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Los Márquez por partida doble

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La verdad es que si hace un año me llegan a decir que Álex Márquez iba a ser campeón del Mundo de Moto2 hubiera creído que me estaban gastando una broma. No es que dude de las habilidades del pequeño de la saga Márquez, pero no es menos cierto que la categoría intermedia del Mundial es posiblemente la más competitiva de las tres. Además, cualquiera que haya seguido las motos los últimos años, en concreto Moto2 sabrá que los dos últimos año de Alex Márquez han sido sus años más complicados, podríamos decir que estaba más tiempo en el suelo que disputando victorias. Pero tirando de épica, Álex Márquez ha encarnado como nadie el mito del ave Fénix y ha sabido renacer de sus cenizas y no quedarse como muchos con la etiqueta del que prometió pero se deshinchó por el camino.

¿Por qué cuántos campeones de Moto3 ahora y 125cc antes han quedado en nada al pasar a otras categorías superiores? Muchos, demasiados. Nico Terol o Julito Simón son ejemplos de pilotos que no pudieron seguir creciendo pese a atesorar un Mundial, Álex Márquez puede presumir de haber salido de ese grupo y hacerlo además con un San Benito que no es nada sencillo, el de ser el hermano pequeño de uno de los pilotos, sino el mejor, de todos los tiempos, Marc Márquez. Las comparaciones son odiosas, pero nos encantan y mientras Márquez hacia añicos los récords en la categoría reina, batía a cualquier enemigo y cualquier moto, su hermano, su compañero de habitación y de ruta de bicis no hacia sino que levantarse del suelo esperando alguna vez poder mostrar todo su talento, no el de su hermanos, sino el suyo propio.

Está claro que los genes Márquez son especiales pero mutan en el caso de Álex. Ante el temperamento y el fuego de Marc está la templanza y el raciocino máximo de Álex. Quizás por eso le haya costado más cerrar el Mundial. A veces demasiada cabeza no es buena y la carrera de Malasia ha descrito a la perfección el sufrimiento de Márquez en estos últimos grandes premios. Aguantar, esa era la consigna. Pero aguantar a más de 200 kilómetros hora, con voraces enemigos dispuestos a arrebatarte el liderato es complicado, y la tensión en la carrera que le ha dado el Mundial a Álex se mascaba cada vuelta. Con Binder escapado pero con Luthi controlado todo se ponía de cara, pero había que aguantar y eso fue lo que hizo el hermanísimo que este domingo se ha ganado un espacio propio, suyo, personal en el mundo de las motos. ¡Enhorabuena, Alex!

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