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Alemania inesperada: Leipzig de la suciedad y la contaminación al arte y la naturaleza

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Aunque no esté entre las ciudades más visitadas de Alemania, Leipzig es una interesante urbe que ha sabido cambiar y mejorar como pocas.
Leipzig: Alemania sorprendente

Si se tiene la oportunidad de conversar con un habitante de Leipzig que tenga la suficiente edad para recordar como era la ciudad antes de 1989, cuando aún era una de las más grandes de la Alemania comunista que tan irónicamente se llamaba a sí misma democrática, con toda probabilidad le hablará de una urbe extremadamente sucia, con su río cubierto de residuos y, sobre todo, con una contaminación atmosférica brutal.

"Un sólo Trabant -el popular utilitario que era prácticamente el único coche al que podían acceder los alemanes del Este- dejaba un olor asqueroso a combustible junto al semáforo hasta minutos después de haber arrancado", nos contaba un guía recordando su infancia. A esto había que añadir el humo de las centrales térmicas que alimentaban las inmensas y muy cercanas minas de carbón a cielo abierto, que llegaban prácticamente a las afueras de la ciudad y ya se habían tragado, literalmente, algunos pueblos de los alrededores.

Hoy, sin embargo, alguien que recorriese la ciudad y no conociese la historia y el cambio que supuso ese fundamental año 89 apenas podría creerse esos relatos a la vista de un Leipzig limpio, próspero y que, además, ha encontrado un curioso y precioso equilibrio con la naturaleza.

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Augustusplatz, el centro de la ciudad | C.Jordá

Me lo explica mi amigo Luis I Gómez que vive allí desde hace muchos años: me habla de Lepizig como "mi ciudad ideal" y me da razones como "su tamaño medio" o lo fácil que es "acceder a la naturaleza desde casi cualquier punto", además de que tiene "un entorno envidiable" en el que "disfrutar de bosques, lagos…". También elogia la cultura y "la música" y me recuerda la relación histórica con "Bach y Mendelssohn" de una ciudad que es "abierta y cosmopolita" y en la que "todo es posible". En fin, como ven un elogio en toda regla.

Un centro histórico no demasiado histórico

Como en muchas ciudades alemanas el centro histórico de Leipzig, agrupado alrededor de la Augustusplatz, nunca volvió a ser tras la II Guerra Mundial lo que había sido en el pasado. Aún así, hay una zona hermosa de calles peatonales, muy agradables y con algunos edificios muy bellos que sí lograron salvarse o reconstruirse, como la espectacular estación de tren -que tiene fama de ser una de las más grandes y hermosas de Alemania-, el antiguo ayuntamiento o la preciosa galería comercial cubierta que es el Mädler Passage.

El viajero atento enseguida notará ese peso de la cultura y especialmente de la música del que nos advertía Luis I. Gómez: en la propia Augustusplaz se miran frente a frente las grandes sedes de la Filarmónica y la Ópera, cinco minutos allá la Iglesia de San Nicolás, una de las de las que Johann Sebastian Bach era director musical y en la que se estrenó su Pasión Según San Juan. El genial compositor -según la modesta y no muy documentada opinión de quien esto escribe el más grande de la historia- dirigía también la Iglesia de Santo Tomás, en la que está enterrado y sólo por seguir su pista valdría la pena viajar a Leipzig.

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La ópera de Leipzig | C.Jordá

San Nicolás en particular y Leipzig en general son también un punto importante en un viaje del que les hablé hace algún tiempo y que es más que interesante: la ruta de los lugares en los que los alemanes del Este se levantaron contra la dictadura opresiva que los había sumido en la miseria en más de un sentido, pues fue allí y alrededor de la famosa iglesia donde empezaron la manifestaciones contra el régimen comunista.

Una cultura del siglo XXI

Pero Leipzig no se ha querido dormir en sus glorias culturales del pasado y hoy es una de las ciudades con una vida artística más intensa e interesante de Alemania, en buena medida gracias a dos centros en los que se ha logrado unir el legado industrial de la urbe con la creación más actual.

El primero de ellos es la Kunstkraftwerk, una curiosa sala de exposiciones instalada en la antigua planta eléctrica que proporcionaba energía a los tranvías de la ciudad que se dedica a instalaciones de videoarte.

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Videoarte en la Kuntskraftwerk. | C.Jordá

Las viejas salas como de factoría del complejo resultan ser un espacio perfecto para espectáculos -u obras de arte- inmersivos que se proyectan a nuestro alrededor y en los que estamos literalmente sumergidos. El efecto es realmente llamativo, hermoso y, sobre todo, una experiencia de contacto con el arte muy peculiar y satisfactoria.

El segundo lugar clave en esta escena cultural de vanguardia está a unos minutos andando de la Kunstkraftwerk y tiene, cómo esta pero aún más, un interés arquitectónico notable por sí misma: se trata de la antigua Baumwollspinerei, una gigantesca fábrica de punto de algodón que sobrevivió milagrosamente a la II Guerra Mundial y, gracias entre otras cosas a la dejadez propia del comunismo, aún hoy es un precioso ejemplo de arquitectura industrial.

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La preciosa arquitectura industrial de la Spinerri | C.Jordá

Se lo llama Spinerei, supongo que para abreviar su germanísimo pero eterno nombre original, y es algo así como un barrio cultural en el que hay espacios para exposiciones, galerías, tiendas -sobre todo de artesanía y diseño, como es lógico-, estudios de artistas, compañías de teatro o de danza… Es un ambiente peculiar pero interesante, sobre todo mezclado con esa arquitectura industrial, cruda y en parte como inacabada -sobre todo en los interiores- que me encantó y me pareció la mar de fotogénica.

Naturaleza en la parada del autobús

Hablaba Luis I. Gómez del acceso fácil a la naturaleza y realmente esa es sin duda una de las virtudes de la Leipzig actual. Una naturaleza que, además, en ocasiones tiene un origen totalmente inesperado, como en los grandes lagos que hay al sur de la ciudad, accesibles incluso con los autobuses urbanos.

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Uno de los lagos al sur de Leipzig | C,Jordá

Culpables en parte de la contaminación de la que les hablaba al principio, donde hoy hay enormes y bellas extensiones de agua había no hace tanto minas de carbón a cielo abierto. La transformación es brutal y el resultado es espectacular: a sólo unos kilómetros del centro la zona permite practicar deportes náuticos, dar relajantes paseos en barco o, simplemente, contemplar una naturaleza exuberantemente bella, a pesar de su origen artificial.

Al conocerlos estos lagos me parecieron una excelente metáfora de la propia Leipzig: lo que antes era una cicatriz causada por la habitual voracidad e inoperancia de los regímenes comunistas hoy resurge como un lugar idílico; y la ciudad que era una cochambre contaminada y sucia ahora es ideal para vivir y, muy especialmente, para conocer esa Alemania un poco fuera de las rutas turísticas más clásicas, pero que tiene muchísimo que ofrecer.

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