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Gante: la perla de Flandes que hay que conocer

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Un paseo por la bella Gante

Cuando conoces Gante siempre te queda la duda de si la prefieres a ella o Brujas, parece que resulte imposible no compararla con la conocidísima –y bellísima- ciudad que está a sólo 50 kilómetros.

La cosa tiene una parte mala, porque se diría que Gante no logra quitarse de encima la sombra de un destino tan conocido y exitoso, pero también tiene otra buena: no hay tantos lugares de Europa que puedan siquiera admitir la comparación con Brujas y Gante ahí está, incluso por delante en las preferencias de muchos.

Personalmente, y tras darle no pocas vueltas, yo he decidido quedarme con las dos: primero porque no consigo que una me guste más que la otra, cada una en su estilo, como suele decirse; segundo porque no tengo ninguna necesidad de prescindir ni de Gante ni de Brujas, más bien al contrario: juntas son un destino maravilloso para un viaje de unos días que me parece más coherente que otras combinaciones quizá más comunes, como por ejemplo con Bruselas o Ámsterdam, y eso que soy fan de la ciudad holandesa.

El puerto más bonito

Dejo ya de divagar y empiezo a hablar de Gante, que es a lo que hemos venido, y empezaré por contarles que tiene el que es, probablemente, el puerto más bonito que he visto nunca. Se trata por supuesto del antiguo fondeadero en el río Lys, en pleno centro de la ciudad y con casas casi medievales en un lado y de los siglos XVIII y XIX en el otro.

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El Muelle de las Especias, por la noche | C.Jordá

Se llama el Muelle de las Hierbas y se puede contemplar tanto desde los dos puentes a una y otra parte como desde las terrazas y cafeterías de las orillas o, simplemente, sentados al borde del río. Les aseguro que es uno de esos lugares en los que uno puede pasar toda una tarde disfrutando, simplemente, del paso de los transeúntes y de cómo cambia la luz en las fachadas y en la suave superficie del agua.

Desde allí unos pocos pasos nos llevan a otra de las perspectivas más hermosas de la ciudad, con el Campanario y las torres de la Catedral de San Bavón y de la Iglesia de San Nicolás. Un mini-Manhattan medieval surcado por modernos tranvías que no le quitan nada de su encanto

En la Catedral se guarda el que es probablemente el gran tesoro artístico de la ciudad -además del tesoro que es la mole gótica del propio templo-: la Adoración del Cordero Místico, un conjunto de doce tablas de Jan Van Eyck, pintadas en 1432 y que son uno de los ejemplos más bellos de esa etapa de la pintura flamenca en la que ya se empiezan a adivinar las bellezas del renacimiento, pero que no había dejado completamente atrás la majestad del gótico.

Además de la Adoración, en la catedral se pueden ver otras obras de arte importantes en un pequeño museo que ocupa parte una de las naves y tiene un cierto aire improvisado que le da no poca gracia.

Arquitectura variada y diseño

Uno de los encantos de Gante es que hay una sorprendente variedad arquitectónica: la ciudad no se quedó anclada en la Edad Media como Brujas –lo que tiene también tiene su valor, por supuesto- y así casas de distintas épocas se reúnen alrededor de una plaza o, incluso, hay edificios como el Ayuntamiento que en sí mismos juntan partes de distintas épocas y cada una de su padre y de su madre, con un resultado final llamativo pero más armonioso de lo que igual pueden pensar según se lo estoy contando.

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El Pabellón Municipal | C.Jordá

La cosa llega a un punto de exageración en una de estas plazas centrales en las que se ha plantado lo que llaman el Pabellón Municipal, que es simplemente un gran porche para poder hacer actividades al aire libre sin tener que preocuparse por la un tanto inestable climatología flamenca. Es una estructura muy moderna en madera y piedra que estoy bastante seguro de que les chocará, pero que si se mira sin prejuicios también les gustará.

Quizá de ahí, de esa capacidad de mezclar con acierto, venga la relación de la ciudad con el diseño que hoy se condensa en un interesantísimo Museo del Diseño que les sacará de la ensoñación medieval de parte de la ciudad, pero que aún así les recomiendo visitar, tanto por el interés de lo que se expone como por la forma en que está expuesto en un edificio parte del siglo XVIII parte moderno. Se trata de la mejor colección del ramo en Bélgica y, como les digo, merece una visita.

La conexión con España

Y si Gante tiene una conexión interesante con el mundo del diseño desde que a principios del siglo XX se constituyese la Asociación de Industria y Artes Decorativas en la ciudad, aún tiene un lazo mucho más antiguo con España desde que allí naciese en el año 1500 nada más y nada menos que Carlos I.

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La estatua de Carlos I | C.Jordá

Sí, el gantés más conocido de la historia es el monarca español más poderoso de la historia –con el permiso de su hijo-, pero lamentablemente no queda mucho de él en la ciudad, tal y como les conté por aquí hace tiempo: sólo una estatua allí donde estaba el Prinsenhof, el palacio en el que nació y del que sólo es posible ver hoy en día una puerta bajo la que pasamos andando casi sin reconocerla.

Lo cierto es que el olvido de Carlos I tiene cierta lógica no sólo por los cinco siglos que han pasado, sino porque la relación del monarca con su ciudad fue francamente mejorable por culpa de una rebelión local que el propio emperador sofocó y tras lo que sometió a sus conciudadanos a una extraña ceremonia de humillación pública: los hizo desfilar ante él vestidos con unos harapos y con una soga colgando del cuello. De hecho, a sólo un par de centenares de metros de la estatua de Carlos otra extraña figura nos lo recuerda mirando a la vieja puerta del Prisenhof.

Pero todo eso es parte de un pasado que ahora más que otra cosa se celebra en Gante, una ciudad que ha sabido ser a la vez antigua y moderna, que es joven –tiene una importante universidad- y vital sin dejar de ser apacible y que, en suma, ustedes deberían conocer y decidir si les gusta más, lo mismo o menos que Brujas. Porque gustarles les gustará, seguro.

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