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Jerez, la catedral de la afición del motociclismo

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Recorrer caminando, sin público, el circuito de Jerez, renombrado como Ángel Nieto en 2017, es casi místico. Pese al silencio puedes imaginar el sonido de las motos cuando abren gas tras cada curva, se te vienen a la memoria momentos memorables con la pelouse desbordada por algún adelantamiento de los nuestros, llena de colores y los números de los pilotos llamados a correr, a competir ese fin de semana.

Puedes imaginar como fue aquella primera vez, en 1987, cuando Jerez entró a formar parte del calendario del Mundial. Chicas en bikini en plena pelouse, polizones, hasta 5 mil que entraron sin entrada por el monte, y colas de hasta 4 horas para poder ver las carreras. Y es que España siempre ha tenido una relación muy especial con este deporte. Pilotos como Ángel Nieto nos enseñaron a amarlo, a seguirlo y después todo fue rodado. Somos el país que más grandes premios celebra por temporada, una de las mejores y mayores cunas del motociclismo en cuanto a técnicos, organización y pilotos y todo aquel que quiere ser algo en este deporte sabe que tiene y que debe formarse en España, con los nuestros. Sí aquel año, 1987, las expectativas desbordaron las previsiones de las autoridades, desde entonces no han fallado ni un solo año hasta que la temporada pasada batieron su propio récord, 150 mil personas abarrotaron Jerez buscando la emoción y algo de esa magia que tiene la pista gaditana. Magia construida a base de crono, de acelerones, enganchadas y victorias memorables, como la de Jorge Martínez Aspar que inauguró a lo grande el gran premio ofreciendo el mejor de los regalos a la afición, la victoria, o la que nos regaló Alberto Puig en 1995 en la categoría reina, la primera de un español en 500 cc. Una afición que no siempre empujó de la mejor manera, y si no que se lo digan a Álex Crivillé que perdió la concentración y la carrera ante Doohan en 1996 tras una, hoy, increíble invasión de pista en la última vuelta de la carrera de la categoría reina. Quién no recuerda la enganchada entre Valentino Rossi y Sete Gibernau en la curva de entrada meta en 2005, que tuvo mucho de teatro de las dos partes todavía irreconciliables.

Es por todo esto, el pasado, las historias, que cuesta entender Jerez sin afición, sin cortes de encendido, sin olor a goma quemada entre los aficionados, aunque si me apuran es más difícil de entender una temporada sin Mundial, sin motos. Si finalmente el Mundial de Motociclismo puede arrancar a finales de julio en el circuito de Ángel Nieto en Jerez, será una noticia fantástica, y será un día histórico porque no retumbarán las gradas sino el eco de los motores sobre los asientos que debían ocupar los moteros. No estarán no físicamente, no pero no será difícil llevar a la afición en el imaginario, y en cada tumbada o pasada que nos ofrezcan los pilotos.

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