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Palacio del Marqués de Santa Cruz: un trocito de Italia en el corazón de la historia de España

El Viso del Marqués es un pueblo pequeño, de unos 2000 habitantes, al sur de la provincia de Ciudad Real. Para llegar a él seguimos una hermosa carretera que se despliega en una larguísima recta que atraviesa un valle verde -es más: extraordinariamente verde cuando hice mi visita, después de unas semanas de intensas lluvias-, de hermoso paisaje y en el que la naturaleza parece palpitar llena de vida.

De hecho, tan salvaje puede llegar a ser el entorno que un cartel junto a la carretera nos pide cautela porque en esa zona hay linces ibéricos que podríamos atropellar, así que levantamos el pie del acelerador pese a lo tentador de la recta y, ya de paso, disfrutamos aún más del verdor que nos rodea.

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Joyas secretas de Israel: la gran ciudad romana y la sinagoga en la que predicó Jesucristo

La ciudad de Beit She’an está al norte de Israel, no muy lejos del Mar de Galilea, y situada en la depresión cuyo punto más bajo es el Mar Muerto, así que está más de 100 metros por debajo del nivel del mar. Hace mucho calor incluso a mediados de octubre y según nos adentramos en su casco urbano nos vemos rodeados por una villa anodina de construcciones tan nuevas como impersonales.

Así como se lo cuento no parecería un destino muy interesante al que viajar, pero Beit She’an guardia en su interior un tesoro que hace que todo lo anterior pase a un segundo plano: un increíble parque arqueológico en el que, perdónenme el tópico pero es que es literalmente cierto, la historia ha dejado testimonio y huella, alguna de ellas esplendorosa, del paso de múltiples civilizaciones.

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Visitando las Destilerías DYC: todo el sabor y el saber de Escocia, pero al lado de Segovia

La carretera avanza sinuosa por lo que hoy son casi las afueras de Segovia, no muy lejos de la flamante estación del AVE. Las montañas de la sierra más lejos y muy cerca una larga fila de chalets adosados nos siguen a un lado de la calzada; al otro la planicie segoviana de campos de labranza que en el final del otoño esperan primorosamente arados la todavía muy lejana primavera.

Un poco más adelante giramos a la derecha en una curva cerrada que nos interna en un pequeño valle donde el paisaje cambia y se vuelve más frondoso. En el fondo de esa hondonada, justo junto al cauce de un río Eresma recién llegado desde las cumbres serranas están las instalaciones de la Destilería DYC, uno de esos lugares de los que todos hemos oído hablar -los de mi generación, por ejemplo, no olvidamos aquellos míticos finales de etapa en la Vuelta a España- pero que muchos menos saben que es un sitio al que, incluso sin bicicleta, realmente vale la pena ir.

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Un paseo por Sefarad: los recuerdos y las calles de la Cáceres judía

La recuperación de la herencia judía española anterior a 1492 es un tema complejo, al fin y al cabo han pasado ya más de cinco siglos y excepto rarísimas -y bellísimas- excepciones como las sinagogas de Toledo no hay mucho que haya superado esos cinco siglos de abandono.

Pero por otro lado, recuperar lo que se pueda y recordar y explicar son, creo, obligaciones morales que debemos imponernos. En primer lugar para con aquellos compatriotas a los que echamos de un país que era tan suyo como nuestro -aunque tampoco la expulsión pueda evaluarse sin más desde las categorías morales y políticas actuales, obviamente-; y también para con nosotros mismos: los españoles de hoy en día que debemos aprender del que ha sido, más allá de ese contexto histórico tan diferente del que les hablaba, uno de los grandes errores de nuestra historia, por el que las generaciones actuales no tienen que sentirse culpables, pero que sí deben conocer.

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Por qué Burdeos es uno de los tesoros de Francia y varias razones para no perdérsela

A la altura de Burdeos el Garona es un río anchísimo, tranquilo, bellísimo, la ciudad se asoma a él como a un balcón y, como en un eterno día de fiesta, luce sus mejores galas: toda la fachada fluvial, de varios kilómetros de longitud, es una colección magnífica de edificios de piedra del siglo XVIII, cada uno con su propio estilo y personalidad, pero formando un conjunto armónico de una calidad y cantidad excepcional.

Sólo un hotel de nuevo cuño rompe la armonía -y encima lo hace con cierta gracia- en los cuatro kilómetros de paseo fluvial desde el un poco más allá del Puente de Saint-Jaques hasta la zona portuaria cerca de la nueva Ciudad del Vino. Un despliegue de patrimonio que en cierto sentido sólo recuerdo haber visto en grandes capitales como Roma o París.

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Santo Domingo de la Calzada u otro de esos regalos que el Camino de Santiago le ha dejado a España

Lo confieso: no conozco lo suficiente La Rioja y eso que cada vez que visito esta región me gusta lo que veo y me apetece más volver, pero así son las cosas para el viajero que, como el que esto suscribe, viaja por placer, sí, pero casi siempre como parte de su actividad profesional.

Pero como les digo me gusta La Rioja: me gustan sus bodegas; me gusta muchísimo su paisaje amable, suave, humano; y me gustan también sus pueblos grandes, o sus ciudades pequeñas, cargadas de historia y casi siempre llenas de sorpresas.

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La Jerusalén antes de Jerusalén y otros lugares para sumergirse hasta las rodillas en la historia

Que en ninguna ciudad del mundo la historia está tan presente en la vida diaria como en Jerusalén es algo que cualquiera que visite por primera vez la capital de Israel podrá comprobar sólo con pasar unas horas por la ciudad vieja.

El peso de lo ocurrido hace siglos es enorme en como vive, viste, habla, reza y come la gente que nos rodea, los monumentos que contemplamos son parte de esa historia o tienen su sentido en ella y por todos los lados vemos sus señales en las paredes de piedra: las de la muralla y sus puertas, las del Muro de las Lamentaciones y las que sostienen la Explanada del Templo, incluso las piedras que pisamos en las calles y por las que sabemos que anduvieron hombres, profetas y dioses.

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Cuenca: un capricho imposible e imprescindible colgado entre dos barrancos

Decía no hace mucho en esRadio que hay ciudades que podrían colocarse en cualquier lado, y eso no cambiaría su esencia, mientras que en otras el espacio físico en el que se levantaron forma parte de su ser más profundo. De las primeras Madrid me parece un buen ejemplo: este poblachón manchego sería igualmente maravilloso unos kilómetros más allá o más acá; de las segundas tenemos también muy cerca una gran muestra: la deslumbrante Cuenca, un capricho colgado entre dos hoces, que no podría estar -ni sobre todo ser- en ningún otro lugar que no fuese su imposible risco entre barranco y barranco.

Cuenca es parte del cinturón de ciudades Patrimonio de la Humanidad que rodea Madrid, junto con Ávila, Segovia y Toledo. Es la más alejada de la capital, aunque sigue estando a lo que hoy en día es un tiro de piedra: unos 160 kilómetros que no son ni dos horitas de coche y menos de una en AVE tanto desde Madrid como desde Valencia. Ahí al lado, vamos.

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Felipe II, El Escorial y un tren de los de antes

Me gustan los trenes turísticos y cada día me gustan más. Y eso que mi experiencia con ellos es modesta, no se crean que he tenido la suerte de disfrutar del Orient Express o del Transcantábrico, pero aún así, en esta época de altísimas velocidades me resulta algo delicioso recuperar en un viaje la parsimonia que ya nos parece de otros tiempos, aunque lo cierto es que a veces aún lo sea de la nuestra.

Si además el tren turístico es un tren histórico, la cosa cobra un encanto muy especial, difícilmente comparable con cualquier otro medio de transporte aunque sea más rápido, más cómodo o tenga wi-fi.

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Gruyères: montañas, queso, monstruos y chocolate en un paraíso medieval suizo

Quizá Gruyères sea el pueblo famoso más pequeño del mundo: solo unas docenas de casas en prácticamente una única calle tan corta como bella, en lo alto de una colina que termina poco antes de un imponente castillo.

Sí, admito que hago un poco de trampa porque probablemente Gruyères por sí mismo no es tan conocido, pero al fin y al cabo da su nombre a un queso de fama mundial que se elabora allí, entre las montañas, con las vacas disfrutando del increíble paisaje suizo y junto esplendor medieval de la villa.

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