorprendente como el semidesierto navarro.

Pero con una ventaja: a una velocidad como la que desarrolla el Segway –no se preocupen por eso, Fernando sólo los pone al máximo cuando el usuario ya se ha acostumbrado al uso, que además es sencillísimo- nos permite recorrer distancias considerables que serían imposible a pie. Así, con tranquilidad y realizando todas las paradas precisas se pueden hacer fácilmente 30 o 40 kilómetros en una tarde... y sin fatigarse.

En resumen, la experiencia de conocer un parque natural absolutamente excepcional mientras conducen en plena naturaleza un vehículo divertido, limpio y muy poco ruidoso les aseguro que es única. Si encima lo hacen en una tarde soleada y primaveral y con un guía capaz de explicarles los secretos y la historia del lugar y de llevarles directamente a los mejores lugares mostrándoles las vistas más espectaculares... será la típica cosa de lo que hablarán muchos años después en plan "¿te acuerdas de ese día que fuimos a las Bardenas y lo bien que lo pasamos?"

Sobrecogedora Bardena Blanca

Las Bardenas, que no Bárdenas –y menos aún Bárcenas, a pesar de que al parecer muchos las llaman así ahora- tienen ese nombre en plural porque son tres zonas diferenciadas: la Blanca, la Negra y el Plano. La más conocida, y quizá la más espectacular, de ellas es la primera, que recibe este nombre porque la mayor parte de ella está compuesta por montes de tierra de un tono claro, casi blanco, que va coloreándose según avanza el día.

Hay también otras zonas en las que la tierra es más rojiza y la el agua y el viento han ido peinando el suelo, que ahora tiene formas caprichosas que vistas desde cierta altura recordarían al borde exterior de un cerebro.

La erosión ha levantado también picos y picachos cuyas laderas parecen cortadas por un artista un tanto enloquecido y con una gigantesca, y afiladísima, navaja barbera. El más llamativo de ellos es, probablemente Castildetierra, ya cerca del final de la Bardena Blanca, un pico terroso que es uno de los puntos más espectaculares del parque natural y uno de esos lugares que, aunque lo hayan visto en mil fotos, seguirán dejándoles boquiabiertos cuando lleguen allí.

Y no dejen de mirar al cielo

Una última peculiaridad de las Bardenas Reales es que en una parte del terreno hay un polígono de tiro del Ejército del Aire, así que hay zonas –no muy grandes, no demasiado interesantes para el visitante ocasional- que están completamente vedadas para el paso de personas.

De hecho, algunos días y como medida de precaución extra hay más partes por las que no se pueden pasar: si los aviones militares están haciendo prácticas de tiro. Si ustedes están allí en esos días puede que se pierdan rincones interesantes, pero a cambio tendrán el espectáculo de las bombas, lo crean o no verdaderamente fascinante.

Segways, naturaleza maravillosa e incluso bombardeos en vivo y en directo... ¿de verdad creen que se puede pedir más?

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