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El coronavirus pone a la Fórmula 1 al borde del abismo

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Lo ha estado desde que estalló la crisis del Covid-19 en todo el mundo. Fueron los últimos en reaccionar cancelando el Gran Premio de Australia sólo unas pocas horas antes de que los pilotos tuvieran que comenzar con los primeros entrenamientos. Y no les pesó el espectáculo, ni la salud de todos los trabajadores de este gran circo. Lo que les pesó, como se pueden imaginar, fue el dinero. Tanto les pesó que, pese a tener un positivo por coronavirus en McLaren, todavía les seguían invadiendo las dudas sobre qué hacer.

La promesa hecha semanas antes de que sólo se celebraría el GP de Australia si estaban todos los equipos de la parrilla perdía fuerza, había mucho dinero en juego. Australia porque sabía que si cancelaba se quedaba sin cobrar y tenía que asumir el coste de la cancelación y la Fórmula 1 porque se iba a comer el canon que cobra en cada gran premio por su difusión a través de las distintas plataforma televisivas. Esta forma de actuar, improvisada y errática, demostró que no había previsión, que no se le había dado al asunto la suficiente importancia y, cuando tuvieron que actuar, los jefazos de la F1, de Liberty Media y de la propia FIA entraron en crisis y en barrena. Después las cosas no han ido mucho mejor, la verdad. Las declaraciones, sus proyecciones o previsiones denotan una auténtica huida hacia delante que lo único que buscan es calmar los ánimos y evitar la estampida de muchos equipos, en una maniobra que podría suponer la desaparición de esta modalidad automovilística para siempre.

El canon que cada equipo se embolsa en cada gran premio por la retransmisión de las carreras por las distintas televisiones dueñas de los derechos, unido al reparto de la entrada y el canon que también paga cada circuito y país organizador, hace que los equipos más humildes sobrevivan en un mundo de lujo y de tremendos gastos. Sin ellos desaparecen los beneficios y no es posible la supervivencia. Alfa Romeo o un equipo tan histórico como Williams necesitarían al menos 15 carreras para poder resistir a una crisis inédita en este deporte.

Es por ello que los organizadores ya plantean una temporada que, por primera vez, se alargaría más allá del otoño y llegaría hasta enero del próximo año con la intención de poder cumplir con esos mínimos que salvarían los muebles de un campeonato que ya andaba algo tocado. Nadie sabe cuándo se podrá poner de nuevo toda la maquinaria en marcha y el verano está más cerca de lo que mucho desearían. Las previsiones pintan mal y sólo el ansia por no perder, por no quebrar, podría hacer un milagro en tiempo récord. Sería la mejor y más importante vuelta rápida de la F1.

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