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Hudson Yards: el Nueva York más nuevo que encantará a los viejos amantes de la Gran Manzana

La capacidad de Manhattan para reinventarse es una de las características más llamativas de Nueva York: la ciudad cambia, mejora, crece, se expande y a veces se contrae sin dejar de ser ella misma, sin dejar de tener un carácter definido del que ese cambio es, sin duda alguna, uno de los ingredientes más importantes.

Actualmente uno de los epicentros de esa transformación está al oeste de la isla, más allá de la Décima Avenida, en una zona que se denominaba Far West Side y que ahora es un barrio nuevo -tan nuevo como que aún está en construcción- que se llama Hudson Yards.

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Cork: quizá no sepas muy bien por qué, pero querrás quedarte

Desde lo alto del campanario de la Iglesia de Santa Ana se ve prácticamente todo Cork y se puede percibir su pasado -aún su presente en parte- de ciudad portuaria e industriosa. No es, desde allí, una de esas perlas de belleza perfecta, una de esas ciudades que parece de anticuario, pero los distintos barrios y como se van adaptando a los diferentes terrenos -allá siguiendo el perfil del río, acá subiendo por las colinas- dibujan un paisaje urbano que resulta muy interesante.

El campanario tiene un sistema de cuerdas un tanto rudimentario pero con el que se pueden tocar canciones muy conocidas con las campanas y es una de las atracciones turísticas más curiosas de Cork, una ciudad -la segunda más grande de Irlanda- que diría que hasta ahora no ha recibido mucha atención del turismo. De hecho, algún 'experto' me dijo una vez que "en Cork no hay nada" y tuve que ir hasta allí para comprobar que no, que en Cork hay muchas cosas… aunque quizá haya que mirar más de cerca.

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Almagro: cuando lo popular llega a la perfección

Aunque hace ya algún tiempo les recomendé conocer el Festival de Teatro de Almagro, me había quedado con las ganas de hablar de la propia localidad. Entre unas cosas y otras ha pasado mucho tiempo, pero no quería dejar de hacerlo, básicamente porque de verdad que me parece una de esas joyas de nuestro país que es imprescindible conocer.

Almagro está en el Campo de Calatrava, una zona de La Mancha que no conocía cuando fui allí para el Festival. De hecho, no conocía la provincia de Ciudad Real, a la que he viajado desde entonces y que me ha causado una impresión excelente: realmente creo que es una de las grandes y más injustamente desconocidas de nuestro país.

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Tres ciudades clave en la caída del Muro de Berlín y cómo han cambiado a mejor desde entonces

Hace 30 años ya que vivimos uno de los acontecimientos más importantes en la segunda mitad del siglo XX y, además, uno de los más felices: de una forma inesperada y con una rapidez sorprendente se derrumbaron los regímenes comunistas que sojuzgaban a media Europa, cayó el Telón de Acero y, en su momento más simbólico, se echó abajo el Muro de Berlín tras unas protestas que se han dado en llamar la Revolución Pacífica.

Por razones obvias, probablemente Alemania sea el sitio en el que podemos acercarnos más y mejor a ese momento histórico -quizá también en sitios como Gdansk, pero no lo conozco- y, sobre todo, en el que mejor se pueda admirar el cambio que han supuesto estos 30 años.

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San Sebastián y su bellísima playa de la Concha: una joya del norte de España

He estado varias veces en San Sebastián y la ciudad siempre me ha transmitido una sensación de agradable inmutabilidad: aún a pesar de que sé positivamente que esto no es cierto, uno va y vuelve años después y la capital de Guipúzcoa parece no haber cambiado en nada.

Es como si se hubiese esforzado en respetar mi recuerdo de ella y eso es algo que me gusta, la verdad, y que a mis 46 años cada vez es más infrecuente.

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Mont-Saint-Michel: cuando esa belleza de postal que parece imposible es aún mejor en la realidad

El Mont-Saint-Michel es uno de esos destinos que te da un poco de miedo conocer: en un lugar que es tan hermoso, cargado de magia y del que has visto tantas fotografías maravillosas siempre corres el riesgo de llegar allí y que de alguna forma te decepcione, que no esté a la altura de las enormes expectativas.

Así que empecemos por aclarar ese extremo: no, Mont-Saint-Michel no es decepcionante, es más: no sólo no te decepciona sino que te deja, literalmente, con la boca abierta y, por mucho que lo hayas visto en postales, fotografías o documentales, impresiona. De hecho, empieza a impresionar desde lejos, cuando en la distancia se ve el enorme peñón más allá de la bella costa normanda: una presencia lejana pero imponente, que a muchos kilómetros deja claro que es algo importante.

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La Orotava y Puerto de la Cruz: dos tenerifes distintos en sólo seis kilómetros

Desde la azotea del encantador Hotel Rural Victoria se ve casi toda La Orotava bajando la ladera montañosa en la que se encuentra y con el mar de fondo. Estamos bajo el manto de nubes que rodea tantas veces al Teide, pero al fondo se ven el cielo azul y un océano que va del verde a otro tono azul, marino y bellísimo.

Es una tarde tranquila, hemos comido de maravilla en el restaurante del hotel y la isla de Tenerife nos sonríe mostrándonos una cara gourmet y simpática que nos hace sentir privilegiados bon vivants. Y lo cierto es que eso es exactamente lo que somos, al menos en ese momento.

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Memorial y Museo del 11-S: así recuerda Nueva York su trauma y a sus héroes

En pleno sur de Manhattan, allí donde la isla más famosa del mundo se empieza a estrechar entre gigantescos edificios de oficinas, dos grandes solares vacíos abren sendos espacios de extraña claridad, diáfanos como pocos en Nueva York. Dos huecos en los que, en lugar de una masa de acero y cristal emergiendo virulentamente hacia el cielo, vemos como el suelo se hunde, creando un vacío insólito.

Son los emplazamientos exactos que ocupaban las Torres Gemelas derribadas en los atentados del 11 de septiembre de 2001, convertidos ahora en el memorial que la ciudad les ha dedicado: dos cuadrados perfectos de piedra negra en los que se precipita el agua como en una finísima catarata, formando estanques desde los que vuelve a caer en un agujero aún más negro, se diría que sin fondo.

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Londres desde lo más alto: la increíble experiencia de The Shard

Pocas ciudades del mundo tienen la capacidad de unir lo nuevo y lo viejo con la habilidad de Londres –quizá sólo Nueva York, pero allí "lo viejo" es bastante menos viejo–, una urbe que se reinventa a sí misma constantemente y que en ese proceso transmite una vitalidad inaudita y, por supuesto, apasionante.

Incluso en estos tiempos de tribulación en los que el Reino Unido parece haber perdido el temple que lo ha hecho una de las naciones más importantes de la historia, Londres sigue ahí, a toda máquina, expandiéndose, creciendo, cambiando, renovándose… y por supuesto sin dejar de ser la vieja Londres de siempre.

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Dinosaurios, ciencia, arqueología o arte: cuatro museos por los que vale la pena ir a Cuenca

Como les pasa a todas las ciudades que están a una distancia razonable de Madrid, el turista puede tener la tentación de visitar Cuenca en un único día: llegar por la mañana, ver apresuradamente lo más destacado o lo más conocido de la ciudad y volverse a toda prisa a la capital, como si nos diera miedo la oscuridad.

Es un error tremendo -y que conste que yo mismo me confieso pecador, porque lo he hecho en más de una ocasión- porque Toledo, Ávila, Segovia o la propia Cuenca -oigan, ¡qué póquer de destinos!- merecen conocerlas con más calma, verlas de noche, disfrutar de su gastronomía y de esa otra cara que las ciudades ofrecen después de la puesta de sol.

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