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Los Sainz están de moda... y de premios

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Padre e hijo han sido de los pocos, por no decir los únicos, que han ocupado los titulares de las noticias del motor durante esta infructuosa temporada. De hecho, Carlos Sainz padre, y lo dijimos hace algunas entradas, es el único que puede presumir de ser el único campeón que el motor ha dado este año, ya que el Dakar fue la única competición que se salvó de la alargada sombra del coronavirus. Sainz padre ha tenido que ganar tres ediciones del Dakar, con tres marcas distintas y dos Mundiales de Rallies para conseguir un premio que le hace justicia, el premio Princesa de Asturias de los Deportes.

En las últimas semanas se ha alzado, además, con el título de mejor piloto de rallies por delante de eminencias como Sebastian Loeb y lo ha hecho, por ser el más completo y porque para todos ellos ha sido el inicio de todo, el que profesionalizó el mundo de los rallies y porque más allá de pilotar siempre ha tenido claro que el deporte además, por lo menos el del motor, es talento de quien acelera, pero es mérito y trabajo de la estructura que le acompaña. Un sentido de la responsabilidad para con el equipo, de pertenencia al grupo, de implicación no sólo en la pista sino en el desarrollo deportivo, del coche y de su promoción dentro y fuera de las pistas que pocos pilotos tienen ahora y que cuando Sainz empezó a mostrarlo era todo una revolución, y de hecho su visión del mundo de los rallies revolucionó esta modalidad deportiva.

Espero que de una vez por todas olvidemos el "arráncalo por Dios, Carlos" y recordemos a Sainz como nuestro campeón, y como uno de los más importante baluartes de nuestro deporte, pura marca España del que sentirnos orgullosos. Un piloto, un maestro y un padre que ha dejado su impronta en su hijo, otro de los protagonistas de la no temporada. El fichaje de Carlos Sainz hijo por Ferrari se debe en parte, a su talento a los mandos de un monoplaza, pero sobre todo su talante en el garaje, aplicado, implicado y trabajador, ¿les suena, verdad? Posiblemente este año ha sido malo, el peor para muchos, pero este tándem padre e hijo, lo recordarán como el año de los reconocimientos para uno, padre, y de la oportunidad para otro, hijo.

Solo pido una cosa, que si el próximo año en el Dakar, que volverá a celebrarse en Arabia Saudí, Sainz rompe el primer día, no volvamos al lugar fácil, al lugar común, a decir que ha vuelto la mala suerte y recordar lo que hacía unos meses habíamos olvidado, simplemente diremos que este año no pudo ser y celebraremos seguir viendo al volante a uno de los grandes, a nuestro grande.

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