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La Selva Negra o cuando la belleza es tan impactante como accesible

No, probablemente en la mayor parte de la Selva Negra no podemos hablar de naturaleza salvaje, a pesar de las connotaciones de la palabra "selva", pero sí se puede hablar de auténtica naturaleza, pura, bella y con una cualidad que no es tan habitual: completamente accesible para todos, desde las familias con hijos hasta las personas mayores pasando hasta por los que tengan problemas de movilidad.

No es una naturaleza salvaje, no, es un hábitat un tanto domesticado, pero deliciosamente domesticado y sin que eso haya perjudicado ni un ápice su belleza ni impida lo más mínimo el contancto con la naturaleza. Más bien al contrario: la intervención humana se ha quedado en un punto perfecto para disfrutar más la belleza de lo que nos rodea, para llenar nuestros pulmones de aire puro casi sin esfuerzo.

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Calatrava la nueva: la España que va de las Cruzadas a Juego de Tronos

Visitando Calatrava la Nueva hace unas semanas lo primero que pensé es que parecía uno de los espectaculares escenarios en los que se graba en ocasiones Juego de Tronos. Sé que a muchos de ustedes les parecerá que una serie de televisión es una cosa muy banal para hablar de una fortaleza que tiene unos ocho siglos, pero creo que a muchos otros que sí hayan seguido las aventuras de los personajes de George R.R. Martin y les da una idea de qué tipo de lugar estoy hablando.

De hecho, descubro a posteriori que no soy el único que ha pensado en este imponente castillo de Aldea del Rey, en Ciudad Real, como un escenario para Juego de Tronos: tanto es así que, aunque por ahora no se ha llegado a usar, lo cierto es que sí ha sido evaluado por los responsables de la serie y quién sabe si no lo veremos todavía en su octava -y última- temporada, vista la predilección que está mostrando el equipo de HBO por rodar en nuestro país.

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El milagro de vivir el teatro en el Festival de Almagro

Que un pueblo –o bueno, ciudad, que para eso tiene el título- de sólo 9.000 habitantes ofrezca un domingo de julio cuatro o cinco representaciones teatrales de primer nivel, además de exposiciones, tertulias, charlas… podría situarse en el terreno de la ciencia ficción de no existir Almagro y su Festival Internacional de Teatro Clásico, un milagro que viene repitiéndose cada mes de julio durante los últimos 40 años, pues en este 2017 cumple cuatro décadas.

Este pasado fin de semana he tenido la oportunidad de conocer tanto Almagro como el propio festival, en lo que ha sido un viaje más que recomendable en el que hemos mezclado gastronomía, monumentos, paisaje manchego, arquitectura popular y, por supuesto, teatro, puro teatro, como decía el viejo bolero.

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La dura pero apasionante guerra entre Holanda y el mar

En Holanda se conservan registros de inundaciones catastróficas desde el siglo XII. Probablemente eso quiere decir que ya antes las hubo, pero al menos se pueden constatar con seguridad unos 900 años de catástrofes que, cada cierto tiempo, arrasaban el pequeño país y causaban cifras desproporcionadas de muertes.

Así que los holandeses de las distintas épocas han venido luchando contra el mar la guerra más larga que haya vivido Europa, casi un milenio, dando prueba de ser un pueblo ingenioso, emprendedor y, todo hay que decirlo, bastante cabezota.

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Dordrecht, el lugar donde encontrar esa típica y bella Holanda que están buscando

Lo más sorprendente de Dordrecht, al menos para unos ojos básicamente de secano como los míos y, supongo, los de la mayoría de ustedes, es encontrarse casi en cualquier rincón con el agua. No es sólo que la ciudad sea en realidad una isla entre los grandes ríos en los que el Rin, el Mosa y el Escalda se deshacen camino del mar, es que cada dos calles nos topamos con un canal y de cada tres plazas una es en realidad un pequeño –o no tan pequeño- puerto en el que se amontonan docenas de barcos, en ocasiones mucho más que botes de pesca.

Además, no crean ustedes que tanta agua y tanto barco son meramente decorativos o un asunto de fin de semana: los puentes levadizos se abren y se cierran continuamente ante los ojos pacientes de conductores y ciclistas; y el trasiego de buques y barcazas de carga es continuo en las abundantísimas aguas del Merwede, tal y como yo mismo lo contemplaba desde los amplios ventanales del excelente restaurante del Bellevue Groothooft, uno de los hoteles más interesantes de la ciudad.

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Nuremberg: pura Alemania

El viejo Puente del Verdugo cruza el río Pegnitz en uno de los rincones más hermosos de Nuremberg y, si me apuran, de prácticamente cualquier ciudad alemana. Las aguas, retenidas un poco más adelante, reflejan el puente y la torre del Verdugo y el gran almacén de grano a su lado y entre los clics de los turistas que se hacen ordenadamente fotos en el lugar uno se imagina que así de bella debió de ser toda la ciudad -y quizá toda Alemania- algún día.

Una belleza que sigue guardando en no pocos rincones que han sobrevivido al tiempo y las catástrofes: sus iglesias, sus otros puentes, las espléndidas murallas, las plazas llenas de encanto… La ciudad, en suma, es muy interesante y muy disfrutable, especialmente si tienen ustedes la suerte de conocerla durante su famoso Mercado de Navidad, todo un mes en el que el centro de la ciudad se convierte en un enorme espacio entregado a las tradiciones y al espíritu navideño.

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Los increíbles palacios y las hermosas sorpresas que esconde Madrid

En algunos casos una fachada elegante pero austera hace que ni imaginemos las bellezas que puede encerrar un edificio en el casco histórico de Madrid; en otras ocasiones la elevada valla de una institución oficial o de un organismo privado nos hacen pensar que nunca podremos conocer ese hermoso palacete, pero lo cierto es que hay oportunidades para hacerlo, especialmente durante estos meses de mayo, junio y julio, gracias a un programa que desarrolla la Comunidad de Madrid llamado, con bastante tino, Bienvenidos a Palacio.

Sedes de empresas, organismos oficiales, embajadas… que normalmente están cerradas al público o son difícilmente accesibles abren sus puertas para disfrute –y sobre todo sorpresa- de los madrileños.

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Dos ciudades santas para Semana Santa: la Roma de San Pedro y del Vaticano

Roma es, probablemente, la ciudad más bella del mundo: la acumulación de arte y arquitectura es brutal en un casco antiguo enorme. Todos los grandes artistas de la historia han pasado –y dejado su huella- por la capital italiana y conocerla es una sucesión de momentos Stendhal difícilmente igualable.

Sin embargo, quizá el momento que más recuerdo del viaje en el que conocí Roma, hace ya unos cuantos años, no tuvo una relación directa con esta explosión de belleza, o al menos no directa del todo.

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Dos ciudades santas para Semana Santa: la Jerusalén en la que Cristo murió en la cruz

Me gustaría empezar este artículo alejándome del tópico de Jerusalén como ciudad espiritual, pero tras un buen rato de darle vueltas a la cosa tengo que rendirme: creo que no hay un lugar en el mundo en el que la Fe –sea la que sea- se convierta en algo tan palpable, tan respirable, en algo que para bien o para mal lo impregna casi todo.

El asunto va mucho más allá de las propias creencias: el peso de la tradición, de la historia y también de los sentimientos de los demás son tan grandes que es imposible abstraerse de esa ola espiritual que lo anega todo y que en una fechas como la Semana Santa debe ser –nunca he tenido la suerte de estar allí durante estos días- absolutamente impresionante.

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Chartres: con ustedes su majestad el gótico

A poco más de una hora en coche de París, Chartres es una opción obvia para aquel que visite la capital francesa y quiera acercarse un poco a esa Francia de provincias que no sólo es absolutamente deliciosa, sino que es en cierto sentido más auténtica y más francesa que la propia metrópoli cosmopolita.

Por supuesto, tal y como la mayor parte de ustedes sabrán, lo que pone a Chartres en el mapa turístico –que expresión más fea, por cierto- es su maravillosa catedral de Notre Dame, uno de esos monumentos impactantes e inolvidables. Ya desde lejos, cuando te acercas a la ciudad a través de la llanura que la rodea la catedral se alza en lo alto de la pequeña colina a la que trepa todo Chartres, visible desde kilómetros de distancia y demostrando de forma inmejorable el poder que tenía aquella Iglesia capaz de hacer esas maravillas a aquellos que trabajado en el campo o andando por los caminos la podían ver, orgullosa y altiva, todos los días de su vida.

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