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¡Qué difícil es despedir a Ángel Nieto!

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Hay personas que nacen con estrella, Ángel Nieto nació con la gasolina corriendo por su sangre y un sueño, ser campeón de Motociclismo, y no lo consiguió una vez, lo consiguió trece veces, bueno no, doce más una. EL 3 de agosto de 2017 estará marcado para siempre en el calendario como un día triste, de luto no para el motociclismo sino para todo el deporte español. Para mí hablar de Ángel Nieto es hablar de mis primeros recuerdos de un deporte que adoro y que quizás adore gracias a hombres como él. Un hombre hecho a sí mismo, que hizo de la necesidad virtud y que inventó eso de la picaresca también en las motos. Qué otro piloto si no podría llegar a tirar su caja de herramientas en plena parrilla, antes de la carrera, para provocar su retraso y que los mecánicos tuvieran tiempo para arreglar su moto para después, además, cruzar primero la bandera a cuadros. Inigualable.

Pequeñito, inquieto, bromista, hablador y por qué no decirlo, algo chulo, en el buen sentido de la palabra. Esa chulería que se dejaba ver tan sólo con su mirada, con su forma de caminar, esa chulería que tan bien le funcionó contra sus adversarios en la pista y que fue su mejor arma. Cuántos pilotos en activo andan carentes de este rasgo que en modalidades como la velocidad se hace imprescindible. Ángel era capaz de correr en varias categorías el mismo domingo e imponerse en ambas, mancharse las manos de aceite al mismo tiempo que de champagne, y enseñar que ser piloto podía ser una profesión, que podía ser una carrera aquí en España. La suya comenzó a los 13 años haciendo exhibiciones acrobáticas con la moto en el campo del Rayo Vallecano, en el barrio madrileño de Vallecas, donde vivió durante más de diez años.

Ángel no empezó en una escuela de pilotos, tampoco conocía a nadie dentro del mundillo. Ángel comenzó como mecánico en Bulto cobrando 600 pesetas a la semana e invirtiendo ese dinero en las motos, en las carreras. Quizás en ese momento no era el mejor de todos pero sí fue el que más ganas demostró para conseguirlo. Y una vez que Nieto se subió a una moto de competición y entró en el circuito se quedó para siempre, y sin duda, su memoria siempre impregnará los santuarios de la velocidad.

Te echaremos de menos, Ángel, esa fuerza, esa ilusión y amor que eras capaz de contagiar a quien te veía primero, durante tu época de piloto, y quien te oía después, cuando te convertiste en una de las voces del motociclismo en la televisión. El próximo fin de semana en cada una de las carreras del Gran Premio de República Checa me acordaré de ti, de una frase que define tu empuje y que casi siempre pronunciabas, “lo va intentar”. Era tu frase, era tu forma de ver las motos con los ojos de un piloto, pero no de cualquier piloto, con los ojos de Ángel Nieto. Descanse en paz.

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