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Alonso conquista el Mundial de Resistencia; ahora, a por el Dakar

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Les valía con ser séptimos en las 24 Horas de Le Mans, un posición sencilla para un coche, el Toyota número 7 que se ha estado repartiendo con su gemelo número 8 las victorias durante todo el Mundial de Resistencia. Más que ser séptimos, y teniendo en cuenta el potencial del coche, lo que había que hacer es no fallar, terminar la carrera, terminar la competición y punto. Pero Fernando Alonso, Kazuki Nakajima y Sebastien Buemi han hecho algo más, ganar ganando. Rodaron segundos prácticamente toda la carrera acechando a sus compañeros de boxes, pero como bien dice el refranero popular, quien la sigue la consigue. No había que correr riesgos, sólo estar ahí esperando, presionando al adversario y surtió efecto. Un pinchazo del número 8 puso al equipo de Fernando en la mejor posición posible, la primera.

El final de la historia no podía ser mejor, dos veces campeones de Le Mans y campeones del mundo de Resistencia. Objetivo cumplido, etapa cerrada. Toyota no ha fallado y para Alonso, teniendo en cuenta lo visto y vivido con McLaren, es un valor al alza por eso no de extrañar que el asturiano siga confiando en la marca japonesa para emprender su siguiente reto, el Dakar. Que la que se supone es la prueba más dura del mundo de motor se celebre el próximo año en Arabia Saudí es un aliciente para que Alonso participe. Su amistad con los jeques y el dinero que le supondrá a Fernando Alonso simplemente tomar la salida es demasiado jugoso para el asturiano como para desdeñar una oportunidad así. En cualquier caso no creo que Alonso esté a estas alturas esperando una buena oferta económica para resolver su futuro, es una cuestión de impulsos y está claro que las pruebas que realizó en el desierto hace unos meses con el Toyota le picaron la curiosidad y las ganas de enfrentarse a una prueba de valientes, dicen algunos, de inconscientes dicen otros tantos.

Seguro que su amigo Carlos Sainz, padre, le ha animado a vivir una experiencia que no nos equivoquemos será una experiencia sin pretensiones, el Dakar es mucho Dakar. Sería de inconscientes pensar, tanto para Alonso como para la afición, creer que el triunfo es posible, ni Sainz, ni Giniel de Villiers, ni Pertehansel, ni siquiera Ciryl Despres se hicieron en un día. No es lo mismo rodar en un circuito durante dos horas donde las referencias de frenada, aceleración o de adelantamiento son siempre las mismas, que hacerlo en una pista cambiante, cuyo único aliado es la navegación que uno mismo ha de prepararse.

Como reto deportivo, posiblemente no haya otro igual, pero ni los más grandes de los raids se presentan cada primero de mayo a esta competición sin crearse expectativas, con opciones sí, pero sabiendo que el destino puede aguardarles tras cada duna. Nos gusta ver a Fernando Alonso sonreír; esperemos que le dure allí donde decida recalar sea el Dakar o de vuelta a la Fórmula 1. La historia, su historia, le espera.

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