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Dos ciudades santas para Semana Santa: la Roma de San Pedro y del Vaticano

Roma es, probablemente, la ciudad más bella del mundo: la acumulación de arte y arquitectura es brutal en un casco antiguo enorme. Todos los grandes artistas de la historia han pasado –y dejado su huella- por la capital italiana y conocerla es una sucesión de momentos Stendhal difícilmente igualable.

Sin embargo, quizá el momento que más recuerdo del viaje en el que conocí Roma, hace ya unos cuantos años, no tuvo una relación directa con esta explosión de belleza, o al menos no directa del todo.

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Dos ciudades santas para Semana Santa: la Jerusalén en la que Cristo murió en la cruz

Me gustaría empezar este artículo alejándome del tópico de Jerusalén como ciudad espiritual, pero tras un buen rato de darle vueltas a la cosa tengo que rendirme: creo que no hay un lugar en el mundo en el que la Fe –sea la que sea- se convierta en algo tan palpable, tan respirable, en algo que para bien o para mal lo impregna casi todo.

El asunto va mucho más allá de las propias creencias: el peso de la tradición, de la historia y también de los sentimientos de los demás son tan grandes que es imposible abstraerse de esa ola espiritual que lo anega todo y que en una fechas como la Semana Santa debe ser –nunca he tenido la suerte de estar allí durante estos días- absolutamente impresionante.

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Chartres: con ustedes su majestad el gótico

A poco más de una hora en coche de París, Chartres es una opción obvia para aquel que visite la capital francesa y quiera acercarse un poco a esa Francia de provincias que no sólo es absolutamente deliciosa, sino que es en cierto sentido más auténtica y más francesa que la propia metrópoli cosmopolita.

Por supuesto, tal y como la mayor parte de ustedes sabrán, lo que pone a Chartres en el mapa turístico –que expresión más fea, por cierto- es su maravillosa catedral de Notre Dame, uno de esos monumentos impactantes e inolvidables. Ya desde lejos, cuando te acercas a la ciudad a través de la llanura que la rodea la catedral se alza en lo alto de la pequeña colina a la que trepa todo Chartres, visible desde kilómetros de distancia y demostrando de forma inmejorable el poder que tenía aquella Iglesia capaz de hacer esas maravillas a aquellos que trabajado en el campo o andando por los caminos la podían ver, orgullosa y altiva, todos los días de su vida.

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Varsovia: medieval, judía, soviética, polaca, moderna

Ahora que ya nos encaminamos a la primavera les quiero hablar del viaje que hice a Varsovia a finales del otoño y lo que me pareció la capital polaca, en cierto modo la primera ciudad soviética, entiendan ustedes el término, que he tenido la oportunidad de conocer.

A ese respecto, en realidad hay que puntualizar que la capital de Polonia es en realidad una ciudad que tiene varias almas: por un lado una más polaca, diría que un tanto centroeuropea a los ojos de alguien que, como yo, no conoce bien Centroeuropa. Otra, de después de la guerra, es la comunista, incluso estalinista: una de esas ciudades de anchísimas avenidas y enormes edificios grises que eran tan del gusto de las nomenclaturas más allá del Telón de Acero. Pero también hay una Varsovia judía, otra reconstruidamente medieval y, ya por fin, el viajero  probablemente va a percibir en los nuevos rascacielos, en los cafés, en las tiendas y en algunos museos una Varsovia que ya está en el siglo XXI, moderna y tranquilamente europea.

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Trujillo o la medida de lo grande que fue España

Cuando llegas a Trujillo y después de no callejear demasiado desembocas en esa maravillosa Plaza Mayor –sin duda una de las más bonitas de España- te crees que la cosa no pude dar mucho más de sí: parece imposible que un pueblo grande o una ciudad pequeñita –elijan lo que más les guste- tenga aún más que ofrecer al viajero que la desbordante belleza de lo que ya está al alcance de nuestros ojos: los palacios, la iglesia, la estatua, las torres, las escaleras…

Pero lo cierto es que en cuanto abandonas la plaza –hay que hacer un esfuerzo- entras de lleno en el casco viejo mejor conservado que recuerdo en España: calles y calles llenas de murallas, casas solariegas, plazuelas increíbles y viejas iglesias. Sin nada que nos saque de ese pasado que reflejan todas las fachadas, casi todas las piedras y me atrevería a decir que hasta el desgastado empedrado sobre el que las personas y los coches avanzan no sin cierta dificultad.

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Masada y el Mar Muerto: donde Israel se vuelve increíble

Incluso en un país tan pequeño como Israel Masada está lejos: dos horas de autobús desde Tel Aviv en las que uno tiene la sensación de recorrer casi un continente empezando por la gran ciudad moderna y terminando en el desierto absolutamente árido, pero además pasando entre medias por las pequeñas aldeas o por zonas casi boscosas.

Lo mejor, no obstante, empieza cuando en mitad de una pronunciada pendiente la carretera deja su derecha una vistosa señal que marca el nivel del mar. A partir de ahí nos adentramos no sólo en un desierto que cada kilómetro parece más árido y más agresivo, sino en un terreno que tiene algo de mágico, ya que no de desconocido: las profundidades del punto más bajo que alcanza la tierra firme en todo el planeta.

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Núremberg: la mejor lección de historia sobre el nazismo

¿Cómo gestionas haber sido la ciudad fetiche del Partido Nazi? ¿Cómo le dices a tus hipotéticos visitantes que “aquí Hitler y sus amigos hacían sus grandes fiestas y encuentros”? No parecía una tarea fácil para Núremberg que, sin embargo, la ciudad bávara parece haber resuelto con brillantez.

También es cierto que había buen material para acometer la tarea: la ciudad tiene un centro histórico bellísimo por el que es una auténtica gozada pasear y acontecimientos con un innegable y blanco encanto, como el Mercado de Navidad que pude conocer este año y que les aseguro que es una delicia.

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Los lugares a los que me gustaría viajar en 2017

Nunca les había contado esto, pero hoy les voy a hablar de los destinos a los que me gustaría viajar en este año que está a punto de comenzar. Algunos son deseos imposibles, otros sólo son difíciles y tengo ciertas esperanzas de que se cumplan e incluso los hay de los que ya sé positivamente –o al menos estoy bastante seguro- que formarán parte de mi agenda, así que esto no es sólo una carta sin esperanza a los Reyes Magos –grandes viajeros, por cierto- sino que tiene algo de mapa por venir.

Empezaremos por dos clásicos entre mis viajes a los que tengo intención de volver este año: Irlanda e Israel. Sí, no tienen otra relación entre ellos que ser mis destinos favoritos de los últimos tiempos y que espero volver este año y poder explorarlos aún mejor. Quizá adentrarme en el desierto en el pequeño país hebreo, quizá recorrer la Costa Celta de Irlanda, uno de los rincones de la isla que aún no conozco.

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Skellig Michael, un lugar de Irlanda en el último confín de la galaxia

El día que vi en el cinela última entrega de Star WarsEl despertar de la fuerza, quedé impresionado por el escenario en el que transcurría la escena final de la película. Esa isla lejana, en el último confín de la galaxia, con un paisaje alucinante y tan remota como para ser el escondite de un Jedi.

Enseguida pensé que se trataba de algún punto de Irlanda, había algo familiar en aquel lugar, pero también pensé que seguramente el paisaje natural había sido modificado con algunos efectos de imagen para hacerlo más espectacular.

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Toledo no se acaba nunca

Tenía la tentación de titular este artículo algo así como ¿y qué les voy a contar de Toledo? Porque desde cierto punto de vista me parece que la ciudad imperial es un destino del que ya poco o nada se puede descubrir. Pero lo cierto es que después de haberla visitado con un poco más de detenimiento tengo la impresión de que de Toledo aún podemos contar mucho porque, en realidad, solemos visitarla con prisa, superficialmente, sin apenas profundizar en la inmensidad que es esa ciudad pequeñita y tan cercana que parece que no le hacemos caso pero que, si queremos, no se acaba nunca.

Puede que la ciudad no se acabe pero sí hay un sitio perfecto en el que empezar: la carretera al otro lado del Tajo y hacia el Parador que nos ofrece la bellísima vista de la ciudad desde lo alto, con la curva del río en primer plano y Toledo coronada por las grandes moles de Catedral y Alcázar.

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