« Empieza la función: siguiente acto, Montmeló | Principal | No sólo de F1 vive el hombre »
26 de Febrero de 2012 - 22:23:00 - Lucía Prieto
Quizá sea los nervios porque comience todo, por ver dónde está cada equipo, pero los últimos test realizados en Montmeló nos han sabido a poco... Y poco, o nada, hemos visto. Por lo menos que nos guste.
No gusta escuchar a Fernando Alonso decir que en Ferrari todavía no saben dónde están, que aún no tienen claro hacia dónde va a evolucionar el F2012. Prueba de ello es que, según la escudería italiana, en cada sesión de entrenamientos el equipo ha probado una media de cincuenta piezas. Y, claro, con tanto material por probar y tan poco tiempo, los nervios empiezan a aparecer. Y las dudas también.
En el anterior artículo valoraba positivamente la intención innovadora de la Scuderia, al tiempo que mostraba mi inquietud sobre si la innovación estaba ordenada, si era excesiva o adecuada. Todo podría ser también una estrategia, es la hora de nadar y guardar la ropa; es decir, de probar sin mostrar todas las cartas y, por tanto, mucho de lo dicho y vivido en Jerez, primero, y Montmeló, después, puede ser parte de la pantomima que, a veces, hay detrás de este deporte.
Lo que de nuevo parece evidente es que todos los equipos han mirado más que de reojo el coche de Red Bull y su nuevo sistema de escapes. Ése que ha ideado Adrian Newey y en el que Ferrari, por citar a alguna escudería, ha empezado a trabajar. Hablamos de la regulación de los escapes. Éstos deben ir este año a la misma altura que el motor y está prohibido que sean planos como en 2011. La consecuencia es una pérdida considerable en el agarre del monoplaza debido a que antes se podía jugar con el flujo de aire de los escapes para dirigirlos y ganar estabilidad. Un juego del que el ingeniero jefe de la escudería austriaca no ha prescindido. Newey ha jugado con el triángulo de la suspensión para regular la altura de los escapes y optimizar los gases con vistas a conseguir un mejor agarre.
Pero Red Bull no ha sido la única. McLaren, por ejemplo, ha predeterminado los escapes para que tengan distintas posiciones. También Sauber está buscando la mejor configuración posible y en la parrilla todos, ingenieros, pilotos y periodistas, lo tienen claro: es en esta zona donde está la llave del éxito y donde más se puede evolucionar el coche.
Si los equipos han movido ficha y si los test empiezan a dar su fruto, lo veremos la próxima semana en Montmeló. Por lo menos deberíamos empezar a ver cosas, diferencias entre los coches. Aunque lo cierto es que hasta que no comience la sesión de clasificación del Gran Premio de Australia, el sábado 17 de marzo en el circuito de Albert Park en Melbourne, no sabremos en qué lugar está cada uno.
Por ello, y hasta entonces, podemos elucubrar y hacer quinielas. Pero sólo los propios equipos saben dónde están, aunque no tengan claro dónde se encuentra el vecino. Y en cuanto a las apuestas, hay dos: la fácil que dice que Red Bull seguirá reinando y la arriesgada que apunta a Ferrari como el heredero de la corona de la F1.