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Cabárceno, un pedacito del África y la Europa más salvajes al lado de Santander

En sus casi treinta años de historia Cabárceno ha logrado labrarse lo que podríamos denominar un nombre y lo ha hecho con notable éxito: creo que muy pocos españoles de un nivel cultural medio desconocerán por completo qué es esa especie de zoológico diferente que está cerca de Santander.

Es una fama merecida: Cabárceno es un lugar muy especial por varias razones y, realmente, me parece un destino imprescindible tanto para los amantes de la naturaleza y la fauna como para los que, como es mi caso, tampoco nos volvemos locos por ver bichos en un zoo.

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Friburgo o cómo ser una de las ciudades medievales más bonitas de Suiza sin convertirse en un museo

A la mayor parte de los viajeros en Friburgo les sorprenderá comprobar cómo por el Puente de Berna, que tiene casi 800 años nada más y nada menos, pasan aún no sólo los coches particulares que esperan su turno en silenciosa y ordenada fila, sino también los autobuses de la ciudad, que se diría que no van a caber por el estrecho y bajo pasillo de madera antigua.

A mí también me llamó la atención, por supuesto, pero unos días después le veo a la cosa no sé si una cierta lógica o un curioso simbolismo: Friburgo se niega a dejar de usar su puente medieval de madera porque, al fin y al cabo, ese trajín de vehículos es para lo que fue construido, igual que Friburgo no hace de su centro una zona completamente peatonal como esas tan de moda en toda Europa porque es una ciudad que quiere ser vivida, no sólo admirada por turistas.

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Carcasona en Francia: un paseo por la Edad Media más espectacular

Uno de los momentos gloriosos de mi descubrimiento del sur de Francia el pasado otoño fue Carcasona, y eso a pesar de que llegué a la ciudad medieval bajo un auténtico diluvio que amenazaba por hacer imposible ver otra cosa que el interior de los bares y las cafeterías.

Pero mientras aparcaba lamentándome de mi negra suerte se produjo el pequeño milagro: de los auténticos chuzos de punta pasamos a unas pocas gotas inofensivas que más tarde incluso dejaron paso a su vez a un amenazante cielo encapotado que acabó incluso por abrirse y dejar pasar algo de sol.

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Parque Natural del Valle de Alcudia y Sierra Madrona: allí donde La Mancha se convierte en un vergel

Personalmente, me gusta el paisaje árido y minimalista de La Mancha: las amplias extensiones de terreno en las que los cambios son sutiles, donde aprecias el valor de un único árbol, en las que los colores se presentan intensos y parecen combinados por alguna mente genial, gigantesca y de paleta un poco quijotesca.

Conozco bien ese paisaje manchego y me deleito con él cada vez que lo visito o simplemente lo atravieso para ir de Madrid a casi cualquier punto del sur o del este de España, por eso cuando conocí el sur de Ciudad Real me llevé algo más que una sorpresa: allí el paisaje se ondula en colinas suaves, cada vez más altas, y va cambiado los tonos ocres y amarillos por otros más verdes -aunque La Mancha también es verde cuando así lo decide el trigo-, los árboles son cada vez más abundantes y, por momentos, parece que estemos en otra España o, al menos, en otra Castilla.

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Plasencia: de lo mejor de Extremadura, que es como decir de lo mejor de España

Pocas ciudades españolas -o de cualquier otro lugar- pueden presumir de tener dos catedrales, incluso aunque ninguna de las dos esté acabada; y además unas murallas; y además un acueducto; y además un casco antiguo precioso… Bien, pues Plasencia puede, aunque a mí se me queda la sensación de que no lo acaba de hacer: todos tendríamos que saber lo mucho y bueno que se puede encontrar allí, pero lo cierto es que, o al menos esa es mi percepción, no se sabe mucho.

Visité Plasencia el pasado verano durante mi viaje por las juderías de Extremadura. Aunque ya había pasado por allí una vez en una de esas ocasiones en las que la prisa y la excesiva compañía no te dejan conocer un sitio. Pero cuando por fin pude dedicarle sólo una parte del tiempo que merece la verdad es que me lleve una sorpresa: ¡la de cosas que se pueden ver y disfrutar en Plasencia!

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Gougane Barra: donde Irlanda se convierte en un cuento de hadas

Llegué a Gougane Barra bajo una lluvia fría y fina, con la niebla unos metros por encima del valle, amenazando con cubrirlo todo de un momento a otro. Puesto que uno siempre viaja como un profesional, en ese momento me preocupaba si podría sacar las fotos para hacer este reportaje, pero más allá de esa preocupación el momento era bellísimo, mágico y completamente irlandés.

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El lago de Gougane Barra | C.Jordá

Gougane Barra, es el momento de explicarlo, es un Parque Forestal Nacional que está en el Condado de Cork, en el sur de la isla, pero en el extremo oeste del condado, ya cerca de la costa más salvaje de la Irlanda y de las bellísimas penínsulas del suroeste. Fue el primer lugar del país en recibir esa distinción, lo que nos da una idea de su belleza en una isla que si de algo no se queda corta es de maravillas naturales.

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Monasterio de Piedra: otra de las muchas maravillas que esconde España

Por razones tan banales que no vienen ahora al caso, el Monasterio de Piedra es uno de esos lugares a los que he querido ir desde muy niño pero al que, por estas cosas que tiene la vida, aún no había tenido oportunidad conocer.

Lo cierto es que es el típico sitio de España que siempre te queda un poco a trasmano, uno de esos lugares maravillosos, sorprendentes y algo lejanos -en realidad está a sólo unos 220 kilómetros de Madrid, pero no está cerca prácticamente de nada- tan abundantes en nuestro país.

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Villanueva de los Infantes: el lugar de la Mancha donde los caballeros nacían y los poetas morían

Muchos de ustedes no conocerán Villanueva de los Infantes, pero resulta que este pueblo manchego es el escenario inicial de la más importante obra literaria de la historia del español: es nada más y nada menos que el lugar de la Mancha del que Cervantes, vaya usted a saber por qué -hay quién dice que por haber pasado una temporada en la cárcel justo allí-, no quiso acordarse.

Lo descubrieron hace no demasiado tiempo unos científicos estudiando los escenarios reconocibles de El Quijote y los viajes que Cervantes sí describía, y calculando hasta el paso del asno de Sancho Panza. Desde entonces nadie se ha atrevido a un estudio científico similar con el que arrebatar a Villanueva de los Infantes un mérito que, por otra parte, tampoco es que necesitase para ser uno de los pueblos más bonitos de España.

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Allí donde terminaba Roma y empezaban los bárbaros: el Limes romano en Alemania

Hace un par de milenios había una línea que separaba el mundo civilizado de la barbarie –aunque civilización y barbarie fuesen entonces términos relativos-, algo así como el Muro de Juego de Tronos o, si le preguntásemos a Trump, el muro que quiere terminar en la frontera con México.

Era el Limes, el último confín del Imperio Romano, la mayor frontera de la antigüedad y hoy en día un interesantísimo destino turístico que se puede recorrer en varios países, especialmente en dos lugares en los que ha sido reconocido como Patrimonio de la Humanidad: Gran Bretaña, donde está el Muro de Adriano que cruza la isla de Gran Bretaña de costa a costa, y Alemania.

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Santillana, San Vicente, Altamira y otras joyas de Cantabria

Desde las abruptas cimas de las montañas que le dan nombre, Cantabria se desliza con rapidez hacia el mar, en un paisaje de permanente transición en el que a veces las cumbres y las olas casi se rozan y en el que alejarse de la primera línea de playa nos lleva rápidamente a carreteras de poderosas pendientes.

A mí me maravilló esa Cantabria abrupta de los desfiladeros y los valles de alta montaña de la que ya les hablé por aquí hace unos meses, pero justo después pude descubrir también la más cercana al mar y eso no hizo sino prolongar la maravilla. No sólo por un paisaje que no es menos hermoso y quizá sí un poco más amable, menos agresivo a cambio de perder cierta grandiosidad, sino también por los pueblos, la comida y alguna que otra maravilla de la que ahora les hablaré.

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