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Toledo no se acaba nunca

Tenía la tentación de titular este artículo algo así como ¿y qué les voy a contar de Toledo? Porque desde cierto punto de vista me parece que la ciudad imperial es un destino del que ya poco o nada se puede descubrir. Pero lo cierto es que después de haberla visitado con un poco más de detenimiento tengo la impresión de que de Toledo aún podemos contar mucho porque, en realidad, solemos visitarla con prisa, superficialmente, sin apenas profundizar en la inmensidad que es esa ciudad pequeñita y tan cercana que parece que no le hacemos caso pero que, si queremos, no se acaba nunca.

Puede que la ciudad no se acabe pero sí hay un sitio perfecto en el que empezar: la carretera al otro lado del Tajo y hacia el Parador que nos ofrece la bellísima vista de la ciudad desde lo alto, con la curva del río en primer plano y Toledo coronada por las grandes moles de Catedral y Alcázar.

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Brujas es de verdad, aunque es tan bella que a veces no lo parece

Nadie en su sano juicio podría negar la belleza de Brujas, sin duda alguna una de las ciudades más hermosas Europa. Pero sí que hay bastante gente, en su sano juicio y en su derecho, que dicen que la joya de Flandes -esa región tan relacionada históricamente con España- es "demasiado de postal", lo que dicho sea de paso me parece uno de los defectos más tolerables que pueda tener un destino turístico.

Hay que admitir que Brujas es capaz de transmitir cierto sentimiento de irrealidad o de decorado –una sensación tipo, “joder, no puede ser que esto sea tan bonito”, que es una frase que se nos puede escapar en varios lugares- pero a despecho de ese momento de incredulidad resulta que Brujas es de verdad, y en ella vive la gente y no todos son turistas aunque, sí, hay muchos como no podía ser de otra forma.

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La oportunidad de conocer el Lago de Sanabria… ¡también bajo el agua!

¿Un viajecito en barco por el Lago de Sanabria? Bien, puede ser agradable, pensé; bonito y seguro que alguna foto maja sacaré, me convencí. Pero estaba equivocado: fue agradable, sí, y alguna de las fotos ha quedado bonita -juzguen ustedes mismos en la galería- pero la excursión fue mucho más y, finalmente, resultó extremadamente interesante: no todos los días se puede conocer un lago por encima de las superficie… pero, y esto es mucho más original, ¡también por debajo!

La culpa en un proyecto bastante sorprendente que tuve la oportunidad de conocer también: la Estación Biológica Internacional DueroDouro, un grupo que combina la investigación científica, la conservación y el turismo, en un cóctel del que creo que hay mucho que aprender.

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Kinsale: cuando la Irlanda más auténtica tiene algo de España

Mientras en España se atravesaba una ola salvaje de calor Kinsale me recibió con una espesa niebla y unos deliciosos 18ºC. Veinte grados menos que en Madrid que fueron la envidia de familiares y amigos que sufrían el calor de la capital.

He de decir que yo disfrutaba de esos 20 grados menos respecto a la calima madrileña, pero también tenía la sensación de que esa niebla tenía algo de recibimiento hostil, sobre todo si pensaba en los barcos en los que un 1 de octubre de 1601 llegaron allí Juan del Águila y otros 3.500 españoles que vivieron en esta pequeña ciudad irlandesa una de las aventuras más sorprendentes de la historia militar española, una pequeña invasión que, aunque tampoco fue un triunfo, es el más exitoso desembarco español en territorio inglés jamás llevado a cabo.

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Seis castillos del Loira que no pueden dejar de conocer

En pocas ocasiones me encuentro con este problema: no sé muy bien como contarles mi pequeño viaje de este verano al Valle de Loira, porque no me siento capaz de meter todo lo que vimos y disfrutamos en sólo cinco días.

Y es que el Valle del Loira es una zona de una densidad turística, por llamarlo de alguna forma, inaudita: no hay prácticamente nada que no merezca la visita, que no valga la pena contemplar con tranquilidad, que no se disfrute de verdad.

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Soria o esa España eterna que quizá está desapareciendo

Pocas capitales españolas resultan, creo yo, tan desconocidas y lejanas como Soria, se diría que más distante aún que la estepa rusa que representó en Doctor Zhivago y casi tan inexistente como el mismísimo Teruel.

Puede que esto se deba a que es una de las más pequeñas –solo por detrás de Teruel, precisamente-; puede que a que no tienen grandes monumentos como las catedrales o las murallas de otras ciudades de Castilla –aunque esto no es del todo cierto-; o puede a que no haber encontrado un leitmotiv para atraer al turismo de masas, algo que se está intentando con la poesía.

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Por qué Disneyland es el mejor parque de atracciones

Vaya por delante una aclaración que creo necesaria al principio de este artículo: no siento la “magia Disney”, no me gusta especialmente el mundo Disney y no experimento ninguna emoción –más allá de cierta compasión- al ver a un señor con un calurosísimo disfraz de gomaespuma caracterizado de un ratón que anda a dos patas y habla y gesticula.

Dicho lo cual, tampoco odio Disney, pero por cuestiones generacionales o porque soy así de sieso o por una mezcla de los dos anteriores y de que a mí lo que me ha gustado siempre es Mortadelo y Filemón, el caso es que no me entusiasma. Así que, sin quererlo, resulta que soy el más imparcial de los observadores a la hora de juzgar un lugar como Disneyland París, al que, por fin -¿por fin?- he viajado este verano.

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De Rueda a la isla de Creta: el más sorprendente viaje del vino

Rueda es una de esas zonas vitivinícolas con tradición que podemos encontrar en España en las que el vino no es un producto más, sino que es una parte esencial de la historia y el paisaje, de la vida de los que allí viven y de su día a día, trabajen o no en una bodega o tengan o no un viñedo.

Así que viajar por allí es casi literalmente sumergirse en vino, o al menos en su ambiente, en su mundo. Afortunadamente se trata de un mundo apasionante, incluso para aquellos que sólo bebemos vino de forma ocasional y que no entendemos demasiado de caldos, por mucho que le demos vueltecitas a la copa y olisqueemos el tinto como si realmente oliésemos a algo más que a vino.

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Qué ver en Milán, además de un partido de fútbol

Debe ser muy difícil tener como competencia a ciudades como Venecia, Florencia o Roma y eso explica, creo yo, que Milán no esté demasiado bien considerada como destino turístico. Pensamos en la capital de Lombardía como una ciudad rica, con industria, nos suena que hay mucha moda y eso… sin embargo nadie –bueno, casi nadie, tampoco seamos exagerados- viaja allí simple y llanamente para conocer la ciudad.

Pero si usted va allí –digamos a una final de la Champions League- lo cierto es que Milán no es sólo una ciudad fantástica para pasear, rica, agradable y con tiendas maravillosas, sino que tiene algunos monumentos excepcionales que ver, cosas muy interesantes. En suma, que vale la pena aprovechar el viaje para hacer algo de turismo.

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Malinas: la mejor excusa para salir de tu ruta en Flandes

Tranquila, bonita, provinciana en el mejor sentido de la palabra, Malinas es una de esas ciudades en las que uno piensa que podría quedarse a vivir, aunque como viajeros sepamos que eso es imposible. Pero andas por sus plazas, disfrutas de sus cafés y sus restaurantes, contemplas sus muchas iglesias y su bellísima catedral y piensas que allí podría ser, que allí se podría llevar esa vida alejada del mundanal ruido.

Lo importante, en cualquier caso, no es la ensoñación sedentaria del viajero, sino descubrir en Malinas un secreto dentro de Flandes y de Bélgica, menos rutilante quizá que las ciudades más famosas y turísticas (Gante, Brujas, la propia Bruselas…) pero con un encanto propio, especial y quizá –aunque no ahora que les estoy fastidiando la sorpresa- inesperado.

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