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Felipe II, El Escorial y un tren de los de antes

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A El Escorial con el Tren Felipe II

Me gustan los trenes turísticos y cada día me gustan más. Y eso que mi experiencia con ellos es modesta, no se crean que he tenido la suerte de disfrutar del Orient Express o del Transcantábrico, pero aún así, en esta época de altísimas velocidades me resulta algo delicioso recuperar en un viaje la parsimonia que ya nos parece de otros tiempos, aunque lo cierto es que a veces aún lo sea de la nuestra.

Si además el tren turístico es un tren histórico, la cosa cobra un encanto muy especial, difícilmente comparable con cualquier otro medio de transporte aunque sea más rápido, más cómodo o tenga wi-fi.

Es el caso del Tren Felipe II, que nos lleva de Madrid a El Escorial -dónde si no, como diría aquel- con una locomotora de los años 60 de esas viejas diésel que tanto vimos incluso los que empezamos a ir en tren a finales de los 70; y con unos coches preciosos aún más antiguos: de las primeras hornadas que empezaron a circular por España tras la guerra civil.

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El interior del tren | C.Jordá

Vagones de los de pasillo y departamentos con asientos enfrentados, de los de toda la vida, "como en el tren de Hogwarts" me decía mi hija dejando claro cuáles son las referencias culturales hoy en día… Vagones que se unen en un espacio intermedio, una especie de limbo traqueteante con espacios por los que se ve pasar la vía debajo de nuestros pies, con un cuarto de baño en el que también casi todo tiene ese mismo toque vintage.

Ese tren tan bonito empieza su viaje en la estación de Príncipe Pío, una de las tres hermosísimas estaciones decimonónicas que, aunque ya más que reformadas, aún nos quedan en Madrid. Nos recibe un elegante Felipe II a pie de andén, con una breve pero divertida explicación que nos va metiendo en ambiente y el personaje. Después, Felipe nos va saludando en el tren para solaz de los más pequeños, a los que visita vagón por vagón y departamento por departamento para hacer el trayecto un poco más simpático.

En El Escorial

Una vez en El Escorial se pueden elegir varios formatos de visita, desde completamente por libre hasta totalmente guiada e incluso escenificada, con Felipe II en el papel estelar y algún otro protagonista.

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Calle porticada en San Lorenzo de El Escorial | C.Jordá

En nuestro casó nos decidimos por una visita guiada tanto del pequeño casco histórico de San Lorenzo de El Escorial, como del fastuoso Monasterio. La primera es interesante, lo cierto es que solemos visitar la villa sin prestarle ningún caso y merece la pena detenerse un poco.

Lo que pasa es que San Lorenzo tiene la suerte, pero también la desgracia, de estar junto a El Escorial, que es sin ninguna duda uno de los edificios más hermosos y, sobre todo majestuosos, de Europa. Una auténtica maravilla a la que estamos un poco demasiado acostumbrados y que quizá no valoramos en todo su mérito, en toda su belleza, en su impresionante pero al mismo tiempo sencilla grandiosidad.

La visita al interior del monasterio es, no podía ser de otra forma, más que interesante, incluso en un momento como ahora en el que no está abierto el museo de pintura que habitualmente se podía visitar en la planta baja del edificio y que, pese a que sólo recoge los restos de la colección que llegó a decorar el edificio -cuya parte principal está en el Museo de El Prado-, es notabilísima.

Aún así, alguno de estos cuadros se ha recolocado para poder seguir disfrutándolo en nuestro pase por el interior del monumental edificio y supongo que a no mucho tardar volverán a su ubicación habitual.

El Escorial tiene varios puntos de ventaja respecto a casi cualquier otro palacio real: el hecho de que haya en realidad dos palacios de estilos tan diferentes -el de los Austrias y el de los Borbones-, las estancias y lo relativo al monasterio, la impresionante basílica tan herreriana ella…

Y la que para la mayor parte de los visitantes será sin duda la pieza clave: los Panteones de Reyes e Infantes, que desde luego son la parte más llamativa de todo y, quizá, lo que nos hace sentir en un lugar más excepcional o, si me dejan decirlo de otra forma: lo que más nos hace darnos más cuenta de que estamos en un lugar excepcional.

No dejen de visitar tampoco la maravillosa biblioteca, una de las más bellas del mundo, y no tengan prisa en abandonar el lugar: esperen al menos hasta la tarde cuando los rayos de un sol ya de retirada bañan la inmensa fachada y sacan el mejor dorado de la piedra granítica en la que está construido El Escorial.

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La fachada principal del Monasterio | C.Jordá

Miren entonces la enorme construcción y piensen en lo grande que ha llegado a ser el país capaz de algo tan grandioso; mírenla y siéntanse orgullosos; mírenla y disfruten, porque ustedes también son parte de esa historia.

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